Artes

Desconocido lector; por Jorge Volpi

Por Jorge Volpi | 21 de agosto, 2016
Mural elaborado por Dan Bergeron.

Mural elaborado por Dan Bergeron.

Pensemos en un lector (o lectora). No en un lector o lectora especializados —un periodista, un crítico, un librero, un escritor, un editor, algún otro miembro de nuestro “mundito”—, sino en un lector normal. Un ingeniero, un universitario, un médico, un abogado, un taxista, un maestro, un comerciante, un chofer, un empresario, un policía que, por puro placer, lee. Una anomalía en un país en donde el promedio de lectura sigue siendo uno de los más bajos de América Latina. Una excepción en un país que, como tantos otros, se empeña en enseñarle a los niños a odiar la lectura: a verla como una obligación aborrecible y no como un gozo compartido.

Pero ese lector normal, que ama leer, existe. Pero, ¿por qué lee lo que lee? ¿Cómo llega a cada volumen que engrosa su biblioteca o reposa en su mesa de noche o se acumula en sus estanterías o yace en una esquina de su habitación? ¿Por qué carga justo ese título de aquí para allá, en la oficina o el transporte público, por qué lo sostiene largas horas o días entre sus manos, por qué lo atesora o lo odia sin ser capaz de abandonarlo? ¿Cómo ha llegado a él entre los “demasiados libros”, para usar la expresión de Gabriel Zaid? ¿Por qué ese libro y no cualquier otro? ¿Cómo se modela el gusto lector en los tiempos de internet, de las redes sociales, de Amazon?

La escuela, lo hemos dicho, poco ayuda: quizás algún buen maestro, un padre o una madre o un tío o un amigo lectores, hayan hecho más por él o ella que toda su educación formal. En un país con cientos de bibliotecas, pero sin la tradición de usarlas más que para “hacer la tarea”, descartemos su influjo. ¿Y entonces? ¿Cómo llega a ese libro? ¿Por la recomendación de un conocido? Sin duda. ¿Por una reseña en un diario o una revista? Seguro que no: la influencia de los críticos se ha desvanecido hasta volverse casi irrelevante. ¿Visitando una librería y dejándose seducir por las portadas o las cuartas de forros al azar? Tal vez, pero el número de librerías en México es raquítico. ¿Escuchando una entrevista de radio o de televisión? Es posible. ¿Leyendo un blog o una recomendación en Facebook o en Twitter? ¿O siguiendo las recomendaciones que les da un algoritmo?

Cuando los adultos ni por error se adentran en una biblioteca, hay que asumir que la lectura es una inversión. Los libros son caros o muy caros, sobre todo si se toman en cuenta nuestras aberrantes desigualdades. 200 ó 300 pesos que a la mayor parte de la población le serían indispensable para necesidades más urgentes. Y si se piensa que a ese libro le dedicaremos mucho tiempo, la decisión tendría que tomarse con cautela. De ahí el triunfo de los manuales de autoayuda o de los autores que la camuflan con una pátina literaria. También, de los que prometen una gratificación inmediata: los libros que enseñan cosas (como si no todos los libros lo hicieran): los manuales de historia o, mejor aún, las novelas históricas; las biografías (sobre todo de celebridades mediáticas); los reportajes y las crónicas; la divulgación científica y acaso algún libro de arte.

Luego está, claro, la “evasión”: los lectores que buscan desconectarse de su vida cotidiana (o eso asumen) y persiguen thrillers, policiales, novelas románticas. ¿Y al final de todo esto dónde queda la “literatura”? La poesía, por desgracia, entre un puñado de excéntricos (la mayoría poetas). Los clásicos, pese a que en la red ahora pueden descargarse gratis, entre otro puñado de nerds o nostálgicos. ¿Y las novedades de nuestro tiempo? ¿Cómo distinguirlas? ¿Cómo elegir un autor entre tantos autores? ¿Y cómo evaluar su “calidad”? El misterio persiste.

Y aun así, los escritores seguimos aspirando a llegar a esos lectores normales y, en aras de esa fantasía, nos sometemos a “promover” nuestros libros de aquí para allá, dóciles ante los palos de ciego dictados por los responsables de difusión de las editoriales, en una sanguinaria competencia para que nuestros libros escapen por un momento a la invisibilidad, se batan con otros y lleguen a las manos de ese lector, ya no tan imaginario, que dialogará con nosotros sin que jamás lleguemos a conocerlo.

Jorge Volpi 

Comentarios (4)

Victoria I
21 de agosto, 2016

El artículo versa sobre un hermoso sortilegio en torno al lector y sus libros… No es un tema fácil de explorar …Profesor Volpi..sólo me viene esta idea.. UN LIBRO, o un libro.. es como un maestro en la cola de un posible lector, y sólo llega cuando ese lector está preparado para recibirlo..para Bien o para mal (sortilegio),…. ¿ será que la relación libro-lector es causal y no casual..o casual y casual al mismo tiempo?. Digo esto porque en mi primera juventud llegaron a mis manos, como obsequio inesperado, DOS HERMOSOS libros del ilustre mexicano e hispanoamericano Juan Rulfo. ….Gracias por su artículo y saludos caraqueños desde una hermosa trinchera de Nueva Inglaterra. Vic.I .. ¡ Abajo Cadenas Venezuela !

Pedro Aranguren
21 de agosto, 2016

Leo desde los 5 años, mi padre, autodidacta, leía de todo. Y yo lo imite hasta los 18. Me dediqué a estudiar ing.electrica y recuperé la lectura 10 años después. Ahora, ya retirado,leo de todo: clásicos, actualidad, novela, deportes, prensa,blogs, etc, tratando de recuperar el tiempo perdido. Saludos

Hernan Cortez Regalado
21 de agosto, 2016

Yo soy un lector común, me gusta y me entretiene, creo porque en mi infancia cayeron en mis manos fabulosas historias como las de Julio Verne. Es raro observar a un venezolano leyendo un libro en un sitio publico, esa como que no es nuestra forma favorita de aprender. Como que llevamos la inmediatez en la sangre y queremos actuar sin preparación. Necesitamos *libros almohadas* para aprender sin leer y por supuesto mucho menos sin escribir. Parece que no tenemos paciencia para leer y ahora menos con el *pajarito de 140 caracteres* y aun menos con los diccionarios de teleayuda. En fin tarea dura la del escritor,editor y vendedores de libros.

lacuentacuentos
3 de septiembre, 2016

Importante reflexión, sobre todo el tema de los seudo-libros que se disfrazan de liteatura express y del laberinto que se ha creado entre las novedades de estos tiempos y el gran cumulo de libros y propuestas..promover la lectura es una de las labores que actualmente requiere de mucha atención dedicación y seguimiento

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