Artes

Fernando Vallejo reta a los científicos; por Nelson Fredy Padilla

En charla con el diario El Espectador, el polémico escritor colombiano, ganador del Premio Rómulo Gallegos en 2003, habló de su nuevo libro, el ensayo “Las bolas de Cavendish” (Alfaguara), que será publicado el 6 de mayo en la Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Por Nelson Fredy Padilla | 29 de abril, 2017

vallejo

Para la presentación de su nuevo libro, el escritor Fernando Vallejo pidió que sobre la entrada del salón José Asunción Silva, en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, se cuelgue un gran pendón que anuncie: “Las bolas de Cavendish o El triunfo de la impostura, en que el fundador de la novísima ciencia de la imposturología acaba hasta con el nido de la perra”.

Las bolas de Cavendish (sello Alfaguara) no es su novela número 13, es el título del sexto libro de ensayo en el que refuta las más canónicas leyes de la ciencia y complementa sus teorías condensadas en Manualito de imposturología física (2005) y La tautología darwinista (2002). Vallejo contó desde Ciudad de México, donde está radicado hace 46 años, que decidió aislarse del mundanal ruido y centrarse en los temas científicos que han definido la vida del hombre frente al planeta y el universo.

La obra se emparenta con el Manualito y no tiene que ver con los ensayos de La tautología, donde su blanco de ataque fue la teoría de la evolución de Darwin. Así lo explica quien se declara “fundador de la imposturología, la reina de las ciencias”: “El Manualito de imposturología física y Las bolas de Cavendish, por un lado, y La tautología darwinista por el otro, son diferentísimos. Y es que las ciencias biológicas (la botánica, la zoología, la citología, la histología, la genética, la biología evolutiva, la biología molecular, la bioquímica, la inmunología, etc., unas veinte) son verdaderas ciencias, mientras que la física teórica no”.

Esto da una idea del nivel de las discusiones que plantea en su clásico estilo en primera persona, apoyado no sólo en retadoras investigaciones, experimentos y lecturas en inglés, italiano, francés, griego y latín, sino en el hilo conductor: el diálogo entre el catedrático de imposturología de la U de A y su colega el profesor Vélez —“todólogo” de “cultura wikipédica” y “lacayo de la divulgación científica”—, que intriga para que destituyan a su colega. Los alumnos y el lector también participan. Como escenario, cita con nombre propio a la Universidad de Antioquia y su puesto 1.550 en el ranquin de las mejores en el mundo.

En la tautología dejó contra las cuerdas a Darwin. ¿Eso qué aportó, para qué sirvió? “En La tautología darwinista (que no ha sido traducida al inglés y, por lo tanto, no existe, pues el inglés es la lingua franca de la ciencia), además de desenmascarar a Darwin como el farsante que fue, pues ni sabía que provenía de un óvulo fecundado por un espermatozoide y en su mamotreto pseudocientífico El origen de las especies no define siquiera qué entiende por especie, además de eso, he resuelto problemas de las ciencias biológicas como el de la dominancia y la recesividad en genética, el de las convergencias y las divergencias en la filogénesis de las especies y muchos más, que estaban sin resolver hasta mi libro”.

Repasa desde el Big Bang hasta los axiomas sobre el movimiento de Newton —a quien acusa de formular principios siendo demasiado joven para desbancar a Galileo y no haber entendido el movimiento de rotación de la Tierra—; la teoría de la relatividad de Einstein, las de su padilla relativista y las de los demás premios Nobel de Física, todos “estafadores”. ¿Qué establece con ello? Dice: “Ya sabemos cómo funciona la máquina biológica, desde los organismos unicelulares hasta los animales (a los que pertenece el hombre), pero nunca sabremos qué es la gravedad ni qué es la luz, y lo que llamamos materia en esencia es vacío. Si el núcleo del átomo tuviera el tamaño de una pelota de pimpón, el resto sería un vacío del tamaño de un estadio, y en ese vacío estarían los minúsculos electrones, que ni sabemos qué son. Eso dicen. ¿Y qué diferencia hay entre el vacío y la nada? ¿Que el vacío tiene límites y la nada no? Ahí te dejo la inquietud”.

Método: desgrana teoría por teoría, “marihuanada por marihuanada”, desde su idioma original. Ejemplos: el Diálogo que Galileo escribió apoyado en la tesis heliocéntrica de Copérnico; la Óptica y los Principios matemáticos de filosofía natural de Newton y las 57 páginas de las teorías de Cavendish expuestas a la Royal Society de Londres. Me extrañó que no citó Uno y el universo, de Sabato, graduado como doctor en física antes que como escritor.

Para mí, como lector, es muy importante lo que refuta o revisa: el movimiento uniformemente acelerado y el movimiento parabólico de Galileo, desafiando a Aristóteles; la teoría de los agujeros negros, incluido el juego literario del “Gran Agujero Negro alias Dios” y las “oscuridades interiores”; el espacio-tiempo como concepto unificado y separado; el papel de partículas, átomos y moléculas; los estados gaseoso, líquido y sólido; la cohesión de Newton asociada al vacío como la había vislumbrado Galileo; los postulados sobre la luz asociadas al funcionamiento de nuestro cerebro, incluso las luces del Génesis y de Lucifer; la idea de las galaxias que Kant “le robó” a Wright; la graviesfera, la magnetosfera, la electrosfera y un invento vallejiano, la luminosfera; las leyes de Glauss, Faraday, Ampére, Planck, las de termodinámica y de propagación esférica; el interferómetro de Michelson, el electromagnetismo de Maxwell, las mediciones de Fizcau y Foucault, el cálculo infinitesimal de Leibniz, las observaciones de Roemer, la paradoja de Olbers, las hipótesis de Hawking, los principios de Pauli, Heisenberg, Bohry; las galaxias y vías lácteas descubiertas a través del telescopio Hubble y en breve desde el Webb y el “Non Plus Ultra”, que en la ficción se montará en la U de A, y, claro, Cavendish y su experimento de “las cuatro bolas y un alambrito retorcible” para medir la constante de la gravitación universal, por lo cual fue “montado en los altares de la ciencia a un lado de Newton”. Parece demasiado aún para 200 páginas sin pausa, pero es sistemático en su lema de vida intelectual: “Desafiar abismos” teniendo en cuenta que “la ciencia es compleja y la simplificación falsea”.

No resuelve nada, aunque ese no es el deber del ensayo. Este género narrativo no pretende imponer dogmas, más bien profundizar desde la voz de autor con ideas bien fundadas hasta llevar la teorización a al nivel máximo de la duda. ¿Cuál fue su balance una vez terminó?, le pregunto. “En el Manualito de imposturología física y en Las bolas de Cavendish, que tratan de la impostura de los físicos, no he resuelto nada y me he limitado a señalar que éstos tampoco: que están engañando con palabras y con ecuaciones”.

El libro fue escrito no sólo para académicos, es también un reto para neófitos si uno agarra la estructura como barra de equilibrio y se sube a la fina cuerda entre el análisis teórico y la discusión de los personajes de ficción, incluido el narrador.

Al abordar temas serios se evidencia rigor y para que la carga de conocimiento no aplaste al lector, el humor y la ironía hacen contrapeso. ¿Será que los genios de la física se lo toman en serio?, le pregunto. “La diferencia entre estos dos libros es que en el Manualito sólo la introducción ha sido escrita en tono de burla, y el resto, que está dividido en capítulos, en serio. En cambio Las bolas de Cavendishes un continuo sin divisiones y de burla continua. Aquel es esencialmente científico y este además de científico es literario y humanístico. Y a ver si la chusma de la internet y de los blogs y de las columnas de opinadores de los periódicos siguen diciendo que me repito”.

Admito, como lo hará cualquier lector promedio, que mi ignorancia frente a los dilemas científicos no me permitió confrontar más allá sus argumentos, que a simple vista parecen rigurosos y lógicos. Coincido con los conceptos del doctor Óscar Torres Duque, de la Universidad de Iowa, que escribió un capítulo del libro Fernando Vallejo. Hablar en nombre propio (2013) sobre los anteriores ensayos del “escritor y biólogo aficionado Fernando Vallejo”. En la forma: “Como buen ensayista, no pierde de vista ese objeto concreto… lo picotea sabiendo escoger sus fragmentos claves, lo dobla y lo desdobla, lo manipula familiarmente, nos hace entrar en él… asistimos a un riquísimo diálogo”. En el fondo: “Se aventura a especular abusivamente (en la mejor implicación ensayística de la palabra), es decir, a formular hipótesis que no vienen precisamente de un trabajo de campo o laboratorio, sino de un magnífico, obstinado y casi lujurioso paseo por esa misma ‘literatura’ científica que tanto le sirve de hazmerreír… el dominio que demuestra Vallejo sobre su tema es abrumador… consciente de no estar basado en la observación demostrativa, pero sí en una coherente hiperobservación del trabajo que otros han ido empastelando al lúgubre y grandioso monumento del conocimiento científico durante siglos”. Queda abierto un debate en el que, ojalá, científicos calificados participen desde estas páginas.

Mientras tanto, Vallejo concluye que en pleno siglo XXI no comprendemos la materia, ni la gravedad, ni la luz, “ni cómo las neuronas de la corteza del cerebro producen ese zumbido de moscas que llamamos la conciencia, el alma, el yo”. Remata con una retahíla de interrogantes, “proponiendo incertidumbres en vez de verdades”, incluido el de la vida extraterrestre en exoplanetas, negando la existencia de Dios y la velocidad de la luz que no lo alcanza. Propone quitarles los premios Nobel a todos los físicos y destinar el dinero a albergues para perros callejeros. Eso sí, que a él le otorguen el de 2017 y su conocimiento sea declarado patrimonio de la humanidad. Antes de que una guerra nuclear lo impida, llama a todos, en especial a los jóvenes, a pensar, a no creer, a salir del “copernicanismo anacrónico”, a ver hacia el “cosmos terrorífico” con herramientas superiores al telescopio. Él seguirá calculando cuántas estrellas nos tocan a cada uno y, cerca de cumplir 75 años de edad, está listo “para bajar al sepulcro, en el sentido de la gravedad, rumbo al infierno”.

Nelson Fredy Padilla 

Comentarios (1)

Eduardo Rojas
3 de mayo, 2017

Si vallejo hubiera estudiado al menos un semestre de física a lo mejor no escribiría tanta pendejada. Las preguntas de vallejo son las mismas que se hace uno cuando está en el colegio y no entiende lo que significa entender. La primera fase de un estudiante de ciencias es su etapa filosófica, donde cree que entiende las relaciones pero no entiende la esencia. De esa etapa pasa uno a la etapa alquimista, donde uno trata de entender la “esencia” de las cosas. Ese era el pensamiento medieval, en eso se quedó vallejo.

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