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La esperanza y lo que se aproxima; por Alonso Moleiro

La esperanza y lo que se aproxima; por Alonso Moleiro 640

Concentración de la Oposición en Caracas, el sábado 30 de mayo. Fotografía de Carlos Becerra. Si desea ver más imágenes sobre la manifestación, haga click acá.

Lo más importante que tuvo la movilización nacional de la semana pasada es que es un hecho que contraviene de manera expresa la sabiduría convencional de este momento. La conseja que postula que en Venezuela lo mejor es no andar con fastidio de estar invitando a la gente a marchar; o, peor aún, la que piensa que aquí no ya no queda nada que hacer.

Pienso que el reto fundamental que tiene la sociedad democrática de este momento es sacudirse el complejo de minoría social y confiar un poco más en el tamaño de su fuerza.

Para conquistar este horizonte es fundamental desmontar la cantaleta lacrimógena según la cual esta es una sociedad de malandros, adormecida por la conveniencia, en la cual no sucederá absolutamente nada porque los chavistas ya lograron imponernos su voluntad. La balada de la desesperanza.

Aunque nadie puede negar las dimensiones infernales del caos actual, en lo personal tiendo a pensar lo contrario. Caminamos rumbo al umbral de un ciclo histórico en el país  Pienso que en los próximos meses se aproximan circunstancias políticas excepcionales, podríamos afirmar que decisivas, y estas encuentran al chavismo particularmente anémico y desconectado.

La oportunidad que se aproxima puede ser la última para los venezolanos, pero es la mejor fundamentada de todas. Con 20 puntos de ventaja en los sondeos, bastaría con que la Oposición tome el rolling y lance correctamente a primera base para que pueda concretar, también, lo que sería una clamorosa victoria política.

El escenario electoral que indefectiblemente se aproxima plantea una especie de charada existencial para la idea misma de la democracia en Venezuela; para las Fuerzas Armadas y para toda la sociedad. El país que alude el chavismo es uno; otra cosa el complejo entramado de malestares y tensiones de los poderes fácticos. Incluso si el chavismo tomara la descabellada decisión de no celebrar las elecciones, un escenario que, aunque improbable, no es imposible que ocurra. Sería una medida que habría que imponer por la fuerza, que será necesario justificar ante una comunidad internacional mortificada con Venezuela, y que sería tomada en un escenario económico volátil.

Se afirma con frecuencia, a veces de manera un poco ligera, que la Oposición “no es vista como alternativa”, entre los venezolanos, presumiblemente porque “no tiene liderazgo” y no logra llenar el “gap” que ha ido dejando la erosión chavista. En Venezuela hay mucha gente que afirma que vivimos en una cosa parecida a una dictadura, pero le exige a los liderazgos de la Oposición un desempeño similar al de la apacible institucionalidad finlandesa. De acuerdo a las encuestas del momento, los 5 primeros liderazgos fundamentales del país son de Oposición. Capriles, López, Falcón, Machado y Ledezma.

Dejemos de darle vueltas al tema.  No es nada fácil hacer política en Venezuela siendo de la Oposición. Los líderes opositores claro que existen; en este momento están básicamente neutralizados. Uno está preso; los otros dos son víctimas de un asedio imposible de desconocer, y tienen, al menos, 2 años que no se pueden dirigir al país por la televisión. Incluso el escrupuloso Henri Falcón ha sido rutinariamente amenazado, demandado e insultado, antes y después de Hugo Chávez. Lo mismo le sucede a un tercio de los alcaldes electos y diputados en las planchas de la Unidad.

La cita del sábado desnudó, también, de nuevo, las grietas de la MUD. Hay Unidad, pero no está muy unida. Resistencias, facturas, heridas viejas, antipatías personales, que, por cierto, sobrepasan largamente el ámbito de los políticos y se explayan hasta otros sectores de la sociedad civil. Se intriga de más en los dominios del campo democrático, y en este momento eso es una desventaja.

Concretar un acuerdo unitario e invitar a todo el país a votar a fines de este año es un objetivo perfectamente posible. Si la gente concurre a votar, si no delega su voto, aún a sabiendas de la postura de los rectores del CNE, Venezuela podría terminar de verse retratada de nuevo en el espejo. El país habrá hecho saber cual es su nueva voluntad. Podría ser este, quizás, el momento para que todos aceptemos con algo de naturalidad la existencia de dos tendencias en la Mesa de la Unidad.

La conquista del parlamento plantearía el comienzo de nuevos desarrollos que podrían dar lugar a encarnizadas discusiones en torno a la velocidad y el alcance de las medidas políticas a tomar. Los debates de la transición.

El chavismo, entre tanto, se irá tornando más amenazante y peligroso conforme se siga desmigajando.  De cualquier manera, no parece posible que los chavistas detengan el centrifugado que han escogido para inmolarse. No han comprendido el fondo de esta crisis. Todavía están buscando el escondite en el cual se supone que están los productos que no aparecen.

Es probable que esas tensiones produzcan situaciones impensadas, desprendimientos y alianzas escandalosas, típicas de la política, sobre todo en momentos como el actual. Sería este un 2016 con una economía a la deriva y la inminente urgencia de la toma de medidas en un ambiente de unidad nacional.

No puedo afirmar que esto necesariamente es lo que va a ocurrir. Es cierto que aquí puede pasar cualquier cosa, y eso incluye el merodeo de los escenarios apocalípticos. Lo que afirmo es que el panorama que estoy describiendo se nos puede presentar sin avisar. A mí me luce harto probable que a Venezuela le caiga en las manos una victoria, y la gente debería saber qué hacer en un caso como este.

Por eso, y a pesar de los padecimientos, yo no estoy desesperanzado. Al contrario, tengo una enorme expectativa personal en torno a lo que se aproxima.