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Betancourt, el látigo de la memoria; por Hugo Prieto

Por Hugo Prieto | 22 de marzo, 2017
Romulo Betancourt.Palacio de Miraflores,Caracas,1961,Justo Molina. FArchivo Fotografia Urbana

Rómulo Betancourt. Palacio de Miraflores, Caracas, 1961, Justo Molina. Imagen cortesía del Archivo Fotografía Urbana

Esta es la imagen más publicada de Rómulo Betancourt. Las circunstancias de la historia lo muestran de perfil. Colgada de los labios, sostiene la pipa con los dedos en pinza de su mano derecha. El humo del tabaco asciende en una nube quebradiza y blanca, que rompe el silencio circundante. La ceja poblada enmarca la montura de sus lentes, en una extraña figura que tapa su ojo. La nariz prominente y la leve increpación de su gesto ahondan el misterio.

Corre el año 1961. Betancourt está al mando y en lo más elevado de su larga carrera política, tan larga como el siglo XX. Parece satisfecho y razones no le faltan. Su acercamiento a las Fuerzas Armadas le permitió forjar una alianza con oficiales del Ejército, que fue decisiva para aplastar la rebelión de un sector militar nostálgico de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez. También ha superado el atentado de Los Próceres, ordenado por su más enconado enemigo, el dictador dominicano, Rafael Leonidas Trujillo. El dorso de su mano conserva la huella de las quemaduras. Su mentón, en posición ligeramente ascendente, prueba que se mantiene en modo alerta y con la guardia en alto. Muy pronto va a tener que enfrentar la insurgencia de izquierda, no sólo la del Partido Comunista de Venezuela, entrenado en la lucha clandestina en contra del dictador, sino la de un sector de la juventud de su propio partido, así como de la infiltración que ha cooptado a jóvenes oficiales en los cuarteles.

Betancourt, como presidente electo para el período 1959-1964, negó toda posibilidad de prestarle asistencia financiera a Fidel Castro, quien visitó Caracas invitado por el gobierno provisional del almirante Wolfang Larrazábal, tras alcanzar el poder en Cuba, el 1 de enero de 1959. Castro había seducido a las masas durante el mitin que se escenificó en la Plaza O’Leary de El Silencio. Confiaba en el contagio de su verbo, en su indisputable carisma, para ganarse el apoyo de la naciente democracia venezolana en su guerra secreta contra Estados Unidos.

Los planes de Betancourt eran muy distintos a los de Castro. A diferencia del líder cubano, Betancourt luchaba por implantar en Venezuela una democracia representativa, con instituciones legitimadas en la consulta popular que limitaran y controlaran el poder. Betancourt era, como lo dijo el historiador Manuel Caballero, el último caudillo que renunció a ser caudillo. Avisado por su propia experiencia, por los desaciertos y errores cometidos en el pasado, estaba al tanto de que no lo podía hacer solo, que necesitaba el apoyo de partidos políticos distintos al suyo, Acción Democrática, lo que sólo era posible si en Venezuela funcionaba un estado de derecho que garantizara el respeto a la diferencia y se creara la posibilidad cierta del principio de alternancia. Una empresa titánica que ya había fracasado, luego del experimento democrático, ensayado entre 1945 y 1948, precisamente por el golpe militar en contra de Rómulo Gallegos que encabezó Marcos Pérez Jiménez.

La vigencia de la democracia representativa y sus reglas de juego se acordaron en la ciudad de Nueva York, entre Betancourt y los líderes de los principales partidos de oposición, Rafael Caldera (Copei) y Jóvito Villalba (URD), en lo que se conoció como el Pacto de Punto Fijo. A partir de ese momento, esos tres partidos políticos, representan a la sociedad civil y “la democracia —tal como lo dijo el ensayista y escritor Miguel Ángel Campos, va a ser una rutina a partir de ese momento”.

La lealtad no era para con un hombre que encarnaba una revolución, sino para fortalecer la vigencia de un sistema político republicano, a partir de una concepción política e ideológica opuesta al modelo propugnado por el comunismo, signado por el dogma ideológico, el culto a la personalidad y la práctica permanente del Estado de destruir cualquier atisbo de independencia de la sociedad, en cualquiera de sus esferas.

Ese era el principal objetivo de Betancourt, escasamente esbozado en la protesta universitaria de la cual formó parte en 1928. Un campanazo que despertó la consciencia de los venezolanos, subyugados por la cruel tiranía de Juan Vicente Gómez. Al igual que otros estudiantes, Betancourt se vio obligado a exiliarse, primero en Curazao, luego en Colombia y, finalmente, en Chile. Durante su estadía en Colombia, redactó el llamado “Plan de Barranquilla”, que sirvió de inspiración y guía para enfrentar la dictadura. Mariano Picón Salas, el gran ensayista, se refirió al plan como una nueva Carta de Jamaica. Para entonces, Betancourt se había cruzado con su destino, que abrazó con una resolución inquebrantable.

A partir de ese momento, Betancourt entiende que un político es, por sobre cualquier cosa, un hombre de acción. Basta considerar el papel que jugó en la década de 1930, como agitador político, articulista de prensa y organizador del PDN, embrión de Acción Democrática, el principal partido político del siglo pasado.

Protagonista de la profunda transformación que, en brevísimo lapso, experimentó Venezuela, al pasar de país rural a país urbano, Betancourt se empeñó en recorrer la geografía nacional para conocer las aspiraciones, deseos y necesidades de los venezolanos. Lo hizo durante el llamado trienio (1945-1948), en el que ejerció la jefatura del gobierno. De sus logros se enorgulleció siempre: expansión de la educación, campaña alfabetizadora, reforma tributaria, apoyo crediticio a los productores agrícolas, Ley de Reforma Agraria, y contratación colectiva, para regular las relaciones entre el capital y el trabajo.

Pero también fue una época de enorme sectarismo político, que propició un creciente aislamiento de la gestión de gobierno. El 24 de noviembre de 1948, los militares encabezan un golpe de Estado en contra de Rómulo Gallegos, quien resultó electo en las primeras elecciones libres, universales y secretas, efectuadas en Venezuela, ocho meses antes.

El país se hundió en la nocturnidad de una “dictadura sádica”, como la calificó el poeta y ensayista, Juan Liscano. La dirigencia de Acción Democrática fue perseguida con especial saña, torturada, enviada a prisión o al exilio. Betancourt se refugió en Costa Rica, donde su amigo José Figueras era el presidente. Pero tuvo que salir del país, luego de que uno de sus principales enemigos, el dictador nicaragüense, Anastasio Somoza, enviara un avión a San José, del que llovieron panfletos sobre la ciudad, acusándolo de comunista. El episodio perturbó a los costarricenses. Betancourt se trasladó a San Juan de Puerto Rico, donde el gobernador Muñoz Marín le ofreció su hospitalidad. Durante esos años, en los que la vida cotidiana era una urgencia y las noticias daban cuenta de asesinatos y secuestros, el fundador de la democracia venezolana atravesó por uno de sus momentos más sombríos y desesperanzadores, que sólo superó escribiendo una de sus principales obras: “Venezuela Política y Petróleo”. Betancourt, hombre de acción, también tenía una faceta intelectual, cimentada en la lucha política, en la urgencia de crear un partido político que fuera marca y sello de la venezolanidad. Su rostro refleja el principal rasgo de su personalidad: “la voluntad de hierro” de la que habló su única hija, Virginia. No vaya a creer el lector que las huellas de sus mejillas son solo el tatuaje del acné juvenil.

A su regreso a Venezuela, derrocada la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, Betancourt asume la candidatura presidencial y no da puntada sin dedal hasta que la vieja guardia del partido retoma el control de Acción Democrática. En la calle está el avisado orador, ya curtido y conocedor de idiosincrasia nacional, se mueve como pez en el agua, se gana el favor de los electores y con ello su segundo mandato presidencial.

Organiza su gabinete, le encomienda a un joven ingeniero, de comprobada capacidad profesional, que se encargue de destruir el mito de que sólo la dictadura construía obras públicas. Leopoldo Sucre Figarella preside la recién creada Corporación Venezolana de Guayana y bajo el influjo de esa orden, se funda Puerto Ordaz, la única ciudad que se erige en Venezuela bajo una planificación urbana de primer nivel. La educación retoma la expansión que exhibió durante el trienio, el país se electrifica hasta el último rincón y en cada asentamiento humano se construye un dispensario de salud pública.

Hay amplitud de miras y una férrea determinación para enfrentar una y otra vez los intentos de la subversión armada, que encarna la izquierda representada en el Partido Comunista de Venezuela y la escisión de la juventud de AD, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Para 1961, año de esta fotografía, ya Fidel Castro le ha entregado la soberanía de Cuba a la extinta Unión Soviética. Pero no renuncia en su afán de ponerle la mano al petróleo venezolano para convertir en realidad “el sueño” del Che Guevara de crear uno, dos, tres y mil Vietnam en todo el mundo.

Al finalizar su mandato, Betancourt le entregó la banda presidencial a su sucesor, Raúl Leoni, abanderado de AD. Fijó su residencia en Berna, Suiza, bien lejos, como lo había prometido, de la lucha política interna. AD y su dirigencia tenía que asumir sus propios riesgos, tenía que hacer sus propias apuestas, sin la sombra, ni el tutelaje del caudillo que había renunciado a comportarse como tal. El futuro del país luce amplio, despejado, como la frente de Betancourt.

La historia está llena de ironías. El 4 de febrero de 1992, la izquierda radical, infiltrada en el Ejército en la persona de Hugo Chávez, da el golpe de gracia a la declinante democracia venezolana. Fidel Castro, en el crepúsculo de su vida política, logra su objetivo. Venezuela se adentra nuevamente en la nocturnidad de un gobierno autoritario, que ya dura demasiados años. ¿Qué fue lo que ocurrió? El bienestar era un hecho inobjetable, la educación, la erradicación de las enfermedades endémicas, la creación de la OPEP. La vigencia del estado de derecho y la institucionalidad de la democracia venezolana. “Le tocaba a la sociedad, a partir de esos elementos —de primerísimo orden e importancia— construir herramientas de sustentación de la democracia”, dice Campos. El lento pero continuo descenso se inició el viernes negro de 1983. La economía siempre avisa antes que la política. Era el momento para las reformas profundas, para limitar el poder del petroestado a favor de los ciudadanos, para renovar los partidos políticos y extirpar el fenómeno de la corrupción. Pero los venezolanos no lo hicimos. ¿Fallamos? Absolutamente.

De ahí esta imagen de Betancourt para recordárnoslo.

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Hugo Prieto 

Comentarios (31)

Jesús Zurita Peralta
22 de marzo, 2017

Excelente crónica, justificado el uso de la imagen más conocida del personaje, un perfil, que viene bien al perfil que esboza HP…pero sin restar méritos a la figura de RB y su participación en la historia política del siglo XX, caben algunas preguntas, por ejemplo, cuál fue la participación, pasiva o activa, de RB en el golpe a R Gallegos?, hubo alguna? buscando luces, redescubriendo la historia y persiguiendo ese fin es bueno leer entre otros a Arráiz Lucca, Américo Martin, R S Jiménez y a M Caballero; por otra parte se podría señalar a RB como el padre del populismo en Venezuela? alguien que eligió dejar el caudillismo y optó por el populismo?…los líderes surgen en el imaginario colectivo, lo hacen mucho antes de ser públicos, es como si eligieran representar el papel que el colectivo pide (inconscientemente)… la historia venezolana, pasada o reciente da para bastante… análisis, asombro… conociendo tu pasado comprendes tu presente…no?

Diógenes Decambrí.
22 de marzo, 2017

Lo que representan la Estaca y la Cruz para los Vampiros (esencial en ese folklore, nacido en Transilvania), lo representan Betancourt y CAP para los Comunistas venezolanos, en especial aquellos que no superan su congoja por la Derrota de las guerrillas en los 60 (y su repele en los 70), que 4 décadas después todavía persisten en falsear la realidad de aquellos tiempos (pretendiendo glorificar los múltiples fiascos y delitos que cometieron, el inmediatismo que los incitó a IMITAR al criminal del Caribe, que los respaldaba con armas y dólares, y nunca superó su rencor hacia RB y su contribución en la construcción de un país democrático y próspero, en las antípodas de ese infierno de miseria e injusticias, en que Fidel convirtió a Cuba). Tampoco son esos ñángaras de vieja y nueva generación, capaces de entender los trascendentales cambios ocurridos en sus antiguas MECAS, la soviética y la maoísta, donde los excesos totalitarios fracasaron estruendósamente, hoy CAPITALISTAS al 100%.

Estelio Mario Pedreáñez
22 de marzo, 2017

Brillante artículo de Hugo Prieto. Ciertamente Rómulo Betancourt fue el estadista más destacado del siglo XX venezolano. Formá parte de una juventud aguerrida que desde 1928 (con 20 años) se enfrentó a la barbarie dictatorial, en los tiempos del cruel y sanguinario Juan vicente Gómez y al final lograron implantar la Democracia en Venezuela. Además de sus errores de sectarismo durante el llamado trieno Adeco (1945), que pusó fin a la hegemonía gomecista; también cometió otros errores en la etapa posterior al derrocamiento de la dictadura militar del “general” Marcos Pérez Jiménez. Lo cierto es que logró mantener la conducción civil de la República y celebrar las elecciones, en su presidencia (1960-1964), ante el acecho constante de los ambiciosos golpistas e insurrectos (desde la extrema derecha a la extrema izquierda) deseosos de manejar el Tesoro Público, en esos tiempos agitados, y por ser el principal protagonista de la modernización política de Venezuela, con la Democracia como…

Estelio Mario Pedreáñez
22 de marzo, 2017

… sistema e ideal, su figura histórica se agranda ante tantos políticos parleros, charlatanes, indecentes, improvisados, tarifados, mentirosos, ignorantes, ladrones o traidores a Venezuela. Por todo lo expuesto, el balance final es positivo para Betancourt, aunque, por omisión, su generación (“La Generación del 28”) participó en 3 gravísimos errores al rescatar a Venezuela de la usurpación de la Soberanía Nacional por parte del “Ejército Gomecista”, heredero del poder al morir el nefasto Dictador Juan Vicente Gómez: 1) No democratizaron de raíz al “Ejército Gomecista” (ní siquiera eliminaron el “Fuero Militar”), que fundó el Tirano para afianzar su régimen, siempre dispuesto a oprimir, torturar y matar a civiles desarmados que reclamaron Libertad, Democracia y hasta Derechos Laborales, como sí fuera un “ejército extranjero de ocupación”, pero nunca dispuesto a defender la Integridad Territorial ní la Soberanía Nacional ante gobiernos extranjeros. En 1922 y en 1941 Venezuela perdió…

Estelio Mario Pedreáñez
22 de marzo, 2017

…grandes territorios en los Llanos, en las selvas amazónicas, en los Andes y en el Zulia (no solo en La Guajira) sin echar un tiro y sin una sola protesta de ese Ejército Gomecista. Siempre mudo y servil ante sus amos. 2) Insistieron en un Presidencialismo no copiado de los EE.UU. sino de los Reyes Absolutos de España: Que interfiere en la autonomía de los tribunales mediante el indulto y el sobreseimiento, además de las figuras de “jueces y fiscales militares” subordinados jerárquicamente al Ministro “de Guerra y Marina” y al Presidente de la República (que significó la sobrevivencia del “Fuero Militar” monárquico de los tiempos coloniales, cuando Venezuela era gobernada por el Rey de España y existían “los Ejércitos del Rey”); que maneja a su libre discreción las relaciones exteriores y puede declarar la guerra por su sola voluntad; y dicta leyes por “Habilitación Parlamentaria” (sin contar el enorme poder que tiene de “reglamentar” las leyes), desnaturalizando la esencia de la…

Estelio Mario Pedreáñez
22 de marzo, 2017

…República y la División de los Poderes Públicos. Y ese “Presidencialismo Autocrático”, no copiado de la Constitución de los Estados Unidos (donde el Congreso es quien declara la guerra y controla la política exterior y a las FF.AA., sin posibilidad de delegar la esencial tarea de dictar las leyes), facilita la implantación del despotismo y la tiranía, facilitando la imposición de la Dictadura. 3) No establecieron mecanismos democráticos en los partidos políticos para la elección de sus autoridades y candidatos a los cargos públicos de elección popular, a los cargos para dirigir los Poderes Públicos, desde la Presidencia y el Congreso de la República hasta los Concejos Municipios más pobres del país, y con esto consagraron grupos o camarillas, dedicados a ganar indulgencias y adular a los líderes fundadores de los partidos políticos, determinaron la decadencia moral y política de estas organizaciones, que degeneraron en mafias para ganar prebendas y cometer todo tipo de corruptelas.

Ignacio
22 de marzo, 2017

Buen artículo Hugo!!! Dos detalles pequeños: Betancourt vive en Chile es en su segundo exilio entre los años 39 y 41. Y en Costa Rica le toca vivir es en el primer exilio entre los años 31 y 35. Por último será en Cuba donde cumple parte de su tercer destierro y antes de moverse al Puerto Rico de Muñoz Marín. Vale la pena releer el último discurso de Betancourt en una convención de AD -año 1981-para observar su meridiana claridad sobre el problema que se le venía a nuestro país y la propuesta lanzada por él para resolver uno de los mayores problemas de nuestra economía. Me refiero al tema de la gasolina y de sus precios

Jorge Hernández
22 de marzo, 2017

Fueron muchos los aciertos de Rómulo Betancourt. Uno de ellos, ignorados en el artículo, fue la Doctrina Betancourt. Pero también hubo desaciertos. El fundamental, proviene de su obra prima: Venezuela, Política y Petróleo. Betancourt (y su partido) no resolvió el espejismo del “Estado Mágico”. Antes bien lo profundizó. La crisis de 1976 (no la de 1983), que trajo consigo la reversión petrolera, profundizó el espejismo y rompió el poco contrapeso institucional. El gobierno, y no el Estado, continuó siendo el dueño de la vida de los venezolanos. Todos, de una forma u otra, hemos dependido de él. El breve respiro de la democracia fundada en la constitución de 1961, sucumbió ante los incentivos de la apropiación de la renta petrolera.

Mario Fagiolo
22 de marzo, 2017

Buenas tardes, no me queda claro lo de 1992 como “golpe de gracia” a la democracia venezolana y, a menos que estaba mintiendo, Fidel Castro condenò ese golpe y se solidarizò con CAP … claro despuès cambiò la situaciòn y de manera muy pragmatica de aliado! Me imagino que la fecha del “viernes negro” 1938 es un error de tipeo, fue 1983. Saludos

Diógenes Decambrí.
22 de marzo, 2017

Fidel “condenó” el golpe del 4F92 con el mismo cinismo con el que agradecía las ayudas del exterior (aunque promoviera en muchos de esos países solidarios, la subversión armada, para establecer en ellos una dictadura estalinista, esperaba él que supeditada a La Habana como centro de ese megalómano Plan de intervencionismo violento). Chávez fue infiltrado en las FFAA por fichas de Fidel, a inicios de los 70, para que diera un GOLPE MILITAR -junto con otros topos como él, los oficiales que pudiera convencer en su labor conspirativa de décadas, y los soldados bajo su mando (a los que llevó engañados el 4F)-. Igual que se deshizo de Allende, derrotado era inservible, con su agente de Sabaneta actuó con el mismo disimulo, hasta que observó que el golpista encarcelado ganaba popularidad, y envió a otro agente del castrismo, Maduro con curso ACME en Cuba, a YARE a transmitir sus órdenes al prometedor prisionero. Maduro estuvo en contra del golpe militar del 92, pero le ordenaron colearse.

Vladimir Prieto
22 de marzo, 2017

Excelente artículo Hugo, faltó ampliar un poco como la sociedad venezolana en su conjunto y los políticos de baja monta que le siguieron a RB fueron incapaces de consolidar el sistema democrático impulsado por RB; no se le puede pedir más a un hombre que, con sus virtudes y defectos, sentó las bases de una democracia decente para Vzla y nos dio el único periodo de civilidad y civilismo sostenido en 40 años que este pobre país pobre ha tenido…una verdadera proeza en medio de los resentidos de la izquierda borbonica y la peste militar que nos azota hasta nuestros dias…gracias por traer a la palestra a un venezolano magistral en su liderazgo y conducción política. …justamente lo que nos está haciendo tanta falta en esta hora macabra para Venezuela. ..

gerardo
22 de marzo, 2017

La gran virtud de Betancourt fue imponer el policlasismo y no la lucha de clases como doctrina de su partido político. Romulo se adelanto a la debacle del comunismo antes de la caída del muro de Berlin. Pero ese reto queda intacto. Como acabar con la pobreza y con la corrupción sin que aparezca otra vez el marxismo como UNICA formula, ahí esta la propuesta de Betancourt, ojala nuestros compatriotas militares entiendan esto y no se obnubilen con soluciones mágicas, como la que propuso el estrafalario comandante y sus “fieles” seguidores comunistas.

Humberto Decarli
23 de marzo, 2017

El proyecto del acuerdo de Nueva York, después llamado Pacto de Punto Fijo, fue un esquema fundado en cinco factores de poder, en quienes descansaba la gobernabilidad. La democracia representativa venezolana tuvo como pivote la renta petrolera la cual se profundizó en el desempeño de la gestión y convirtió a Venezuela en un país monoproductor, situación que estamos padeciendo actualmente. Demàs està decir que la institucionalidad democràtica no se logrò y aunado a la corrupción, degenerò en una dictadura militar, en todo caso peor que el populismo. Adicionalmente los administradores de la violencia del Estado siguieron siendo una élite determinante, resuelta provisionalmente por Betancourt con la insurrección de izquierda permitiendo cohesionarlos alrededor del liderazgo del nativo de Guatire. Pero los resultados no son halagadores porque nos encontramos en una coyuntura límite en el contexto de una crisis humanitaria.

Estelio Mario Pedreáñez
23 de marzo, 2017

Rómulo Betancourt no fue un “Caudillo” y menos aún el fallecido Teniente Coronel y Ex-Presidente Hugo Chávez. En Venezuela los Caudillos surgieron hasta 1903. Betancourt fue un político organizador de la sociedad civil para rescatar con la Democracia la Soberanía Popular usurpada por el Tirano Gómez y el Ejército Gomecista y Chávez fue un oficial pretoriano de vocación tropera en un Ejército Nacional. Nunca creó ní mandó un ejército particular, propio, ní peleó en guerras civiles ní en batalla alguna, solo organizó y participó en tentativas de Golpes de Estado, modalidad de acción política inaugurada por el nefasto Dictador Juan Vicente Gómez en 1908 contra su confiado Jefe, Cipriano Castro. Desde 1903, con la derrota por el Ejército del Gobierno de Cipriano Castro de la llamada “Revolución Libertadora”, dejan de surgir caudillos en Venezuela. El Caudillismo es propio de la época de las guerras civiles, cuando los generales con prestigio (creado por la probada valentía en los campos…

Estelio Mario Pedreáñez
23 de marzo, 2017

…de batalla y la capacidad para guerrear) reunían ejércitos particulares, nutridos de las masas campesinas en una sociedad agraria y primitiva políticamente. Por tanto, tampoco fue un “Caudillo” el Ex-Dictador Marcos Pérez Jiménez, quien fue ascendido a “Mayor” por el Gobierno del neogomecista “general” Isaías Medina Angarita (protegido o “pupilo” del “general” Eleazar López Contreras, contra quien reaccionó) y de allí logró “auto-ascenderse” hasta “general”. Pérez Jiménez no fue un “Caudillo” sino un militarcillo golpista, ambicioso y ladrón, que exilado vivió como un magnate, un potentado, en España, con el dinero que le robó a Venezuela. En Venezuela existe mucha confusión al utilizar la palabra “Caudillo” (caso del “líder” adeco Alfaro Ucero) que nos viene de España, de los tiempos remotos cuando se combatía la invasión árabe musulmana. Allá sufrieron en pleno siglo XX al sanguinario General Francisco Franco “Caudillo de España por la Gracia de Dios”, que así se auto-tituló…

Estelio Mario Pedreáñez
23 de marzo, 2017

…oficialmente, cuando decidió acabar con la República, Guerra Civil mediante, y suspendió a los Reyes, para después reinstaurar la Monarquía con el ahora “Rey Jubilado” Juan Carlos I de Borbón, descendiente de los cobardes Carlos IV y Fernando VII, quienes se entregaron y entregaron España a la ambición sin límites del sobrevalorado General Napoleón Bonaparte (quien sería calificado como mediocre, según la aplicación de las reglas establecidas por el genio chino Sun Tzu en su tratado “El Arte de la Guerra”), el traidor a la Revolución Francesa que restableció la Monarquía en cabeza propia (en 1804 se tituló “Cónsul Vitalicio con derecho a elegir sucesor” y despúes, sin máscaras ni disimulos, se coronó “Emperador de los Franceses”) y restableció la esclavitud, abolida por Ley de 1794 por la Asamblea Nacional de Francia (que inspiró la rebelión de José Leonardo chirinos en la Sierra de Coro en 1795 al grito de “¡Viva la Ley de los Franceses!”). Napoleón fue derrotado y murió prisionero

Jose Pirela
23 de marzo, 2017

El bienestar era un hecho inobjetable, pero circunstancial o perecedero, porque la tentación de ejercer el poder absoluto seguía ahí, tentando al gobernante en ejercicio o en espera para ejercerlo, atrayendo las pasiones humanas como lobos hambrientos por la carnada.

Por qué perdió vigencia el Pacto de Punto Fijo, y con ello la fortaleza de la democracia representativa? Porque la democracia representativa es un deseo en la Constitución, pero los beneficios del petróleo le otorgan al Presidente el efectivo poder absoluto sobre la economía y sobre la politica.

Qué podemos hacer los venezolanos para dejar de ser súbditos del Presidente y convertirnos en ciudadanos económicos? Obligando a los políticos a crear un Fondo de Inversión con una directiva nombrada por la Asamblea (Congreso) y auditoría por una firma extranjera elegida también por la Asamblea. Trasladando a tal Fondo la renta y/o los beneficios de todos los recursos naturales y reproducibles. Para tal fin, se debe des-estatizar (des-presidencial) la industrialización petrolera y sus derivados, todas las empresas de manufactura y servicios,

Jose Pirela
23 de marzo, 2017

El Pacto de Punto Fijo fue un acierto político para contrarrestar las apetencias políticas de las FFAA, pero dejó el beneficio petrolero en manos del Gobierno, alimentando el caudillismo civil que conspira contra la democracia representativa y la libertad económica del ciudadano y su progreso económico.

Impidiendo que el trabajo manual derive hacia el trabajo del conocimiento. Del Estado Petrolero al Estado Representativo. De la politica caudillista a la politica representativa. Del ciudadano dependiente al ciudadano liberal.

La estatización del petróleo creó una ilusión falsa de desarrollo. El desarrollo se reproduce en la mente del ciudadano, no con la infraestructura. El desarrollo del ciudadano es lenta y personal, no se puede igualar ni inducir colectivamente.

Irma Sánchez de Díaz
24 de marzo, 2017

Antes que todo permita felicitarlo por sus metáforas al describir la imagen de Rómulo Betancourt, y después pienso, que este escrito deberia ser leido por todos los venezolanos que crean o no en la DEMOCRACIA,es una clase, para muchas personas, que solo ven a Rómulo, de otra forma, que solo lo conocen por sus palabras como multisápidas hallacas etc etc. Todo esto, que está en este artículo es historia de Venezuela y no creo, que con este gobierno se hable de ello, aunque leyendo los comentarios, me he dado cuenta, que hay muchas personas muy claras en estas cosas, que Ud habla en el artículo, pero deben ser personas como yo de la mitad del siglo XX, para acá, que estudiamos y leiamos y seguimos leyendo mucho. Ojalá muchos de nuestra juventud de ahora pueda enterarse de toda esta historia, y de ?Quién fué Fidel Castro y quién es Raúl Castro¿ Lo felicito por su gran escrito,sobre esta historia. ES TODO.

cejotave
25 de marzo, 2017

El historiador mexicano Enrique Krauze, dice que en la segunda mitad del siglo XX, Fidel Castro copó la atencion politica mediatica de latinoamerica, pero con el devenir del tiempo, la figura de Romulo Betancourt, ocupara su justo puesto en nuestra historia como un artifice de la democracia en el continente y como el verdadero lider y visionario de america

Eduardo
26 de marzo, 2017

No es posible mencionar el siglo XX venezolano y dejar a un lado a Betancourt, su aporte al progreso de Venezuela es evidente el problema fue que no se supo dar continuidad a un proceso democratico y social.Pero su aporte en valioso.

Gabriel
27 de marzo, 2017

Delicioso y resumida historia que en la receinte vida politica de nuestro pais se intenta enterrar. Para los menores de 35, la verdad de lo que existio o se vivio antes del 99 solo es valido bajo la optica del gobierno lo que nos deja fuera de cualquier vision objetiva. Importante rescatar que antes de llegar a donde estamos, exisiteron politicos que con aciertos y errores nos pusieron donde estamos, o al menos a la puerta de donde llegamos. Me quedo con una de las ultimas frases de este escrito de HP, donde dice “La economía siempre avisa antes que la política”, sera la situacion de los ultimos años la que nos esta avisando de los cambios que se presentaran en nuestra politica actual? Lo que deseo mas que se presenten (tarde o temprano se presentaran), es que logremos aprender de nuestros errores.

Estelio Mario Pedreáñez
28 de marzo, 2017

Rómulo Betancourt tiene el gran mérito de ser uno de los grandes líderes políticos latinoamericanos que rompió doctrinalmente con el comunismo marxista (en su exilio gomecista fue hasta dirigente de movimientos comunistas) a inicios de la década de los años 30 del siglo XX, mucho antes que Teodoro Petkoff con su famoso libro de 1969 “Checoslovaquia: El Socialismo como Problema” (quien parece no reflexionó sobre las purgas estalinistas, ni sobre la invasión soviética de Hungría en 1956 ni sobre la denuncia de los crímenes de Stalin por su sucesor, Nikita Krushchov), entiendiendo que el comunismo arxista era una ideología utópica totalitaria que llevaría a 2 resultados: La subordinación de Venezuela a gobiernos extranjeros (no se trataba de salir de la dominación gringa para ser siervos de los rusos soviéticos) y la mayor opresión del pueblo bajo la Dictadura de un Partido Comunista, ya que era pura ficción la “Dictadura del Proletariado”. Y sus graves errores de 1945 cuando…

Estelio Mario Pedreáñez
28 de marzo, 2017

…alió a su partido Acción Democrática con una facción importante del Ejército Gomecista para derrocar al neogomecista “general” Medina Angarita y darle orientación política democrática a lo que sin AD estaba destinado a ser otra dictadura militar más (que al final impusieron en 1948 Pérez Jiménez y los otros ladrones que lo secundaron), son los siguientes: 1) No entendió la realidad política del Ejército Gomecista. Pensó que los golpistas eran “jóvenes patriotas e idealistas”, olvidando que estaban formados en la escuela de la crueldad y la ambición por el poder y el dinero que Gómez encarnó. Esto lo llevó a postergar a Pérez Jiménez, quien siendo el verdadero líder de los militares golpistas de 1945, no entró a la Junta Revolucionaria de Gobierno, entrando un oficial de menor grado (el Capitán Mario Vargas) y un “independiente” sin ningún peso político, quien solo fue un enlace. Y Carlos Delgado era un ingeniero formado en Francia, luego Oficial Asimilado y después “Activo” por…

Estelio Mario Pedreáñez
28 de marzo, 2017

…las influencias políticas que manejó con los gobernantes de la época. 2) El sectarismo partidista que llevó a Acción Democrática a hegemonizar la Administración Pública, como si fuera botín de guerra que excluía a los demás venezolanos, y los llevó a participar y/o permitir el hostigamiento a las fuerzas políticas distintas; sabotear reuniones públicas de otros partidos políticos; ilegalizar al Partido del derrocado Medina Angarita (El Partido Democrático Venezolano, PDV); y perseguir en ánimo revanchista a los opositores políticos caídos, enjuiciando a muchos mediante procesos irregulares, o los mandó al destierro y hasta se confiscaron sus bienes. Octubre de 1945 era inevitable: Betancourt pensó que el Congreso Neogomecista escogería en 1946 como Presidente a Eleazar López Contreras, de nuevo. Y el Presidente Medina (antes “pupilo” de López, su Secretario del Despacho cuando López fue Ministro de Gómez) pretendía imponer al Congreso la elección de un civil como Presidente Títere.

Gavin
29 de marzo, 2017

No entiendo cual es la admiración por RB si este fue el precursor de la decadencia del país que se extendió por 40 años y luego se aceleró por los siguientes 12 años para finalmente multiplicarse exponencialmente durante los últimos 4… y así sucesivamente… el que entendió, entendió…

Estelio Mario Pedreáñez
30 de marzo, 2017

¿Por qué Rómulo Betancourt apoyó en 1945 un Golpe de Estado contra el Presidente Medina, organizado por un sector del Ejército Gomecista bajo el supuesto de implantar la Democracia en Venezuela y no participó en ninguna de las tentativas de Golpe de Estado contra el Presidente López Contreras si consideraba que ambos eran ilegítimos por ser herederos de la Dictadura del cruel Juan Vicente Gómez? Betancourt nunca fue invitado a participar en las intentonas militares (todas frustradas) que pretendieron derrocar al neogomecista Presidente López, quien ejerció un sólido liderazgo en el Ejército Gomecista, que lo convirtió en heredero del poder, como Ministro de Guerra y Marina del cruel Gómez a la muerte de éste. Solo neutralizó al sanguinario Eustoquio Gómez y otros “generales de grito y machete” y desterrar a la familia del fallecido Dictador. Y Medina no tenía liderazgo propio, fue por años un subordinado de López, quien lo escogió como sucesor y nunca participó en las guerras civiles.

Estelio Mario Pedreáñez
31 de marzo, 2017

Para “Gavin”: Betancourt fue un político organizador de la sociedad civil para rescatar con la Democracia la Soberanía Popular usurpada por el Tirano Gómez y el Ejército Gomecista. Inició esa tarea política en 1928, vivo el Dictador, que implantó la dictadura más larga, hambreadora, retrógrada, represiva, asesina y entreguista que hasta la fecha había padecido Venezuela. Betancourt logró, a partir de 1958, que los militares, transformado el Ejército Gomecista, se retiraran a los cuarteles y abandonaran sus arbitrarias pretensiones de mando, de creerse “destinados” (y los únicos con derecho) a dirigir a la sociedad venezolana. Y fue el principal protagonista en la tarea pedagógica de sembrar en el pueblo venezolano las ideas del derecho a escoger a sus gobernantes, de exigirles cuentas, de vivir en Democracia. Por eso se le admira. Y si el brillante Hugo Prieto tituló su artículo “Betancourt, el látigo de la memoria”, es para que lo recordemos. “La decadencia del país” es obra de otros.

Estelio Mario Pedreáñez
3 de abril, 2017

Rómulo Betancourt enfrentó la más criminal, corrupta y vendepatria Tiranía hasta la fecha sufrida por Venezuela desde sus 20 años, en 1928, y para que tengamos una idea de tales oprobios, les transcribo (de un libro publicado) parte de la carta de fecha 28/11/1911, que le remitió, desde su exilio en Puerto Rico, el General José Manuel Hernández (“El Mocho Hernández”) al Dictador Juan Vicente Gómez: “…el martirio de las mazmorras, donde han sucumbido tantos y tantos ciudadanos útiles a la Patria, y en donde desde mucho tiempo ni un momento siquiera han dejado oirse los gemidos de las víctimas que las repletan; y ni siquiera en los dìas de celebración de las fiestas centenarias de nuestra Independencia, como un tributo a nuestros Libertadores, se vaciaron aquellos antros sombríos y malditos. En tanto, criminales de primera talla han sido absueltos y pasean libremente su ignominia, dándose hasta el caso de que ocupen importantes puestos públicos con detrimento de todo sentido moral…”.

Estelio Mario Pedreáñez
4 de abril, 2017

Y Rómulo Betancourt jamás fué traidor a nuestra Patria; jamás pidió apoyo de barcos de guerra y ejércitos extranjeros para dar un Golpe de Estado como pidió el Dictador Juan Vicente Gómez en 1908 al Gobierno de los Estados Unidos; no ofreció islas venezolanas a potencias extranjeras para que instalaran bases militares (además prohibido por la Constitución); jamás debilitó ninguna reclamación territorial venezolana en beneficio de un país extranjero; no patrocinó que dictadores extranjeros “co-gobernaran” Venezuela. Y fue el Gobierno de Betancourt el que presentó en 1962 ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), formal reclamación contra el Laudo Arbitral de París de 1899 dictado con fraude por el Tribunal Arbitral de París, que nos despojó de la Guayana Esequiba, declarándolo “nulo e inexistente”, lo que originó el Acuerdo de Ginebra de 1966 que permitirá tal reivindicación. Ní Gómez ní López ní Medina impugnaron ningún Laudo, contra la opinión de Francisco González Guinán

JOSE RAMON QUIJADA
11 de abril, 2017

EXCELENTE ARTICULO INSPIRADOR Y DE MUCHA CONVICCION ., SABER QUE VENEZUELA SUPERO EN AQUEL TIEMPO CALAMIDAD TAL O CUAL PEOR A LA QUE ESTAMOS VIVIENDO EN ESTE FIASCO LLAMADO SOCIALISMO DEL SIGLO XXI. POR EL PEOR PRESIDENTE DE NUESTAR NACION. PERMITIENDO REFLEXIONAR SOBRE PRECISAMENTE ESTE MAL.

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