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“Independence Day”; por Santiago Gamboa

“Independence Day”; por Santiago Gamboa 640323

El primer ministro del Reino Unido, David Cameron. Fotografía de AFP.

Fue la expresión con la cual los partidarios del Brexit bautizaron el 23 de junio: el día de la independencia. Y a pesar del populismo implícito, no es difícil entender que ese mensaje haya calado muy profundo, sobre todo en la gente adulta y en los mayores, pues la verdad es que la Unión Europea, tal como es hoy en realidad, está dirigida por dos países: Alemania en primer lugar, y en segundo por Francia. Ambos, en diferentes épocas, enemigos históricos de Gran Bretaña. Si a eso se le suma la costosa inmigración (sobre todo de europeos del sur) y la costosa burocracia de Bruselas (donde hay 2.000 funcionarios británicos), las cuentas no cuadran con una Europa en la que, vale la pena recordar, Gran Bretaña tuvo sólo un pie adentro, ya que no formó parte del espacio Schengen ni adoptó el euro.

Fue un miembro atípico al que Bruselas le aceptó exigencias que no se le dieron a ningún otro país, con tal de que se quedara. Y se comprende. La economía británica y su aporte a las arcas europeas fue monumental. Perderla supone un golpe que, por mucho que hablen de estabilidad económica, deja a todos un poco knocked out. ¡Se va uno de los socios más ricos! En la anterior crisis, cuando se consideró que Grecia saliera de Europa por su insolvencia, Bruselas poco se inquietó, y si al final la Merkel dejó que se quedaran fue sólo porque al enviarles recursos europeos, Grecia podría pagar a los bancos alemanes y franceses. Y aquí está el meollo del asunto: Grecia era un país desobediente y pobre, de los que vacían el baúl comunal, y a nadie le importó su suerte. Gran Bretaña en cambio es de los que llenan ese mismo baúl y por eso ahora todos lloran.

Es el problema de siempre: el individualismo del que se ve rico y estupendo, y que considera natural alejarse del pobre, así sea su primo hermano. Como la Cataluña de Piqué queriendo separarse de España. O la Padania, esa región del norte de Italia en donde se concentra la mayoría de la industria, que sueña con desprenderse del resto, reino salvaje de gente dicharachera y desordenada (excelente en cocina, literatura y fútbol, reconocen). El mundo es así desde que desaparecieron las ideologías y la economía vino a suplantar cualquier otro valor. El espíritu del capitalismo logró que la única moral nacional sea la riqueza y cualquier otra consideración pasa a segundo plano. Hasta en Italia Hobbes le ganó a Casanova.

Lo paradójico del Brexit es que en los países ricos le dio más vida a los movimientos de ultraderecha, empezando por la francesa Marine Le Pen, quien habló de “día de libertad”. Y el pobre Cameron, personificando la expresión “salirle a uno el tiro por la culata”. Pero, ¿qué pasaría si hoy se hicieran plebiscitos en Suecia, Holanda o Noruega, que son también de los que llenan el baúl? Probablemente algo parecido. Los países pobres de Europa, en cambio, no pueden darse el lujo de ser euro escépticos, pues en gran parte dependen de ella para sobrevivir.

Otrosí: Curioso que esta debacle en el Viejo Continente coincida por horas con la firma del fin del conflicto en Colombia, que para nosotros sí es, en toda la amplitud del término, un verdadero día de independencia. Queda sólo esperar que en nuestro plebiscito el tiro no salga por la culata.