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2016: el año en que nos volvimos brutos; por Héctor Abad Faciolince

Por Héctor Abad Faciolince | 28 de noviembre, 2016
Benito Mussilini se enfrenta en un duelo de esgrima al líder de la milicia fascista el 23 de noviembre de 1936 / Fotografía de AP

Benito Mussilini se enfrenta en un duelo de esgrima al líder de la milicia fascista el 23 de noviembre de 1936 / Fotografía de AP

No son extrañas las elecciones en que la democracia se enloquece.

En 1924, si bien en un ambiente de miedo e intimidación, Mussolini y los fascistas (con unos cuantos aliados) alcanzaban casi el 65% de los votos en Italia. Cuando Matteotti denunció las intimidaciones y crímenes que desvirtuaban ese voto, los fascistas no dudaron en secuestrarlo y asesinarlo, y Mussolini asumió la responsabilidad “histórica, política y moral” de ese asesinato.

En marzo de 1933, el partido nazi de Hitler alcanzó la mayoría relativa del Reichstag alemán, con el 43,91% de los votos. Los socialdemócratas y los comunistas alcanzaron apenas el 30%, pero Hitler volvió ilegales a esos partidos y luego supo manipular el apoyo de nacionalistas y centristas. Para llegar al poder los nazis no dudaron en matar a decenas de candidatos que se oponían a ellos.

Mientras algunos comunistas pensaban que la elección de Hitler serviría para “agudizar las contradicciones” y precipitar la llegada de una insurrección popular (la extrema izquierda de hoy dice tonterías parecidas sobre Trump), escritores como Joseph Roth alcanzaron a ver lúcidamente que ese triunfo de los nazis sería la instauración de “la sucursal del infierno sobre la tierra”. Un infierno de 12 años.

Donald Trump posa usando un anillo que le regalaron un grupo de veteranos durante un evento en el campus de Drake University, el jueves 28 de enero de 2016 / Fotografía de Jae C. hang, AP

Donald Trump posa usando un anillo que le regalaron un grupo de veteranos durante un evento en el campus de Drake University, el jueves 28 de enero de 2016 / Fotografía de Jae C. hang, AP

Ya en épocas más remotas otros escritores habían advertido de qué modo a veces los países parecían propiciar su propio desastre voluntariamente. En una carta a Turguéniev, fechada en noviembre de 1872, Gustave Flaubert se quejaba de los acontecimientos de aquellos años en Francia: “Tengo la misma tristeza que los patricios romanos en el siglo IV. Siento que asciende desde el suelo una irremediable Barbarie. Confío en haber reventado antes de que ella arrase con todo. […] Siempre he intentado vivir en una torre de marfil, pero una marea de mierda golpea los muros hasta desplomarla. […] Si no trabajara, me tiraría de cabeza al río con una piedra al cuello; 1870 ha vuelto locos, imbéciles o violentos a mucha gente”. Hace 150 años Flaubert sentía que la vulgaridad, la grosería, el desprecio por la belleza y por los ideales más nobles, se estaban imponiendo. Y no se trataba solo de la política, aclaraba, sino de algo generalizado: un “estado mental de Francia”.

Lo ocurrido en Gran Bretaña con el triunfo populista del Brexit, en Colombia con el manipulado triunfo del No, en Estados Unidos con la derrota del establishment (o con el triunfo de la megalomanía, el racismo y la grosería absoluta de Trump), y los posibles escenarios nefastos que podrían verificarse en Austria y en Francia, me hacen pensar con tristeza en este moribundo año 2016. Las señales que leo en los acontecimientos recientes me hacen ser pesimista por primera vez sobre el futuro próximo. El triunfo del asco fascista o fascistoide me parece evidente, y no creo que podamos responder a él con la moderación, la cautela o la tibieza. El Zentrum alemán (al disolverse por miedo en el 33) también ayudó a la consolidación del poder nazi.

Ex-alcalde de Londres y promotor de Brexit, Boris Johnson

Ex-alcalde de Londres y promotor de Brexit, Boris Johnson

Colombia era, o parecía ser, una de las pocas buenas noticias del mundo. Ahora la renegociación del nuevo Acuerdo de Paz (no estoy seguro de si más o menos bueno que el primero: hay retrocesos en verdad y en temas de impuestos sobre la tierra), no se va a refrendar por la vía popular, sino por otra, legal, pero impopular: a través del Congreso. El 2016, parece decir el Gobierno, no es un año bueno para otra aventura electoral, y prefiere acudir a herramientas jurídicas existentes. Va a ganar la paz, pero sin entusiasmos de masas. Su refrendación definitiva serán las próximas elecciones, donde no se elegirá un gobierno de transición (como sugirió Timochenko), sino un gobierno que apoye o rechace este necesario, benéfico y frágil acuerdo de paz.

Parafraseando a Flaubert se podría decir que el 2016 ha vuelto locos, imbéciles o violentos a mucha gente. Yo mismo no veo cómo no volverme loco ante el cúmulo de brutalidades que me toca oír o leer a toda hora.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (4)

Dimitry Kashkaroff
28 de noviembre, 2016

Coincido en gran medida con el artículo. Con su idea general. Con su “espíritu”. No acabo de estar seguro, sin embargo, que los resultados colombiano pertenezcan al mismo apartado. Creo que es un tema complejo y los resultados que vimos no significan, simplemente, que más de la mitad de los colombianos estuviese en contra de la paz (razonamiento no aplicable a los otros ejemplos).

Diógenes Decambrí.
30 de noviembre, 2016

Yo modificaría esta línea “Va a ganar la paz, pero sin entusiasmos de masas”, y redactaría “Va a ganar el acuerdo beneficioso a la yunta Santos-Farc, pero sin consultar al pueblo y a pesar de tantas reservas que todavía subsisten”. Del apuro queda el cansancio, y de la imposición del “nuevo” acuerdo, pueden quedar muchas heridas abiertas, que no van a permitir que se alcance una genuina paz, pues no se ha respetado ni a la Justicia ni a la Soberanía popular. En ningún diccionario la palabra PAZ es sinónimo de IMPUNIDAD, ni el término JUSTICIA es compatible con Privilegios.

Ricardo
1 de diciembre, 2016

Es impresionante la burbuja de arrogancia -e ignorancia- en la que viven ciertas personas. Si hubiese ganado el Remain en UK, el ‘Sí’ en Colombia y Hillary en USA, todos estaríamos más cerca de la utopía gracias a las sabias masas. Como no ocurrió nada de eso, la democracia no es tan buena y hay que “reinventarla”. Les doy un consejo gratuito: dejen de leer el NYT y The Guardian, dejen de ver CNN y BBC. A lo mejor empiezan a entender el mundo.

DavidC
2 de diciembre, 2016

Excelente artículo. No hay otra forma de ver éste año 2016 donde ha sobresalido lo más oscuro de la humanidad.

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