Blog de Francisco Suniaga

Militares a sus cuarteles; por Francisco Suniaga

Por Francisco Suniaga | 7 de abril, 2017
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Fotografía de AVN

Ahora que el régimen parece descuadernarse, y la transición que nos retorne a un camino democrático más firme y seguro se dibuja en el horizonte, hay un debate necesario: el papel de los militares en el futuro rediseño institucional del país. Resulta entonces oportuno y conveniente revisar las decisiones y posturas de los fundadores del sistema democrático.

Este documento suscrito por Francisco de Paula Aristeguieta, un gran venezolano, veterano del Falke, Ricardo Montilla, signatario del Plan de Barranquilla y fundador de AD, y los presidentes Rómulo Betancourt y Raúl Leoni tiene una vigencia absoluta. Solo habría que cambiar —por su denominación actual— al régimen autoritario, para lo cual bastaría adecuar la fecha de su firma y sustituir la palabra “gomecista” en el párrafo segundo. El resto del texto, creo, aplica por completo. En particular, cuando a unos cuantos compatriotas les da por escuchar cantos de sirena.

“En la ciudad de Barranquilla, el día 19 de setiembre de 1930, se ha convenido entre el señor Don Francisco de Paula Aristeguieta, posible jefe del sector oriental de la República en un movimiento revolucionario, y los señores Raúl Leoni, Ricardo Montilla y Rómulo Betancourt, quienes para este acto asumen la representación del grupo universitario en destierro, lo siguiente:

Los firmantes se comprometen expresa y categóricamente a no prestar su colaboración y a oponerse en todos los terrenos de la lucha política al establecimiento de un gobierno militar en Venezuela, para sustituir al régimen gomecista. Los pactantes no señalan su aversión a éste o aquel militar de las filas opositoras. Solo que su ideología de raíces civiles y su conciencia de que el militarismo ha sido el peor de los males públicos de Venezuela, no se aviene(n) con la persistencia de los hombres de campamento y de cuartel en el manejo de la cosa pública.

En fe de este compromiso explícito y solemne, firman de su puño y letra los nombrados:

Francisco de Paula Aristeguieta

Ricardo Montilla

Rómulo Betancourt

Raúl Leoni

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Francisco Suniaga 

Comentarios (10)

Angela Rodriguez
8 de abril, 2017

Hola! Me encanta leer prodavinci,pero de verdad no entiendo porque no han adaptado su página para que sea de fácil lectura en dispositivos móviles. Los amaré cuando lo hagan, espero que sea pronto. ¡Gracias!

charles bradley
8 de abril, 2017

Esas son unas firmas planas.

Ja, ja , ja. era un chiste, lo que pasa es que todavia no entiendo lo que son firmas planas, si se referia a hacer planas, no eran, por que los nombres cambiaban

Ruben Hurtado
9 de abril, 2017

Que oportuna y refrescante reposición de este documento, que no cabe duda calificarlo de histórico. Esos jóvenes veinteañeros, que marcaban en la fecha su destino, conjugan con la sabiduria de un “Señor Don” uno de los fundamentos de la REPÚBLICA. Una lección para siempre. Gracias Suniaga.

Diógenes Decambrí.
9 de abril, 2017

Suniaga; En aras de lo universal y democrático, deberíamos sopesar también la opción de eliminar las fuerzas armadas, así nos ahorramos el dineral que nos cuesta sostener, vestir, y armar a ese paquidermo, y nos quitamos la permanente amenaza de sus caprichosas y desastrosas intervenciones para enderezar a los civiles y al país.

jaime vargas
10 de abril, 2017

aquí se cometían muchos errores con respecto a los militares. en la cuarta república, como dice los ch avista, se creo una cátedra en bachillerato, donde los jóvenes tenían que ir a los cuarteles a recibir enseñanza militar y someterse a la arbitrariedad de los militares, ¿con que propósito? simplemente concluyo, yo, porque no sabían donde ocupar tanto personal militar que no se justificaba su existencia. por eso estamos hoy como estamos

Ana María Montero
11 de abril, 2017

Pienso igual que el sr Suniaga, en ir pensando en eliminar las Fuerzas Armadas e invertir mas en una policía mas eficiente, en organizaciones como los entes bomberiles, grupos de apoyo para enfrentar riesgos, en fin, en fin: organizaciones civiles que coadyuven a la tranquilidad del país.

Francia Cordido
25 de junio, 2017

Un documento profético…

Nívea
26 de junio, 2017

Suniaga, un placer leerte siempre. Espero verte desde las gradas, en el FILUC 2017. Dios quiera pueda realizarse. Extraordinario tu artículo, creo que parte de nuestras debilidades y desvaríos, es el desconocimiento de nuestra historia. ¡Militares a sus cuarteles!, ¡claro! que tragedia que los venezolanos y latinoamericanos no hayamos entendido el peligro para la civilidad, hoy más que nunca de esa rémora histórica. Ignorar, creo, que es la civilidad, qué representamos en la hechura de una nación, que es la República. Hay que repensar la educación y la sobrevaloración de la carrera militar como ascenso social, poder, estatus,…Es más importante el teniente Hugo Chávez, que Jacinto Convit, por ejemplo, o el que nos repara los zapatos o hace una prenda de vestir, o nos cura,o la maestra,…Hay un solo modelo y es con uniforme cargado de cordones, estrellas,condecoraciones,…todas doradas sobre un traje. Y porta armas de fuego de última generación… Gracias Francisco.

Estelio Mario Pedreáñez
27 de junio, 2017

El documento comentado, de 1930, prueba, por desgracia, que no cambió mucho Venezuela desde los tiempos oscuros del gomecismo (1908-1935) y que el principal “legado” del sanguinario, corrupto y nefasto Dictador J.V. Gómez, su “Ejército Gomecista” (1909-58), tiene mucha parte en los orígenes de esta hora menguada que sufre Venezuela. Ciertamente “…el militarismo ha sido el peor de los males públicos de Venezuela, no se aviene(n) con la persistencia de los hombres de campamento y de cuartel en el manejo de la cosa pública…”, pero en 1998 la mayoría del país (con el entusiasmo de grandes televisoras y diarios, y muchos “intelectuales”, la mayoría unos ignorantes en Historia, Política y Economía) votó y eligió como Presidente de la República, a un militar pretoriano que intentó un sangriento Golpe de Estado, que se arropó con el prestigio de unos héroes que, falsificando la verdad, su grupo de conspiradores llamó “socialistas”, aunque ni siquiera abolieron en sus tiempos la esclavitud.

Estelio Mario Pedreáñez
27 de junio, 2017

Sí queremos especular para el futuro, sí Venezuela logra superar ésta, su mayor crisis desde 1830, y no se pierde la República ní la existencia misma de Venezuela como Estado Independiente, debemos recordar que unas verdaderas Fuerzas Armadas Nacionalistas son necesarias para nuestro país, que ha sufrido amputaciones territoriales y enfrenta dos graves procesos de reclamaciones limítrofes (con Colombia y con Guyana), para no vivir “tutelas” ní de EE.UU. ní de la Dictadura “Monárquica Comunista” de la Dinastía de los Castro, los nuevos “Reyes de Cuba”. Unas verdaderas Fuerzas Armadas Nacionalistas deben estar alejadas de toda parcialidad partidista, ser profesionales (no simples esbirros de una Dictadura), tener capacidad operativa para rechazar todo intento de dominación extranjera (y son extranjeros los Gobiernos de Estados Unidos, de Cuba, de Guyana, de Colombia) y deben olvidar toda vocación represiva contra la sociedad civil, que nunca debe reprimir, controlar, torturar ni gobernar

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