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El efecto Trump; por Flaviana Sandoval

Fotografía de Greg Allen / Invision / AP

Fotografía de Greg Allen / Invision / AP

Cuando el magnate de bienes raíces anunció su candidatura a la presidencia, muchos analistas la subestimaron y especulaban que la presentaba para ganar visibilidad ante una audiencia nacional. No obstante, desde el primer debate republicano del ciclo, emitido por Fox News en agosto de 2015, era el favorito del partido según los sondeos. La pregunta que inundaba las columnas de opinión era: ¿cuándo caerá Donald Trump? Pero muy pronto pasó a convertirse en ¿existe alguna manera de detenerlo?

Sus logros políticos van más allá de sus resultados electorales: ha conquistado y movilizado una importante base de votantes de diversos sectores económicos y sociales; ha marcado en gran medida el tono de la carrera presidencial del lado republicano y a pesar de la poca simpatía que le inspira a muchos de los grandes medios de comunicación, ha recibido una cobertura de enormes dimensiones.

¿Quiénes son los votantes de Trump?

Donald Trump ha logrado formar una coalición de votantes con características muy diversas, unidos en torno a un mensaje que se basa en la supremacía nacional dentro de la geopolítica global y la promesa del retorno a la época dorada del país norteamericano.

De acuerdo con un trabajo del diario The Wall Street Journal, uno de los principales rasgos que unifica a quienes apoyan a Trump es una gran ansiedad alrededor del tema económico. 60% de estos votantes tiene ingresos por debajo de los 75 mil dólares al año; 55% son escépticos respecto a las ventajas del libre comercio, y un elevado 81% responde a preocupaciones en relación a la competencia económica desde el extranjero y considera que la inmigración es negativa para el país.

Un dato interesante, que explica lo que podría ser una de las razones más poderosas del ascenso de Trump, es la expectativa de liderazgo de parte de sus votantes. De acuerdo con el estudio, el 60% de la base electoral del magnate pone el énfasis en un liderazgo fuerte y considera que defender las convicciones personales está por encima de la búsqueda de cualquier consenso, una tendencia que es totalmente inversa dentro de los votantes del establishment: para el 67% de ellos, negociar y encontrar terrenos de común acuerdo es más importante que mantener posturas individuales.

Hablamos con partidarios de Trump, de distintos lugares de Estados Unidos, para conocer qué los ha motivado a apoyar al favorito republicano.

No más política

“Donald Trump no es un político. Es un hombre de negocios que tiene que ejecutar para comer. Los políticos no tienen que hacer nada excepto reelegirse, y después pueden endilgarle la culpa a alguien más”. Esto es lo que dice Paris Wilson, del estado de Virginia Occidental, sobre cuál es el rasgo que más le atrae del favorito republicano.

Como ella, muchos otros se han sumado al movimiento encabezado por el magnate neoyorquino, movidos fundamentalmente por un gran desencanto en torno a la política tradicional, y a lo que consideran un sistema corrupto en el que los políticos solo se mueven por dinero e intereses ocultos, en lugar de luchar por el bienestar de la gente. En el 2016, pertenecer a la esfera política es una desventaja.

Para Craig Jones, de Ohio, la diferencia entre Trump y sus competidores es simple: “Donald Trump es un hombre de negocios; él habla y toma acciones para ejecutar sus ideas. Los demás candidatos son políticos: hablan y hablan, pero nunca toman acciones, y esto se ha demostrado desde que asumieron sus cargos. Donald Trump es un unificador, y eso se sabe porque para ser un hombre de negocios exitoso es necesario serlo. Los otros candidatos dividen. Así es como ganan elecciones, con base en un pequeño electorado que sus encuestas les dicen que necesitan para ganar”, afirma.

El fenómeno Trump parece también estar impulsado por una sensación de crisis inexorable que ha servido de caldo de cultivo para este sentimiento anti-política. “¿Qué han hecho los políticos experimentados por el país?”, se pregunta Josh Dill. “Ellos fueron los que nos trajeron a este desastre. No hay nada que tenga un político que Trump no tenga. La diferencia es que él no tiene a nadie controlándolo. Creo que el no tener experiencia como político es su punto más fuerte”.

Josh tiene 35 años y vive en el estado de Ohio. De día labora en un taller de carpintería propio haciendo trabajos por encargo. De noche es repartidor de Flyers Pizza, una de las cadenas de pizzerías más grandes de Ohio. La jornada de trabajo en el taller comienza a las 6 am y la pizzería recibe pedidos hasta las 11 pm. Luego de la última entrega, Josh ayuda a limpiar y ordenar el restaurante, lo que normalmente abarca hasta alrededor de la 1 am. En promedio, trabaja entre 80 y 100 horas a la semana.

No tiene seguro médico desde hace 8 años y explica que no puede costear los precios del Obama Care (el servicio de seguridad social de la administración Obama). De hecho, Josh es un demócrata desilusionado de su partido. “Voté por Obama dos veces, y quedé muy decepcionado”, dice, y continúa explicando: “Prometió cambio, dijo ‘sí podemos’. Nada ha cambiado, excepto el valor del dólar”.

El clamor de “no más política” pasa por el rechazo a los partidos y de allí escala hasta lo que ha sido un elemento central en la campaña de Donald Trump: la batalla contra lo políticamente correcto. Paris Wilson considera que los partidos debieron ser disueltos después de la Guerra Civil y cree firmemente que con Trump como presidente, “los americanos verán lo dañino y sin sentido de los partidos”. Al confesar que por primera vez votará con plena confianza en su candidato, Josh Dill asegura: “siempre he votado por el partido, pero no esta vez. Esta vez votaré por la persona”.

Con su retórica directa, carente de filtros, Donald Trump ha configurado una imagen de sí mismo como el candidato brutalmente honesto que no teme reconocer las verdades incómodas, sin importar a quién le duela. “Lo que más me gusta es que dice lo que muchos de nosotros pensamos. No es políticamente correcto”, explica Sabine Durden, habitante de California, “No dice cosas solo para complacer a la gente. Dice las cosas como son. Y creo que es por eso que tiene tantos seguidores, porque es directo, simplemente dice lo que pensamos”.

Lo que para algunos es una retórica inflamatoria y divisiva, para quienes siguen al favorito republicano es un discurso que responde a los momentos difíciles que vive el país y que además hace eco de un sentir generalizado en Estados Unidos. En palabras de Josh: “Donald Trump no es políticamente correcto y dice lo que todos hemos estado gritando por años”.

¿Ideología o pragmatismo?

Aunque Donald Trump no es visto como un político tradicional, sí tiene un récord previo a su exitosa candidatura presidencial, y de hecho, no es la primera vez que intenta entrar en la política. En 1999, el magnate neoyorquino debutó en la contienda por la nominación del Partido Reformista para las elecciones presidenciales del 2000, pero retiró su candidatura luego de las primarias en el estado de California, donde obtuvo apenas 15.000 votos. En el año 2012, nuevamente el millonario coqueteó con la idea de lanzarse a la presidencia, pero su asociación con un movimiento que en aquel entonces cuestionaba la nacionalidad del presidente Barack Obama le restó credibilidad y puso punto final a sus aspiraciones políticas para ese año.

Una pieza de publicidad para televisión creada por un nuevo súper PAC, que se unió bajo el objetivo de detener el avance de Trump en la carrera presidencial, analiza la consistencia política del favorito republicano, recogiendo entrevistas y declaraciones del magnate, que abarcan desde 1999 hasta 2015. La evidencia señala la posición liberal del candidato respecto a varios asuntos, muy lejos de la ideología tradicional conservadora del Partido Republicano.

Para lanzar su candidatura en 1999, Trump se unió al Partido Reformista porque, en sus propias palabras, los republicanos estaban “demasiado locos”. En el año 2000 dijo: “odio el concepto de las armas”, argumentando en contra del porte de armas apoyado por los conservadores. Cuatro años después, en 2004, manifestó que se identificaba más con los demócratas que con los republicanos, y en una entrevista con CNN en el 2007, aseguró que Hillary Clinton era la persona más capacitada para realizar un trato con Irán.

Tal parece que los partidarios de Trump se sienten más llamados a apoyar al candidato por su tono y fuerza en el discurso que por el récord de sus posturas políticas. La mayoría simplemente busca un outsider ajeno al mundo de la política, con la firmeza necesaria para poner fin a lo que consideran una crisis terminal. Poco importa aquí el historial ideológico.

Mike Rotondo, hijo de padres cubanos que emigraron a Estados Unidos en 1957, explica que la deuda externa y la inmigración masiva son los dos problemas fundamentales que en su opinión enfrenta el país. La promesa de una solución de raíz a estos problemas lo llevó a apoyar a Donald Trump, por encima de cualquier ideología. “No importa lo que diga, no importa si dice que los musulmanes no podrán entrar al país. No nos importa eso”, afirma Mike. “Lo único que nos importa es que va a construir el muro, va a deportar a los ilegales y va a traer la economía y la inmigración masiva bajo control. Eso es todo lo que nos importa. Y es por eso que Trump dice lo que sea y no pierde ninguna elección”.

Esta opinión es compartida por Sabine Durden, cuya historia personal la ha llevado a involucrarse a fondo con el tema de la inmigración ilegal. Su hijo Dominic perdió la vida en un accidente de tránsito en 2012, a los 30 años de edad, cuando lo golpeó la camioneta que conducía Juan López Tzun, un inmigrante ilegal guatemalteco.

López, quien para entonces tenía 24 años, había permanecido en el país de forma irregular por alrededor de ocho años. Tenía antecedentes penales por un robo a mano armada en 2008, y dos convicciones previas por conducir en estado de ebriedad. El día que murió Dominic, López servía su quinto año consecutivo de libertad condicional por estos delitos.

“Cuando escuché a Hillary Clinton y Bernie Sanders hablar de lo que harían respecto a la inmigración ilegal, al día siguiente fui al registro electoral y me cambié al Partido Republicano”, cuenta Sabine, quien ahora apoya a Donald Trump, por considerarlo el único candidato verdaderamente dispuesto a enfrentar el problema con soluciones prácticas. “Donald Trump ha sido muy exitoso en los negocios, sabe de qué está hablando, sabe cómo hacer tratos increíbles con otros países. ¿Por qué no darle una oportunidad de mostrar lo que puede hacer?”, concluye Sabine.

Un best seller en los medios 

El favorito republicano se ha destacado –entre otras cosas– por marcar la agenda y los debates de las primarias republicanas con sus controversiales propuestas. Puso sobre la mesa el problema migratorio con México diciendo: “Están enviando gente que tiene muchos problemas, y traen esos problemas consigo. Traen drogas, traen crimen. Son violadores. Y algunos, asumo, son buenas personas”. Del mismo modo, quiere facilitar los mecanismos para poder demandar a los medios de comunicación por difamación.

Los analistas mencionan que la regla dorada en materia de finanzas políticas es que cerca del 80% del capital de las campañas va dirigido a todas las formas de publicidad. Pero en el caso de Trump, esto no ha sido necesario. Su inusual carácter lo ha llevado a las portadas de las revistas y al horario estelar de los noticieros, sin tener que pagar grandes cantidades por publicidad.

Marci Ryvicker, de la multinacional bancaria y mercado de valores Wells Fargo, sigue de cerca el gasto de las campañas políticas desde Wall Street. Su trabajo es analizar las tendencias del mercado de la publicidad durante el período de elecciones. De acuerdo con ella, este año el gasto en publicidad del total de las campañas podría superar los 6 mil 500 millones de dólares.

El 18 de septiembre de 2015, Donald Trump le dijo al New York Times que planeaba gastar 15 millones de dólares en publicidad, pero que decidió no hacerlo porque los medios lo estaban cubriendo más de lo esperado. “He tenido tanta publicidad gratuita; no es algo que esperaba. Cuando miras televisión por cable, muchos programas están dedicados 100% a Trump. Entonces ¿por qué necesitaría más Trump en las pausas comerciales?”.

No solo Trump se ha beneficiado de su éxito mediático, sino que el área comercial de los medios de comunicación ha tenido un éxito sin precedentes. El segundo debate republicano televisado por CNN tuvo el rating más alto en la historia del canal, cuando alcanzó los 23 millones de televidentes.

Lo impresionante es que el gasto en comerciales de televisión no ha guardado una correlación directa con los números en las encuestas. Mientras que Donald Trump ha tenido menos publicidad al aire que Jeb Bush, Marco Rubio y Ted Cruz, es el favorito en las encuestas nacionales.

Media Matters, organización sin fines de lucro que monitorea y analiza información presentada en medios de comunicación, sostiene que Fox News, en la segunda mitad de 2015, le ha dado al candidato Donald Trump cerca de 23 horas al aire, mientras que otros candidatos no han recibido más de 10 horas. El tiempo de transmisión dedicado al magnate se calcula en alrededor de 29.7 millones y ha alcanzado una audiencia de más de 306 millones de personas.

Se busca líder

Para Matthew MacWilliams, fundador de la firma de comunicación política MacWilliams Sanders, y candidato al doctorado en ciencias políticas de la Universidad de Massachusetts Amherst, el valor que tienen en común la mayoría de las personas que apoyan a Donald Trump, es la inclinación hacia una conducta autoritaria. En un artículo publicado en el portal Vox.com, MacWilliams describe el autoritarismo como una visión del mundo en la que se valoran el orden, la conformidad, la protección y preservación de las normas sociales, y se desconfía de quienes están fuera del grupo.

Según la investigación de MacWilliams, la base electoral de Trump reúne muchas de estas características: tienden a ver el mundo en blanco y negro, son inflexibles y rígidos en su forma de pensar, y una vez que han llegado a una conclusión determinada, es muy difícil que cambien de parecer.

En un sondeo en Carolina del Sur, el investigador encontró que 57% de las personas a favor del favorito republicano tomaron su decisión de voto con al menos un mes de antelación. Más de la mitad de estos votantes tuvieron una identificación del 75% con los rasgos propios del autoritarismo según la escala de valoración de MacWilliams. Esta misma tendencia se repite en la investigación a nivel nacional.

 “Los individuos con inclinación hacia el autoritarismo demuestran miedo hacia ‘el otro’ y una disposición a seguir y obedecer a líderes fuertes”, explica el académico. “Donald Trump es el líder que están listos para seguir”.

Y efectivamente, muchos de quienes apoyan a Donald Trump evalúan positivamente lo que consideran es un liderazgo fuerte de parte del candidato, que se refleja en su mensaje y en su forma de hablar. “Creo que necesitamos un líder fuerte que no se deje presionar por nadie. Alguien que pelee por lo que es correcto y justo”, dice Josh Dill, y asegura que Donald Trump “no tiene miedo, como debe ser un líder”.

Paris Wilson ve en Trump una transformación radical en la forma en que se entiende el liderazgo público en Estados Unidos. “Después de que tengamos ocho años viendo al gobierno manejarse como un negocio y viendo a los líderes hacer lo que dicen, un nuevo tipo de líder americano surgirá”, dice, y continúa explicando: “simplemente porque muchos que nunca pensaron en la política debido al dominio de los partidos, verán cómo Trump lo hizo y se darán cuenta de que ellos pueden hacerlo también”.

Los tiempos duros exigen un liderazgo duro, y Donald Trump supo predecir la demanda y convertirse en la oferta perfecta. “Hay personas que son asesinadas cada día: decapitadas, quemadas vivas, ciudadanos americanos que son asesinados por inmigrantes ilegales”, dice Sabine Durden, “la gente tiene que dejar de ser tan suave. El tiempo de ser políticamente correcto y tratar los asuntos con guantes de seda terminó”.