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¿Qué puede aprender Venezuela de América Latina sobre hiperinflación?; por A. Oliveros y P. Navarro

Hiperinflación las lecciones de América Latina; por Asdrúbal Oliveros y Pilar Navarro

El aumento acelerado de los precios es una cuestión palpable en la actualidad venezolana y ante la rapidez con la que suben, la pregunta común a hacerse es: ¿ya estamos en hiperinflación? Responder esto es relativamente fácil; existen principalmente dos definiciones de hiperinflación: una implica que la variación intermensual de los precios sea superior a 50,0% (Cagan, 1956) y la otra que la variación interanual de los mismos esté por encima de 500,0% (Reinhart y Rogoff, 2011). Bajo estos supuestos, podemos decir que no, aún no estamos en un proceso hiperinflacionario.

A pesar de no estar aún en hiperinflación, pareciera no haber dudas sobre la dirección en la que vamos si no se cambian las condiciones actuales, por lo que se nos plantean otras preguntas más complejas de responder como: una vez que entremos, ¿cómo salir de la hiperinflación?

Llegados a este punto podemos decir que, si no logramos aprender de las experiencias ajenas para cambiar el camino y así evitar la tan temida hiperinflación, por lo menos las experiencias de nuestros vecinos nos pueden servir para ver cómo lograron salir. En la historia reciente, varios países de Latinoamérica han tenido episodios hiperinflacionarios, por lo que vale la pena conocer qué hicieron esos países para salir de la crisis.

Argentina: La convertibilidad fue la clave

En Argentina, la década de los años ochenta marca el final de la dictadura y el inicio de la democracia, pero también un incremento acelerado de los precios que desembocó en un episodio hiperinflacionario al final del período.

Después del fracaso del Plan Austral aplicado en 1985  —en el cual se creó una nueva moneda, el austral, y se congelaron todos los precios de la economía, de los servicios públicos y de la moneda— la presión inflacionaria volvió a aparecer en 1986. Esto hizo que en 1987 apareciera el Plan Primavera, uno caracterizado por mayor apertura externa y privatizaciones, que tampoco logró rescatar a la economía del incremento de los precios alimentados por el crónico déficit fiscal.

La inflación se desbordó en 1988.  Mientras que durante febrero la variación mensual fue de 9,6%, en el mes mayo alcanzó 78,4% y cerró el año con un crecimiento interanual de 2.314,0%. En ese período se aplicaron varias políticas económicas, como un recorte fiscal drástico con una fuerte reducción del tamaño de sector público, la subida de las tarifas públicas y de los combustibles, y una fuerte devaluación del austral, todo con miras a disminuir tanto el déficit fiscal como el externo.

Finalmente, lo que pareció controlar la escalada hiperinflacionaria —aunque después se convertiría en la semilla del caos— fue la aplicación de la convertibilidad en abril de 1991. La Ley establecía un anclaje cambiario con respaldo de 100,0% en dólares, oro y títulos de la base monetaria, calmando así “la fiebre devaluatoria”. Con la convertibilidad se indujo a una devaluación más fuerte —a principios del año el tipo de cambio estaba en torno a 5.000 australes por dólar y con la convertibilidad llegó a 10.000 australes por dólar— y se pasó posteriormente del Austral al Peso convertible con cuatro ceros menos. Así los antiguos 10.000 australes equivalían a un peso de la nueva denominación. Este fue el origen del “1 a 1”.

Esto fue un elemento disuasivo ya que, como la moneda circulante estaba respaldada en reservas, lo que restringía la emisión monetaria. Si los tenedores de pesos salieran todos juntos a comprar dólares, el Banco Central argentino tendría las reservas suficientes para atender semejante demanda sin alterar la paridad cambiaria. De esta manera desde abril de 1991 los precios paulatinamente se estabilizaron en índices intermensuales de un dígito (2,8% en mayo y 0,6% en diciembre).

No obstante, estos ajustes implicaron shocks en la económica que involucraron fuertes subidas en las tasas de desempleo y pobreza. Además de que el mantenimiento de esta paridad artificial a lo largo de toda la década de los noventa incubó la crisis de la convertibilidad del año 2001.

Bolivia: entre el shock y el gradualismo

Bolivia se caracterizaba por ser uno de los países más pobres de América Latina y, en los años ochenta, después de décadas inestabilidad social y política, se vio además golpeada por un brutal episodio hiperinflacionario, en el que llegó registrar una variación interanual de 8.170,5% en 1985, una de las más altas a nivel mundial.

Este país contaba con el coctel habitual: un aumento acelerado del gasto público que generó aumento del déficit fiscal (en 1982 alcanzó 14,2% del PIB), aumento de salarios por decreto, indexación salarial, controles de precios y aumento desproporcionado del sector público, además de un rígido control de cambio que generó la aparición de un mercado paralelo de divisas.

El primer intento por controlar la crisis económica que Bolivia venía atravesando fue lo que desató la hiperinflación. La política intentó restablecer el nivel de vida de la población decretando aumentos salariares, aumentos de precios máximos para todos los bienes. Además, procuró mayores ingresos en divisas instaurando un rígido control de cambio, una paridad fija para la moneda y canalizando todo el comercio exterior a través del Banco Central.

No obstante, la política gradualista de hacer pequeños ajustes en los precios pero sin atacar el déficit fiscal ni satisfacer las demandas del exterior, llevó a la pérdida de control sobre la situación económica.

El déficit fiscal continuó aumentando, aunado a que las ventas de divisas por parte del Banco Central eran prácticamente inexistentes y eran muy pocas las divisas asignadas para importar, lo que afectó el aparato productivo interno y provocó desabastecimientos puntuales. Asimismo, la escasez de divisas generó que el dólar paralelo aumentase sin pausa.

Así en 1985 con nuevo Gobierno se inaugura la Nueva Política Económica (NPE). El principal debate que estaba en la mesa era si el ajuste debía hacerse de manera gradualista o de shock; esta última visión finalmente se impuso y se promulgaron las nuevas medidas que incluían:

—Régimen de cambio único y flexible, implementado por el Banco Central de Bolivia.
—Se autorizó al sistema bancario a operar con moneda extranjera.
—Liberalización de las tasas de interés.
—Eliminación de restricciones al comercio exterior.
—Eliminación de la inamovilidad laboral y liberación de los salarios en el sector privado.
—Liberación del control de precios.
—Aumento en el precio de los derivados del petróleo, llevándolos al nivel internacional.

De esta manera tenemos que el Gobierno de Bolivia, al eliminar el tipo de cambio dual y tomar medidas drásticas para controlar la emisión monetaria y reducir el déficit fiscal, logró que de manera rápida y perceptible se disminuyera la inflación, que pasó en una semana de 36,8% a 4,6% y a 0,8% durante las dos semanas sucesivas.

Brasil, a la octava va la vencida

En 1989 Brasil venía de la aplicación del Plan Cruzado con miras a controlar la escalada inflacionaria. Este plan estableció una reforma monetaria, el congelamiento de los precios y del tipo de cambio nominal. Aunque tuvo muy buenos resultados en el corto plazo, el Gobierno se vio obligado en poco tiempo a dejar flotar nuevamente al tipo de cambio, lo que generó el retorno de la inflación.

Dado el crecimiento del gasto público y del financiamiento monetario, la inflación alcanzó 82,4% en marzo de 1990. Después de siete planes fallidos, en 1993 se aplicó el Plan Real que fue organizado por etapas: la primera contemplaba conseguir en equilibrio de las cuentas públicas, como primera causa de la inflación brasileña. La segunda etapa incluyó una fase de transición entre monedas (del cruceiro al real) con la adopción de un “superindexador” —la Unidad Real de Valor (URV)—, atado a la cotización del dólar, al cual se debían convertir progresivamente todos los contratos.

El plan también vino acompañado de una política de apertura comercial y de privatizaciones, que logró para el segundo semestre de 1994 una fuerte disminución de la inflación y, finalmente, la salida de Brasil de una inercia inflacionaria que venía arrastrando desde hace 30 años.

¿Qué hicieron en Perú?

La década de los años 90 empezó bastante atribulada para las economías de la región. Perú no fue la excepción. Entre 1985 y 1990 el Gobierno de Alan García lanzó una serie de planes de estabilización heterodoxos que consistieron, entre otras cosas, en la implantación de un control de precios y tarifas públicas, de salarios, reducción de tasa de interés y de un tipo de cambio fijo. Además se cambió la moneda, que pasó de los soles al inti. No obstante, entre 1988 y 1990 la inflación anual pasó de 1.722,3% a 7.649,6%.

La nueva moneda no duró por mucho tiempo y fue relegada para su exhibición en los museos durante la siguiente etapa de estabilización del país. Fue reemplazada por el nuevo sol, dejando nueve ceros en el camino. El nuevo sol era igual a mil millones de los viejos.

La acción más inmediata fue la de eliminar los controles de precios para el sector privado y de los productos del sector público con la intención de restablecer el equilibrio financiero de las empresas públicas. Asimismo, estos ajustes significaron el control de la base monetaria, del gasto público, pero principalmente la instauración de un tipo de cambio flotante. Otros puntos del programa de ajuste fueron:

—Eliminación de los tipos de cambio múltiples vigentes.
—Reducción del subsidio a la gasolina.
—Ajuste fiscal vía incremento en ingresos mediante aumento en precios de servicios públicos.
—Disminución del déficit.
—Creación de impuestos de emergencia.
—Reinserción en mercados financieros internacionales.
—Liberación del sistema financiero.
—Declaración de situación de emergencia social e implantación de un programa para reducir el impacto del ajuste en los pobres.

Algunas lecciones

Aunque en algunos casos los resultados se observaron de forma más rápida que otros, en ninguno la solución fue inmediata. La hiperinflación constituye un proceso de destrucción de riqueza y pauperización de la sociedad muy fuerte del que no es fácil salir. Una lección importante es que gran parte del éxito de estos planes fue gracias a la recuperación de la credibilidad de los Gobiernos y de la confianza de los agentes en la política económica, a través de generación de consenso social.

Por otro lado, la mayoría de los ajustes pasaron por el restablecimiento del sistema de precios relativos a través del establecimiento de tipos de cambio flotantes (a excepción de Argentina que aplicó la famosa convertibilidad). Asimismo, este breve recuento también podría llamarse “el fracaso de los controles de precios para combatir la inflación”. Lo que realmente sorprende es que a pesar de toda la evidencia histórica, en la actualidad, Venezuela continúe ceñida a ellos en su política económica.

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