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Ana Teresa Torres: “La democracia no puede ser un recuerdo de la abuelita”; por Hugo Prieto

Ana Teresa Torres retratada por Roberto Mata

Ana Teresa Torres retratada por Roberto Mata

El trasfondo del día de hoy no es precisamente el entusiasmo. Vamos a unas elecciones que plantean más desafíos y retos que otra cosa. La tarea no termina al caer la noche, más bien comienza. Una vez que el resultado refleje el mapa político que se traza en las urnas.

Lecturas ha habido y se han escrito páginas enteras. En esta ocasión habla Ana Teresa Torres, cuya visión pone al descubierto varias cosas. Todas ellas inquietantes y de una significación imperdible. Se ha naturalizado el control social. El régimen ha demostrado, no una, sino varias veces, que puede desactivar el voto. ¿Lo hará una vez más? “El tiempo se acorta”, dice la escritora. “Si vuelve a ocurrir la desmoralización va a ser demasiado intensa”.

A propósito de lecturas, Ana Teresa Torres, cita la gran novela de George Orwell, “1984”, para advertirnos que hay una nueva generación que no conoce otro régimen que el totalitarismo chavista. Al muchacho que acompaña a su mamá a comprar la bolsa Clap, le parece algo “normal”. Sí, no queda la menor duda, se ha naturalizado el control social. La democracia se va convirtiendo en una reliquia, en un recuerdo de las personas mayores. Pero a diferencia de Venezuela, sigue siendo un proyecto posible, enriquecedor y dinámico en otras partes del mundo.

¿Cuál sería el estado de la democracia venezolana, en su opinión? ¿Cómo la evalúa?

Yo pienso que la república fue desmantelada. Hemos pasado por varias etapas —democracia deficitaria, democracia imperfecta, entre otras—, yo diría que se ha roto la Constitución en términos fundamentales. La propia elección de la Asamblea Nacional Constituyente, la forma en que se procedió para que los venezolanos votáramos o no en esa elección, quienes eran los candidatos. Todo eso fue desmantelado el 30 de julio. Eso es, digamos, desde el punto de vista formal, político. Pero así mismo creo que hay un sector de la población muy importante que mantiene su convicción republicana, su convicción democrática, a pesar de todos los golpes, de todos los desencantos y heridas que se han venido produciendo. Son dos cosas, ¿no?

En una oportunidad, usted escribió una frase que es muy inquietante. <<Todo vale, nada vale>>. Es un planteamiento que, ante ciertas circunstancias, nos conduce día a día a una situación donde no hay valores, no hay principios, no hay antecedentes, sino una actitud guasona ante la vida: qué pierdo aquí, que gano allá. ¿Ante el hecho inocultable de que se ha profundizado la crisis, qué diría de ese planteamiento?

Aparte de la tragedia política, yo creo que aquí estamos viviendo una tragedia moral. Es decir, cuando no hay ningún tipo de valor humano, cuando la vida de los demás no importa, cuando nada importa, has llegado a la nada moral. No sé si inmoral o amoral, pero en todo caso, descartados los principios morales. No podría referir el momento en que eso viene ocurriendo en Venezuela, pero ahora lo veo muy firme. Paralelamente a la pregunta que nos hacíamos. ¿Hay una república?, tenemos una catástrofe humanitaria. Y eso parece que no tiene tanto peso, parece que no es tan grave, para quienes detentan el poder. Parece un daño menor, un daño colateral. No importa si se muere la gente, por una razón o por otra. Son cosas que pasan. Eso se ha ido profundizando y ahí se veo un problema, porque la conciencia republicana está asociada a una escala de valores y si esos valores se han ido difuminando, desapareciendo, de alguna manera eso va a tener un efecto en la conciencia republicana, que ya tienen una expresión muy concreta en la forma en que se resuelven los problemas cotidianos.

Sí, todos estamos, de una forma u otra, en eso que se conoce en Cuba  como el resuelve. Por ahora, explorando los caminos verdes, uno de ellos, muy visible, el de los <<bachaqueros>>, ¿pero qué va a ocurrir cuando pasemos a una fase superior y el resuelve se haga a costa de una delación, de una triquiñuela, de un chanchullo, siempre a costa de los demás? Yo creo que la gente no está muy consciente de hacia donde nos dirigimos. Hay como una visión muy ingenua.

Yo diría que estamos en la primera fase del resuelve, puede ser la picardía, la posibilidad que tienes de resolver un problema hoy, pero sin llegar a esa fase que refieres que, sin duda, puede ser muy sórdida. La posibilidad de que el resuelve implique, por ejemplo, la delación de un vecino. O que sea la posibilidad de aceptar que alguien desaparezca. No sé si hemos llegado a esa fase. Pero entiendo lo que quieres decir. Son como etapas, como niveles. La primera es la fase de sobrevivencia. Yo, al igual que mi familia, tengo que sobrevivir y qué es lo que tengo que hacer para lograrlo. El venezolano es bastante bueno en eso, porque nunca ha tenido mucho apoyo institucional. Aquí estamos acostumbrados a que tus problemas son tuyos y tú tienes que buscarles una salida personal, con un grupo de amigos, con tu red. No estás esperando mucho de las instituciones. Eso produce un aprendizaje. Creo que estamos en esa fase. Es muy crudo lo que planteas, pero entiendo que puede haber una continuidad.

Si aquí no se ratifica la necesidad de un cambio, tal como ocurrió en las elecciones parlamentarias, ya sea porque se asume que el promedio histórico de la abstención en una elección regional es de 40% —y siempre ha sido así— yo creo que la conciencia republicana no está funcionando. ¿Usted qué piensa?

Al final, lo que realmente importa es lo que queda, que es algo cuantitativo. ¿Cuánta gente fue votar? Ciertamente, si hubiera un desprecio por esa elección, pudiera interpretarse como un desprecio por la situación democrática. Digo pudiera, porque realmente no lo es. Aquí hay gente tan molesta, tan desencantada, tan brava, que no van a ir, pero no sería porque no tienen conciencia democrática, sino porque realmente están molestas. Bueno, los seres humanos podemos reaccionar así. Si la votación es poca o es mucha no creo que se deba interpretar así, pero ofrecería esa lectura. Ahí es donde radica el peligro, que ofrecería esa lectura que no es necesariamente la verdadera. Ciertamente, eso sería muy problemático a nivel internacional, porque entre nosotros mismos, digamos, podemos saber por qué la gente puede ir o no a votar, pero en el contexto internacional, no se van a detener en esos matices. Dirán: A esta gente se le ofreció una oportunidad de cambiar el poder regional y, aparentemente, no les importa. Sería algo que nos haría daño, mucho daño.

Sería un lugar común enumerar, cuantificar, las acciones de un régimen que ha dejado atrás el perfil autoritario para construir, paso a paso, el totalitarismo. Una demostración clara se advierte en el manejo que se hace del aparato comunicacional del Estado. ¿La opción no sería oponernos a esto en toda ocasión y circunstancia que se nos presente?

Yo recuerdo con bastante claridad, y seguramente tú también, que Chávez dijo que este proyecto tardaba 20 años. Bueno, estamos llegando. Estaba previsto que la implantación del proyecto no era inmediata, que tomaría un lapso de 20 años y los hechos parecieran demostrar que así se ha llevado a cabo. Muchas personas, de diferentes niveles y procedencias, han dudado de la cualidad totalitaria de este régimen. No están convencidas y no sé si aún lo están. A mí siempre me ha preocupado lo siguiente. Hay un importante descontento, cuantificado en estudios de opinión. ¿Cómo pudiéramos averiguar si esa actitud de los venezolanos responde a una conciencia democrática —este no es el proyecto de país que yo quiero— o a la idea de que este proyecto me está llevando a mí al desastre? Son dos cosas. No lo descalifico, pero hay un voto pragmático de aquel  que sale a la calle y se enfrenta con la realidad —no conseguí efectivo, ni los productos que salí a comprar, ni la medicina para mi hijo—, esa persona tiene que tener una posición contraria al régimen, digamos, ¿es porque este no es el proyecto de país que quiere o porque las circunstancias lo están acorralando absolutamente? Es diferente.

¿No debería hacerse un estudio de opinión para dar con la respuesta a esa pregunta? 

Yo me imagino que eso se puede medir, como todo. Pero las encuestas que tú manejas te miden simplemente ¿por cuál candidato va a votar usted?, cosas así. Otra de las cosas que me preocupan es un planteamiento que se hace en la novela “1984” de George Orwell, yo la leí cuando era joven y no la entendí, ahora es que la estoy entendiendo. Ahí se plantea que la gente joven, o más o menos joven, no tienen memoria de otros proyectos posibles, porque simplemente no los han vivido. Sólo unos ancianos recuerdan algunas cosas de otros momentos. Eso, de alguna forma, va a pasar y está pasando en Venezuela. ¿Ya tienes 20 años, no? Una generación que no tiene otra memoria.

Ana Teresa Torres retratada por Roberto Mata

Ana Teresa Torres retratada por Roberto Mata

¿Regresamos al lapso de Chávez, no? Tenemos a una generación de 20 años que no conoce otra cosa sino este proyecto. 

Solamente por referencia de sus padres o de personas mayores. Pero son referencias secundarias, no tienen memoria personal. Ahí veo un peligro importante. ¿Cómo se va a construir la conciencia democrática entre los que no han tenido una experiencia personal de un sistema democrático, incluso, con todas las imperfecciones que se le puedan atribuir al que tuvimos?, pero sistema democrático a fin de cuentas. Esa es una interrogante.

Es muy inquietante que la democracia en Venezuela se convierta en una reliquia.

Un recuerdo, una memoria, que tenía tu papá, que tenía tu abuelita.

Y seguramente más difícil para quienes tienen como referencia inmediata lo que ocurría en la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, por ejemplo. Es terrible que la gente no advierta la importancia que tienen las libertades individuales, las libertades políticas, lo que son los Derechos Humanos. Todo eso estaba cancelado. ¿No es lo que podría ocurrir aquí?

No solamente eso, sino el control social. Si no tienes el carnet de la patria, no tienes acceso a ciertos medicamentos para tratar enfermedades crónicas, por ejemplo, o para comprar las bolsas Clap. Yo me pregunto ¿Qué es eso? Pero a la vez pienso en el muchacho que acompaña a su mamá a comprar la bolsa Clap y no ha visto otra cosa, bueno para él eso es lo normal y lo único que importa es que consiga la bolsa de comida. Es lo que va a resolver. Eso es.

¿Será que se va a naturalizar el control social? ¿Qué de ahí pasamos al Estado policial, tal como existe en Cuba?

No me atrevería a hacer esa comparación, no tengo ese conocimiento exacto de Cuba. Pero sí creo que la naturalización del control está ya. Lo ves en las colas que se hacen frente al telecajero, por ejemplo. No era yo, era mucha gente. Realmente, nadie estaba molesto. Todos estábamos esperando lo que nos tocaba, 15.000 bolívares, para tener algo de efectivo. Entonces, sí se naturaliza. Claro. Te vas acostumbrando. Piensa en esos niños que van con sus mamás a buscar las bolsas. Eso es lo normal para ellos. Yo veo que es un control, entrecomillas, amable. Te voy a dar la bolsa, llama al 0800 SALUD, que te vamos a dar el antihipertensivo. Pero no haría la conexión entre eso y Estado policial. Ni creo que todo el mundo la pueda hacer.

¿No sería el voto una herramienta eficaz para oponerse a la naturalización del control social? ¿La forma de decirle al gobierno este proyecto de país no lo queremos?

El voto ha dicho eso, lo que ocurre es que este es un régimen que ha tenido y tiene la capacidad de desactivar el voto. Recuerda lo que ocurrió con la elección de la Asamblea Nacional. La oposición logra la mayoría calificada, pero eso fue desactivado completamente. Eso desanima a mucha gente a la hora de votar, entre otras cosas, porque ha ocurrido otras veces. Pero al mismo tiempo es muy importante, porque tú puedes poner sobre la mesa el número de venezolanos que está en contra de este proyecto. ¿Qué después se desactive el efecto político del resultado? No me sorprendería. Pero al menos lo pusiste sobre la mesa, para nosotros mismos y para el contexto internacional que, repito, es muy importante, porque de lo contrario van a decir. Ah, no. Esta gente está tranquila.

¿Pasado pisado? No lo creo. El pasado no es solo la fragmentación de lo que uno vivió o del reflejo que tuvieron algunas experiencias en uno, la construcción de un escenario colectivo también es importante.

Estamos hablando de que el proyecto democrático es pasado. ¡Pasado en Venezuela, no en el mundo!  Ahora es cuando se están viendo con más fuerza las democracias avanzadas. Un momento, ¿por qué hay tantas personas que se están yendo? Y muchas de ellas a países de lo que llamamos primer mundo. Van a entrar a lo que es una democracia verdadera. Entonces, no es que en Venezuela mi abuelita me hablaba de la democracia, no, no, no. La democracia es un proyecto en muchas partes del mundo y creo que esa visión es bueno traerla a la luz. No es sólo recuperar el pasado venezolano, sino ver qué están haciendo en otros países. ¿Por qué la gente se va a otros países? Porque piensa que la democracia es un proyecto posible. Ahí está el caso de España. ¿Qué es lo que está planteado? ¿La Constitución se respeta o no? Eso es lo que está planteado y es un problema. No es algo como que pasaron por arriba de eso. No, no se puede pasar por arriba de eso.

Diría que aquí empezamos por ahí, no se respeta…

… Aquí aceptamos que no se respeta de una.

Lo aceptamos de una forma pasiva.

Ahí empezó el origen del problema. Nadie dijo: Un momentico, la Constitución, vamos a discutir si la respetamos o no. ¿Ah, no la queremos respetar? Ni siquiera tiene una fecha.

Como si no importara.

No, esas son cosas… bueno… secundarias. Ahí es donde te das cuenta de la importancia de un proyecto democrático, que una sociedad se detenga, un momento, ¿esto cómo es?

Engatusados por un cambalache. Te cambio la democracia representativa por una democracia protagónica y participativa, que hoy no se ve por ninguna parte.

Eso entra en lo que se denomina la Neolengua (cortesía de George Orwell), es una manera de eliminar lo otro, simplemente. Eliminar la democracia representativa. Es decir, eliminar la democracia por una barajita que no existe. Sí, yo creo que fue una trampa que a la gente le sonó bien. Oye, voy a participar, voy a ser pro-ta-go-nis-ta. Creo que fue una trampa del lenguaje. Ha habido muchas. ¿Socialismo del siglo XXI? ¿Bolivarianismo? Otra trampa del lenguaje.

Ana Teresa Torres retratada por Roberto Mata

Ana Teresa Torres retratada por Roberto Mata

¿Si la oposición no demuestra que es mayoría, si no hay una ratificación del cambio, qué podría pasar en Venezuela? ¿Qué podría pasar de aquí en adelante?

Yo creo que la oposición, nuevamente, va a demostrar que es mayoría. No parto de una idea contraria. Creo que lo va a hacer. El problema viene después, si se desactiva o no el poder generado por esa ratificación. Pero en el escenario que tú planteas es el último que apague la luz. Sería como el final, nos da lo mismo, no tenemos un proyecto.

Veamos la otra cara de la moneda. La oposición ratifica que es mayoría y entiende la urgencia de que ese poder no se vuelva a desactivar. Tiene que encontrar la fórmula para impedir que el gobierno lo vuelva a hacer. No diría que con tanta facilidad, porque 2017 le ha significado al gobierno unos costos muy elevados, en popularidad, en apoyo internacional. Eso no puede ocurrir, entre otras cosas, porque eso está vinculado con la alternancia. La oposición también tiene el reto de demostrar que es una alternativa. ¿Qué piensa usted?

Veo muy claro lo que tú dices, pero no tengo la menor idea de cómo se puede hacer valer eso. Porque no es la primera vez que ocurre, que la oposición gana importantes parcelas de poder y las pierde. Es decir, pierde su efecto. Si bien no tengo la menor idea de cómo se puede hacer, sí me parece que el tiempo se está acortando. No puede seguir ocurriendo que demostraste una fuerza política y no avanzaste, no ocupaste esa instancia. Eso ha venido ocurriendo. Y no creo que eso pueda seguir sucediendo, porque ahí sí creo que se puede producir una desmoralización demasiado intensa. La gente no lo toma en serio y la próxima apuesta sería una elección presidencial, que debería ser, de acuerdo a la Constitución el año que viene. Ahí es donde, personalmente, me gustaría ver reflejada esa fuerza. Esas elecciones se tienen que celebrar.

Ahí radica la importancia del día de hoy.

Claro, de lo contrario, la oposición desaparece del mapa. Esta elección tiene un efecto muy pragmático, lo ha tenido desde el primer día, es la única manera, más allá de la protesta en la calle, de las marchas, de ver y contar ¿cuántos somos? Puede haber —de hecho los hay— episodios fraudulentos, no soy ingenua, pero es la única manera de tener un mapa. El hecho de que el gobierno haya impedido la sustitución de candidatos y haya reubicado centros de votación demuestra que el gobierno le da mucha importancia. Las protestas en Maracaibo, en Caracas, muy bien. Pero esto es un mapa cuantitativo que necesitamos ver nosotros y necesitamos que lo vean afuera también. Si eso no se ve, estamos caminando hacia el desvanecimiento de la oposición. ¿Cómo vas a exigir una elección presidencial? ¿Quién eres tú, si no existes?