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Los terroristas muertos no sirven para nada; por Kai Ambos

Kai Ambos es Catedrático de Derecho Penal, Derecho Procesal Penal, Derecho Comparado y Derecho Penal Internacional en Alemania en la Georg-August Universität Göttingen (GAU). Director del Centro de Estudios de Derecho Penal y Procesal Penal Latinoamericano (CEDPAL) de la GAU y juez del Tribunal Provincial de Göttingen. Traducción de Gustavo Urquizo, LL.M. y Doctorando de la GAU.

Por Kai Ambos | 15 de septiembre, 2016
Los terroristas muertos no sirven para nada; por Kai Ambos 640

Fotografía de Christian Hartmann tomada el viernes 13 de noviembre de 2015 durante una serie de atentados terroristas que tuvieron lugar en París y arrojaron más de 150 muertos. Reuters.

Resulta sorprendente la escasa discusión pública que genera el hecho de que la policía haya dado muerte a todos los autores de atentados terroristas de los últimos tiempos, ya sea en Francia, Canadá o Alemania. En un reportaje de la BBC world news sobre la muerte de los supuestos terroristas de Ontario (Canadá) se informó solamente sobre la biografía y las posibles conexiones de éstos con el denominado Estado Islámico (EI) sin decir nada respecto a las circunstancias de sus muertes.

Esto resulta sintomático de la cobertura que se da a casos de este tipo. En ese sentido, casi se tiene la impresión de que la muerte sería una consecuencia natural y necesaria de las intervenciones policiales; y esto evoca al llamado a la “lucha contra el terrorismo”, realizado por el presidente de los Estados Unidos, George Bush Jr., tras los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Las consecuencias para los Derechos Humanos son ampliamente conocidas. En Alemania basta recordar el destino que corrió El Masri, un ciudadano alemán de origen kuwaití que fue recluido en Guantánamo. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos aprovechó éste y otros casos para evaluar las denominadas “entregas extraordinarias” (extraordinary renditions) de los norteamericanos y constató, entre otras violaciones, infracciones contra el derecho a la libertad y la prohibición de tortura.

A pesar de todo esto, el presidente francés, François Hollande también se sirve de la retórica de la guerra, adhiriendo con ello a una argumentación que en lo fundamental pone en cuestión el derecho a la vida de los terroristas —ya sea como enemigos de la sociedad civil o como combatientes ilegales—. Tampoco el llamado a utilizar las fuerzas militares ayuda mucho en este contexto. Al contrario, esto no resulta digno de un Estado de Derecho que cuenta con una policía profesional.

En un Estado de Derecho, la prohibición de matar rige casi de modo absoluto en tiempos de paz. Pero incluso en un conflicto armado sólo existe un derecho limitado a matar a los combatientes, suponiendo –con base en la mencionada retórica del presidente francés– que haya un conflicto con el EI (Estado Islámico). De hecho, ya resulta bastante discutible si los miembros del EI pueden ser considerados como combatientes.

De todos modos, en tiempos de paz sólo existe un derecho a matar en casos excepcionales, en concreto, cuando matar constituye el único medio para defender bienes jurídicos fundamentales. Los penalistas llaman a esto “legítima defensa”, la cual constituye un principio general de derecho comparado e internacional. Sin embargo, en todos los sistemas jurídicos la legítima defensa tiene límites, impuestos por el principio de proporcionalidad, en casos de reacciones excesivas.

Por lo demás, de acuerdo con la comprensión alemana, ampliamente dominante en el ámbito jurídico-penal hispanoamericano, una muerte puede en todo caso ser exculpada pero no justificada, y ello cuando representa el único medio para salvar la propia vida –fuera de situaciones de grave agresión.

La distinción entre justificación y exculpación es altamente significativa pues ella demarca el límite entre el injusto objetivo y la culpabilidad subjetiva. Así, quien se halla justificado actúa de conformidad con el derecho; en cambio, quien sólo es exculpado infringe el derecho aunque, al final, esto no le pueda ser reprochado. Las causas de justificación y de exculpación son aplicables a todos los ciudadanos. Sin embargo, se discute si los policías pueden invocarlas, considerando que estos disponen de derechos de represión específicos. Esto también incluye un derecho a matar en situaciones excepcionales (“fuerza final letal”).

En ese contexto, en un Estado de Derecho todo uso letal de armas de fuego por parte de la policía puede y tiene que ser investigado y examinado de una forma crítica e independiente. Los controles democráticos estatales, sobre todo respecto del uso de la fuerza policial, pertenecen a las bases de todo Estado de Derecho. La colectividad tiene un derecho a la información, el cual tiene que plasmarse mediante un periodismo crítico de calidad. Por consiguiente, no es la pregunta sobre la necesidad de una muerte la que requiere de una justificación sino más bien el hecho de la muerte misma.

Plantear esa pregunta no significa naturalmente colocar a la policía bajo una sospecha generalizada. Más bien, sólo implica hacer lo mismo que se hace en todos los casos en los que se produce una muerte entre ciudadanos: la realización de una investigación penal para constatar si existe un comportamiento punible o, por lo menos, antijurídico. No debe olvidarse que la policía, en tanto autoridad pública y representante más notable del monopolio de la violencia estatal, está sujeta –aunque esto sea lo que precisamente se olvida muy rápido cuando la seguridad pública peligra de un modo extremo– a reglas más estrictas en comparación con los ciudadanos normales. Esto se revela ya en muchos ámbitos del ordenamiento jurídico, por ejemplo, en el hecho de que una lesión corporal causada por un policía sea sancionada más severamente que la ocasionada por un ciudadano normal.

Plantear la cuestión acerca de la justificación de una muerte no significa en ningún caso una anticipación de la respuesta. El resultado de todo examen depende –y esto lo saben muy bien la policía y la fiscalía– de las circunstancias del caso concreto. En ese sentido, los diagnósticos genéricos emitidos por los medios o incluso por los denominados expertos en terrorismo no resultan útiles. Aquí hay que considerar diversos factores, especialmente las circunstancias concretas de la intervención policial; pero también la amenaza terrorista actual, la presión sobre las fuerzas policiales vinculada a aquella, así como la formación de éstas.

En ese sentido, uno podría esperar que en una situación conflictiva concreta las fuerzas de operaciones especiales, específicamente entrenadas para afrontar esas situaciones, puedan limitarse a neutralizar la capacidad agresora del atacante cuando su muerte no sea obligatoriamente necesaria, evitando así mayores daños.

Más allá de todas estas consideraciones jurídicas también es importante recordar lo siguiente: los terroristas muertos no aportan ninguna información para la lucha antiterrorista, sólo sirven para la propaganda terrorista.

Kai Ambos Catedrático de Derecho Penal, Derecho Procesal Penal, Derecho Comparado y Derecho Penal Internacional en la Georg-August-Universität Göttingen (Alemania) y Juez del Tribunal Provincial (Landgericht), actualmente designado en el Tribunal Superior de Braunschweig.

Comentarios (3)

Javier Monzón
15 de septiembre, 2016

Opino que el autor del escrito, se debía llevar a los asesinos terrorista islamistas para su casa. Cualquier encuesta con seguridad dará la mayoría a los que como yo,opinan que el único terrorista bueno es el terrorista muero

Carlos Herrera
15 de septiembre, 2016

Creo que en situaciones extremas es justificable el que la fuerza del Estado llegue hasta las últimas consecuencias (en este caso el de matar a un terrorista)siempre y cuando se trate de salvar las vidas de los ciudadanos que están dentro de la Ley. Y como bien lo menciona al final de su artículo “los terroristas muertos no aportan ninguna información para la lucha antiterrorista”. Lo felicito por abordar el tema desde un punto de vista tan pragmático…Ü

hector escalona
16 de septiembre, 2016

considero que la politica de matar a los terroristas es falla en varios puntos; 1.- No es disuasiva, ya que los elementos terroristas cuentan con la muerte en sus acciones. 2.- no permite una labor de inteligencia de interrogar a los culpables 3.- evade a los terroristas de enfrentar a los daños de sus acciones, si tuvieran que hacerlo tal vez tuviesen un efecto disuativo mayor, años de prision son un mal mayor que una muerte inmediata, ellos no veran a sus victimas. 3.- tiene un efecto de crear martires 4.- da pie a un efecto de perverso de restringir las libertades y derechos que contradictoriamente se estan defendiendo contra los terroristas, combatir fuego con fuego solo da derecho a encender no apagar los incendios. 5.- esto tiene un efecto contraproducente en los derechos de todos, se empieza con los terroristas, luego con los sospechosos, se termina con cualquier grupo que se considere asociado asi siendo inocente, es una evolucion historica.

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