Blog de Fedosy Santaella

Paseando a tu perro, por Fedosy Santaella

Por Fedosy Santaella | 22 de julio, 2013

walking-the-dog textoPaseos de inmersión

Y bueno, estamos en la aventura de tener un perro. En casa se antojaron —la señora, el niño—, pero yo no quería uno chiquito, con rulitos, ni que atormentara con ladridos estridentes. Yo sabía que quien lo iba a terminar paseando, dándole de comer y llevándolo al veterinario iba a ser yo. Por lo tanto —y me van a disculpar el machismo— yo quería un perro que me representara, un perro que un hombre pudiera pasear. Así que compré un labrador, negro, de tres meses. Bueno, sí, estaba pequeño, pero el elemento creció, y mucho. Hoy día va a cumplir nueve meses y es enorme y hermoso. Y loco. Pero esa es otra historia.

El asunto es que, tal como lo había sospechado, quien terminó encargándose del perro fui yo. Lo paseo dos veces al día, en la mañana temprano me fajo más. Aprovecho de hacer ejercicios. Gracias al perro he rebajado. Y también, gracias al perro, he conocido el circuito incógnito de las mascotas y sus dueños. Porque acá en Caracas no es como en Buenos Aires, acá en Caracas el dueño pasea a su perro.

Norman Sims habla de la «inmersión» como una de las características del arte de escribir crónicas. «La inmersión significa el tiempo dedicado al trabajo», dice. Y también: «Los periodistas literarios apuestan con su tiempo. Su impulso de escribir los lleva a la inmersión, a tratar de aprender todo lo que hay que saber sobre un tema.» Yo no sé si soy un periodista literario ni tampoco sé si este texto es una crónica, pero sí les puedo decir que me he tomado mi tiempo con el perro y sus paseos. Ni modo, yo soy uno de los dueños, de los protagonistas. Soy uno de ellos.

Los nombres y las ordenanzas

Usted saca a pasear a su perro y poco a poco va conociendo a la gente. Otra gente con perros, claro está. Perros grandes, perros pequeños, con gente que no necesariamente se parece a sus perros, o viceversa. Algunos sí, otros no. Pero el hecho es que empiezas a hablar con esta gente y descubres algo muy particular, una constante, diría incluso que casi una ley: ningún dueño de perro conoce el nombre del otro dueño de perro. Es decir, hoy y después de varios meses paseando a mi perro, hablo con la dueña de una bella y alborotada husky siberiana llamada Mincha, amenamente y con confianza, pero de la señora, ignoro su nombre. Otro día conozco a otra señora bastante bien puesta que se nota que va todos los días al gimnasio. Por supuesto, también hablo con ella, pero ella es apenas la dueña de Bobby, un yorkshire terrier que está enamorado perdidamente de Mincha. Conoces también al señor que con orgullo carga sin amarras a una weimaraner ya viejita de nombre Manila. Suelo huir de él cuando lo veo en la distancia, pues este señor se las sabes todas y se esfuerza por transmitirme —sin que yo se lo haya pedido— todos sus conocimientos con respecto al cuidado de los perros. Cabe decir que cree fielmente en el entrenador ése que sale por Discovery, y en que a los perros no hay que tenerlos amarrados, porque se vuelven perros bravos. Quizás olvida o desconoce este señor la Ordenanza del Municipio Baruta sobre Protección y Control Animal. Allí, en esa Ordenanza, el artículo 8 dice lo siguiente: «Sólo se permitirá la circulación y permanencia de animales domésticos en parques, plazas, avenidas, calles y otros lugares de uso público, cuando éstos estén acompañados por sus dueños o por una persona que se haga responsable por ellos. Los caninos deberán llevar collar y cadena o lo que haga sus veces, además de portar la placa metálica de identificación y, si el carácter agresivo del animal lo requiere, bozal.» Es decir, el perrito —o perrote— siempre debe ir llevado por las cuerdas del amo. Más de una historia trágica ha ocurrido porque algún dueño de perro no lo llevaba sujetado. Suele ocurrir que los perros pequeños van sueltos y corren hacia los grandes dando ladridos desesperantes. No quieren ustedes saber qué ha sucedido en el encuentro.

La señora insólita

Merece un aparte la señora insólita. La conocí durante los primeros meses, entrando al parque cercano de mi urbanización. Ella estaba sentada en un banquito con un perro pequeño, de raza indistinta y que tenía un corte donde lucía llamativamente una gran cresta que podríamos llamar punketa. El perro apenas me vio llegar con mi perrote negro, empezó a ladrar enfurecido. Estaba amarrado, eso sí, y se agradece.

La dueña era esta señora que no puedo llamar de otra manera sino «señora insólita». Regordeta, de cabello negros rulos, anteojos gruesos, mirada de búho y blujines pescadores, la señora tenía —y  tiene— aires de baquiana del patio que escruta sin disimulo a todo nuevo que llega por sus predios. Así, de entrada, sin ni siquiera presentarse y con voz sedada de siquiátrico esta señora insólita me preguntó si mi perro era adoptado. Me ofendí, debo confesar que me ofendí. ¿Mi perro? ¿Mi hermoso labrador adoptado? Le dije que no y seguí de largo sin prestarle mayor atención pero rumiando la pregunta venenosa.

Otro día volví a encontrármela en la zona para mascotas del parque. La señora me preguntó cómo se llamaba mi perro. Yo le dije el nombre. Desde entonces, cada vez que la señora nos ve, saluda al perro, y a mí ni me mira. Lo saluda además con infinito cariño, con infinito amor y alegría. Yo —creo que por fortuna— soy simplemente ignorado. Incluso, he llegado a pensarlo, le soy antipático a la señora. Debo decir que a mí no me cae mal. Pero hay algo en su cara de búho, no sé, algo en sus jeans pescadores. No sé.

Los otros

Están los otros, por supuesto. Un aficionado a los militares diría los civiles. Los otros, los que no son los dueños de perros. Muchos te ignoran, muchos se apartan (lógico en el caso de mi perrote), otros te ven con mala cara. Como si estuvieras cometiendo un pecado, como si tener un perro fuese la peor cosa del mundo. ¿Son acaso los amantes de los gatos que nos miran tan feo? ¿O son acaso gente sin ninguna mascota? Quizás son personas que generalizan, que creen que tú eres el dueño del perro que se ha hecho pupú en la puerta de su edificio, que tú eres el dueño del perro que más ladra en toda la urbanización y que no deja a la gente dormir en paz. Que tú eres el dueño del perro más agresivo del planeta. Pues en verdad nada de eso. Mi perro lo llevo con toda la decencia del mundo, y también llevo con toda decencia la caca del perro a su basurero. Y mi perro nunca ha mordido a nadie; es un gran inocentón que cree que la humanidad entera quiere jugar con él. Pero toda esa gente nos mira encendida, desconfiada, y no les quito razón. No les quito razón porque sobran los irresponsables allá afuera. Si usted es un irresponsable, su perro también lo será. Los perros dan lo que reciben.

La caca

Guillermo Sheridan escribió sobre las excretas en un artículo que leí en Letras Libres. Dice que en el DF se producen diariamente 750 toneladas de excretas caninas. También habla de la palabra en sí misma, es decir de la palabra «excreta». Dice que es un eufemismo para evitar la palabra «caca», que a su vez es otro eufemismo. Caca, nos informa Sheridan, «viene del latín “cac”, que es un uso hipocorístico —es decir, cariñosamente pueril— de “cacare” que significa cagar.»

Yo no sé cuántos perros habrá en mi ciudad ni en mi zona. Lo que sí puedo decir, y disculpen la digresión, es que mi urbanización es la urbanización de los schnauzer, perros bigotones, pequeños, bonitos y absolutamente insoportables, pues ladran a todo dar y son buscadores de pleitos. Adonde volteo, veo un schanauzer, y tengo que andar cambiándome de acera, para que el simpático schanauzer no le busque problemas a mi callado labrador (que tampoco es un santo, pero vamos, no ladra o más bien chilla como los otros). Creo que el predominio de una determinada raza de perro es zonal e incluso que obedece a la moda. En la urbanización donde vivía antes, predominaban los también insufribles caniches, y que me disculpe mi señora que tenía el suyo y lo adoraba.

Aquí o allá, moda o no, schanauzer o poodle, el hecho es que ustedes salen a las calles de mi urbanización —y de muchas otras— y encuentran que hay caca de perro en todos lados. Caca en el monte, en la puerta de tu edificio, en la acera, junto al banquito. Caca y más caca de perro. Pisoteada por algún infortunado o completa y bien formada, reluciente y orgullosa. La gente como que no termina de entender. Llevar una bolsita, inclinar, recoger, llevar al pote de basura público. ¿Saben?, sí hay potes de basura públicos, y tienen además un cartelito que te invita a que dejes allí la caca de tu perro. ¿Será que la gente no sabe leer? La idea es ver esos potes atestados de bolsitas. La idea es que uno no tenga llegar a su casa lavando la suela de los zapatos. La idea es que esa caca no abunde y no produzca en abundancia las peligrosas células de escherichia coli de las que habla Sheridan en su artículo.

Pretendemos ser buenos ciudadanos, hablamos de lo destartalado que anda el país, de lo pésimo que es el gobierno, creemos que conversando con la vecina podemos resolver todos los males de este mundo, pero no recogemos la caca de nuestros perros. Por ahí no va la cosa, definitivamente no. La ciudadanía, queridos amigos, está hecha de pequeños detalles.

Vuelta a casa

Parar por un momento. Parar y salir afuera, eso es lo que uno hace. Recuerdo un aviso publicitario de World for All. Se trata de una ilustración en blanco y negro. Allí se ve un banquito y un hombre que está siendo halado de una cuerda gracias a un perrito, lejos de aquel banco que se tambalea sobre otra cuerda, una cuerda que pende del techo, una cuerda que es una soga, una soga de ahorcado. El aviso dice: «Los perros curan la depresión. Adopta uno.» Yo no lo adopté —a pesar de lo que crea la señora insólita—, pero salgo con mi perro todos los días. Sí, me voy afuera y disfruto. Siempre lo he dicho, esta ciudad tiene más árboles de lo que uno cree. Y también más parques. Los parques están allí, acogedores, llenos de brisa, silenciosos. Los parques son para nosotros.

Yo salgo, disfruto de mi perro, disfruto de los parques y luego regreso a casa. El cansancio de la vuelta me alegra. Me alegra la subida, me alegra retornar luego de haber parado por un momento, luego de haberme alejado de la computadora (esa soga de las sociedades modernas), del trabajo, de todo aquello que en ocasiones es tan grande, tan pesado, que no nos deja ver otras cosas. Sí, volver a casa, cada mañana con mi perro es un placer, una forma de seguir, otra manera de mirar. Un reposo.

Fedosy Santaella 

Comentarios (20)

Oswaldo Aiffil
22 de julio, 2013

Hola Fedosy. Bueno tu texto sobre los perros y sus dueños. No se si ya lo leíste pero te recomiendo “El paseador de perros” de Sergio Galarza (Editorial Candaya). Yo no tengo perro, tiene mi hija, pero yo creo que es mía y así lo piensa ella también. Fue amor a primera vista y a pesar de que ahora vivimos a distancia, los encuentros son muy intensos y los adoro. Un abrazo amigo!

Andreina Monasterio
22 de julio, 2013

“Ningún dueño de perro conoce el nombre del otro dueño de perro”. Eso es cierto. Soy dueña de gatos, pero conozco el nombre de todos los animalitos de mi zona, sean callejeros o “de casa”. Tu texto es muy personal y hasta entretenido: me imaginé de pies a cabeza a la señora de mirada de búho. Ojalá que tu labrador te acompañe durante mucho tiempo a esos paseos (y que tú puedas acompañarlo también). Y no te ofendas si te preguntan si es adoptado. Acoger a un animal sin casa y brindarle un hogar es un acto hermoso que él siempre te va a agradecer. Un abrazo de una fiel lectora.

Ignacio Taboada
22 de julio, 2013

Hola Fedosy. Tampoco soy amigo de perritos pequeños y con rulitos. Tú has visto al mío, un rotweiler (no adoptado)que ya pasó los cinco años. Es un perro de guarda, que lo hace muy bien, y solo pasea en el jardín de la casa. Pero tengo un buen amigo que me ha contado cosas como las que describiste; el sí pasea su perrito de rulitos. Tu relato se parece mucho a sus cuentos; me gustó mucho. Amigo,

Hernani
22 de julio, 2013

Enhorabuena por tan buen relato. Guau Guau Guau…

fedosy
22 de julio, 2013

Queridos amigos, gracias por los comentarios.

La verdad que no tengo problema con que el perrito sea adoptado. Creo que el choque más bien vino por el tono de la pregunta y por la personaje que la hizo. Jejejejeje. Saludos a todos.

Un abrazo al gran doctor Taboada.

Mirco Ferri
22 de julio, 2013

Yo tengo dos perras adoptadas, de raza casi igual al tuyo, la diferencia es de apenas una letra: son ladradoras. Tienen una facilidad asombrosa para unirse al orfeón perruno que deleita a los habitantes de la urbanización todas las noches. Pero es uno de sus pocos defectos. Del resto son compañeras incondicionales, leales, afectuosas, y no guardan rencor. Debo confesar que tu artículo me hizo sentir complejo de culpa, ya que por flojera no las paseamos con la frecuencia que deberíamos (en nuestro descargo puedo alegar que tienen bastante espacio para correr, pero eso dista de ser suficiente, les falta la socialización con sus pares). Me voy a proponer mejorar eso: gracias por tu texto.

Antonio
22 de julio, 2013

Con la práctica y hermosa rutina, a veces cansona, se sacar a mis perros, he logrado una suerte de destreza personal, que me ha llevado a la conclusión de que pasear al animal es un arte. En mi caso, son dos mediano grandes, en verdad, adoptados y, de una raza que compartimos; somos mestizos. Los saco muy temprano al parque, entre las 5:30 y 7 de la mañana; antes de que alguna decena de señoras haga su rutina de ejercicios, todas con cara de ayuno, algunas con actitud hostil hacia las mascotas y una de ellas , casualmente, con mirada de búho, de sospechosa similitud con la de la historia menuda de Fedosy. Paseo vivificante, de estiramiento. Luego, el turno de las dos de la tarde, para asolearse y, en la noche a las 9:30 p.m. oportunidad para dar 6 vueltas al parque con paso militar, bueno para los tres, aunque ellos no se cansan, me imagino que por ser cuadrúpedos y , tener forma de salchicha gigante. La cadena de lona de un metro es un suplicio para el animal, lo recomendable es la de hasta 5 metros de rienda retractable. Al salir y entrar al parque deben ser acortadas. Un jalón puede acabar con tu manguito rotador en segundos. Soltarlos, aparte de actitud “contra lege”, es riesgoso. No hay encantador de perros que valga cuando el animal arremete contra otro; uno controla el instinto con el lenguaje de la cadena. Los perros no son peluches. El paseo es un acto de responsabilidad, no es un juego. Debe hacerse con determinación , evitando hablar por el celular, ya que ellos deben ser vistos todo el tiempo. Ellos son lo mas importante durante ese acto de cariño y atención a sus derechos, incluyendo el de ser acariciados, especialmente, unos segundos durante el paseo. El perro y el niño, son del cariño. No hay excusa para no llevar las bolsitas de plástico; son las mismas que nos dan en el menguado mercado del día a día. Recoger los desperdicios es un acto casi quirúrgico. Bolsita como guante, que luego, se invierte y,listo. La comunidad y, las otras mascotas con dueño y todo , te lo agradecerán.

Ramón Nuñez
22 de julio, 2013

A decir verdad, yo también creía eso de los perros chiquitos. Mi esposa quería un perrito Yorkshire Terrier y yo me oponía porque esos perros eran muy escandalosos y además no me gustaba mucho la idea de pasear un animal asi. Pero las cosas son como son y adoptamos a una perrita perdida en la calle, no mucho más grande que un Yorkshire y resulta que esta joven no ladra, a decir verdad ni se siente; solamente se vuelve loca cuando ve otra perra pero no es todos los días. Y, por cierto, yo soy quien la pasea y recoge sus excretas con la bolsita. Por lo demás, el relato está de lo mejor, y la conclusión del autor es absolutamente cierta. Si quieres de verdad salvar la patria, empieza por las “cosas pequeñas”, como recoger los desechos orgánicos de tu perro.

Zaira Castro
22 de julio, 2013

Me haces reir con tu sencillo desparpajo…Genial. Gracias

Fedosy
22 de julio, 2013

Agradecido, amigos, agradecido por sus comentarios. Salud y buena fortuna a todos.

AndyGuarro
22 de julio, 2013

Muy buen artículo amigo Fedosy. Y sin duda, no conocemos la identidad de los dueños de los perros porque no es importante. Los protagonistas son los perros, lo educados o no que son, si están bien cuidados, si obedecen, etc. En lo único que importamos los dueños es en darles disciplina, y recoger la mier.. del canino y uso el término coloquial y burdo, porque cuando va uno distraído por la vía y pisa una de esas gracias, sin duda deja de ser caca para convertirse en mier.. Que disfrute su mascota.

Alex
23 de julio, 2013

No quería imaginarme a mi amado Fedosy recogiendo la caca de su labrador negro! Peero está genial el relato… Por eso prefiero tener gatos, no hay que sacarlos y a veces te quieren y otras no…

Virginia López
23 de julio, 2013

Genial! Me sentí tan identificada al leer este artículo que, obligatoriamente necesito dejar mi comentario al respecto: Hace 11 años también elegí un perro que me representara, loco, negro y labrador como el tuyo. Hay tanto amor en ese ser que todavía pasa por cachorro. Y justamente, es el amor lo que debería estar de moda, es el compromiso con otro ser que depende de uno lo que debería estar de moda, y sobre todo, es nuestra responsabilidad como dueños de mascotas lo que debería estar de moda. También, por circunstancias, soy dueña de 3 gatas (Sólo tienes que rescatar un pequeño gatito de la calle para luego llevarlo a APROA o cualquier refugio: ¡Es una adopción encubierta!). Sin embargo, ha sido una decisión que disfruto desde hace 2 años: La más sobreviviente es una gata-perro, mueve la cola como él y le hace la suplencia cuando tocan el timbre, la cola de él ha resultado su mejor juguete, y cuando “abusan” de la confianza otorgada, los ves cachete con cachete durmiendo en el sofá. En fin, al igual que los niños, nuestras mascotas son reflejo de lo que hay en casa. Pero sobre todas las cosas, y a pesar de que los humanicemos y haya gente que le ponga trajes ridículos, son animales que están bajo nuestra responsabilidad. Si por casualidad alguno de ellos dejara una caca en el salón ¿la dejaría ahí? Entonces ¿por qué no recogerla en la calle? Nuestro amor por ellos también pasa por el respeto a las demás personas.

Diana Silva
24 de julio, 2013

Rico el artículo, de acuerdo con todos los comentarios, y no pongo experiencias personales porque se convierten fácilmente en libro. Si quiero compartir un enlace hermoso, al menos en la opinión de nosotros, amantes de perros. http://www.youtube.com/watch?v=h7dEOPUrBVE

maribel matanza
28 de julio, 2013

No sé si tampoco si es una crónica, pero para mi funciona como retrato. Tenemos una perrita callejera y hemos descubierto junto a ella una dimensión, un espacio desconocido hasta ahora, de perros con nombres y personalidades y dueños que poco a poco se van haciendo conocidos también. Nuestra perrita es famosa en la calle ciega en la que vivimos,pues es la única a la que se le lanza la pelota y corre como poseída tras ella, para dejársela a cualquier transeúnte a los pies, invitándolos a jugar. Así que en nuestra calle, jaja, todo el que pasa termina lanzándole la pelota. Vivimos en Baruta y si, me hago eco de lo referente al popó o caca, en fin. Me la paso poniendo carteles con tal fin. Le crean una terrible fama a los perros con amos decentes.

Heyling Girón
10 de agosto, 2013

Excelente artículo,… Tal vez porque La Candelaria siempre ha sido una zona de encuentro por excelencia, aquí muchos dueños si conocemos el nombre de otros dueños de mascotas, pero siempre es más fácil decir: la mamá de Roxy, el papá de Shanty o la mamá de Bobby (mi cachorro mestizo de Labrador de 10 años) uno de los más viejos de un grupo que denominamos La Manada, con página de Facebook y todo, donde además de compartir ideas, artículos de interes, paseos y fotos, también ayudamos a los callejeritos de la zona con alimento, medicinas, vacunas, esterilizaciones y adopciones… Somos en fin una gran familia a la que nos une la amistad y un amor infinito por los nuestros y los peluditos callejeros… Disfruta mucho a tu perro (del cual nunca supimos el nombre) y recuerden: No compres un perro de raza, adopta uno sin casa… Saludos y éxitos !!

hdhungryman
8 de septiembre, 2013

Explorando Yosemite National Park con nuestro Bulldog Inglés http://www.youtube.com/watch?v=-VkBqCQdW8M&feature=youtu.be

nancyjota
21 de septiembre, 2013

Buena crónica =) Y muy entrañable para mí que he sido paseadora de mis perros toda la vida. Ahora es el turno de una bella mestiza, adoptada, y que se ha convertido en la vedette del vecindario: Isabella. Es verdad que nadie conoce tu nombre sino el de tu perro, y uno tampoco conoce nada de esos colegas paseadores, salvo el nombre de sus consentidos. Y también es verdad que hay personas necias, que no pueden ver a un perro ni a un kilómetro de distancia…¡pobres! Siempre llevé a mis perros con correa, más que nada por protegerlos a ellos; pero tengo la suerte de que Isa es supremamente dócil y aprendió a caminar sin correa y sin dar problemas. No busca pleitos y obedece cuando se le llama. Los perros proporcionan un goce grande y entrañable. ¡Que disfrutes mucho de tu perro y él de ti!

maria cristina
22 de noviembre, 2013

…pasear nuestras mascotas es un arte y un sentimiento que vives y describes muy bien y creo es completamente compartido por los que los amamos y nos sentimos responsables de que ellos tengan una vida digna. Nadie me conoce por mi nombre en la Plaza donde camino a Pancha, pero todas nos saludamos y, si cambiamos teléfonos por alguna circunstancia relacionada con con ellos, usamos el nombre del animalito. La caca, las bolsitas, ni regalándolas a la entrada del conjunto hemos logrado que sean utilizados por todos los usarios…..me pregunto si el baño de sus dueños es limpio pero, hay que educar e insistir en el tema, algún día aprenderemos todos. Me fascina recoger la caca de mi perra, calientica y que me indica como está su digestión…………

Elizabeth
27 de julio, 2014

Hola tengo un schnauzer, si el ladrido es insoportable pero son muy protectores de uno y leales la verdad son grandiosos compañeros aun asi independientes. Nada amo a mi perro. La cosa es q no se de muchos lugares donde puedo pasearlo, me pueden ayudar con algunos lugares en. Caracas mas alla de los proceres y el pq de viscaya? Saludos! Si saben de lugares donde comer con perritos tamb me gustaria saber

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