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Mitos electorales: la maquinita de votar; por Luis Carlos Díaz // #Tecnosociedad

Por Luis Carlos Díaz | 21 de septiembre, 2015

Mitos electorales la maquinita de votar; por Luis Carlos Díaz Tecnosociedad 640

Estamos ante una trampa. O mejor dicho: estamos en Venezuela. Las trampas son comunes en el escenario político porque eso se supone que es el ajedrez del poder. Movimientos de control de espacio y estrategias para lograr victorias. El problema es que en la coyuntura venezolana, el ajedrez en realidad es un festival de motopiruetas con tiros al aire y sin reglas claras. Llevamos más de 10 años votando con sistemas electrónicos de votación y aún no se superan ciertos mitos sobre el voto electrónico que renacen y se refuerzan con cada justa electoral. De hecho, estamos en un punto de polarización tan alta, que hablar del voto electrónico ya te hace sospechoso de defender al Gobierno o ser su cómplice en un fraude continuado.

Para el Gobierno la situación es de ganar-ganar. Si aumentan las dudas sobre la confiabilidad del sistema de votación, se traduce en más abstención opositora, y por lo tanto en victorias más sencillas de lograr después de las ya tradicionales campañas ventajistas. Las máquinas son sólo el medio, la plataforma, pero se les inserta en un escenario nada neutral y se vuelven también un objeto de diatriba en la que el CNE no ha puesto mucho esfuerzo por aclarar dudas. No parece ser su interés.

Incluso la repetición de rectores en el CNE que no gozan del reconocimiento como árbitros imparciales por la diversidad de partidos políticos venezolanos, tiene como objetivo desestimular el voto. Por otro lado, las distintas oposiciones políticas buscan razones para sus derrotas, y un segmento apunta al entramado de cables y bits por donde circula la intención de los electores. Rara vez asumen sus errores.

En los mitos electorales reposan dos fenómenos simultáneos: la brecha tecnológica y el sesgo ideológico que exige reforzar prejuicios. Ambos son monstruos hambrientos que se alimentan de ignorancia y el deseo infinito de tener la razón. A ese plato mixto podemos agregarle dos ingredientes más: la polarización política y el desconocimiento del otro.

Estamos en 2015 y todavía hay gente que insiste en el fraude electoral del referéndum revocatorio de 2004, sin mayores pruebas ni razones técnicas. Sólo se sostiene en la necesidad de creer que la victoria les fue robada, que los votantes no existieron y que Hugo Chávez se salió con la suya en aquel momento. De nada valen las encuestas previas que lo dieron como ganador, la amplia movilización espontánea y empujada con maquinaria electoral para participar aquel 15 de agosto, y la campaña en todos los terrenos posibles realizada con fondos públicos, desde el uso abusivo de cadenas en radio y televisión hasta el sesgo ideológico de las misiones sociales de salud y educación fortalecidas ese año. Nada de eso. De 2004 se recuerda a Henry Ramos Allup diciendo que los habían robado pero que les dieran tiempo para pensar cómo… y a Pablo Medina sosteniendo con guantes de látex la tarjeta madre de una máquina de SmartMatic, como quien sostiene un tumor recién extraído, indicando que allí estaba el corazón de la bestia.

En 2013 y 2015 conocí el monstruo por dentro. Fui a la sede de Smartmatic, en Ciudad de Panamá, y conocí las instalaciones donde trabajaba el equipo de desarrollo de soluciones para sistemas automatizados de votación. Como fanático de las elecciones, con varios procesos y coberturas informativas a cuestas, pero también como activista de innovaciones tecnológicas, fue la oportunidad de casar dos áreas de interés.

Por lo tanto vamos a combinar tres cosas en este relato breve: la tecnología, las elecciones en Venezuela y la brecha digital en torno a la máquina. La brecha es sencilla: no toda la población tiene relación cotidiana con dispositivos electrónicos. Si se enredan con un cajero automático o no saben ponerle la hora al microondas, el acto de votar puede convertirse en un problema y por eso necesitan más ensayo, por más amigable que intente ser el panel táctil y por más colores que tenga la pantalla.

El primer apunte es que una elección es muchas cosas a la vez, pero principalmente es la competencia democrática de un grupo de ciudadanos que decidieron, en igualdad de condiciones, resolver una diatriba contando mayorías. En ese proceso hay muchos momentos, pero hay tres que deben importarnos a la hora de hacer análisis: la campaña, donde las ofertas se exponen y la gente toma su decisión; la votación, donde los ciudadanos expresan su elección; la totalización, donde los votos se cuentan y deben garantizarse resultados fiables.

Las dudas sobre el sistema venezolano han estado en todas las dimensiones, pero una duda sólo abre una posibilidad de investigar. Y para construir certezas se debe seguir algún método de verificación, fuera de eso es sólo necedad o fanatismo. Por ejemplo: decir que la etapa de la campaña es ventajosa para el gobierno, se puede confirmar con la medición del uso de recursos públicos e incluso hay constancia de esos reclamos en los documentos de observación internacional del Centro Carter y la Unión Europea. Por eso no los invitaron más como observadores desde 2006 sino como acompañantes. Por eso no habrá observadores internacionales este año.

Sin embargo, en cuanto al voto electrónico, hay que lidiar constantemente con mitos que sí exigen mayor explicación de parte del ente electoral, a menos que no esté interesado en generar más confianza en el voto.

Veamos algunos:

1. La máquina cambia los votos. El objetivo de la máquina es convertir la voluntad del elector en un dato que se pueda sumar de forma fiable con el resto. Por eso la máquina contabiliza el voto y expide un comprobante (el papel) que el elector revisa y deposita en la caja. Hasta los momentos no se ha comprobado un solo caso en el que la persona marcara una opción y le saliera otra. Como se trata de una interfaz táctil, la mayor parte de los errores están del lado del elector, que no marca bien su opción o la marca dos veces, de forma que se anula la selección. Incluso en esos casos, hay la posibilidad de levantar un acta de incidencia y dejar constancia en la mesa del error cometido. En elecciones anteriores ha habido gente detenida por comerse el papel, romperlo de rabia o reclamar con violencia a los miembros de mesa. Peor aún, líderes del PSUV como Aristóbulo Istúriz y Tarek William Saab mostraron en cámara por TV cómo rompían su papel y volvían a votar… una irregularidad por la que no fueron juzgados, pero que también demuestra que hasta ellos se equivocan al marcar sus opciones.

1.1. La máquina cambia los votos en la totalización. Si cada elector comprueba que su comprobante de voto está bien, la suma del día debe estar bien. Lo sabe cada testigo de mesa que ha contado los papeles de las cajas seleccionadas al azar.

2. Se cambian los votos en la totalización general. Nuevamente, si cada partido tiene comprobantes de cada máquina y centro electoral, puede sumar por su cuenta y comprobar los anuncios del CNE. En este punto ha habido muchas dudas por el tiempo que se tarda el ente electoral en anunciar. Se debe a dos cosas, la primera es que no se dan resultados parciales que luego puedan cambiar (como ocurre en otros países de la región), por eso se esperan tendencias irreversibles, y por el otro lado, en 2007 se demostró que se espera la aceptación de los resultados por parte del poder. Algo que se debe discutir en el ámbito de la negociación política, pero no es un elemento técnico del sistema digital. Por el contrario, pudiésemos tener resultados mucho antes si la totalización fuese transparente al país.

3. Hay centros donde el PSUV ve la totalización de los votos en tiempo real durante el día. Es uno de los rumores que recientemente difundió el diario ABC de España, con supuestas declaraciones de Leamsy Salazar (escolta de Chávez). Para eso necesitarían que la máquina transmitiera el resultado voto a voto desde todo el país durante el día, algo que sencillamente no pasa porque no están conectadas. Quien está en un centro sabe que sólo se conecta en la noche para transmitir resultados. Lo que sí tiene el PSUV es una base de datos de sus militantes y otros inscritos y tiene puntos rojos y maquinaria que moviliza votos de vecinos uno a uno. Con activistas comunitarios se sabe quién ha votado y quién no, y se le lleva a votar. Pero todo eso previo al hecho de la votación. Si no está en el REP o en ese centro, no puede votar.

4. Pero hay gente con cédulas falsas y gente que fue sumada al registro electoral. Ese es un punto de discusión enorme y externo al voto electrónico. La forma en la que está compuesta la población venezolana hace que aún, de hecho, falte alrededor de un millón de jóvenes por inscribirse.

5. Hay centros fantasmas y máquinas paralelas que suman votos. Efectivamente se han creado más centros electorales pequeños para descentralizar el sistema. Sin embargo, cuando están en comunidades controladas por el chavismo (misión vivienda, zonas de colectivos, etc) se presta para un control político del voto por presión directa de los vecinos. Eso no evitó que en Ciudad Caribia hubiese más de 50 votos para Henrique Capriles, con las amenazas que eso significó luego para los vecinos. El problema fue en los centros donde en elecciones como la de 2010, hubo 100% votos a favor del chavismo y cero abstención. Evidentemente se trata de un abuso cometido ante la falta de contrapartes, que luego no fue castigado, pero que en suma, no modificaba el resultado de una elección nacional (al menos no cuando Chávez ganaba con 10 puntos de ventaja, con el 1% de diferencia entre Maduro-Capriles se encendieron las alarmas). El asunto es que los centros y mesas que conforman un resultado electoral son visibles en la base de datos del CNE y no hay centros paralelos que puedan sumar más votos a ese sistema.

6. ¿Si hay 100 votos podemos garantizar que hubo 100 electores? Es por eso que se instaló luego el sistema automatizado de identificación (SAI), para detectar las huellas. Nuevamente, fue decisión política del CNE no sancionar los más de 200 casos de incidencia de doble huella detectados en 2013. Era importante hacerlo para evitar que se repitiera, aunque 200 electores fraudulentos no modifican una elección de 200 mil votos de diferencia.

7. ¿Entonces tenemos el mejor sistema electoral del mundo? A nivel técnico se ha logrado un sistema robusto con muchos niveles de verificación y contraste. El problema es más bien político: no hay control sobre la campaña y no se controlan las presiones sobre la voluntad de voto del elector antes de escoger su opción. Desde los votos asistidos hasta la presión vía bases de datos del Estado (beneficiarios de misiones, becas, créditos, etc) hay un entramado que se afinca contra los más vulnerables. Tampoco se construye confianza alrededor del sistema: El propio chavismo acusó a la oposición de alterar resultados en sus elecciones primarias de 2012 para multiplicar sus votos. Chávez dijo que no necesitaba otra lista Tascón para saber quiénes no habían votado por él. Voceros de la oposición se empeñan en repetir mitos para no buscar los votos que necesitan. Todo eso genera desconfianza, y es en el fondo despreciar un buen logro técnico en medio de un clima tenso que no necesita ser peor.

Luis Carlos Díaz Periodista y bloguero

Comentarios (11)

@manuhel
21 de septiembre, 2015

Supongamos que gana la Oposición y salen los chavistas del poder.

Entonces serán los chavistas que crearon este monstruo electrónico en un país analógico, quienes desde la oposición desconfiarán de la automatización del sistema y pedirán a viva voz que se elimine todo ese enmarañado de cables y maquinitas que no hacen mas que distorsionar los resultados en cada elección.

No hay que ser brujo para saber que será así.

A dónde voy con lo antes dicho. A qué ningún tecnicismo ni gurú en la materia va a convencer a la mayoría de que el CNE tiene un sistema robusto y confiable; porque el mismo CNE de manera subliminal ye restriega en cara su imparcialidad cada vez que les dan un chancesito en la tv.

Y la oposición aún no ha aprendido a lidiar con eso. La MUD se va por lo fácil. Seguir culpando a los abstencionistas de cada derrota. Algo tan ambigua como esa masa de ni-nis que no tienen ni pies ni cabeza y que no les importa si al otra día salen los dirigientes a echarles la culpa de cada derrota porque si no se inmutaron en ir a votar, mucho menos van a estar sentados al lunes siguiente en la mañanita viendo programas de opinión donde no se dice nada bueno ni nuevo…

Petrusco
21 de septiembre, 2015

Querido LC, minimizas la responsabilidad de la oposición, cuando, en mi opinión, es la principal artífice en la siembra de dudas sobre el sistema electoral para, tal como indicas en tu artículo, justificar sus derrotas sin asumir casi nunca sus errores, falta de trabajo político serio, incoherencia y ausencia de programa de gobierno o de propuesta ideológica.

A nadie beneficia más desprestigiar al sistema electoral que a la oposición. Claro, tu eres de los que defiende la tesis de que el gobierno inventa todas las campañas que lo perjudican porque así se benefician.

Quienes reviven más activamente una y otra vez el fantasma del fraude electoral, son los actores de la oposición. Tu nombraste a varios famosos que lo han hecho y lo siguen haciendo.

Otro mito, que asomas en tu artículo pero no lo mencionas, es el de la “presión para votar”, es decir, “si no votas por Maduro te boto del trabajo” o algo así. Eso es mentira. No hay forma de saber por quien votó nadie. El voto es totalmente secreto. Te pueden amenazar de todas las formas posibles, pero lo que te sale en el papelito que metes en la caja solo lo sabes tu.

Quienes logran que gente crédula se asuste de esas amenazas, son justamente esos voceros u opinadores de la oposición que siguen sembrando, una y otra vez, la duda sobre el secreto del voto.

Este sistema tiene 21 auditorías y también cuenta con testigos de todos los partidos en todas sus etapas. Hay que creer y hay que votar con conciencia. Sin mas mentiras.

KBULLA
21 de septiembre, 2015

Creo que faltó el mito más importante y es el de que el régimen sabe por quien voto. También puede ser, que no lo hayas considerado mito porque resulta que es no es mito, sino que es verdad.

Durante el Referéndum Revocatorio Presidencial del año 2004, María Corina Machado (para entonces miembro de SÚMATE)propaló, propagó y publicitó hasta el cansancio, a todo aquel que quisiese escucharla, que las máquinas captahuellas (que para aquel proceso apenas si se encontraban situadas a la entrada de los Centros Electorales)servían para que el régimen supiese por quién votaba la ciudadanía. A partir de entonces, en todo proceso electoral las captahuellas fueron ocupando un sitial cada vez más relevante, llegando hoy en día a situarse, no solamente dentro de la herradura electoral de la mesa de votación, sino que es el mecanismo liberador de la máquina de votación. De ahí, a que Juan Pueblito piense que la interconexión captahuella-máquina de votación sirve también para que quede registrado su nombre y cédula asociados al voto emitido, no hace falta ningún razonamiento socrático, platónico o descartiano. Simplemente, el miedo es libre y póngase Ud. a querer explicarle a Juan Pueblito que la conexión no es bidireccional o biunívoca y que su miedo es infundado.

La refinación del poder psicológico de las captahuellas ha llegado a los automercados. Juan Pueblito va muy tranquilo a hacer su cola el día correspondiente al terminal de su cédula. Resulta que el supermercado empieza la mañana vendiendo HARINA PAN y MAYONESA. Juan Pueblito coloca sus 2 pulgares en la captahuella y libera la caja registradora para que pueda realizar su compra. Sucede que en la tarde (al menos aquí en Puerto Ordaz sucede así) el supermercado sigue vendiendo HARINA PAN, pero ahora (en lugar de MAYONESA) está vendiendo PAPEL HIGIÉNICO, pues la MAYONESA se agotó. Juan Pueblito aprovecha y vuelve a hacer su cola para comprar y cuando va a la caja registradora, vuelve a tener que colocar sus 2 huellas dactilares en la captahuella para que la caja se libere. Cuando la cajera pasa los rollos de PAPEL HIGIÉNICO por el lector de barras, no hay problema alguno, pero cuando pasa las HARINA PAN la caja “se tranca” y aparece un banner informado que ese producto ya fue adquirido. Es decir, la captahuella sabe qué compraste anteriormente y qué no compraste. Tomar el comportamiento de las captahuellas de los supermercados y llevarlo a las mesas electorales, es un ejercicio mental que Juan Pueblito va a realizar sin mayor esfuerzo. ¡A la verga! dirá Juan Pueblito, si la captahuella no solamente sirve para que se sepa que ya compré, sino que también sirve para que se sepa qué fue lo que compré, está de anteojito que esa maquinita le va a decir a Maduro por quién voté el 6D y seguro me terminan quitando mi beca de la Misión Tírame Algo, mi casita de Misión Vivienda, mis electrodomésticos de Mi Casa Bien Equipada, mi puesto en el ministerio, etc., etc.

¿Quién tumba ese mito, con una MUD enMUDecida al respecto?

David Silva
22 de septiembre, 2015

Por mucho tiempo se discutió que las capta huellas estuvieran junto a la maquina por la posibilidad de almacenar el voto con la identidad del votante, pero desde hace un par de elecciones la maquina se activa con el capta huellas y sale en TV Maduro diciendo que sabe por quien voto la gente, a que se debe esa repentina “flexibilidad”?

José María
22 de septiembre, 2015

Sigo sin entender la razón de que el CNE espere 10 horas para dar los resultados. En todos los países se pueden consultar los resultados en tiempo real, los votos de cada colegio, y tardan de máximo una hora en dar los resultados. En España se vota en papel como en el resto del mundo y cada centro electoral transmite sus datos y por la página del ministerio del interior o del gobierno regional correspondiente se puede ver la evolución de los votos desde el 1% hasta el 100%. ¿Por qué en Venezuela no?

Wanley
23 de septiembre, 2015

Antes uno se buscaba en un listado en la entrada del centro a ver que mesa tocaba. Ahora hay que pasar por una computadora del Cne paraque le digan a uno en que mesa le toca. Es decir el CNE (gobierno) sabe en tiempo real quien ha votado y quien no. Cuando a media tarde hacen el cruce de data con sus listas de misiones empiezan las llamadas telefonicas a los chantajeables que no han votado. Aparte de sacarlos a votar, les sirve para reforzar la impresion de que saben por quien votan.

LuisCarlos
23 de septiembre, 2015

José María: es una decisión política. Técnicamente el CNE puede totalizar en pocos minutos. Técnicamente los ciudadanos podríamos ver incluso esa totalización en tiempo real. Pero no lo hacen. No lo quieren hacer. Punto. En 2007 el CNE esperó durante horas a que Chávez quisiera aceptar los resultados antes de anunciarlos. Él mismo lo dijo.

José María
24 de septiembre, 2015

No puede defenderse un sistema electoral que tarda 10 horas en dar los resultados y en el que los resultados no se pueden seguir en tiempo real (a medida que cada colegio manda sus resultados).

Ya está bien hombre!!! ¿Le parece razonable al autor del artículo que se tarde 10 horas en dar los resultados cuando en todos los países del mundo (incluso Grecia), a la hora ya se saben los resultados? Por favor contesten a esto.

Gladys
24 de septiembre, 2015

Su artículo no hace sino explicar, en forma excelente, lo que un letrero colocado en el salón de la universidad donde estudie decía: basura entra, basura sale. No es la máquina sino quien y bajo que condiciones la manejan. Pienso que el problema es de leyes, en este país se cuida mucho el derecho y el estímulo a votar pero nada sobre las mediaciones existentes antes y en el momento de hacerlo. La computadora media entre la persona y el derecho. En algunos países se vota manualmente y se procesan los resultados electrónicamente. Creo que esto último es más transparente a pesar de otras mediaciones previas como la ubicación de los centros o el establecimiento de zonas. Gracias por ser tan ilustrativo,

Túpac Amaru
24 de septiembre, 2015

De la bravuconería opositora al anuncio del fraude.

La oposición funciona como un reloj, predecible hasta el aburrimiento y de cutre diseño.

16 años en lo mismo y todavía no aprenden.

LuisCarlos
25 de septiembre, 2015

Hola, José María: no es el sistema, son los rectores. Son ellos los que retrasan la entrega de resultados. Pero el sistema automatizado permite totalizar más rápido y de manera más fiable, pero es humano el retraso, es político retraso.

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