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La expansión zombi; por Jorge Carrión

La expansión zombi; por Jorge Carrión 640

Me pregunto si será casual que en los relatos superventas de nuestra época predominen las fábulas del fascismo. Porque en el trasfondo de Los juegos del hambre, 50 sombras de Grey o The Walking Dead hay una concepción autoritaria del poder, en un contexto excepcional que deviene norma. Nadie se imaginaba que la serie de AMC se iba a convertir en semejante fenómeno de audiencia, desplazando por primera vez al fútbol americano en la historia de la televisión; ni que Rick Grimes, ese dictador absoluto, se convertiría por derecho propio en el máximo apólogo de la violencia de la tercera edad de la televisión. Porque es imposible adivinar las mutaciones de la sincronía colectiva, por qué de pronto lo que provoca adicción es el fin de las libertades individuales, poner nuestro yo en manos de alguien más fuerte, imaginar apocalipsis políticos.

Fear the Walkind Deadspin-off de la serie original basada en el cómic original– es uno de esos raros casos en que un producto secundario logra el mismo grado de éxito que la nave matriz. Ni más ni menos que diez millones de espectadores en USA obtuvo el episodio piloto. Si The Walking Dead comenzaba en el momento en que Rick se despertaba de un coma, de modo que la proliferación de la epidemia zombi ya era un hecho consumado; su precuela nos narra precisamente esos días en que el agente de policía dormía, cuando todo comenzó a volverse extraño, y hubo quien confundió la maldición con adicciones y enfermedades ya conocidas; y hubo quien se informó de lo que ocurría en internet, porque los medios tradicionales no estaban a la altura de las circunstancias; y hubo quien protestó porque la policía mataba a ciudadanos desarmados (porque todavía no se había revelado públicamente la existencia de muertos vivientes).

En ese caos incipiente el núcleo narrativo es bicéfalo: cómo dos familias que comparten a un mismo padre tratan de sobrevivir, abandonando rápidamente la solidaridad, la democracia, los logros de la humanidad. Ya que de de eso habla toda la saga: cómo los no humanos o post-humanos nos hacen inhumanos. Pero mientras que el cómic y la serie exploran continuas crisis de microsistemas, la precuela muestra el Gran Fallo del Sistema, esas semanas en que ni el Estado ni el Ejército fueron capaces de salvarnos. Por supuesto, en los relatos sobre zombis se acostumbra a borrar la larga tradición artística y literaria que nos ha enseñado a combatirlos.

Los seis capítulos de la precuela fueron oportunamente proyectados a finales de verano y principios de otoño, como prólogo dorado de la sexta temporada de la serie original. Después de cada episodio de ésta, a su vez, AMC emite una píldora de una mini-webserie, Fear the Walkind Dead: Flight 462, que une frenética y rabiosamente dos subgéneros de la catástrofe, el zombi y el aéreo. El cross-over entre ambas series se producirá de modo explícito cuando, en la segunda temporada de Fear…, aparezca un personaje que ya habremos conocido en el avión. Intuyo que, quince años después de Matrix, todavía no estamos prestando suficiente atención a la expansión transmedia de los universos narrativos. Tal vez no sea necesario. Tal vez, incluso, el concepto “atención” ya no sea el más adecuado para referirse a un tipo de experiencias envolventes, a una forma de lectura que está más cerca de la música ambiente que de la audición de un álbum musical. Cada relato (el cómic, la serie, la precuela, la mini-webserie) es independiente, pero pertenece a una misma topografía que no necesariamente deseamos explorar, al menos por ahora, pero nos gusta pensar que está ahí, al alcance de nuestras manos y de nuestros ojos, en conexión emocional.

El ser humano es un animal transmedia. Materiales narrativos antiguos, como los compilados por la Biblia o por el Ciclo de Bretaña, inspiraron todo tipo de poemas y cuentos y parábolas y retablos e iluminaciones. Cuando un mundo nos interesa, sea el de Dios, el del Rey Arturo, el de Sherlock Holmes o el de Daenerys Targaryen, como si de una epidemia zombi se tratara, es imparable su expansión.

Este texto fue publicado en Cultura/s de La Vanguardia.