Blog de Francisco Suniaga

Un guión para cine: El Naufragio, parte II; por Francisco Suniaga

Por Francisco Suniaga | 3 de noviembre, 2016
Partidarios de la oposición hablan y entregan propaganda política a los habitantes del barrio 12 de Octubre, en Petare. Fotografía de Óscar Bambú Castillo. / Haga click en la imagen para ver la fotogalería completa

Partidarios de la oposición hablan y entregan propaganda política a los habitantes del barrio 12 de Octubre, en Petare. Fotografía de Óscar Bambú Castillo. / Haga click en la imagen para ver la fotogalería completa

La mar nunca fue tan gruesa y la sensación de que van a hacer naufragar el barco embarga de nuevo a los pasajeros más veteranos. Muchos ya fueron víctimas de un naufragio no hace tanto tiempo, en aguas mucho más tranquilas. El barco se llamaba “Democracia Representativa”, pero, de manera injusta, quedó para la historia con el remoquete de “la cuarta república”. Se fue a pique a finales de los noventa y, curiosamente, pocos lo lamentaron. La historia de ese hundimiento había comenzado años antes, cuando oficiales y tripulantes se amotinaron y ajusticiaron al capitán al mando, antes de sacarle al barco el tapón de proa.

Era el barco en el que todos navegaban y aunque tenía innumerables defectos y fallas, servía perfectamente para la travesía. Cada cierto tiempo, cambiaba de capitán y tripulación y algunas mejoras se le hacían. Y entonces, por ahí, a mediados de los ochenta comenzó una suerte de motín silencioso de tripulantes, algunos muy notables. Era una mezcla rara, un diputado una vez denunció que formaban parte de “una conspiración antihistórica”. Era una especie de masonería gaseosa pero mortal, que se conoce como la antipolítica.

El caso es que por aquellos años, armados de cualquier instrumento o razón –por mala que fuese– comenzaron a horadar el casco que, aunque viejo y curtido, se mantenía a flote y transportaba al pasaje por el mar siempre azaroso por el que ha tocado siempre navegar.

Su reclamo mayor era que Venezuela (el barco, sus tripulantes y pasajeros) no se podía calar más la corrupción de AD y Copei, la CTV, de una PDVSA que daba “colitas”, del Congreso de la República y de una Corte Suprema de abogados viejos que gobernaban el barco. La campaña duró años, hasta que lograron dinamitarlo y hundirlo. Antes, tuvieron buen cuidado de colgar de sus palos a las instituciones –que aunque deficientes y fallosas eran perfectibles–, a antiguos capitanes, a muchos de sus tripulantes y a uno que otro pasajero de segunda clase.

Aunque el sentido común enseñaba que no había otro barco con el que navegar, prefirieron seguir adelante con el plan. Antes que reparar a la vieja “Democracia”, se imponía hundirlo y buscar un barco nuevo. Se echaron al mar en botes salvavidas y como los pasajeros del Titanic, miraron el hundimiento. Los jefes del motín y sus seguidores entre los pasajeros, entonces una vasta mayoría, lo celebraron jubilosos. Los menos, los que no estaban de acuerdo, guardaron un prudente silencio. Luego de una deriva relativamente corta, decidieron abordar un barco nuevo que ofrecía a los amotinados la participación y el protagonismo que en la vieja “Democracia” tan malvadamente les negaban.

No les importó que el capitán de ese nuevo navío fuese un pirata embustero y embaucador –auténtico Blacamán, vendedor de milagros–, que había sido ya juzgado por tratar de asaltar a “Democracia” a punta de tanquetas. No les importó porque ese capitán, se llamaba Hugo, y su tripulación, tan o más pirata que él, eran las caras nuevas que tanto habían reclamado: Diosdado, Nicolás, Cilia, los Tarek, Iris, Jessy, Darío, en fin. Contaban en las bodegas con un tesoro que repartían a manos llenas y el jolgorio era eterno. Hasta que terminó, por supuesto. Entonces vino la debacle. “Para hacer el cuento corto”, de pronto se dieron cuenta de que aquel no era un barco cualquiera, sino una galera romana, con esclavos remeros y todo, que navegaba bajo bandera cubana, con reales chinos. Lástima que lo hicieran cuando ya tenían grilletes en los tobillos.

En medio de la tragedia y de enormes errores, poco a poco, con infinita paciencia, un grupo de los tripulantes, sobrevivientes de “Democracia” y voluntarios de una nueva generación, comenzaron a construir una barca en la que escapar e intentar liberar a los ahora esclavos de la galera. La tarea tomó años y un buen día la botaron al mar. La bautizaron MUD.

Buena parte de los tripulantes esclavizados y pasajeros lograron abordar. El trasvase de gente de la galera a la barca fue indetenible y es mucho más la que ahora navega en ella que la que se quedó en la galera. Por supuesto, por su origen, la MUD es precaria y tiene problemas de todo tipo, incluyendo el de comando –a veces no se sabe quién es el capitán–, pero mal que bien, incluso con reveses dolorosos y una que otra división,  sirve al propósito que se ha buscado: llegar a la tierra prometida y construir una nueva y mejor “Democracia”.

La diferencia de tamaño entre los dos navíos enfrentados es enorme y aunque la mayoría está montada en la MUD, no ha bastado para abordar la galera, tomarla y cambiarle el rumbo. Las caras nuevas, 17 años más tarde, han devenido en auténticos monstruos, maestros del terror, particularmente diestros en marramucias de todo tipo para tratar de hundir la barca. Por eso, entre la hermandad de la antipolítica, la expresión “caras nuevas” ha sido proscrita.

Pero, las ahora caras viejas de la galera, no son la principal amenaza. El mayor peligro lo constituye un grupo numeroso de tripulantes y pasajeros, al parecer inspirados en la antipolítica, como ya hicieron sus predecesores con “Democracia”, no paran de agujerear el barco. Cada vez que algo no les gusta o no están de acuerdo, lejos de expresarlo de otra manera, o de ponerse a construir una barca como a ellos les gusta, le abren a la MUD pequeños agujeros en el casco y el agua no para de entrar. Quienes entienden que no hay otro barco, que ni siquiera existe la posibilidad de volver a la galera romana, no encuentran ya qué hacer para convencerlos de su error. Tratan de persuadirlos diciéndoles de que en el mar más vale tener un barco defectuoso que no tener barco alguno. Pero no entienden. Ya ni siquiera es porque quieren caras nuevas, ahora se quejan por todo (el médico de a bordo dice que tienen el síndrome de la gata Flora), amenazan con lanzarse al agua con su gente, desprestigian a los conductores de la barca, creen que son pendejos, ladrones, traidores, blandengues, desprovistos de testículos y también de cerebro. Son más peligrosos que sus predecesores porque ahora cuentan con dos armas poderosísimas: twitter y Facebook. No paran de dispararlas.

En fin, la cosa ha llegado a un punto en el que los pasajeros que ya fueron víctimas del primer naufragio, comienzan a darse cuenta de que, de seguir así, también van a echar a pique a esta barca, y, como se trata de una película, tienen muy en cuenta que, además, nunca segundas partes fueron mejores. No entienden los pasajeros sensatos cómo, a pesar de que la MUD atravesó lo peor del océano y los puso a tiro de tierra, desconfían tan ciegamente de ella. A estas alturas ya no saben qué hacer. No dejan de considerar que a lo mejor los críticos tienen razón. Que es verdad que la MUD no sirve para un carajo, pero, de lo que sí están seguros, es que esa es la única nave que con la que cuentan, y si la hunden se van a… eso mismo.

Francisco Suniaga 

Comentarios (12)

Omar Fernandez
3 de noviembre, 2016

Excelente

Mariarosa
3 de noviembre, 2016

Muy buena narrativa, y excelente forma de expresar los tiempos de ahora, ojala estas lineas llegaran a muchas personas, creo que invita a la reflexión que tanto se necesita en este moemnto. Bendición.

Carmen García Vilar
3 de noviembre, 2016

Quisiéramos muchos que las banderas de esta nueva nave salvadora fueran transparentes, limpias, preclaras… Eso callaría muchas voces indignadas.

Mariela arias m
3 de noviembre, 2016

Apreciado Francisco Suniaga , he leído sus novelas y las he disfrutado muchísimo , y este artículo me pone a meditar, no porque sea consciente de hacer agujeros a la barca de la mud , sino porque no sé si la verdad , ellos visitan la galera a nuestras espaldas , se divierten y ríen a pesar de los problemas que pasamos los tripulantes de la nave mud y de la galera y así alegres logran sobrevivir y alargar esta gran arruga que se llama Venezuela , mis respetos y agradecida por los buenos momentos que me han brindado sus libros !

@manuhel
4 de noviembre, 2016

la sangre nueva de la MUD: Ramos Allup, Chuo Torrealba, Henri Falcón, Manuel Rosales (UNT)…

cruz suniaga
4 de noviembre, 2016

Cuando Moisés bajo de la Montaña con los acuerdos de su dialogo con Jehova, Dios, encontró al pueblo adorando a un becerro construido con el oro que aun les quedaba de su largo camino por el desierto,y rompieron su pacto con Dios,no creyeron en ese dialogo, a pesar de que Moisés los había guiado por el desierto con mucho éxito.No repitamos la historia, pues el castigo de Dios sera contundente para un pueblo de dura cerviz.

H.Augusto Pietri
4 de noviembre, 2016

Buen artículo, buena descripción alegórica de nuestra patética realidad. Esto cada día se parece más a la republica Argentina posterior a la muerte de Perón, la llegada de Isabelita, por decisión del difunto, el desastre consiguiente y las intervenciones del brujo López Rega….me pregunto si esta historia nuestra copia de alguna manera ese esquema de trayectoria de colisión. En todo caso, veo más semejanzas con la pintura del Bosco: “La Nave de los Locos”

Santiago Rafael
4 de noviembre, 2016

Como tripulante de la barca, observo con gran dolor como mis co-tripulantes insisten en abrirle agujeros a esta nave donde podriamos caber todos. No puedo evitar pensar en esa transición de naves que culminó en enero de 1958, donde seguramente habian aquellos que con otroas armas (sin facebook o twitter) le abrian huecos a la nave que terminó por salvar al país. Al parecer nos va a tocar enfrentar a los que quedan en la galera y a los gritones de nuestra barca. Pues bien, que asi sea! Tenemos que hacer todo por evitar un motín!

Santiago Rafael
4 de noviembre, 2016

No puedo evitar imaginarme como habran sido los últimos dias de aquella transición de naves en enero de 1958. Seguramente existian en aquel entonces al igual que hoy, tripulantes que insistian en abrirle huecos a la nave que terminaria por salvar a un país entero. Veo con gran dolor como mis co-tripulantes le abren huecos a esta barca, sin darse cuenta que en ella cabemos todos. Pareciera que a la titánica tarea de salvar a un país se la ha sumado la necesidad de evitar un motín.

Jorge miguel
5 de noviembre, 2016

Excelente articulo donde la narrativa a modo imaginario nos hace captar la cruenta realidad que vivimos. Yo si confio plenamente que el Barco llegara a tierra firme donde nos veremos forzados y comprometidos a crear nuevas y mejores leyes para la convivencia a parte de reformular aquellas existentes que nos llevan a huecos.

Carlos Mujica
5 de noviembre, 2016

Francisco; los que quieren hundir la barca son los cómodos que no aportan sino que esperan que les resuelvan todo. Pero seguro están preparando su “Vaca Sagrada” para salir rapidito cuando les toque el turno ( que está cerca). Ya están mandando a su prole en vaquitas pequeñas poco a poco para asegurarles la vida.Tiene muchos cochinos a los que les llegará su sábado; ojalá fuera en este Diciembre…pero; ahí va la barca rauda rauda. Un abrazo paisano

Chacao Bizarro
7 de noviembre, 2016

Señor @manuhel. Por su seña usted debe ser bastante joven. En tiempos distantes, más largo aun por el sufrimiento y el tormento, los adalides de la anti política clamaban por caras nuevas. En esos tiempos la clase media, profesionales, encumbrados periodistas, editores de periódicos, propietarios de radios, notables intelectuales, dueños de televisoras, connotados empresarios, afamados juristas de la antigua corte, respetadísimos políticos etc. Alentados por dos ancianos corifeos, hoy difuntos, danzaban y cantaban hacia el templo de las caras nuevas y de las cachuchas. Dios con su infinita sabiduría los complació. No sabemos si para escarmentarlos o por otras razones ocultas para los humanos. En fin señor @manuhel. Lo que tenemos es un país dirigido por esas caras nuevas que entre otras cita Suniaga y no por las que usted señala. De todas maneras, leyendo a los tuitteros no estaría mal que el Señor con su infinita sabiduría permitiera que se nos aplicara una nueva dosis de escarmiento por no haber asimilado la experiencia.

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