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Lo que a los demócratas nos cuesta aprender; por Wolfgang Gil Lugo

Por Wolfgang Gil Lugo | 19 de octubre, 2017
wolfg640

Cantinflas en Si yo fuera diputado (1952), de Miguel M. Delgado

“Cuando la barbarie triunfa no es gracias a la fuerza de los bárbaros sino a la capitulación de los civilizados”

Antonio Muñoz Molina

Hay una importante nota hermenéutica en la República de Platón. Es una de esas tantas claves que nos cifra el filósofo para que esforcemos el intelecto. Podría decirse que es un guiño. Al comienzo de la obra sitúa la discusión sobre la justicia en la casa de Céfalo, la cual estaba ubicada en el Pireo, el puerto de Atenas. Sócrates comienza a discutir el tema con el propio dueño de la casa, Céfalo, un anciano piadoso pero reacio a someter sus convicciones al microscopio filosófico. Luego continúa con su hijo, Polemarco, un joven entusiasmado por las enseñanzas de los sofistas. Platón describe la placidez de la vida de Céfalo y sus familiares extranjeros, ricos en Atenas, pero los lectores de su época saben de la caída de dicha casa por los avatares de la política. Todos los miembros de la familia sufrieron muertes y persecuciones.

El filósofo refiere a la inconstancia de la fortuna, especialmente la basada en los bienes materiales. Si uno pensase en un título para el libro primero de República, podría tomar prestado el del ensayo de Antonio Muñoz Molina: Todo lo solido se disuelve, en el que el autor nacido en Andalucía alerta sobre la inconsistencia de lo que damos por sentado a nivel político, especialmente de la solidez de la democracia.

Muñoz Molina alerta que no podemos basar la democracia en algo tan inestable como el bienestar económico; especialmente cuando dicho bienestar se debe a condiciones fortuitas. Además, hace énfasis en que la tal fortuna puede anestesiar la conciencia y la moral pública.

Todo lo que era solido se disuelve es propiamente un ensayo, es decir, la forma literaria que privilegia la experiencia personal y las convicciones sobre las evidencias y los argumentos. Ello no significa que sea menos desde el punto de vista cognitivo, sino que aborda la realidad desde la subjetividad. Es una forma de acceder a la aprensión del sentido de una situación histórica. Con este trabajo, Antonio Muñoz Molina contribuye con una reflexión profunda acerca de los avatares de la democracia de los últimos tiempos.

La democracia es antinatural

Nuestro autor hace énfasis en que la educación democrática es algo antinatural, pues lo natural es que unos manden y otros obedezcan. Los prejuicios son más naturales que una visión desprejuiciada. Respecto a España, nos dice.

“En treinta y tantos años de democracia y después de casi cuarenta de dictadura no se ha hecho ninguna pedagogía democrática. La democracia tiene que ser enseñada, porque no es natural, porque va en contra de inclinaciones muy arraigadas en los seres humanos” (p. 42).

Argumenta ese carácter antinatural bajo los siguientes argumentos:

1. Lo natural no es la igualdad sino el dominio de los fuertes sobre los débiles.

2. Lo natural es el clan familiar y la tribu, los lazos de sangre, el recelo hacia los forasteros, el apego a lo conocido, el rechazo de quien habla otra lengua o tiene otro color de pelo o de piel.

3. La tendencia infantil y adolescente a poner las propias apetencias por encima de todo, sin reparar en las consecuencias que pueden tener para los otros, es tan poderosa que hacen falta muchos años de constante educación para corregirla.

4. Lo natural es exigir límites a los demás y no aceptarlos en uno mismo. Creerse uno el centro del mundo es tan natural como creer que la Tierra ocupa el centro del universo y que el Sol gira alrededor de ella.

5. El prejuicio es mucho más natural que la vocación sincera de saber.

6. Lo natural es la barbarie, no la civilización. El grito o el puñetazo y no el argumento persuasivo, la fruición inmediata, y no el empeño a largo plazo.

7. Lo natural es que haya señores y súbditos, no ciudadanos que delegan en otros, temporalmente y bajo estrictas condiciones, el ejercicio de la soberanía y la administración del bien común.

8. Lo natural es la ignorancia: no hay aprendizaje que no requiera un esfuerzo y que no tarde en dar fruto.

Lo que Muñoz Molina supone como natural es lo que podríamos llamar el aspecto existencial del ser humano. La educación cívica democrática debe apuntar hacia otro concepto de naturaleza, la esencia humana. Aunque no lo expresa de forma explícita, lo supone. No se queda atrapado en la visión pesimista. Al igual que Platón, cree que hay salida mediante la educación. Solo con ella se puede evitar la catástrofe política. Sus advertencias tienen algo de sabor platónico.

“Y si la democracia no se enseña con paciencia y dedicación y no se aprende en la práctica cotidiana, sus grandes principios quedan en el vacío o sirven como pantalla a la corrupción y a la demagogia” (p. 42).

La democracia como fantasía

Platón nos advierte de los sueños ideológicos que nos hacen estar ética y políticamente dormidos aunque estemos despiertos desde el punto de vida fisiológico.

Algo similar encontramos en Muñoz Molina, quien hace una analogía entre la anestesia de la conciencia nacional, como la que vivió España antes de la explosión de la burbuja inmobiliaria, y el vivir en el mundo de fantasías de los nobles del Quijote.

“Para entender lo que ha pasado todos estos años en España hay que leer algunos de los pocos informes internacionales que avisaban sobre la posibilidad del desastre pero sobre todo hay que leer a Cervantes, que tenía una conciencia política tan aguda, y que con su serena ironía caló mucho más hondo que Quevedo con todas sus interjecciones y retruécanos. Hay que leer los capítulos de la segunda parte del Quijote que transcurren en el palacio de los duques, y sobre todo uno de los entremeses, el de El retablo de las maravillas” (p. 54).

Cuando se viven momentos de bonanza económica, sufrimos del espejismo de creer que la democracia es un sistema que funciona solo. Nuestras alarmas morales se amortiguan hasta que oímos sus avisos. Hasta que el sueño agradable se convierte en pesadilla.

El caudillismo y el clientelismo

Los políticos profesionales tienden a pensar más en el interés personal y menos en el interés público. Una de las tácticas más usuales es convertirse en líderes que produzcan empatía con el electorado para que este sienta que es uno de los suyos. La idea es aprovechar el aspecto gregario de las comunidades, su identidad y su espíritu de cuerpo hasta confundirse con ella. Lograr un grado tal de identificación hasta conseguir la disonancia cognoscitiva, es decir, que las emociones impidan ver la realidad.

“Cuantas más personas dependan directamente para su subsistencia del favor político con más votos seguros se podrá contar. La adhesión primitiva a un caudillo cercano al que se conoce y se entiende porque habla como nosotros se fortalece cuando por culpa de leyes forasteras y de un sistema judicial impersonal y por lo tanto sospechoso ese mismo caudillo que daba tanto trabajo y se preocupaba tanto por el pueblo se ve acusado en los tribunales. Porque es de nuestro partido no es posible que sea culpable: siempre son los otros los que roban. Porque le tienen envidia, porque no perdonan su éxito, porque nos odian, porque se entrometen sin ningún derecho en nuestros asuntos, porque no les gusta como somos, porque no son de aquí y no pueden entendernos, porque se fueron de aquí y perdieron su identidad. Siempre llega el momento oportuno de cosechar los beneficios de queja, el resentimiento y el agravio que se han sembrado a lo largo de los años” P. 41.

Diagnóstico de la democracia española

Entre los factores de la crisis española, lo primero que hace el autor es arremeter contra el nacionalismo y la exaltación de sus mitologías supersticiosas. Tales mitologías en sus versiones separatistas se han fundado en una distorsión del pasado simbólico con el resultado de una visión ideologizada del presente. La consecuencia política es que la persona se convierte en súbdito de un pasado mitológico y no en ciudadano de una democracia pluralista.

Un segundo factor en la crisis española ha sido el derroche irresponsable que permitieron los políticos. El autor utiliza el cervantino Retablo de las Maravillas para entender la España anestesiada por el dinero que llegaba a raudales a sus arcas.

Además de la culpa de los políticos, está la irresponsabilidad colectiva, la cual se debe a la ausencia de cultura democrática. Escribe: “éramos antifranquistas, pero no demócratas. Reconoce que eso tiene su origen en la “falta de una pedagogía adecuada después de largos años de dictadura. Y es que “cuando la barbarie triunfa no es gracias a la fuerza de los bárbaros sino a la capitulación de los civilizados”.

La consecuencia es que la sociedad ha sufrido de polarización y sectarismo, acostumbrada a la agresión verbal, al desprecio del otro, incapaz de cuestionar los prejuicios del rebaño al que pertenece. Esa actitud lleva en mantener las opiniones grupales por encima de la evidencia y de los razonamientos. Ello explica la ceguera política que impidió ver el avance del tsunami de la burbuja inmobiliaria, “una estafa y una alucinación colectiva”. Antes había dinero y no importaba nada; ahora no lo hay e importa todo. “Ha terminado el simulacro”.

La esperanza está en la cordura

Aunque el texto trata del pasado, y éste no sea muy lejano, tiene una vocación de presente y, sobre todo, de futuro. Su propósito confeso es conmover las mentes de los jóvenes. Por eso, en las primeras páginas, comienza describir la España indignada de mayo del 2011. Un país que comenzó a despertar del frenesí de la bonanza económica artificial. Muñoz Molina achaca el descalabro a una clase política, tanto de izquierda como de derecha, que fue muy imprudente y que cometió dos grandes pecados: el nacionalismo y el sectarismo político.

Muñoz Molina no se deja atrapar por el determinismo ni por el pesimismo. Afirma que no hay que resignarse a la “normalidad de lo monstruoso”. La sociedad tiene la posibilidad de tomar el destino en sus manos. Tampoco se deja seducir por el voluntarismo de los indignados. Toma partido por la cordura y la rebelión no-violenta. Es lo que parece sugerir su afirmación de que hace falta una “serena rebelión cívica” que se asemeje al “movimiento americano por los derechos civiles”.

Wolfgang Gil Lugo 

Comentarios (8)

Estelio Mario Pedreáñez
20 de octubre, 2017

Excelente artículo de Gil Lugo, aunque toca un momento histórico de España puede también ser pedagógico para los demócratas venezolanos. A pocos días de conmemorar Venezuela el 18 de Octubre de 1945, que significó una ruptura (muy breve, hasta el 24 de Noviembre de 1948) con el gomecismo y el neogomecismo, producto de la insurrección de los “jóvenes oficiales de escuela” contra los viejos “oficiales de grito y machete”, que permitió el primer experimento democrático en Venezuela digido por civiles que significó la elección de una Asamblea Constituyente, la primera Constitución democrática de la República (1947) y la primera elección democrática de un Presidente de la República (Rómulo Gallegos), que terminó cuando los “jovenes oficiales de escuela” probaron que sus “ideales” eran el poder arbitrario y robar la Hacienda Pública. En 1948 los demócratas no aprendieron que el corrupto Ejército Gomecista (1909-1958) consideraba a Venezuela botín de guerra, y a los venezolanos, sus vasallos.

Silvana Pezzella
20 de octubre, 2017

Los patrones habituales coinciden con “lo natural” sí y solo si el radio de acción de la norma es uniformemente distribuido. Esto significa que todo “sin excepción” queda sujeto a la norma, porque la norma, o “ley de composición” es el dominio real que sustenta la naturaleza universal, la que comparten todos y cada uno en igualdad de condiciones. “Lo natural” significa entonces que cada individuo sea igual ante la Ley

Ricardo Reyes
20 de octubre, 2017

De los mejores artículos que he leído aquí. Y muy útil la referencia al autor, lo desconocía.

Explica en parte el fenómeno Venezolano, que es de por si, bastante incomprensible.

Jose Pirela
20 de octubre, 2017

No me ayudes compadre (a Wolfgang Gil Lugo) que me confundes. Para que exista, se corrija y permanezca la democracia, la economía debe ser el brazo y el alma de cada ciudadano, o sea, el que genera dinero todos los días, como trabajador, empleado o empresario, ahí se encuentra su libertad. El venezolano no la tiene porque los políticos secuestraron la economía para su propio usufructo y mantener a la población bajo su hegemonía. Desde el día que se reservaron el derecho sobre los recursos naturales del país (el petróleo y todos los minerales) esclavizaron al venezolano y lo pusieron a votar según su conveniencia.

Irma Lovera De Sola
21 de octubre, 2017

Es fácil pasarla bien sin pensar, cuando hay democracia o hay dictadura, siempre que haya dinero de sobra. Pensar, defender derechos, deshacerse de prejuicios, practicar la igualdad…eso es mas difícil y especialmente cuando el bienestar material nos nubla el entendimiento. La democracia se enseña no es una práctica espontánea del ser humano que para respetarla tiene que deshacerse de sus instintos primitivos, egoístas y discriminatorios. Volvemos a lo fundamental: educar, educar es transformar al ser básico en un ciudadano.

Diógenes Decambrí.
21 de octubre, 2017

1. “No se deja seducir por el voluntarismo de los indignados. 2. Va por la cordura y la rebelión no-violenta, que se asemeje al “movimiento americano por los derechos civiles””: 1. No sólo es repudiable el voluntarismo en cualquier campo, político, económico, científico, etc, sino discutible esa presunta “indignación” de los que -a la vez- protestan contra las supuestas o reales injusticias en España, pero aplauden el status quo que somete a Cuba y su franquicia venezolana, a las arbitrariedades del neoestalinismo, creando sin dudas un panorama peor que cualquiera que pueda haber ocurrido en España durante esos 40 años de franquismo y los siguientes de creciente y perfectible democracia. ¿Muera Franco, Viva Fidel? ¿Abajo Rajoy, Arriba Chávez y Maduro? ¿Scraches buenos y Scraches malos? ¿Golpes militares positivos -los de la ultra izquierda- y negativos -todos los demás? 2. Respalda a Luther King, conciliador, se distancia de Malcolm X, separatista racial.

Rupert
23 de octubre, 2017

La idea de que la educación o cultura puede ser un buen antídoto contra la barbarie humana es una vieja aspiración humana que nació primero con la ilustración inglesa, se desarrolló con la francesa y se consolidó con la alemana. Platón, el viejo maestro la convirtió en una de sus armas favoritas hasta el punto de proponer que los gobernantes debían ser elegidos entre los griegos más sabios. Sin embargo, los seres humanos no somos precisamente, al menos por lo que hemos demostrado hasta ahora, muy cuerdos o racionales que digamos. Nuestros fugaces momentos de lucidez racional se han turnado o alternado de modo permanente con la barbarie, con la locura, con la tiranía. La democracia como sistema ha estado casi siempre asentada sobre un ejercicio de equilibrio que rebasa lo racional. Lacan dijo en una oportunidad que la única revolución posible pasaba por el reconocimiento de nuestro “inconsciente”. No debemos olvidar que países con una gran cultura como lo fueron Alemania y Argentina, dieron lugar a la más vulgar de las barbaries. Ya sabemos como terminaron Sócrates y Platón. En relación a España sólo puedo comentar que cada día me sorprende más y más la poca o escasa cultura de sus políticos aunque me parece que este es un mal general de nuestra época.

Lise
25 de octubre, 2017

Impactante y lúcido artículo. Viene a confirmar que la política se hace con manipulación de los desesperados o de aquellos a quienes se les ha inculcado el odio y el extremismo. Está impregnada de pasiones como todas las esferas del ser humana. La razón es un último recurso y esta solo motiva los actos de una élite muy reducida en la sociedad: los pensantes quienes según Freud constituían alrededor de un 19% de las personas. Los romanos lo sabían: pan y circo. En Venezuela la camarilla que controla el poder es un circo grotesco que lanza algo de comer a los desesperados y así se sostiene en el poder.

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