Blog de Francisco Suniaga

Jóvito Villalba, el hombre que no quiso ser presidente; por Francisco Suniaga

Por Francisco Suniaga | 23 de marzo, 2014

“Habla, ¡oh! Padre, ante la universidad, porque sólo en la universidad, donde se refugió la patria hace años, puede oírse otra vez tu admonición rebelde de San Jacinto. En este sitio, cuando Beatriz I de Venezuela, te haya ofrendado la suave ternura de estas flores, dinos el secreto de tu orgullo, que es el mismo secreto de trescientos años revelado ayer por el Ávila, por el viejo monte caraqueño, a María de la Concepción de América, en un día tuyo y nuestro, de julio de mil setecientos ochenta y tres”.
Jóvito Villalba. Discurso ante el Panteón Nacional. 7 de febrero de 1928.

Jóvito Villalba, Rafael Caldera y Wolfgang Larrazábal. Intento de Golpe de Estado de Castro León, Caracas, 1958. Fotografía de Leo Matiz

Jóvito Villalba, al lado de Rafael Caldera y Wolfgang Larrazábal, condena intento de Golpe de Estado de Castro León, Caracas, 1958. Fotografía de Leo Matiz/Fundación de Fotografía Urbana.

 

Mucho antes de que la política fuese algo más que una palabra y tuviera algún sentido para mí, ya Jóvito Villalba era su representación. Como he escrito en otras notas, en nuestra casa Jóvito fue desde el comienzo de los tiempos una auténtica deidad que formaba con Dios y la Virgen del Valle una santísima trilogía, algo hereje y, tal vez por eso, muy margariteña. En la modesta sastrería de mi progenitor, su nombre era pronunciado con gran respeto y su imagen presidía las sesiones diarias de sus feligreses en aquella convulsionada década de los sesenta.

Al revisar su biografía, es obvio que Jóvito Villalba encaja en la categoría del personaje heroico de la tragedia griega: el semidiós capaz de realizar grandes proezas, de soportar indescriptibles sufrimientos, de ser perseverante en sus actos y tener fe en la verdad de su evangelio. Desde muy niño, cuando se me catequizó en su culto, supe de su resistencia a Juan Vicente Gómez y al autoritarismo militar, de su encarcelamiento, durante siete largos años en el castillo de Puerto Cabello, de los grilletes en sus tobillos y de las llagas que le produjeron, de sus exilios y persecuciones.

Como cualquier semidiós griego, Jóvito tenía un gran poder que ponía al servicio de su causa: el verbo. Era capaz de torcer el curso mismo de la historia en tan solo cinco minutos de discurso. Era tan magnífico en ese arte que nunca se preocupó por escribirlos, los decía y sus seguidores, cual apósteles, se encargaban de propagarlos a los cuatro vientos. De esa manera su evangelio llegó a todos los rincones del país y alcanzó a una legión de seguidores, los urredistas, cuya militancia era tan bizarra como  pudo ser la de los primeros cristianos.

La voz de Jóvito, a pesar de la distancia y el aislamiento de Margarita en aquellos años, me resultaba tan familiar como su imagen. Mi padre, que era además músico y tenía cierta capacidad histriónica, era capaz de repetir de memoria, imitando el timbre de voz metálico y ligeramente nasal del líder, segmentos enteros de sus discursos más famosos. Actuaciones que aumentaban su frecuencia en la medida en que las cervecitas y palitos de ron Florida, con los que se honraba al dios Villalba en aquel modesto templo de La Asunción, liberaban el espíritu y facilitaban la tarea. En sesiones más sacramentales, en tiempos de campaña electoral, tenía una colección de sus discursos en discos de 78 rpm que eran escuchados por los compañeros de partido como quien escucha música clásica: en silencio, con mucha atención y con aplausos al final.

A Jóvito no solo se le podía caracterizar como un semidiós que había sido gestado por el Espíritu Santo en una virgen margariteña. Su condición iba más allá de ser el héroe mitológico realizador de grandes hazañas que estaba condenado por un destino perverso. Jóvito fue también, envuelto en el mayor romanticismo al que un dirigente político pueda aspirar, una emanación de la novelística latinoamericana, incluyendo sus formatos cinematográficos, radiales y televisivos. Era un compendio que contenía toda la nobleza, bondad y solidaridad que pueda tener “el muchacho” del cuento. En lo personal siempre lo vinculé a Aureliano Buendía. ¿En qué otro personaje político podía pensar ante una de las más recordadas líneas de García Márquez? Aquella de: “El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos”. Los “levantamientos” de Jóvito fueron democráticos y pacíficos, pero igual los perdió todos.

Como a cualquier héroe mítico de estas tierras, a Jóvito también lo castigó una infamia. Ganó las elecciones de 1952 a la dictadura de Pérez Jiménez (realizadas para elegir una Asamblea Constituyente que elegiría al Presidente de la República), quien desconoció el resultado, apresó al líder urredista y lo envió al exilio. Un cuadro muy parecido al de la Venezuela actual: el demócrata que se enfrenta con muy pocos recursos a un aparataje dictatorial extraordinariamente poderoso y resulta atropellado.  Y entonces vino la mentira que, a fuerza de repetirse, si bien no llegó a convertirse en verdad, logró hacerle mucho daño: Jóvito “vendió” las elecciones. El escarnio de los héroes fallidos no es novedad en esta Venezuela que de siempre se ha pasado de caribe (por lo caníbal).

Pero si el dios urredista era heroico, sus seguidores no lo eran menos. Como los muchos hijos del coronel Aureliano Buendía cargaban una cruz de cenizas marcada en la frente que los identificaba y si alguna enseña pudiera haberlos distinguido habría sido, en latín, claro está: fidelis per saecula. Al llamado del Maestro, marcharon detrás de Wolfgang  Larrazabal en 1958, detrás suyo en 1963, detrás de Miguel Angel Burelli en 1968, detrás de Jóvito otra vez en 1973 (como candidato residual después del fracaso de un intento de pacto con el MEP y el PCV), detrás de Luis Herrera en 1978 y detrás de Lusinchi en 1983. Al final, creo, la disminución de su caudal electoral tuvo más que ver con la muerte natural de sus seguidores que con la deserción.

Visto retrospectivamente, siempre hubo una razón política, buena, dicho sea de paso, para cada una de esas decisiones. El consenso, el pacto político que incluyera a más sectores del país fue una de ellas. Cuando apoyó a Lusinchi contra Caldera, por ejemplo, lo hizo convencido de las perversiones de la reelección presidencial (y miren si tenía razón). Creo, sin embargo, que detrás de toda esa racionalidad política había un factor personal: Jóvito en realidad nunca quiso ser presidente. Le faltaba la megalomanía y la vanidad adicionales para serlo.

Esa capacidad de Jóvito para buscar y materializar el consenso, fue su gran aporte a la política y la democracia venezolana. Vista su actuación a partir de 1958 (y la de Betancourt y Caldera), es claro que fue él, y no alguno de los dos expresidentes, el gran artífice del Pacto de Punto Fijo. Acuerdo político que le dio estabilidad al nuevo sistema político y que fue imprescindible para crear el período más fecundo de nuestra historia republicana. No es la idea hacer de esta nota un debate sobre Punto Fijo, baste por ahora decir que las decisiones políticas deben ser vistas en el contexto de su momento histórico y que hay que ubicarse en aquella Venezuela que no sabía aún cómo ser democrática.

Este 23 de marzo es el cumpleaños de Jóvito Villalba –nació en 1908, en Pampatar– y este escrito es para celebrar su efemérides, un regalo de corazón para “el tribuno de América”, como gustaban llamarlo sus seguidores. Jóvito fue uno de los padres fundadores de la  Venezuela del siglo XX, un país nuevo que se negaba a seguir hundido en el pantano de la dictadura y el militarismo. Fue por eso uno de los padres de nuestra democracia, gestor de esos cuarenta años cuya estabilidad y paz se añoran. Coautor de un sistema que fomentó el surgimiento y consolidación de un concepto –la tolerancia política– que antes de su tiempo no existía y que ahora tanto se echa de menos.

¡Feliz cumpleaños, Maestro!

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Vea las fotos de Jóvito Villalba de la Fundación de Fotografía Urbana pulsando aquí.

Francisco Suniaga 

Comentarios (25)

Pablo Ojeda
23 de marzo, 2014

Excelente…….

Ramón Guerra
23 de marzo, 2014

Que bueno Francisco (discúlpame el tuteo), luego de Rómulo ahora nos traes a Jóvito Villalba, otro de los grandes líderes de la democracia venezolana. No estoy de acuerdo cuando dices que Jóvito no quiso ser presidente. Credenciales le sobraban. Le sería muy cuesta arriba luego de las elecciones de 1952 y el estigma de haberlas vendido, fue una sentencia inapelable. Por otra parte, estaban en el mismo ruedo la poderosa AD y su gran líder, Rómulo Betancourt. Jóvito mantendría su espacio y su alcance, pero el camino a Miraflores le estaba vedado. Así fue. Jóvito quedó de objeto de culto (Rómulo lo llamó cadáver insepulto), por sus extraordinarios discursos, para sus afectos y no afectos. En mi pueblo, que de alguna manera también es tuyo, dos conocidos urredistas, lo atestiguan. El primero de ellos, Hilarión “Yayón” Figueroa. Albañil de oficio y jovitero consagrado. En las bodegas o bares, en los cuales solía tomarse sus tragos, subido a una silla terminaba siempre con airados discursos imitando al maestro Jóvito y atacando a los adecos. El otro fue Francisco Jiménez, el conocido “Chico Tapahueco”. Los varios carros que tuvo, portaban un alto parlante en la parte de arriba, su accesorio imprescindible. Animador de todas las festividades. Casi nunca habló por micrófono, se deleitaba difundiendo los discursos de Jóvito y las canciones alusivas, recorriendo el pueblo con su parlante. Y cuando se caía a palos, no podían faltar los discursos de Jóvito. Saludos.

Beatriz González Vivas
23 de marzo, 2014

Recuerdo inolvidable de mi infancia: la enorme casona de URD – pintada totalmente de amarillo – en la esquina de la Avenida San Martín y todos sabíamos quién era Jóvito! Feliz Cumpleaños Maestro!

Ramon Delgado
23 de marzo, 2014

Soy Jovitero de raiz y corazon. Fui Director Nacional de la Juventud urredeca en 1958, y me ha gustado mucho este homenaje con sus reflexiones historicas de uno de los grandes heroes civiles que ha tenido Venezuela. Que viva el Maestro en su recuerdo por los 106 años de su Cumpleaños . Ramon Delgado

José Alberto Medina Molero
23 de marzo, 2014

Sin duda acierta Ud. Sr. Suniaga en dos aspectos : (1) Villalba fue cofundador de la democracia y político fundamental del siglo XX venezolano . (2) Tuvo una infortunada actuación ( aunque coincido con Óscar Yáñez que tuvo exceso de confianza en 1952 y cayó en la trampa de Vallenilla Lanz y Pérez Jiménez ) . Esa celada selló (vía descrédito) su figuración posterior , la cual debió ser más fulgurante que la de Caldera . Pienso que si quiso ser Presidente, conociendo que sólo desde allí podían impulsarse los cambios que sus encendidos discursos preconizaban .

Algunos ( Francisco Verá Izquierdo entre ellos) de cierto despotismo dentro de URD, cuestión de carácter ; tampoco quedó claro la influencia que tuvo en el suicidio de Ugarte Pelayo. En cualquier caso fue un gran orador , político y conciliador , su balance total es más que positivo y admirable . Excelente su nota sobre el maestro Villalba.

luis f. blanco
23 de marzo, 2014

Valioso homenaje a esa figura procera. El y su generacion son los verdaderos libertadores de este pais, los que salieron de Castillo de Puerto Cabello a quitarle los grillos de la mente a los venezolanos.aunque estemos viendo resucitar a los carceleros-por ahora-, su ejemplo seguira vivo cundo esta salida de cauce de las aguas negras se extinga. Harto de la ”independencia” que los militares nos han hecho pagar con sangre y dòlares, hombres como el merecen un Panteon aparte. Recuerdo una frase de Miguel Angel Otero, “Venezuela lkeva 30 años esperando que Romulo y Jovito se pongan de acuerdo.

Gregorio Acuna L.
23 de marzo, 2014

Me parecio un excelente articulo sobre unos de los paladines mas grande que ha parido este pais y ha quien he admirado y estranado sus discursos. Dios lo tenga en la gloria.

Boris Muñoz
23 de marzo, 2014

Excelente, Francisco.

Avolantes
23 de marzo, 2014

Venezuela estuvo esperando 30 años que Jovito y Rómulo se pusieran de acuerdo.

Carmen Villalba
23 de marzo, 2014

Apreciado Dr: Suniaga, Gracias por su artículo, sin duda en estos momentos es bueno recordar a un hombre de profundas convicciones democráticas como mi papá y en la fecha de su cumpleaños, si bien es cierto tenía un verbo muy fluído, pero siempre preparaba sus discursos con antelación y la verdad nunca vi esos discos con sus discursos de los que usted habla, aunque seguramente sus discípulos más cercanos seguro los conocían al dedillo. Gracias por rescatar los verdaderos símbolos de nuestra formación democrática.

Horacio Figueredo
23 de marzo, 2014

Tremendo homenaje de Suniaga a Jovito Villalba….pienso, al igual que Ramon Guerra, que sí no me equivoco es oriundo de Río Caribe… En qué efectivamente el hombre si quería llegar a la presidencia, sólo que coincidió con otros liderazgos de peso, como el de Rómulo Betancourt, a quien también le acompañaba el buen discurso y la determinación de combatir la amenaza comunista….

IGNACIO ARCAYA
23 de marzo, 2014

EXTRAORDINARIO, SUSCRIBO TODO SU CONTENIDO

Jokin Zubizarreta
23 de marzo, 2014

Muchas gracias por recordarnos a un politico de alma y profesion; lo que les falta a la mayoria de los politicos del presente. Es importante que repasemos la historia y recordemos de donde vienen las cosas. Siempre vi al Dr Villalba como el gran politico de soporte del andamio democratico venezolano. Como dice Francisco Suniaga, le faltaba algo de vanidad politica, no era egocentrico. Reflexiono en relacion a cuanto no necesitaria Venezuela hoy en dia, con toda esta conmocion que estamos viviendo, un Jovito Villalba para buscar y canalizar el consenso en esta pugna que, si bien importante y necesaria, esta cayendo en una gran banalizacion. El pais necesita politicos y discusion politica de altura.

Sandra Guevara
24 de marzo, 2014

Gracias Francisco. Tus notas enaltecen el ejercicio de la Política con p mayúscula, esa que tanto anhelamos y nos permiten recordar las bases sobre las que se forjó la estabilidad de la Cuarta, aún con sus debilidades. Un abrazo

Francisco Suniaga
24 de marzo, 2014

Gracias a todos los comentaristas de esta nota. Confieso que fue un placer escribirla, literalmente se escribió sola, porque guardo por la figura del maestro Villalba un gran cariño. Por supuesto que faltarían consideraciones más dentro de lo que se supone es un análisis politológico de un actor primario del sistema democrático. Pero no se trataba de eso, la idea siempre fue celebrar el cumpleaños, y la existencia, de un gran demócrata. Saludos y gracias de nuevo.

jose delgado
25 de marzo, 2014

mi partido y yo yo y mi partido .Asi empezaba todos sus discursos.llegue a este el 7 de enero de 1960 con once anos en plena dictadura franquista y tuve la suerte de desarrollarme en esa efervesencia democrata y escuchar el celebre conciudanos de don ROMULO BENTANCOR mi partido y yo yo y mi partido JOVITO VILLALBA escuchar a RAFAEL CALDERA ,RAUL LEONI ,arranca BERROTERAN de LUIS HERRERA CAMPIS la vida de ALIRIO UGARTE PELAYO el poeta de ANGELITOS NEGROS Y SU JUANBIMBA Y SU BOLLO DE PAN EN EL BOLSILLO DEL LIQUILIQUI el orejon y gran maestro fundador del MEP MOVIMIENTO ELECTORAL DEL PUEBLO el candidato a Presidente y eterno perdedor WOLFAN LLARRAZABAL el esquizito poeta AQUILES NAZOA GONZALO BARRIOS PINERUA ORDAZ y pare de contar politicos que estan y estaran en nuestra memoria por lo menos en la mia y los que faltan ,forjadores de esta DEMOCRACIA QUE AHORA ESTA EN ENTREDICHO GRACIAS VENEZUELA

Noel
25 de marzo, 2014

La capacidad de persuasión y evocación de Suniaga en cada uno de sus articulos y relatos es remarcable. Mi familia se conformaba por Adecos y Copeyanos. Mi abuelo fue fundador de AD en Rio Caribe y admiraba a Rómulo Betancourt como un Griego a Hércules o Aquiles. Jovito Villalba era oriental y por eso siempre tendrá simpatía en nuestra región, quizás en Margarita es donde mas aprecio se le tiene. A Don Jovito hay que agradecerle todas las luchas y sacrificios que llevo sobre sus hombros.

icovarr
25 de marzo, 2014

Excelente artículo. Curiosamente, Jóvito Villalba nace en la misma fecha en que ha muerto Adolfo Suárez: 23 de marzo. Y esta no es la única coincidencia, Adolfo Suárez tambien tenía el raro don político de buscar el consenso, el acuerdo benthaniano entre las partes que signficara el mayor bienestar para todos. La gran diferencia fue que Suárez pudo ver materializados con sus acciones como presidente de la transición democrática española buena parte de sus principios políticos que, igual a los de Jóvito, se basaban en el entendimiento de que el poder es un instrumento, un medio, más que un fin en sí mismo.

Fernando Pérez
25 de marzo, 2014

Demasiado bueno amigo….además me trae muchos recuerdos la figura de jovito

adriana villalba
31 de marzo, 2014

Excelente. Lo que escribes se le pega a uno como el salitre….

Marcos Fuenmayor
8 de abril, 2014

Para resaltar la condición de Jóvito como hombre sin rencores, desprejuiciado y de consenso, tan solo recordaré el viaje que hizo a Madrid en 1973 para reunirse con Marcos Pérez Jiménez con el objeto de proponerle una alianza para las elecciones de ese año. La gestión no prosperó.

Juvenal Freites
20 de abril, 2014

Yo vi a Luis Valerio, un gran amigo de mi tío Felipe “Chicho” Millán, allá en El Tigrito, en un meeting en la calle York, en año cercano a los 70’s., levantar a su hijo, de 7 años, hasta la plataforma de un chuto, que servía de tribuna, en un discurso de Jovito, y juro, que tenía Luis Valerio lágrimas de orgullo. Una de las rimas, de la infamia, de la que habla Suniaga: Jovito Villalba Cabeza pelá Vendió a Venezuela Por una empaná.

Jose Andres Martinez
20 de agosto, 2014

Excelente articulo sobre la obra y vida política de uno de los intelectuales mas importantes del siglo xx, a pesar de mi juventud solo tengo 17, conservo una gran admiración por la persona de Jovito y siempre busco referencias, libros, en fin cualquier medio en donde pueda conocer mas de este personaje. Me lleve una agradable sorpresa al ver que Francisco Suniaga era el autor de este articulo, ya que recientemente me compre “El pasajero de Truman” de este autor. Hace ya un tiempo publique un articulo referente a URD que puede ser de su agrado, a pesar de mi falta de experiencia como escritor espero que les guste. Aqui el link: http://www.comopati.com/por-que-nunca-gano-urd-por-jose-a-martinez/

Claudia
3 de junio, 2016

Mi partido y yo, yo y mi partido quedo en nada. Gran orador, de fácil palabra, inteligente más su personalísmo lo llevo a su ruina politica, después de Alirio Ugarte Pelayo, su vida transcurrió sin ninguna gloria.

Isabella Reimí
24 de octubre, 2016

¡Muy bien! La manera en la que utilizas el tono sarcástico refleja perfectamente el mesianismo tan afín a nuestra sociedad

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