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La redentora muerte del padre Kolbe en Auschwitz

Por Deutsche Welle | 16 de agosto, 2016
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Maximilian Kolbe, sacerdote católico.

LogoDW80x120El 29 de julio de 1941, el comandante jefe Karl Fritzsch ordenó que diez hombres debían morir de hambre en respuesta a la supuesta fuga de tres internos. Cuando oyó su sentencia, Franciszek Gajowniczek, un sargento del Ejército polaco, casado y padre de dos niños, estalló en lágrimas, provocando que Maximilian Kolbe se acercara hasta Fritzsch para hacerle una propuesta.

“Soy un sacerdote católico polaco”, le dijo, según atestiguaron los internos que presenciaron la escena. “Me gustaría ir en su lugar, puesto que él tiene esposa e hijos”. Fritz aceptó la oferta y Kolbe fue a cumplir su condena junto con los otros nueve hombres, a quienes trató de consolar. Dos semanas más tarde, Kolbe y los otros tres prisioneros que aún seguían vivos fueron asesinados en la cámara de gas y sus cuerpos fueron incinerados.

Raymund Kolbe había nacido en 1894, en la región polaca de Lodz, entonces territorio del Imperio Ruso. De padre alemán y madre polaca, pobres, pero muy devotos, Kolbe fue enviado junto con su hermano a estudiar en el seminario franciscano de Lyiy, donde recibió como religioso el nombre de Maximilian. Después estudió Filosofía y Teología en Roma. La muerte no le era extraña: dos de sus hermanos murieron antes de cumplir los cinco años y su padre fue ejecutado por luchar contra Rusia por la independencia polaca.

Como sacerdote, Kolbe fundó un monasterio cerca de Varsovia, que incluía alojamiento, espacio para seminario, talleres, imprenta y edición, así como su propia emisora. El complejo fue rápidamente conocido por la región y acogió a más de 700 franciscanos hasta finales de la década de 1930. La labor de Kolbe allí finalizó en 1939. Los nazis hicieron del monasterio una prisión y expulsaron a la calle a sus habitantes. Kolbe fue arrestado, liberado y de nuevo apresado. En 1941 fue enviado a Auschwitz y murió a la edad de 47 años.

Compasión “radical”

La terrible muerte de Kolbe inspiró a sus compañeros de cautiverio, así como a la futura resistencia. “En medio de la destrucción, el terror y el mal, hizo florecer la esperanza”, dijo Michal Micherdzinski, uno de los testigos de la propuesta de Kolbe, durante una entrevista concedida poco antes de morir, en 2006. Gottfried Bohl, director de noticias en la agencia católica alemana KNA, dice que el acto de auto sacrificio de Kolbe “es una muestra de compasión en su forma más radical. Sacrificó su vida para salvar la de otro ser humano. Esto nos muestra cómo los actos de humanidad persisten incluso en los momentos más oscuros e inhumanos”.

A principios de la década e los 60, cuando las relaciones entre Alemania y Polonia eran tensas, obispos de ambos países impulsaron la canonización de Kolbe. “Trabajaron por la reconciliación cuando nadie más lo hacía”, dice Bohl. “Y se los recibió con hostilidad por ese motivo”. Kolbe fue beatificado por el papa Pablo VI en 1971 y canonizado como mártir en 1982 por Juan Pablo II. En ambas ceremonias estuvo presente Franciszek Gajowniczek, que vivió hasta los 93 años gracias a Kolbe.

Gajowniczek viajó por Europa y Estados Unidos promoviendo el trabajo de Kolbe, que es el patrón de los drogadictos, los prisioneros y los periodistas. Durante la reciente visita del papa Francisco a Auschwitz, el pontífice rezó en la celda donde Kolbe vivió su martirio. Dos organizaciones activas continúan en Alemania su labor. Fundada en 1973, la Obra Maximilian Werk se encuentra en la ciudad de Friburgo y sirve como refugio para los sobrevivientes de los campos de concentración nazis, independientemente de su fe. Hay otra fundación en Berlín con el nombre de Kolbe que lleva a cabo proyectos de reconciliación en Europa.

Deutsche Welle 

Comentarios (3)

Estelio Mario Pedreáñez
16 de agosto, 2016

El sacerdote católico Maximilian Kolbe (polaco-alemán) fue un héroe en los tiempos de barbarie y animalidad que vivió y exportó Alemania bajo el gobierno de los genocidas nazis. Este episodio cruelísimo de matar a inocentes de hambre quizá lo aprendieron Hitler y sus Nazis del Ejército Expedicionario Alemán que cometió, por orden del Káiser Guillermo II, el Genocidio contra los Herero y Namas durante 1904-1908 en la actual Namibia, cuando era colonia alemana, cuando mataron a más de 160 mil hombres, mujeres y niños indefensos, a tiros, quemados vivos, de hambre y sed, torturados, de hambre y sed, por “experimentos médicos” o por agotamiento en trabajos forzados, ya que los esclavizaron en los primeros campos de exterminio que conoció la Humanidad. Y cuando protestó la opinión pública internacional (nunca la alemana) el Gobierno Alemán dijo por escrito que a los negros africanos no los protegían los Tratados de Ginebra ni el Derecho de Gentes porque “no eran humanos” sino “sub-humanos”.

Nela Moser
16 de agosto, 2016

Historias como la de Kolbe podrían narrarse en nuestros diarios para que podamos conocer la capacidad de los humanos. Unos de infinita compasión y bondad y otros de inconmensurable barbarie y animalidad. Quizás reaccionemos y lleguemos a tendernos la mano para dejarnos de tanta indolencia. Gracias Prodavinci por tantos articulos de interes.

Eduardo
17 de agosto, 2016

En medio de todo el horror del holocausto nazi esta hombre dio la vida por otro es algo que no deja insensible a nadie sea o no creyente.

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