- Prodavinci - http://historico.prodavinci.com -

La frontera quemante de la iluminación // Diario de Armando Rojas Guardia

Detalle de St. Francis of Assisi preaching to the birds, de Giotto di Bondone

Detalle de St. Francis of Assisi preaching to the birds (1295-1300), de Giotto di Bondone

8

El monje zen que “carga la leña y corta la grama” interiorizando meditativamente a lo largo del día el contenido del kōan que le propuso su maestro está viviendo la cotidianidad de manera abismal: en la frontera quemante de la iluminación. Para Heidegger existen una manera auténtica y otra inauténtica de vivir la cotianidad: la inauténtica tiene que ver con lo que para él es el “ser” impersonal, la charlatanería, la anestesiante vocinglería social que, al invadirnos, nos sustituye: piensa, actúa y vive por nosotros adhiriéndonos a pautas y comportamientos masificados, gregarios. La cotianidad puede ser el ámbito de la inercia, de la opacidad, de la seducción de la entropía (la irresistible fascinación que ejerce lo inorgánico): el cáncer clandestino y tácito de lo tanático. O, por el contrario, puede ser el espacio de la salvación, si es vivida desde el velar (budista y cristiano), desde la atención, desde la sosegada (no crispada ni compulsiva) decisión de no dejarse arrastrar por la pulsión de muerte. “Dios anda entre los pucheros de la cocina”, afirmaba, como es sabido, Teresa de Avila. Y toda la doctrina espiritual de Teresa de Lisieux se cifra en el intento de encarar el transcurrir cotidiano como una parábola evangélica propuesta a cada uno de nosotros, personalísimamente, por Dios mismo. Los místicos nos enseñan a vivir la cotianidad en clave mistagógica: como una paulatina, acompasada, rítmica introducción al ámbito numinoso del Misterio con el tenemos una cita contraída desde el momento en que nacimos y que nos aguarda siempre, en el último fondo de nuestro abismo interior y a todo lo ancho de la expresividad del mundo.

11

La solidaridad no puede, y no debe, ser impuesta. No puede, ni debe, ser una solidaridad vigilada policialmente Al ser vigilada, la pervierte enseguida el resentimiento. Y se transforma en odio.

Suscríbete al canal de Prodavinci en Telegram haciendo click aquí