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La Misión Vivienda y la propiedad; por Alonso Moleiro

La Misión Vivienda y la propiedad; por Alonso Moleiro 640

Imagen de ANRadio.

El debate sobre el derecho de propiedad de los beneficiarios de la Misión Vivienda, planteado a partir de un proyecto de ley que presentó Primero Justicia, puede terminar siendo uno de los más interesantes de la política local en todo el año.

Queda retratado en sus entrañas una discusión con un contenido muy hondo, de hecho bastante universal. Toca, no sólo la polémica nacional, sino el eterno planteamiento que nos hace la política sobre los derechos individuales y los colectivos; el fuero personal y el compromiso social; el sentido de la propiedad y el valor moral del sistemas político en el cual queremos vivir. Delata, de nuevo, a mi parecer, no sólo la duplicidad moral de la clase dirigente chavista, sino el siniestro chantaje que, con eterna impunidad, le plantea el comunismo a la pobreza.

Resulta, entonces, que los dirigentes del PSUV están en contra de que las personas que habitan las casas que les ha construido el gobierno puedan adquirir sobre ellas derechos definitivos de propiedad. No quieren que esas viviendas valgan dinero. Están opuestos a que estas familias obtengan un bien que puedan heredar sus hijos, que pueda ser arrendado, heredado. Que pueda ingresar al mercado inmobiliario como un activo, que pueda ser tasado de acuerdo al mercado. Los chavistas no quieren que la gente use y disfrute su propiedad. Queda vetado por la ley, pues, todo interés personal en la mejora familiar y el progreso.

De acuerdo a la óptica chavista, el proyecto se propone bastardear el contenido socialista de este comentado programa social. El propio Maduro se encargó de explicar lo que pensaba al respecto en la presentación de su Memoria y Cuenta. Aún reconociendo el esfuerzo hecho por el gobierno en la construcción de apartamentos, no deja de ser inconcebible la renuencia a la sola palabra “propiedad”. “Privatizar” la Misión Vivienda: de esta forma, como si la venta fuera hecha a una multinacional, lo está presentando el aparato de propaganda oficial.

Muchas personas, muchísimas, podrían terminar extrayendo reflexiones concluyentes sobre el verdadero rostro del gobierno, sobre todo al calor de esta crisis. Ricardo Molina ha llamado a los militantes chavistas a marchar: a protestar porque las familias venezolanas serán dueñas de los apartamentos que el gobierno les ha construido. Así como suena.

Porque lo cierto es que, haciendo ascos todos los días del capitalismo y los bienes del mercado, ni Maduro, ni Molina, ni ninguno de los dirigentes del gobierno horrorizados con el neoliberalismo, han dejado de procurarse la propiedad de su casa, el fortalecimiento de sus ahorros y el disfrute de sus propiedades.

En Cuba, Fidel Castro prohibió con frecuencia libros que él sí se leía, como el perfil que le hizo el periodista estadounidense Tal Szulc, las publicaciones soviéticas de la perestroika y las obras de León Trostky. Maduro y los chavistas, que tienen casa propia, no quieren que los demás sean dueños de las suyas.