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El millardito, el paralelo y la Bomba H; por Omar Zambrano

Por Omar Zambrano | 30 de noviembre, 2016
Fotografía de Roberto Mata.

Fotografía de Roberto Mata.

Aquellos polvos, estos lodos

20 de julio de 2005. Una fecha importante. Este día fue el Día D del descarrilamiento del tren monetario en Venezuela. Aquel miércoles salió publicada la Reforma Parcial del Banco Central de Venezuela que introducía, entre otras cosas, el concepto de un “Nivel Adecuado de Reservas Internacionales” que sería calculado mediante una metodología “cuyos parámetros se adecuarán a las características estructurales de la economía venezolana” y que advertía, además, que los estudios que dieran sustento a dicha metodología serían compartidos con el público general.

En el mismo acto legal, aquella Reforma Parcial también autorizó la transferencia de 6.000 millones de dólares del saldo de las reservas internacionales hacia un fondo destinado al financiamiento de proyectos de inversión. Aquel “millardito” que había pedido Hugo Chávez se transformó en seis. Aquel día nacieron unos mellizos: el Fonden y la noción de “reservas internacionales excedentarias”.

Visto en retrospectiva, aquella innovación chavista puede ser la decisión de política económica con más graves consecuencias en toda la historia de Venezuela.

6 de Noviembre de 2009. Fue añadir sal a la herida. Aquel viernes se publicó otra reforma parcial de la misma ley. Esta vez lo sustancial era que por primera vez se autorizaba al Banco Central de Venezuela a financiar, directamente y sin límite de plazos, a empresas e institutos públicos. Es decir: se levantaba la prohibición que restringía la adquisición de instrumentos de crédito ofrecidos en colocación primaria por parte de entes públicos, incluyendo por supuesto a PDVSA.

Han pasado once años de la primera reforma de la Ley del BCV y desde entonces lo que hemos experimentado no es menos que la demolición total de la institucionalidad monetaria en Venezuela.

El chavismo ha sido un bulldozer que pulverizó al BCV como garante del valor del bolívar y abrió la puerta al espiral de inflación y devaluación que hoy experimentamos. Unos 55.000 millones de dólares fueron sustraídos de las reservas internacionales y traspasados al Fonden. Desde entonces, el monto del crédito que el BCV extiende a PDVSA (un financiamiento monetario del déficit) creció de manera exponencial hasta el punto en que hoy en día el llamado Pagaré de PDVSA equivale al 90% del total de la base monetaria.

PDVSA es hoy en día mucho mejor productor de dinero inorgánico que de petróleo.

El daño infligido con estas reformas al equilibrio monetario del país ha sido extremadamente grave. El principio de “reservas excedentarias” hirió de muerte el balance del BCV. Hoy las cuentas del Banco Central son un ejercicio de total ficción y el balance del Instituto Emisor permanece en azul solo por obra y gracia de la contabilidad creativa.

La realidad es que el BCV está contable, técnica y financieramente en quiebra.

La Bomba H

Decía el economista Rudi Dornbusch, en su esencial ensayo sobre el tema publicado en 1985, que las “hiperinflaciones eran el laboratorio de la economía monetaria”. Se refería a que es durante estos períodos de inestabilidad extrema que la relación entre la inflación y la cantidad de dinero, ésa que a veces se oscurece tanto durante tiempos más “normales”, emerge sólida y sin controversia.

En estos días, a finales de noviembre de 2016, cuando el tipo de cambio paralelo sube a una tasa de 170% mensual, la mayoría de los analistas empiezan a admitir que Venezuela se acerca peligrosamente al umbral de la hiperinflación, de acuerdo con la definición clásica de los años cincuenta. Y entonces a uno, como economista, le da un poco de vergüenza tener que hablar de un tema que pertenece a la sección de lo que ya no se estudia en las escuelas de Economía.

Ciertamente, en nuestra región ya nadie discute sobre estos temas. Y cuando digo “nadie” no me refiero sólo a los niños bien portados del continente, sino que incluso en países como Bolivia o Nicaragua la inflación también es un problema del pasado.

Sin embargo, esto era previsible: rota la estabilidad monetaria mediante la destrucción del BCV, es relativamente sencillo concluir que el desequilibrio monetario tendería a profundizarse y que la trayectoria monetaria nos conduciría, tarde o temprano, al equilibrio hiperinflacionario. Era previsible porque, entiéndase bien, nunca, en ninguna parte, los controles de cambio ni la represión financiera impidieron un proceso hiperinflacionario. Y si nos guíamos por la experiencia internacional, nuestro carácter de economía petrolera, como argumentaban algunos colegas, es un cortafuego suficiente para impedirla.

Lo que estamos observando con el mercado paralelo durante estos días es síntoma inequívoco de que la demanda por nuestra moneda empieza a colapsar. La caída de la demanda por bolívares ha sido abrupta, acelerada y repentina, lo típico en la anatomía de los procesos hiperinflacionarios. En el extremo de este proceso, la gente simplemente no encuentra razones para permanecer con nuestro signo monetario en el bolsillo y la moneda deja de cumplir las funciones básicas del dinero.

Si la moneda local ya no les sirve para nada, es lógico que las personas estén dispuestas a pagar cualquier precio (cualquiera) por deshacerse de sus bolívares.

La hiperinflación disloca el sistema de precios de tal manera que los mercados de bienes, servicios, trabajo y crédito dejan de funcionar efectivamente. La hiperinflación, además, es desproporcionadamente cruel con los más pobres, quienes se ven obligados a dedicar todos sus recursos mentales, físicos y materiales a tratar de escapar de sus efectos, día tras día, so pena de enfrentarse con el hambre.

No se trata de sonar deliberadamente alarmista, pero del bestiario de males macroeconómicos, la hiperinflación es quizás el más brutal y disruptivo.

Un peligroso manual de tonterías

Alfredo Serrano Mancilla, el economista heterodoxo español que tiene el oído del alto Gobierno, escribió recientemente algo que llamó Manual de Tonterías sobre la Inflación en Venezuela, donde denuncia que no existe una relación directa entre la cantidad de dinero y la inflación en Venezuela.

Las ideas de Serrano, tan primitivas como peligrosas, darían para desecharlas como un chiste fácil si no fuera porque su influencia en la conducción económica del país nos está costando ya demasiadas vidas acabadas, demasiada tragedia humana, demasiado dolor.

Lo paradójico es que el tema de la hiperinflación y sus causas son de esas aves raras en la disciplina económica donde existe un consenso casi unánime. Las claves están ahí, desde Lord Keynes hasta nuestros días. En nuestra región, por ejemplo, un entrañable y respetado economista boliviano vertió mucha tinta explicando la anatomía del proceso. No hay nada nuevo y todo está dicho: todas las hiperinflaciones modernas tienen las mismas características:

1. Una enloquecida dinámica monetaria, alimentada por un Banco Central sin independencia y dispuesto a imprimir dinero inorgánico de manera ilimitada.
2. Enormes déficits fiscales, sin opciones legítimas de financiamiento.
3. Un entramado de controles y represión financiera, que interactúa perversamente con la locura fiscal y monetaria.

Para recobrar la estabilidad en Venezuela es necesario un programa mínimo para reconstruir los cimientos de estabilidad monetaria. Es impostergable devolver algo de racionalidad a la manera en la que se hace política económica en general y política monetaria en particular. Debe devolverse la institucionalidad perdida al BCV, fortalecer y darle voz a su cuadros técnicos y despolitizar las decisiones de su Directorio. Debe suprimirse el principio de Reservas Internacionales Excedentarias, que permitió el desvío de miles de millones de dólares hacia fondos que el Gobierno utilizó de manera arbitraria, ineficiente y poco transparente, carcomiendo las bases del valor del bolívar. Debe eliminarse progresivamente el financiamiento monetario del déficit fiscal que opera mediante la línea de crédito que el BCV le da a PDVSA, que es la principal fuente de inestabilidad monetaria en Venezuela.

Las monedas incorporan las características de las instituciones que las respaldan. El bolívar es una moneda sin valor, inútil y sin un ápice de credibilidad, algo que dice mucho sobre la percepción que se tiene sobre los responsables de la conducción económica y sus asesores internacionales.

Se nos vino la noche y ellos son los únicos responsables.

Abatir la inflación es una responsabilidad histórica que ha sido postergada por todos los gobiernos de los últimos treinta años. En Venezuela es posible tener una economía con inflación de un solo dígito. Pienso en Chile o en Perú, economías con abundantes recursos naturales sometidas a los mismos choques de la economía de Venezuela, como prueba de que es posible hacerlo.

Venezuela debe navegar hacia el fin de los controles de cambio y de precios, hacia un esquema de política monetaria con un tipo cambio libre y con flexibilidad para adaptarse a las cambiantes condiciones externas, hacia instituciones económicas independientes y altamente técnicas.

Bajo el actual estado de las cosas, es imposible que sean tomadas medidas sustantivas en la dirección mencionada. Los actuales responsables de la conducción del país no tienen ni la capacidad técnica ni la voluntad política para hacerlo. Más aún: aunque lo intenten, es virtualmente imposible que tengan la credibilidad suficiente para tener éxito.

La única salida que le queda a Venezuela para superar la coyuntura actual es un cambio de rumbo. Un cambio real. No sólo un cambio de políticas, sino un cambio de los responsables de la conducción de dichas políticas.

Eso, o la noche será larga.

Omar Zambrano 

Comentarios (13)

juan J. Perozo P.
30 de noviembre, 2016

¡EXCELENTE! Ojalá que este artículo tuviese una difusión masiva

Jorge Saleh
30 de noviembre, 2016

Será larga: no solo se están jugando un cargo, sino la inmunidad que este conlleva cuando el lucrativo negocio de la droga esta en curso con los recursos del Estado. No les importará colocar a los treinta millones de habitantes en un paredón con tal de salvarse. La verdadera pregunta es ¿Lo permitiremos a cual Cuba durante décadas?

Aurelio, Useche
30 de noviembre, 2016

Muy buen artículo. Solo observo que aplicar progresividad en disminuir la asistencia del BCV a financiar l déficit fiscal, es inconveniente. En Venezuela todo qu es progresivo termina por permanente. Hay que hacer el ajuste de una vez. Sin asistencia financiera del IMF y otros Bancos CENTRALES ES IMPOSIBLE UN AJUSTE.

Diógenes Decambrí.
30 de noviembre, 2016

Y en lugar de colocar en la mesa de diálogo como lo primordial, el respeto al ejercicio del DERECHO CONSTITUCIONAL A REVOCAR A UN PÉSIMO FUNCIONARIO ELECTO, la MUD siguió la agenda del Oficialismo, que buscaba precisamente que ese punto del REVOCATORIO no fuese prioritario y se pospusiera hasta que ya no le pudiera hacer daño al TITANIC rojo, que puede soltar media docena de “personas detenidas” y “aceptar” que se produzcan los piches cambios de dos rectores en el CNE, a sabiendas de que siguen anulando a la AN con su bufete TSJ, y cuando les provoque encarcelan dos docenas de opositores, para satisfacer sus ansias de reprimir y demostrar que tienen la sartén por el mango, aunque toda la cocina se está hundiendo. ¿No se habrían resuelto los problemas inmediatos de presos políticos, saneamiento de los Poderes, y cualquier otra minucia pendiente, si a la mayor brevedad hubiéramos colectado el 20% y de inmediato realizado el REVOCATORIO, ESTE AÑO? ¿Utilidad del diálogo para la Oposición?

Esms
30 de noviembre, 2016

Excelente artículo que de una forma clara y con redacción impecable nos muestra las enormes dificultades en que estamos hoy día, y de las que sólo con un gran esfuerzo y convicción podremos salir. Ya pasaron los tiempos en que la gran mayoría de los venezolanos pensaba que el nuestro era realmente un país rico. Nunca lo fué realmente, pues es la gente educada y de principios morales y éticos la que con su esfuerzo diario y tesonero hace ciertamente rico y grande a un país. No tuvimos ni tenemos la fortuna de serlo, y con la siembra que hemos hecho sólo nos espera una pésima cosecha. Así las cosas, tendremos que ponerle todo nuestro esfuerzo a la educación y formación integral de nuestros jóvenes en base a principios de esfuerzo, solidaridad, honradez y transparencia, y no sólo a una instrucción a medias. No habrá milagros gratis. El milagro grande lo harán poco a poco las mentes comprometidas y manos callosas de los venezolanos honestos dispuestos a rescatar a este bello país.

Ricardo Matheus
1 de diciembre, 2016

Ciertamente sufrimos los efectos perversos de aquel primer millardito. Sólo faltó para completar la inseparable corrupción. Si bien es cierto que la “Doctrina” aplicada ha sido la responsable de la destrucción del sistema económico, la corrupción ha sido el cataclismo de la institucionalidad. Que no quede piedra sobre piedra parece ser el lema que define sus acciones. Desde el comienzo, en aquellos días del pre-gobierno, cuando enarbolaban las ideas de Simón Rodríguez, el presagio siempre fue atraso…vuelta al pasado pero negado a ver las ideas del presente y peor aún las que representan un mejor porvenir. Se puede ser ingenuo y aprender a abrir los ojos ante el mal, se puede ser ignorante y aprender de los errores. Pero hemos presenciado el actuar de los deshonestos que no redimen. Las consecuencias de sus acciones y peor aún de sus ideales, ha sido la destrucción moral no sólo de las instituciones sino de la sociedad.

Oswaldo Fernández Daal
1 de diciembre, 2016

Lo mejor que pueden hacer los”sabiondos que comprenden” ese jeroglífico incomprensible para las grandes mayorías de los venezolanos, es explicarle al pueblo por el método del “Pre-Kinder”. ¿Estamos de acuerdo, señores sabios”. Gracias por su atención

Alan Castillo
1 de diciembre, 2016

Realista, Pertinente, ilustrativo y muy doloroso, para lo que amamos a este tierra y su gente….es un análisis que debe ser compartido en todo el mundo y en todos idiomas, para que conozcan como se destruye un país.

chui5000
1 de diciembre, 2016

salu2. Sin una nueva moneda respaladada en algun valor fuerte la economia venezolana no tendra solucion. REforma LIBERAL de la economia, hay que liberar los precios, los salarios y los horarios. Vapulear el seniat y toda la parafernalia fiscal y parafiscal. Eliminar la decadente ley OTTT. Y Meter presos a merentes y compañia

Vitaliano G.
1 de diciembre, 2016

La noche será larga… por desgracia…

Alberto
2 de diciembre, 2016

Este articulo lo estaba esperando desde hace tiempo. Diste en el clavo. Gracias por esta informacion.

Si consigues estadisticas seria bueno otro articulo.

Gracias!

Eduardo Berrizbeitia
2 de diciembre, 2016

Excelente artìculo, felicitaciones al autor. Fàcìl de leer y de entender. Por supuesto que los tres ùltimos pàrrafos son absolutamente acertados. Nadie cree en este gobierno, no tiene capacidad ni tampoco voluntad,

Andres
2 de diciembre, 2016

Buen punto, si el dolar paralelo es ilegal, por que los comerciantes lo usan? esto es una sociedad de cómplices, los comerciantes y empresarios, deberían asumir su responsabilidad y no usar ese dolar. Q si se quedan sin actividad, bueno q protesten, q hagan paro. Que proporción de la economía opera con el paralelo? para el gobierno, no existe, para los comerciantes existe, para las personas existe, pero se quedan callados, son cómplices del desastre.. cómplices de los inventos del gobierno..

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