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Diez lecciones de principios de marzo de 2013, por Rafael Osío Cabrices

Mientras esperamos certezas y seguimos recibiendo, en cambio, más misterios; mientras nos hacemos y nos volvemos a hacer dolorosas preguntas sobre el pasado, el presente y el futuro, van estos diez apuntes escritos con más angustia que certidumbre, con la esperanza de que sirvan de algo. Todos discutibles, todos provenientes de una perspectiva estrictamente personal. No llevan orden de importancia ni pretenden ser más que, con suerte, catalizadores de más discusión.

1

40 años de gobiernos de AD y Copei dejaron a demasiada gente fuera del ideario de la modernidad republicana. Y no me refiero solo a la muchedumbre chavista que recoge en sus celulares del siglo XXI un ceremonial luctuoso que parece del siglo XIX pero que tiene muchos ejemplos en el XX. Si AD y Copei no hubieran dejado a medias –por decir lo menos- el trabajo de convertir Juan Bimbas en ciudadanos demócratas, no estuviéramos presenciando el espectáculo de una multitud de gente llorando a un militar como si hubiera sido un rey. Sé que 40 años es poco tiempo para una tarea de esa envergadura, pero creo que no podemos atribuir solo a 14 años de chavismo la intensidad y magnitud del fervor de esos millones de dolientes.

2

Habrán despreciado hace años al difunto Ceresole, pero el funeral de Chávez se rigió por su ecuación caudillo-ejército-pueblo. Del Hospital Militar a las calles del oeste de Caracas y de ahí al Paseo de la Nacionalidad. No hay en la ciudad una instalación mayor para albergar un evento solemne de esas características, pero eso tampoco es casualidad: la privilegiada infraestructura que el Estado les construyó a los militares nos recuerda cada día cuán vivo estuvo siempre el militarismo. El hombre que trajo a los uniformados de regreso al poder fue velado en su templo mayor, rodeado de una iconografía que en unos cuantos casos es indudablemente fascista (las estatuas de próceres entre los monolitos son de dos escultores que trabajaron para Mussolini), y en esos minutos que pasaron antes del inicio de la capilla ardiente, la imagen de la bandera en la transmisión televisiva se fundía con fotos de Chávez y tomas de soldados desfilando, o de botas sobre los pasillos de la academia. Venezuela = Chávez = Ejército.

3

La prolongación del funeral de Chávez maneja el dolor y, por el momento al menos, calma las cosas. Al país no le conviene el régimen chavista, culpable –aunque aún no juzgado, y tampoco culpable único- del deterioro económico e institucional en los últimos 14 años de lo que pudo haber sido una república funcional y mucho más próspera, aunque muy lejos de la fantasía nostálgica que cierta oposición cultiva todavía. Pero tampoco le conviene un cambio brusco, saludado por una oleada de saqueos.

4

Si bien el régimen de los herederos ha prevenido desórdenes, al menos hasta la tarde del 9 de marzo, también ha desplegado el discurso que los justificaría si estallan en contra de personas y espacios considerados opositores. Con esa reunión del “directorio político-militar” que sirvió como amenazante antesala al anuncio del deceso, el régimen de los herederos entregó a su gente la interpretación de la causa de la caída de su caudillo, para que la utilizara cuando llegara la noticia: a Chávez lo mataron sus enemigos, o sea, el abstracto imperio y la más tangible oposición. No es una bomba de tiempo, pero sí una mina antipersonal, que puede explotar si la oposición la pisa en el camino hacia el poder.

5

No veo ningún indicio para esperar algo positivo del régimen de los herederos. Al contrario: creo que será más agresivo que el de Chávez. Sin el carisma del caudillo, tendrán más cerca la tentación represiva; si en efecto los recursos del Estado chavista han menguado, pues con más razón. No encuentro elementos, ante el actual orden de cosas, para esperar de ellos un gobierno más moderado. En lo que sí puede distinguirse es en su ambición ideológica: sospecho que será un gobierno más concentrado en una agenda populista y autoritaria de preservación del status quo interno, que en la propagación de la revolución mundial o en la construcción del “Estado comunal”. Mantendrán su retórica, pero se ocuparán, sobre todo, de defender lo que tienen en vez de buscar lo que todavía no han conseguido.

6

Ni veo ningún indicio para avizorar algún cisma próximo entre Cabello y Maduro; hasta ahora, la presunta intención de Cabello de hacer tienda aparte ha sido una especulación. Ojalá me equivoque, pero leo cada profecía de una escisión a instancias de Cabello como un gesto de wishful thinking del lado opositor, sin suficiente asidero en la realidad comprobable. Veo a Maduro y a Cabello cómodos trabajando juntos. ¿Por qué se emprendió todo este enredo con la Constitución y no terminó Cabello asumiendo la presidencia interina, con Maduro tranquilo en su rol de candidato? Presumo que para que Maduro hiciera su campaña del mismo modo en que las hizo todas Chávez: desde la Presidencia, entregando casas, créditos, misiones. Cabello luce cómodo, entre tanto, en su rol de bully mayor.

7

También tengo claro que el alto chavismo está desesperado por transmitir cohesión. No diría que porque tiene miedo, sino porque hoy, como siempre, trabaja duro por el mantenimiento del poder. De ahí los continuos saludos a los militares y el mostrarse con ellos en todo momento, llevándolos incluso a la Asamblea Nacional a presenciar la juramentación de Maduro. El alto chavismo civil y el alto chavismo militar nos dicen todo el tiempo, tanto a su gente como a los demás, que están unidos, y que la FANB sigue siendo chavista. ¿Cuán cierto es eso? El tiempo lo dirá, pero en este momento no veo indicios para pensar que estén lejos de la verdad.

8

La masa chavista sigue insultando a quienes percibe como enemigos y parece creer, por el momento, en Maduro. Es una masa grande y poderosa: es difícil pensar en un momento en el que los pobres, en tanto electorado y base política, hayan tenido tanta influencia sobre el rumbo del país. Creo que lo saben y creo que eso es parte del agradecimiento que entre ellos existe hacia Chávez.

9

La masa antichavista, entre tanto, se mantiene en su enorme inseguridad sobre qué hacer y a quién seguir. Prosperan dentro de ella las voces que alientan el arrepentimiento en cuanto a haber dado a Capriles y los moderados como Aveledo la oportunidad de liderar la oposición; los radicales, que nunca han logrado nada, trabajan duro para recuperar su influencia. El alto chavismo lee todo esto con claridad y sigue aplicando el método que tan buenos resultados le ha dado desde 2002: hacer escandalosamente visible la inexistencia de la separación de poderes para que el electorado opositor regrese al abstencionismo.

10

El país está entrampado. Entrampado el régimen de los herederos en la retórica que construyó y en el esquema de la polarización: tendrá que ser más radical que Chávez, porque cualquier signo de moderación será visto como amenazante por una multitud que debe estar preguntándose si, muerto el caudillo, las cosas cambiarán para ella. Entrampada la oposición en la obligación de seguir luchando sin tener cómo ganar, por el momento, nada, o casi nada. Y entrampada la sociedad en un pantano de sobornos –desde las misiones hasta el dólar a 6,30- , amenazas –de persecución judicial, de ataques del malandraje, de saqueo, de expropiación y un inmenso etcétera- y fanatismos –de lado y lado- , que mantiene muy lejos el fin, o siquiera el atenuamiento, de la polarización, la conflictividad, la incertidumbre y la baja gobernabilidad. Es un juego trancado. ¿Cómo se destranca? ¿Cómo salimos de la trampa? Puede que la economía lo haga, a un costo que pagaremos todos. O que lo hagan elementos de la ecuación que no son visibles en el presente. Es obvio que el liderazgo político democrático debe proveer esas respuestas. Las personas comunes no tenemos por el momento otro camino que sobrevivir, esperar, y ver las cosas como son, no como nos gustaría que fueran.

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09/03/2013