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Las medidas económicas y esa grosería que empieza por “p”; por Juan Nagel

Por Juan Nagel | 23 de enero, 2015

Las medidas económicas y esa grosería que empieza por p; por Juan Nagel 640

Rápido, ¿qué grosería se le ocurre que comience con “p”?

Si es como yo, la primera que le vino a la mente es: privatización.

Por alguna razón, la privatización se ha vuelto un tema tabú en nuestra esfera pública. En vez de ser lo que es – un instrumento de política perfectamente legítimo y útil en muchas circunstancias – la privatización se ha vuelto eso que nadie osa mencionar en público.

Esto me lo recordó el documento de propuestas económicas al gobierno que está circulando por Internet. El mismo, suscrito por sesenta colegas a quienes guardo en la más alta estima, incluye varias propuestas razonables, pero curiosamente omite la mala palabra, esa que empieza por “p.”

Cuando una familia entra en crisis financiera y no puede pagar sus cuentas, lo primero que hace es pensar en qué cosas puede vender. Cierto, también piensa en cómo pedir “fiao,” pero lo racional es considerar cómo liquidar algunos activos para sobrevivir. ¿Por qué no aplicar esta sencilla idea a nuestro quebrado sector público?

Venezuela necesita un programa razonable de privatizaciones. Ya el país no puede seguir costeando a empresas públicas ineficientes. Las pocas empresas públicas que dan utilidades no invierten lo que deben, y los que terminan sufriendo son los ciudadanos venezolanos y, por sobre todo, sus perspectivas de desarrollo futuro. La privatización es una forma rápida de acceder a recursos muy escasos, y cumple un papel fundamental en las mejoras de la productividad, único pilar de desarrollo sostenido que la ciencia económica moderna reconoce.

No hablemos ya de las tierras estatizadas ni de empresas clave como Agroisleña, cuyo evidente colapso sobrevino – oh casualidad – luego de que el Estado se la cogiera para sí. Hablemos de los múltiples bancos, medios de comunicación, hoteles, y otras empresas que han resultado ser inviables.

En Venezuela hay que privatizar las empresas de servicios petroleros. Sólo así se podrán reactivar zonas clave como la Costa Oriental del Lago, y sólo así se podrá incrementar la productividad de nuestros trabajadores.

En Venezuela hay que privatizar una parte importante de la infraestructura pública. Las autopistas, puertos, y aeropuertos que nuestro país necesita – para mejorar la calidad de vida de las personas, para llevar productos a los mercados, para importar productos que terminen en nuestros anaqueles, para desarrollar industrias claves como el turismo – no van a ser construidos por un Estado en bancarrota.

Muchos países de nuestro continente se han embarcado con éxito en este camino, pero en Venezuela la mera mención de permitir la participación privada en nuestra infraestructura causa soponcios en ciertos círculos, incluso entre los mismos economistas. Ya basta.

En Venezuela hay que privatizar a la industria petroquímica. Si bien la privatización de la industria petrolera es simplemente impensable, ¿por qué nadie promueve un sector petroquímico robusto? ¿Qué impide que el talento nacional, unido al capital nacional e internacional, se embarque en un proyecto a gran escala de manufactura de productos derivados del petróleo?

El chavismo lleva meses coqueteando con la privatización de nuestros activos petroquímicos más importantes (Citgo). El propio Hugo Chávez se asoció con Petrobras, una empresa semi-privada, para construir una refinería en Pernambuco, uno de sus múltiples proyectos faraónicos que nunca se materializó. Pero al parecer nosotros, los de este lado de la acera, somos demasiado tímidos para siquiera mencionar la idea.

Esta idea genera muchos anticuerpos, pero hay que superar ese trauma. ¿Acaso un Estado quebrado e ineficiente va a darle a la CVG los recursos que necesita? ¿Acaso el Estado ha logrado solucionar los problemas serios de agua potable, de nuestro lentísimo Internet, o de los apagones que frenan el desarrollo? Con la crisis fiscal que tenemos, ¿de dónde van a sacar Corpoelec o CANTV los recursos necesarios para invertir en una infraestructura de calidad?

El por qué la privatización es un tabú probablemente responde a los veinticinco años continuos de ataques injustos que ha recibido. Desde que se comenzó a privatizar a fines de los años 80, la idea de sacar al Estado de actividades que no le incumben ha generado virulentas acciones por parte de actores políticos, tanto del chavismo como de la oposición.

La razón principal radica en que las empresas estatales son un instrumento fácil de fomento del “pónganme-donde-hay.” Lo que más disgusta a nuestros políticos clientelares es que se les limite la capacidad de colocar a “compañeritos” o “camaradas” en lugares donde puedan disfrutar de una cómoda vida a costillas del erario público. SI bien en teoría una empresa estatal podría ser viable, nuestra praxis criolla nos indica claramente que creer eso es alimentarse de ilusiones.

Como mencioné anteriormente, las sugerencias de mis colegas son razonables, pero se quedan cortas. Pretender que un Estado carente de recursos y sin la más mínima filosofía gerencial pueda proveer de los bienes y servicios actualmente bajo su mando de forma eficiente es vivir en un mundo de fantasía.

Sin un programa de privatizaciones abierto, transparente, y libre de ideologías, no habrá un cambio sustancial en la economía venezolana. Es hora de desmitificar el tema, y comenzar a sacar a la palabra del exilio inmerecido al que se le ha enviado.

Juan Nagel 

Comentarios (5)

Luis López
23 de enero, 2015

Saludos, muchos aciertos en su artículo que deben ser discutidos por la población venezolana, de hecho en mi blog también he planteado dicha opción. Tengo un artículo titulado “Recetas para Componer la Economía Venezolana”, entre los 16 problemas que allí detallo trato el de la poca cantidad de Reservas Internacionales, y allí propongo: “Recuperar el nivel óptimo de reservas internacionales, vendiendo la gran cantidad de empresas públicas que aparte de ineficientes solo producen pérdidas, para ello debe estudiarse las que tengan más de 3 años generando dichas pérdidas y venderlas, sólo conservando las que se dediquen a la explotación de hidrocarburos, minas, energía eléctrica y comunicaciones por su carácter estratégico. En venta pueden ponerse la gran cantidad de empresas en manos del estado, como televisoras, bancos, cementeras, siderúrgicas, así como una gran cantidad de equipos militares innecesarios, avionetas de pdvsa, vehículos oficiales blindados, motos de alta cilindrada para escoltas de altos funcionarios, etc.” Para más detalles invito a leer http://www.construyendounanuevavenezuela.blogspot.com

Gastón Echeverría C.
23 de enero, 2015

Las opiniones y sugerencias, como las que expresa el Lic.Nagel, merecen toda la consideración y atención de personas profesionales y con vocación de servicio. Una nueva Venezuela, debe despegar lo más pronto, con medidas que nos lleven al progreso. Hay que echar a un lado los discursos políticos. Para sanear a una economía en terapiai intensiva, se requiere de una intervención privada urgente. Lo demás, es continuar con la improvisación y el derroche. Gracias. GEC.

robertoteles
23 de enero, 2015

Y por que no se puede vender PDVSA? Ese si es el gran paradigma, los esquistos van a mantener en el piso los precios del petroleo a muy largo plazo, además la entrega y convenios de las empresas mixtas favorecen mas los capitales privados. Ahora bien PDVSA no se vende por el fulanito refran ese que dice que es del pueblo, pero a mi, que en teoria soy del pueblo hasta ahora me han negado los cupos electronicos que equivalen aprox 7 BDP, y que anteriormente eran menos de 2. Tamaña ridiculez el slogan panfletario ese.

lars
23 de enero, 2015

Tal cual. Yo pensé exactamente lo mismo al terminar de leer ese documento presentado por los economistas. Aunque, se pudiera argumentar que no convendría ponerse a privatizar antes de haber avanzado lo suficiente en lo que ellos proponen. Lo digo por el tema de la confianza, pues, ¿quién en su sano juicio se pondría a comprar activos en Venezuela mientras no existan garantías mínimas, a menos que estos activos se ofrezcan a precios bajísimos, e incluso así? El otro gran ausente del documento es el FMI. Dada la situación, uno no ve cómo el país pudiera contar con financiamiento y atraer el interés de inversionistas fuera del aval del FMI. Hoy pareciera que todos los caminos conducen al FMI, a menos que un milagro dispare los precios del petróleo, algo que no se vislumbra por ahora. Si no lo hace este gobierno, pues necesáreamente tendra que venir otro a hacerlo. FMI y privatización son dos cosas tan denigradas por la demagogia populista de izquierdas en Venezuela, que hacen cuesta arriba, políticamente, acudir a ambos. Pero necesareamente tendra que hacerse, de modo que no vendría mal comenzar a calentarle las orejas a las personas acerca de esa necesidad.

José R Pirela
26 de enero, 2015

A primera vista parece racional ir descargando a PDVSA de pasivos, e ir acostumbrando a los venezolanos que nada es gratis. Que cada quien debe responsabilizarse por su existencia y su familia. Presumiendo que después se acepte la privatización de PDVSA para que el Estado asuma sus verdaderas funciones públicas.

Sería una estrategia de transición hasta que la economía esté totalmente liberada y sea propiedad privada de la población. Pero me surgen muchas interrogantes.

¿Qué actitud asumirán los diferentes partidos políticos ante la protesta de los desempleos improductivos que quedarán cesantes? ¿Cómo responderá el gobierno? ¿Cómo responderán los gremios?

Cualquier estrategia que se tome la sociedad debe estar enterada. Debe saber que llevamos una vida anormal. Que vivimos una ficción que algún día terminará. Si no estamos preparados nos mataremos unos a otros. Ya comenzó. Los 80 homicidios por cada 100.000 habitantes lo evidencia.

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