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La palabra «pueblo», por Fedosy Santaella

Por Fedosy Santaella | 15 de noviembre, 2013

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Quiero hablar de la idea de «pueblo» que se ha venido manejando en estos días. Cuando por las redes sociales y por distintos medios digitales se han difundido fotos de las personas que estuvieron a las puertas de Daka con electrodomésticos en brazos, empezó a generarse una particular diatriba sobre esa idea de «pueblo». Entre la chanza y la indignación se señalaba que aquellas personas eran muestra clara del pueblo socialista, del hombre nuevo (o del nuevo hombre), el producto de todos estos años de chavismo. Gente sin moral, se decía, gente golillera, vivaracha, aprovechadora. Por supuesto, surgieron opiniones contrarias. Qué horror, decían los del otro lado de la acera, que la gente se esté metiendo con el pueblo. Ese es el pueblo venezolano, el digno pueblo venezolano. Esa gente está yendo allá a comprar a precios justos, esa gente por fin puede comprar lo que quiere, lo que antes no podía por causa de la especulación. No voy a negar acá, no importa quién ni cuántos me caigan, que la especulación existe. No obstante, la especulación es una consecuencia, no una causa (ya otros con más autoridad lo han dicho). La especulación es consecuencia de malas directrices económicas y políticas. El discurso que lanzó a la calle a la gente es producto del populismo electorero. Ya lo he dicho en otras ocasiones, estamos como estamos porque contamos ya más de quince años en constantes elecciones. Pero volvamos al asunto del «pueblo». Ante todo, hay que considerar que no podemos juzgar esas imágenes de manera metonímica. Es decir, no podemos tomar la parte por el todo. Quienes aparecen allí no son la totalidad del «pueblo» venezolano. ¿Que es gente influenciada por un discurso ultra populista (así como hay ultra derechistas también hay ultra populistas), equivocado, cínico y acomodaticio? Sí, puede ser. ¿Que son muchos? No sé si son muchos. Mira las largas colas, me dirá usted, y sí las colas son enormes. Pero una vez más, no podemos juzgar la parte por el todo. Señores, yo también soy venezolano (¿no soy pueblo?), la señora que trabaja en mi casa también es venezolana. Y ni ella ni yo hemos ido a hacer colas desesperadas a las puertas de las tiendas de electrodomésticos. ¿Que yo NO necesito un televisor porque ya lo tengo? Ante todo, no se trata de «necesitar». Un televisor no es un artículo de primera necesidad. Creo que se trata de «querer». Y yo SÍ quiero un televisor mejor que el que tengo, pero porque lo quiero no voy a hacer cola para comprar uno a mitad de precio. ¿Por qué? Porque simplemente, aunque lo quiera, no lo necesito. Y porque además no justifico el discurso que ha generado tal zozobra (o tal alegría, dirán algunos).

Como se ve, estamos ante un asunto de discursos y palabras. Las palabras, señores, sí mueven el mundo. El discurso escamoteado de un presidente irresponsable y desorientado lleva a la gente a la locura. Ese discurso ha puesto al país en tensión, y también ha modificado (para peor) el curso de nuestra tambaleante economía. Las palabras «necesitar» y «querer» no son iguales. La palabra «pueblo», y vuelvo a lo que me interesa, tampoco es igual para todos. De un lado, tenemos una utilización de la palabra que implica ignorancia, despojo e incluso cierto toque de salvajismo. Así lo miran quienes defenestran al ver las fotos de Daka. Por otro lado, los defensores que salen al ataque, los defensores del «pueblo» tampoco son dueños de la mejor visión de quienes están incluidos en esa palabra. ¿Qué es el «pueblo» para el defensor del pueblo? Pareciera que es un ser a quien hay que defender, a quien hay que representar. Es decir, el pueblo de los defensores del pueblo está indefenso. ¿Por qué está indefenso? ¿Porque no tiene poder, porque no tiene dinero, porque no se ha educado, porque el imperio y los traidores a la patria lo han tenido jodido durante décadas? Este pueblo, aunque no sea culpable, ¿no es igualmente un pueblo lamentable? ¿El defensor del pueblo no lo está viendo como alguien minusválido? «Tranquilo, pueblo querido, nosotros te defendemos». ¿No implica esta frase la misma subestimación con que la miran del lado contrario? Ambas visiones son tristes. Ambas visiones, también lamento decirlo, son patéticas. Pero sobre todo, al final de la cuerda, por los cabos, ambas visiones son idénticas. Ambas implican un tema de perversa educación versus correcta educación, ambas ven al pueblo desde la minusvalía. Es decir, al pueblo minusválido hay que protegerlo y educarlo y hasta deseducarlo. Para quienes se horrorizan con la visión del «pueblo» de las fotos en cuestión, hay una mala educación, un perverso direccionamiento del pensamiento de esa gente que sin duda debe ser protegida y redireccionada porque no tiene la capacidad de pensar por sí misma. Quien defiende, también ve al pueblo como una masa de personas que hay que proteger de la maldad burguesa. Y por supuesto, hay que sacarles el chip del pensamiento capitalista y reeducarlos en el amor socialista, decirles lo que tienen que hacer con sus vidas, decirles lo que es mejor para sus vidas. En los dos casos, pueblo es masa, y a la masa hay que moldearla.

Como se ve, los extremos se tocan, se unen. Oposición y gobierno se hermanan en una casi idéntica visión de pueblo. La división es más bien ésta: allá el pueblo, acá nosotros, los que pensamos que el pueblo es masa y que ha sido engañado por (opción A) el pensamiento ultra populista o por (opción B) la democracia corrupta que alguna vez nos gobernó.

Ahora, si bien es un total despropósito pensar que al «pueblo» hay que defenderlo a ultranza contra los controles mentales del enemigo, tampoco se debe dejar a un lado una gran verdad: nuestros políticos nos representan. O eso se supone. No nos defienden, por favor eso no, allí es donde está el error. Los políticos nos representan, ejecutan los destinos que queremos y necesitamos. ¿Quién no quiere tener un buen televisor en su casa, quién no necesita poder adquirirlo sin la zozobra del vaivén politiquero?

Los discursos, sí, son necesarios. De palabras está hecho la vida, los discursos son imágenes del mundo (el «pueblo» es una imagen del mundo). Pero esos discursos deben ir en consonancia con la sensatez, la concordia y la sinceridad. Esos discursos deben, sobre todo (y vuelvo a insistir en esto una vez más como tantas veces lo he hecho), dejar de despotricar en torno a los derechos. Nos vomitan, nos escupen, nos bombardean derechos. El «pueblo» —el pobrecito pueblo— tiene derechos. Sí, todos tenemos derechos, pero también tenemos deberes. Mi deber es, queridos amigos, no ir a pararme a hacer cola frente a una tienda de electrodomésticos. ¿Por qué es mi deber? Porque no estoy de acuerdo con una medida reactiva, electorera y peligrosa. Sí, tengo derecho a un televisor, pero no en este momento. Sí, también tengo derecho a precios justos, pero además tengo el deber de alzar mi voz y decir que así, a lo macho, no se resuelven las cosas, que pañitos calientes no resuelven los problemas, que toda esta alharaca es electoral. Tengo pues el deber de ser sensato. Y disculpen, pero no soy un burgués imperialista traidor a la patria. Me preocupa mi país, trabajo por mi país e intento pensar fuera de los cuadros «ideológicos» (si tal cosa existe). Y por más que pretenda entender la desesperanza del «pueblo», la bestial especulación que nos azota y el derecho a todos a disfrutar (en socialismo) del consumismo capitalista, no logro, lo siento pero no logro justificar el desmán que nos está llevando al abismo, a nosotros, el pueblo todo. Pobrecitos nosotros.

Fedosy Santaella 

Comentarios (12)

Gustavo Méndez
15 de noviembre, 2013

Si mira con atención las colas frente a los negocios de electrodomésticos, encontrará que la gente (“El pueblo”) es muy variopinta, como en un Caracas/Magallanes; digamos que semejante a una cola para azúcar en un Mercal o como en una ‘barata’ de cambio de estación frente a J.C.Penny, en Florida. En ambos casos, se comportan nuestros paisanos como hœmus economicus, como el hombre se comporta desde el amanecer de la humanidad, cada vez que empezó a haber un excedente para cambiar por otro, es decir, buscando ventajas en el cambio. No encuentra nada reprochable en esa actitud. Lo incalificable es que al plasma de la tienda y al dinero del ciudadano, se agrega otro valor que parece que se hizo ‘transable’: el voto personal. Estos curiosos socialistas intentan transformar a un ciudadano que debería ser responsable en un simple consumidor … que paga en parte con su voto… Marx no los aplaudiría.

nayarit
15 de noviembre, 2013

Es casi igual lo que ocurre con la palabra Patria. Vendría bien que algún entendido nos la explicara también.

CARLOS OSUNA
15 de noviembre, 2013

Me gustó mucho su artículo. Coincido con lo que expresa en el y me confirma que estamos padeciendo las consecuencias de nuestra escasa educación, la formal me refiero. Adicionalmente, padecemos las resultas de quien hace lo que le vienen ganas cuando está en el poder. Y lo imposible por aferrarse a el. Por último, no creo necesario disculparlo por tener esa preocupación, y que además, es capaz de manifestarla. Un cordial saludo

José
15 de noviembre, 2013

Es un concepto con pretensiones uniformadoras que tanto le ha servido a tiranos, populistas, colectivistas, redentores y toda esa clase de canallas, que en su nombre roban, ultrajan, humillan, violan, asesinan y se encaraman en el poder y se enloquecen con el poder. Es un concepto que fue útil en la evolución política hacia el Estado moderno, pero que fue prostituido y convertido en una fuente de manipulación permanente. En el Estado moderno y, sobretodo, en las democracias evolucionadas, el concepto clave es la ciudadanía, que implica responsabilidad personal, derechos y deberes claros, lo público y lo privado bien definido e internalizado, instituciones garantes de esa responsabilidad y garantía plena de la libertad y soberanía individual, como seres humanos co-existenciales. Ya es tiempo de jubilar conceptos como pueblo, patria, nación, entre otros, que no sirven para nada, salvo ser refugio de canallas, como diría aquel inglés inteligentísimo.

Hanexy Núñez
15 de noviembre, 2013

Genial… más claro imposible!!!! te la comiste Fedosy

@manuhel
16 de noviembre, 2013

Pueblo en su llana acepción es: “Conjunto de personas de un lugar, región o país.”

Yo dividiría a nuestro pueblo no entre chavistas y opositores, como lo refieren la mayoría; sino entre ciudadanos y malhechores.

Aquel chavista honrado, que trabaja, que respeta las normas de convivencia civiles y morales, que puede ser enmarcado dentro de lo que calificamos como “ciudadano ejemplar”, más allá de su tendencia política, es un ciudadano. Con esta clase de personas yo me la llevo bien.

Aquel que vota por la oposición y que se queja de los males del Gobierno, pero que cada vez que tiene oportunidad de tomar atajos no lo piensa dos veces, que hace billete negociando dólares y cupos cadivis de manera ilegal en vez de hacer algo productivo o al menos etico; ese que siendo opositor se metió a Daka a tomar lo que estaba tan fácil que no se podía desaprovechar y que se cree más vivo que los demás, ese es un malhechor. Con este tipo de gente no hay progreso.

La división nos sigue haciendo daño. Ese tipo de división ambigua entre chavistas y opositores, que crea ese desorden del cual los ávidos políticos se valen para afianzarse en el poder.

Ernesto Pacheco
16 de noviembre, 2013

En realidad tenemos muchos intelectuales marxistas los cuales han tipificado en numerosos textos esa forma tan peculiar de definir nuestro “Pueblo”, entre ellos Nelsón Gonzalez Arriojas ex diputado del PCV quien público “La Viveza Criolla” auspiciado por la extinta Asamblea Legislativa del Estado Carabobo al final de los años ’80 y meses antes de aquel 27F. El escritor con quien coincidimos plasmo algunas caracteristicas fundamentales de ese pueblo, lo cual sería suicida publicar en este momento, pero con la tranquilidad que “gracias a DIOS” como diría Marx, ellos son poco dados a la lectura. En lo particular pienso que ellos saben quienes son y por eso seguiran actuando con la misma impunidad con que lo han hecho desde el Siglo XIX hasta nuestros días. Sobrevivir en medio de ese pueblo es algo Heroico, y más aún en manos de sus Aristocráticos Lideres.

Ignacio Taboada
16 de noviembre, 2013

Estimado Fedosy: No recuerdo dónde lo leí y aprendí. DESCONFÍA DE QUIEN HABLA DE EL PUEBLO EN TERCERA PERSONA. Saludos.

AdelaG
16 de noviembre, 2013

Esta clarísimo Fedosy. Y es tal cual, yo tb soy pueblo, yo soy venezolana de nacimiento. Y porque soy opositoraa no tengo derecho a contarme entre mi pueblo que me identifica? Claro que no me identifico con esa “masa” q se presta al abuso. Hay tantisimas cosas implicadas en estas actitudes, y casi interminables de exponer. Estamos TODOS absolutamente de acuerdo de que ha habido altisima expeculacion. PERO ÉSTA QUE HA PLANTEADO EL GOB DE ATACARLA NO ES LA FORMA. Esto no se puede llamar sino abuso. Abuso de poder. Abuso de la necesidad. Abuso de la confianza (de la confianza en el discurso), manipulación de la necesidad y del hambre de tener. Pero por sobretodas las cosas el abuso del poder! (Y todavia dicen necesitar una habilitante) No es la forma de hacer la cosas y mucho peor se ve cuando estamos a escasos días de unas elecciones (para variar, ooootro año electoral). Es como si un padre impone su absoluta volunad en una familia, y pretende dominar (domar) a los hijos a fuerza de golpes. Ud. me dirá si esa familia se va a desarrollar y funcionar de forma normal. NO! Esa familia está condenada al fracaso! En poco tiempo se verá desmenbrada, como mínimo mal. Los hijos serán delincuentes y golpeadores tb. La señora si sobrevive, ya se habrá ido en el mejor de los casos. Lo mismo sucede con un “pueblo”. Ud. me dirá si esta es la mejor forma de gobernar.

Escarpandola
16 de noviembre, 2013

Cómo será de importane la palabra, como será de envolvente, que no hace falta sino mirar la imagenes del nazismo. Cómo pudo H convencer a esa cantidad de gente que habia que exterminar a los judios! Sea por las razones reales o no, pero que habia que acabar con ellos! Matar! matar a personas y no solo matarlas sino inducirles el odio, la intolerancia. Y cual es la diferencia con nosotros, con Venezuela. Yo lo encuentro muy parecido, la diferencia (hasta ahora) es q no se han atrevido a matarnos, pero imaginamos que estamos bastante cerca de eso.

elena terife
17 de noviembre, 2013

me gustó mucho tu texto. Me hace pensar que como de palabras está hecha la vida, cuando seamos muchos quienes decidamos ejercer los deberes, seremos “ciudadanos” y no “pueblo” . Creo que ese sería un gran avance

Gustavo Lobig
18 de noviembre, 2013

Excelentes enfoques, sin dejar a un lado los símiles que en este texto hacen ver al “pueblo” como una masa que se moldea, o bajo una óptica compartida por los dos bandos contrarios que lo menosprecian, conscientemente o no. Desde mi punto de vista, nada más antipatriótico que seguir etiquetándonos como “chavistas” u “opositores” y continuar con la nefasta ideología divisora que puso y sigue poniendo al enemigo en “el otro”, aun siendo venezolano, con lo que se fractura el país para que un puñado de antipatriotas pueda venderlo en pedazos a intereses ajenos, malsanos, alimentando ideologías foráneas que la historia mundial condena como grandes fracasos, como caldos de cultivo de las peores injusticias sociales y atentados contra los derechos humanos, pero que seguimos vivenciando con ese masoquismo tan patético que hace de nuestra especie una indiscutiblemente lerda y torpe por su necesidad de aprender desde el dolor y el miedo. Una casa dividida no se sostiene, y la Venezuela actual es prueba de ello. Por eso, nada más ajeno a la “Patria” que seguir pisándola con las etiquetas, los bandos y las mezquindades que desunen. Porque entretanto los vivos pendejos se aprovechan, antes de que su efímera existencia acabe. Afortunadamente, la ley del cambio que alcanza a todo lo que existe también atañe a lo malo. Pero a cada quien toca abreviar el trago amargo, costoso y, desde mi punto de vista, innecesario, que hoy por hoy bebe nuestra tierra sedienta, merecedora de gustar otros combinados.

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