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Ben Williams, El Maestro; por Diego Fonseca #LosÁrbitrosDeBrasil

Por Diego Fonseca | 29 de junio, 2014

Ben Williams, El Maestro 640

Es, casi, un meme: Albert Camus dijo que el fútbol le enseñó cuanto sabía de moralidad y obligaciones de hombre. Hay en la asociación colectiva alrededor de una pelota indiscutibles enseñanzas sobre solidaridad y compañerismo para alcanzar una meta. El fútbol enseña mucho y bien a manejar los tropiezos y derrotas. En sus charlas para ejecutivos, el ex campeón del mundo y técnico del Real Madrid, Jorge Valdano, suele trazar infinidad de paralelos narrativos entre los clubes y la organización de las empresas. Uno de los entrenadores más didácticos, Oscar Tabarez, fue maestro de tres escuelas primarias de Uruguay. Por eso no debiera sorprender que árbitros como el estadounidense Mark Geiger o el australiano Ben Williams enseñen, también, en las escuelas.

En Australia y Estados Unidos el fútbol tiene buen pie entre los niños y los adolescentes y Ben Williams lo ha enseñado en Canberra, en el sureste australiano, donde es profesor de Educación Física y Salud, Educación al Aire Libre y Bienestar Estudiantil de la Belconnen High School de Hawker. Cuando lo nominaron para Brasil 2014, los estudiantes le echaron porras, ganas, emoción: no cualquiera envía al profesor que enseña a patear el balón a pitar a Messi, Neymar y otros marcianos cuyas jugadas aprenden. Williams —Canberra, abril 14 del ’77— es uno entre varios referís con poca experiencia internacional provenientes de ligas poco competitivas de Asia, África o América Latina, favorecidos por la política de cupos para minorías futbolísticas de la FIFA. En la misma situación están árbitros discutidos como el neocelandés Peter O’Leary o uno de los mejor rankeados a nivel internacional, el uzbeko Ravshan Ermatov.

Dirigir en las ligas del fin del mundo es una experiencia que no se ve entre equipos de Champions League. El árbitro hace equilibrio entre seguir el juego by the book, mediar entre jugadores ralos de técnica y gordos en expectativas y una angustiante escasez de medios. En una ocasión, El Maestro Ben debió arbitrar en Tashkent un partido entre el local, Uzbekistán, y Australia. Sin vuelos directos, el viaje duró cuarenta horas y, para cuando aterrizó, la capital uzbeka estaba en medio de una tormenta gélida, tapada de hielo a diez grados bajo cero. El campo tenía medio metro de nieve que una docena de ancianas barrían con viejas escobas de paja. El partido tuvo por espectadores a cien personas y doscientos policías y guardias de seguridad. Al término, El Maestro Ben llegó al hotel y recibió de cena un suculento pedazo de lomo de caballo. “Soy muy afortunado de vivir estas experiencias”, dijo cuando le preguntaron por enjuiciar en la clase turista del fútbol.

Para muchos de esos árbitros —y jugadores— del fútbol menor, participar de la Copa del Mundo es un sueño Disney vuelto realidad. El mismo Ben Williams ha contado que tiene el mejor asiento de la casa para ver cada partido. Hay algo simpático tanto en la alegría contenida como en la marcialidad exagerada con que toman decisiones muchos referís formados en los extramuros del gran juego. Quieren probar que pueden y a veces exageran la nota y sancionan con exceso. O, por la otra vía, se esfuerzan para ocultar al fan que quisiera pedirle su firma en la camiseta a la estrella del año. Cuando entró a arbitrar a Holanda, la prensa británica vio al referí de Gambia Bakary Gassama tan entusiasmado como uno de los niños de Fair Play que acompaña a los jugadores para los himnos. ¿El lugar en el fútbol de Ben Williams? “Una de nuestras frases preferidas”, dice, “es ‘espera lo inesperado’”.

Cuando supo que estaba preclasificado para Brasil 2014, El Maestro Ben regresó a la excitación de sus años mozos. Estaba en el hotel tras arbitrar un partido en Dubai por la Liga de Campeones de Asia cuando, en plena madrugada, tomó la llamada de un amigo de Australia que le informó que la FIFA lo tenía en mente para el Mundial. Los asistentes llegaron unos segundos más tarde en pijamas, corriendo por los pasillos con las pantallas de sus celulares iluminadas con un mensaje de texto similar. Los tres se abrazaron a los saltos, gritaron como ganadores del premio gordo y, sin demora, atacaron el minibar como adolescentes en viaje de fin de curso. Algo borrachos y muy felices, recién se durmieron en el vuelo de regreso a Canberra, en algún punto por encima del Océano Índico.

En «Waking Ned Devine», un pequeño pueblo británico hace triquiñuelas para cobrar el millonario billete de uno de sus habitantes, que murió después de recibir la noticia de que era el ganador de la lotería. Los árbitros deben evitar su muerte deportiva cuando el ticket premiado los pone en la Copa del Mundo. Ya no son cuarentones fumadores como cuando hasta los futbolistas jugaban con la panza llena del whisky de la parranda del sábado. Ahora son atletas que conocen la ecuación del negocio: sin oxígeno, el cerebro no ve el penal a dos metros de distancia —un error crítico para referís cuyo futuro depende de cada partido. El Maestro Ben cumplió con el mandato de la FIFA para estar a la altura de los acontecimientos, así que por dos años cambió el sofá de la sala por el gimnasio, las pistas y los campos bajo la lluvia y el frío. Gastó dinero de sus ahorros y millas y viajó a varios campos de entrenamiento ubicados en distintos climas de Australia. Puso la cabeza en manos de psicólogos deportivos y, en vez del PS3, se preparó para los tests con la trivia de la FIFA “Las leyes del juego”, adivinando los offside en partidos virtuales en la TV familiar. Williams tomó una licencia y renunció a seis meses de salario en la escuela para ser un mejor referí y evitar parecerse a Ned Devine, un premiado muerto antes de tiempo. Tanto vale el cielo del referato. “Es un poco extraño ver que tu quincena viene llena de ceros, pero es un sacrificio que vale la pena para una oportunidad que tienes una vez en la vida”, dice el ganador viva de la lotería de la FIFA.

Técnicos como Louis Van Gaal son duros con los referís de ligas pequeñas en grandes partidos, a quienes parecieran suponer monos con ametralladoras sueltos en un centro comercial. El Maestro Ben, que no entra en la categoría de árbitros aceptables para el holandés explosivo, vive con esa demoledora conciencia de que cada partido es un examen final. “Una decisión puede terminar una carrera”, dijo antes del Mundial. Mal para su legajo, el arribo de Ben Williams a Brasil 2014 llegó precedido por un boletín de malas notas. En la A-League, el campeonato australiano, y la clasificación asiática a la Copa del Mundo, ha acumulado tensiones. Rojas apresuradas y faltas inexistentes están en la primera línea de las reprobaciones. El mejor árbitro de Australia durante 2013 expulsó dos jugadores de Malasia cuando se jugaba la clasificación a Brasil 2014 contra China. Malasia quedó fuera de la discusión y su técnico pidió a Ben Williams bien lejos de toda pizarra. “Nunca he visto un referí así en el mundo”, dijo Rajagobal Krishnasamy. “Algo anda mal con él: debiera buscar ayuda médica”.

El Maestro Ben dice ser maestro hasta en el campo. Conversa el partido, explica las decisiones. Se ha convencido de que es un facilitador, como en sus clases. Gusta crear una relación cordial con los equipos desde el comienzo, porque eso es dinero en el banco cuando el juego se hace volátil. Es la cancha como un aula: fíjense las reglas de comportamiento para que cada jugador, una especie de alumno en probation, elija de qué modo quiere pasar el día. Ben Williams disfruta los partidos donde todos pueden reír un rato, pero si las cosas queman echa mano pronto a las tarjetas —en Australia, en promedio, envía un jugador a las duchas cada 270 minutos. Cuando toque, no tirará toda la artillería sobre un jugador enojado, porque sabe que aumentará la tensión: serenidad y confianza, dice Ben Williams, que todos se calman con el tiempo. Eso, y lo que un buen muchacho de pueblo sabe bien —no hay sustituto para el trabajo duro— son sus reglas para mantener la pax romana del campo de juego. El Maestro Ben aprendió de su padre que nadie hará el trabajo por ti y que mejor te prepares siempre para aprender. “No trates de ser quien no eres, pero trata de crear nuevas estrategias que te acomoden”, aconseja con tono de maestro de aula y cancha. “Y sobre todo, disfruta el partido porque, después de todo, por eso estás ahí”.

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Ben Williams es un árbitro de Australia en Brasil 2014.

Diego Fonseca Diego Fonseca  (Argentina, 1970) es periodista y editor. Autor y editor de Hamsters, Crecer a golpes, Sam no es mi tío y Hacer la América. Síguelo en Twitter en @DiegoFonsecaDF

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