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Las fantasías revolucionarias y el hambre; por Manuel Llorens

Por Manuel Llorens | 15 de junio, 2016

Fantasía revolucionaria y el hambre las vacas de Fidel y los gorriones de Mao; por Manuel Llorens

Las revoluciones utópicas del siglo XX y la lamentable versión reencauchada que hemos padecido en Venezuela en el siglo XXI tienen una dimensión tragicómica desconcertante. Las anécdotas que sobreviven son hilarantes a la distancia y devastadoras en tiempo real.

Soy de los psicólogos que cree que debemos resistir la tentación a recurrir a la metáfora psiquiátrica para describir los procesos sociales. Pero dicho esto, creo necesario identificar el elemento de locura presente en el discurso revolucionario que venimos padeciendo, que creo, tiene paralelos muy sugerentes en la historia.

En particular, la relación entre fantasía revolucionaria y hambre muestra uno de los “reversos obscenos”, como lo denominaría Zizek, de la arquitectura del pensamiento revolucionario. Resumido en dos oraciones, las reivindicaciones de los más desempoderados, la lucha por la igualdad de manera que todos tengan acceso a un sustento material digno son, en primerísima instancia, uno de los ideales fundamentales de la revolución socialista. Por ende, el hambre resultaría la consecuencia más catastrófica, la menos probable si todo saliera mínimamente según lo propuesto. Sería la muestra más evidente de su fracaso o por lo menos, su consecuencia más paradójica, más difícil de explicar. Y sin embargo…

La vacas de Fidel

Comencé a investigar sobre el amor de Fidel Castro por las vacas por la autobiografía de Alina Fernández, hija de Fidel quien pinta un retrato íntimo de su padre en que aparece un personaje mayormente ausente, engolado y abandonador, que hacía apariciones intermitentes, llenas de grandilocuencia, coloreadas por curiosidades simpáticas y rocambolescas entre las cuales aparece la afición vaquera[1]. Su madre, una enamorada de clase alta que sostiene un amorío de larga data pero esporádico con Fidel, se le encomienda la tarea de viajar a Francia a reunirse con químicos franceses para tratar de incorporar su sabiduría científica a los avances de la revolución cubana. Su madre no sabía nada de química, pero eso no importó porque, en palabras de su hija, para ella “vivir era cuestión de ideología”.

Total que en los años sesenta Fidel estaba convencido de que iba a producir los avances científicos más asombrosos él mismo y decidió acometer la tarea de crear nuevas razas de vacas cubanas mezclando una Holstein con el Cebú nacional, todo en el marco del plan faraónico del Cordón de la Habana que prometió autoabastecer a toda la ciudad y convertir a Cuba en uno de los mayores productores de leche y carne del mundo. Esta dimensión planetaria, esta desmesura, es una de las características básicas de la arquitectura de estas fantasías.

El plan implicó la contratación de numerosos expertos internacionales ansiosos de inventar a sus anchas y ganarse unos dolaritos. Las nuevas mezclas las bautizaron F1, F2 y F3, en honor a Fidel. Los videos que se encuentran en internet de él caminando por establos, explicándole a toda la población las maravillas que estaba engendrando su mente prodigiosa son todo un documento.

Al comandante se le ocurrieron numerosos inventos “revolucionarios”, como colocarle música clásica a los jornaleros durante la zafra para aumentar la producción por lo que envió orquestas y bandas a tocar en el campo bajo el sol. La música clásica en general, le parecía de vanguardia porque también inventó unos peroles para meter la cabeza de las vacas en aire-acondicionado, amenizado con música para aumentar la producción de leche. Una intervención revolucionaria directo al hipotálamo, según las palabras del propio jefe.

En un libro ya clásico[2], dentro de la enorme literatura crítica a la revolución cubana que salió de los escritores que padecieron sus persecuciones, Jorge Edwards, diplomático chileno que estuvo en Cuba en 1971, hizo varios comentarios sobre la psicología colectiva que rodeaba las fantasías agrícolas. En los años inmediatos previos a la llegada de Edwards a Cuba, Fidel se planteó la meta de cosechar 10 millones de toneladas de caña de azúcar, lo que se llamó de manera épica (¿de qué otra manera?) “la zafra de los diez millones”. Edwards cuenta que Fidel lideraba el proceso con “un optimismo contagioso capaz de convencer y movilizar a la mayoría de un país, aunque se base en cifras y datos erróneos, en un conocimiento inexacto de la realidad”. El fracaso de esa promesa fue significativo, porque las esperanzas de recuperación económica se habían depositado en esa gesta. Sigue Edwards: “El fracaso de la zafra de los diez millones había traído un clima extraño, inquietante. ‘No te puedes imaginar lo que fue eso. Nadie soñó con echarle la culpa al gobierno, ¡por el contrario!… Cada cubano sintió el fracaso como algo propio. Esto se palpaba en las calles. Cada cubano lloró el fracaso de la zafra.”

Pero las decepciones no llevaron a la reflexión y la rectificación. En 1970 Fidel reconoció el fracaso y abrió a un proceso de crítica. Pero quedó en la pantomima, en gesto vacío. Había algo en la estructura del poder, que evitaba reflexionar, según Edwards:

“Si se hubieran escuchado ciertas críticas en el momento oportuno, no habría sido necesario equivocarse respecto de la zafra. La revolución cubana que siempre procede por tientos y contragolpes, estimulaba ahora un vasto movimiento de reflexión y polémica en los centros de trabajo”. Uno de los errores señalados fue la falta “de control democrático para tomar decisiones”. Pero su principal proponente, pronto fue acusado de agente de la CIA y así apartado. Solo se “simulaba que se corregía. La verdadera corrección habría partido por reivindicar a Dumont (el que formuló la crítica), pero el sistema no acepta críticas que vengan del ‘exterior’ de la Revolución. Y en el interior, la única crítica admitida era la autocrítica que se formulaba el propio Jefe Máximo, después de haberse dado de cabezones con la realidad”.

La historia de Dumont es interesante, agrónomo francés, inspirado por el socialismo cubano, se va a la isla y es recibido con los brazos abiertos como consultor desde el comienzo de la década de los sesenta. Hace varias críticas a la falta de organización del país y cuando su juicio empieza hacer quedar mal al de Fidel, sobre todo en un libro de 1970 titulado ¿Cuba es socialista?, es declarado enemigo, persona no grata y apartado definitivamente. Sobre todo criticó la organización agrícola de la revolución describiéndola como una “granja de Estado”, “gigante, militarizada y cuyos resultados económicos no son satisfactorios”.

Para el año 1972 no quedó más remedio que reconocer que la otrora sólida industria pecuaria cubana estaba en crisis y el déficit de producción lechera requería de una ayuda internacional que la Unión Soviética corrió a proveer. La leche del experimento se agrió.

Como el invento no resultó, la revolución fue pasando de ocurrencia en ocurrencia sin ningún tipo de seguimiento serio a las consecuencias de cada cambio de timón. Pero la historia sí registra cómo con cada novedad se fueron cercenando prácticas productivas que fueron empobreciendo todas las áreas del campo cubano. Mucho tienen que ver estos intentos fallidos con el decaimiento progresivo de la productividad interna y con la pobreza que sí ha quedado sembrada en Cuba durante ya varias décadas.

Parece que Fidel ha continuado sus andanzas agronómicas. El mismo Chávez declaró en el 2011 que si su amigo no aparecía mucho en público era porque estaba muy ocupado dedicándose a la “investigación científica”. En el 2010 apareció exaltando las virtudes de la moringa que aparentemente puede, según la revolución cubana, sustituir a la leche. Así lo festeja el reportaje de la Agencia Venezolana de Noticias en julio del año pasado, anunciando el impulso de este nuevo hallazgo de Fidel en Venezuela para así sustituir progresivamente la siembra de soya. Según el reportaje, la moringa es buenísima, mejor que la uña de gato y el chipi-chipi, más potente que el vuelve-a-la-vida, considerada nada más y nada menos que por “el líder de la revolución cubana Fidel Castro como la solución al hambre en el mundo”.

Los gorriones de Mao

Lo cierto es que el diletantismo de Castro no es único en su especie y lo podemos encontrar también en otros líderes revolucionarios temidos y adorados que sometieron a sus naciones a terribles épocas de hambruna. En lo que quedó para los anales de la historia como la Gran Hambruna china a finales de los años sesenta Mao Tse Tung se propuso impulsar el campo de su país con unas ideas venidas de hombre fuerte ensayando a científico que, entre otras cosas, pretendía librar a China de las cuatro grandes plagas que tenían estancada a la producción. Siempre librando batallas heroicas y grandilocuentes, esta vez la revolución decidió aniquilar a los ratones, las moscas, los mosquitos y los gorriones. No sabemos si por atreverse a andar en las alturas o por pasarla bien cantando o por su cuello blanco fue que a estos pajaritos Mao Tse Tung los declaró “enemigos de la revolución”, sospechosos principales de impedir que las siembras de arroz no fueran tan maravillosas como la revolución había prometido. Se animó a toda la población a matarlos al por mayor. Según sus cálculos por cada millón de gorriones muertos aumentarían las cosechas lo suficiente para alimentar a unas sesenta mil personas.

Hambre, China y Revolución, por Angel Alayón 320Aparentemente algunos científicos advirtieron que no eran los gorriones sino los insectos los que contaminaban los sembradíos y que más bien estos, al alimentarse de los insectos eran aliados. Que su destrucción al por mayor desbalancearía el ecosistema y el resultado sería catastrófico. Pero la revolución tenía su propia verdad que no estaba dispuesta a negociar con ningún científico que seguramente sólo quería frenar los dictámenes de la historia en que estaba colocado de manera convencida el delirio. Poblaciones enteras ingeniaron los más diversos métodos para liquidar a las aves, incluyendo salir en masa con potes y sartenes a hacer ruido, cual cacerolazo contra la naturaleza, para que los pajaritos se murieran de estrés.

Dicho y hecho, los pajaritos comenzaron a morir por bojote, los insectos fueron sus principales beneficiarios y las cosechas se comenzaron a perder a velocidades nunca vistas. A los dos años del comienzo del Gran Salto comenzaron a verse los estragos de la hambruna que llegó a liquidar entre quince y treinta millones de chinos. En el año 1960, lejos de reconocer su grave error, Mao se limitó a sentenciar “olvídenlos” y dejaron a los pajaritos en paz.

A los años comenzaron a importar gorriones de Rusia de manera clandestina para que la población no se percatara del pequeño error. La ignorancia sin embargo, persistió y los campesinos siguieron matando gorriones por muchos años al punto de que en el 2001 el gobierno tuvo que declararlo un animal protegido para prohibir su persecución. El gobierno chino prefiere referirse a este período como los tres años de “desastres naturales” o “tres años de dificultad económica” eufemísticamente para borrar la huella humana de la tragedia.

Stalin fue otro titán que estaba convencido de poder descifrar cada esquina de la realidad con su propia versión ideológica. Así por citar un ejemplo de mi área, hay registros de cómo declaró que era imposible la existencia del inconsciente y persiguió a los psicoanalistas[3].

El proceso forzado de colectivización impulsado por Stalin produjo lo que se ha denominado la Gran Hambruna Soviética que en particular afectó a Ucrania. También conocido como Holodomor, o “matar de hambre”, algunos lo han clasificado como un genocidio. Aún cuando se debate el grado de intencionalidad de las medidas que produjeron la devastación del campo, hasta los más moderados concluyen que una combinación de malos manejos gerenciales, con políticas forzadas de colectivización se juntaron con épocas de lluvias excesivas para potenciar el desastre que produjo millones de muertes.

En su texto, El sujeto perverso de la política, Zizek explica al pensamiento estalinista de la manera siguiente:

“Un verdadero político estalinista ama a la humanidad, sin embargo realiza purgas y ejecuciones terribles su corazón está roto mientras lo hace, pero no puede evitarlo, es su deber hacia el Progreso de la Humanidad. Esta es la actitud perversa de adoptar el lugar de ser puro instrumento de la voluntad del gran Otro: no es mi responsabilidad, no soy yo el que lo está haciendo, soy un mero instrumento de una necesidad histórica mayor. El goce obsceno de esta situación está en el hecho de que me concibo a mí mismo como disculpado de lo que estoy haciendo. Soy capaz de infligir dolor en los demás con la plena consciencia de que no soy responsable de hacerlo, solo cumplo con la voluntad del Otro.”[4]

Las vacas enanas

El entusiasmo científico se fue apagando en  Cuba aunque en el 2004 reaparece el tema de las vacas de Fidel con la aparición de las llamadas Vacas Enanas. Carlos Alberto Montaner escribe un artículo agudo e hilarante para celebrar la llegada de estas vaquitas de setenta centímetros de altura, que inicialmente tenían la intención de convertirse en mascota hogareña para que cada familia tuviese su lechita fresca todas las mañanas. Familias “adiestradas”, en palabras del escritor, “en la sana costumbre de comer poco”.

A estas alturas, parecería una locura insistir en que el marxismo tiene sus encantos. Pero permítanme repetir la tantas veces mentada sentencia de Marx que sí ha podido comprobarse en cada uno de estos experimentos marxistas: “… todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen… dos veces… la primera como tragedia, y la segunda como farsa”.

En eso pienso cuando escucho la sui géneris apelación a la ciencia que hacen los pronunciamientos oficiales del chavismo, que van desde los llamados a la felicidad por decreto, pasando por desmentir el concepto de la inflación, llegando a las más curiosas versiones de agronomía. Han sido de una excentricidad radiorochelesca. Se propusieron cultivos organopónicos en plazas centrales llenas de hollín y orine como los que se sembraron al lado de la estación de metro en Bellas Artes que no parecen haber abastecido a la cuadra, se inauguraron flamantes “areperas socialistas” donde la comida típica y el socialismo se volvió franquicia de comida rápida, nos recomendaron construir gallineros verticales dentro de nuestras casas y, por lo que veo en los periódicos, hemos experimentado con la moringa como solución al hambre.

He seguido algunas de las declaraciones del Ministerio del Poder Popular para la Agricultura Urbana, a través de su primera ministra, que duró poco menos de un mes en el cargo y que invitó a: “buscar cualquier espacio, si tienen un balconcito, una botellita vieja, una latica que tengan. Hacemos sustrato y sembramos. Compramos un cebollín, lo picamos, el bulbo lo sembramos y volvemos a tener maticas de cebollín”. El discurso es una joya típica de lo que vengo describiendo. Especialmente significativo es el uso constante de diminutivos, todo es tan cuchi, tan bonito, tan balconcito y botellita, contrastando con las invitaciones de la misma dama a darle palo a los gringos, a puyarle los ojos y “espicharle las bolas”. Esa contradicción es crucial para desentrañar los entuertos de la fantasía revolucionaria.

Lorena Fréitez, la sustituyó prontamente. Tengo años escuchando con atención su voz, porque es psicóloga como yo y me parecía que tenía una propuesta interesante desde el trabajo con la cultura juvenil. Teniendo una distancia ideológica importante nunca coincidí como para sentarme a conversar con ella aunque me hubiese gustado. Ella ha reclamado que se le ha cuestionado su designación como ministra por ser mujer y aparentemente, no lo dudo, ha sido objeto de ataques sexistas. Pero me cuesta comprender qué hace una psicóloga (no por su género, sino su profesión) liderando un proceso revolucionario de siembra de hortalizas, por más que se pretenda convencer a las personas que lo hagan en la batea de su casa. Leo no sin asombro cómo la ministra escribe que la agricultura urbana ha tenido un estreno estelar en este promisorio 2016, optimista de haber dado con una clave para la reconstrucción económica del país.

Aparentemente, por la firma del artículo, está apoyada en la flamante asesoría de Alfredo Serrano Mancilla, otro amigo de Podemos quien parece que formó al brevísimo ministro de economía que nos aseguró que la inflación no existe.

No es casual que estos inventos acompañen la devastación progresiva del aparato productivo del país, que ha devenido en inusitados niveles de escasez, hiperinflación y una ola impactante de relatos de hambre. Al contrario, así es que funciona. Las anécdotas anteriores sugieren un patrón.

Lo que estoy tratando de decir es que creo que estos planes “bien intencionados” y el continuo ubicarse en el lugar de la víctima que hacen los que ocupan el poder (somos blanco de ataques, de sabotajes, nos estamos defendiendo), y el convencimiento de estar descubriendo la mismísima verdad, van de la mano, son el complemento indispensable, del horror. La fantasía revolucionaria necesita del permiso otorgado por ocupar el lugar de la víctima y por estar haciendo novedosos y maravillosos esfuerzos por lograr un futuro radiante, como bálsamo para desviar la mirada de la evidente realidad colmada por hambre, enfermedad y muerte que tiene que producir ese mismo poder revolucionario para mantenerse en sitio. La violación de los mismos códigos que la fantasía revolucionaria prometió defender (la defensa de los más vulnerables, la atención a los más desposeídos, la honradez, la justicia) se sostiene gracias a estas aventuras simpaticonas, bonachonas, bucólicas, agronómicas, fetichistas, repletas de diminutivos tiernos y futuros grandilocuentes enfrascados en potes de humo. A su vez esa necesidad adictiva de tener la razón, la convicción de creer que la duda es una traición, esa incapacidad para tolerar el fracaso y procesarlo hasta extraer aprendizajes, impulsa a los revolucionarios a montarse en una cadena interminable de proyectos grandiosos que nunca llegan a término, nunca se evalúan, siempre están naciendo de nuevo. La fantasía revolucionaria termina en hambre en su mismo esfuerzo por erradicarla. Construye su propia paradoja, digamos por forzar la ironía, se alimenta de ella. Es lo que en psicoanálisis se entiende como la desmentida de la realidad.

Es decir, la perversión.

[1] Fernández, A. (1997). Alina: memorias de la hija rebelde de Fidel Castro. Barcelona: Plaza & Janes.
[2] Edwards, J. (2006). Persona non grata. Chile: Alfaguara.
[3] Llorens, M. (2015). Psicoterapia Políticamente Reflexiva: hacia una técnica contextualizada. Editorial Equinoccio y Universidad Católica Andrés Bello: Caracas.
[4] Zizek, S. (2006). How to Read Lacan. London: Granta Books.

♦♦♦

Manuel Llorens “No hay un símbolo que aglutine el descontento”; por Hugo Prieto 640X60

Manuel Llorens  Escritor y psicólogo venezolano. Ganador del Premio de Poesía Fernando Paz Castillo (2006) y autor del libro "Terapia para el emperador".

Comentarios (25)

Estelio Mario Pedreáñez
15 de junio, 2016

Magnífico artículo de Manuel Llorens. 4 Notas: 1) Karl Marx agregó la dimensión económica para la comprensión de las sociedades humanas y su evolución histórica, esto lo convierte en un gran pensador, pero en Política es otro Socialista Utópico, con una “Utopía” más elaborada que áquellos a los que desestimó al proclamar que sus tesis eran “científicas”. El Socialismo Marxista también es utópico y así lo registra la Historia. No solo por el colosal fracaso de todos “los socialismos reales”, con la implosión de la Unión Soviética, con China, Vietnam y Laos convertidos al Capitalismo Salvaje (sin protección a los débiles ni derechos laborales), sino que nunca gobernó una “Dictadura del Proletariado”, nunca gobernaron los obreros, campesinos, ni soldados, gobernaron los Partidos Comunistas en Dictaduras Totalitarias, violadoras de DDHH. 2) En todos los Socialismos Marxistas se impuso una Monarquía disfrazada, ya dinástica (Cuba y Corea del Norte) o Electiva (Jefe del Partido Comunista)…

@manuhel
15 de junio, 2016

Excelente.

Javier Poveda
15 de junio, 2016

Me pareció un artículo muy bien estructurado y que explica claramente cuál es la filosofía de fondo del gobierno actual. Excelente.

anamaría hurtado
15 de junio, 2016

Excelente artículo. Resalta lo que para mí es el elemento fundamental de las grandiosas fantasías revolucionarias y su contraparte desastrosa, que ha llevado a la humanidad a grandes catástrofes: el núcleo perverso. En nuestra local tragicomedia aportamos diversos, pintorescos e igualmente catastróficos intentos de desmentir la realidad. La otra cara del análisis que tan bien haces, es la pregunta sobre la posición de las verdaderas víctimas, cómo ellas resisten asienten, consienten su participación en el juego perverso, ¿cómo aproximarse al hecho colectivo, resistiendo la tentación de la metáfora psiquiátrica?

Gonzalo Himiob
16 de junio, 2016

Muy bueno Manuel, te felicito. Es claro bien estructurado y nos remite a la irreal realidad dela improvisación revolucionaria. mas pendiente de la fascinación de la palabra que de la planificación eficiente Un abrazo Gonzalo

Reinaldo Muñoz
16 de junio, 2016

Algo de lo mejor que he leído. He estado rompiéndome la cabeza para comentar algo, y lo único que se me ocurre es:Titanismo, o sea locura.

Estelio Mario Pedreáñez
16 de junio, 2016

Otra Nota: 5) Las Hambrunas en Ucrania durante 1930-32 fueron intencionales, provocadas por Stalin como castigo ante una población que soportaba de mala gana el “comunismo soviético” con la colectivización forzosa de las granjas y haciendas. Fue un genocidio por razones políticas (por eso, al finalizar la II Guerra Mundial Stalin se opuso a que el “Genocidio”, como delito internacional e imprescriptible, comprendiera entre sus causas las políticas o ideológicas). Por eso Ucrania, llamada “el granero de Europa”, vió morir de hambre a más de 5 millones de personas, mientras Stalin ordenaba exportar a Europa Occidental (especialmente a Alemania) gran parte de su producción agrícola para obtener divisas. Las hambrunas para los pueblos son propias de los inviables sistemas “comunistas”: En China bajo Mao las hambrunas fueron cíclicas. Corea del Norte sufrió muchas y evitó otras por la ayuda humanitaria de Occidente. Cuba sufrió una epidemia de ceguera por hambre al caer la URSS. ¿Y Camboya?

Rodrigo J. Mendoza T.
16 de junio, 2016

Marx, cuyo pensamiento y prosa tienen elementos de genialidad, envenenó su legado con varias pastillas de cianuro:

La idea vitriólica de que los valores no son sino mistificaciones, engaños siempre destinados a encubrir relaciones espurias de dominación política.

La propuesta de que toda acción destinada a alcanzar el poder socialista, conservarlo y destruir todo vestigio de pensamiento burgués es legítima y loable.

Los estandartes de lucha de clases, de odio de clases y de dictadura socialista como desiderata de la política y credo revolucionarios.

La pretensión de que las leyes dialécticas de la historia están respaldadas por la certeza de la ciencia.

La mezcla de estos componentes, aderezados con la general falta de preparación y de escrúpulos de autodenominados dirigentes “revolucionarios”, ha sido un caldo de cultivo propicio a las perversiones más atroces.

Gracias a Manuel Lorens por su texto claro, articulado y profundo.

Alma María Rico
16 de junio, 2016

Si me encuentro un arroz negro en el blanco, ya todo el arroz está mal? Seria ingenuo defender al socialismo después de tantos fracasos utópicos, pero tampoco podría abogar por un capitalismo tan salvaje como el actual, amen del neoliberalismo y del biopoder que no deparan nada bueno para el ciudadano promedio a corto plazo, solo hay que ver la decadencia ascendente en el mundo actual.

Si en el origen de los tiempo pudiera decidir entre uno u otro, siempre eligiria al socialismo, sin duda, por empatia y fraternidad con los demás seres humanos.

Saludos

henrique Meier
16 de junio, 2016

Las fábulas de los “revolucionarios” no tienen límites: Chávez una vez, exibiendo una cartulina habló de la construcción de un balneario en el aeropuerto de la Carlota, ¿de dónde iba a sacar el agua?, ¿del Guaire?, el desprecio a la ciencia positiva, a la lógica y el sentido común es característico de esos tiranos que se creen superhombres y terminan destruyendo a sus pueblos. En un viaje en helicoptero el llamado “gran timonel” pasaba cerca del boquerón 1 y dijo quiero una ciudad soalista aquí, se trata de Ciudad Caribea cuyas viviendas multifamiliares han sido levantadas en suelos de alta peligrosidad geológica (falla del litoral), un temblor de cierta magnitud y todo se vendría abajo, pero él estaba por encima de la ley, de la ciencia y de la técnica.

Estelio Mario Pedreáñez
17 de junio, 2016

Muchas de las tesis de Marx, no son originales, le deben mucho a las ideas del revolucionario francés Francois Babeuf, ejecutado en 1797, ideólogo y organizador de “La Conspiración de los Iguales”, cuyo Manifiesto de los Iguales” (publicado en 1795, 53 años antes del famoso “Manifiesto Comunista”, 1848) fue conocido por Marx. Así pues, Babeuf expuso, muchos antes que Marx, las siguientes ideas: 1) Abolición de la propiedad y su sustitución por una comunidad de bienes y de trabajo (obligatorio para todos, en sus talentos y capacidades); 2) Distribución igualitaria de bienes y servicios para todos los que trabajan y los débiles sociales (ancianos, niños, minusválidos, etc.) 3) El Estado ya no estará dominado por los ricos y será gobernado por “Los Iguales”, ya que no existirán ricos ni pobres, es decir, gobernarán los trabajadores, hombres ahora libres de la esclavitud del Antiguo Régimen, para imponer un Nuevo Orden, la “Dictadura de los Trabajadores”, “del Proletariado” para Marx.

Estelio Mario Pedreáñez
17 de junio, 2016

Para Alma María Rico: Nuestra “Utopía Moderna” es la búsqueda de la Libertad, la Igualdad y la Justicia en las sociedades humanas, es decir la plena vigencia de los Derechos Humanos, y la Humanidad siente esa necesidad desde los primeros tiempos. El camino más acertado para buscar esa Utopía es el Socialismo Democrático no el Socialismo Marxista o Totalitario, basado en la imposición violenta de una clase social sobre las otras, que piensan que el Estado no existe en función del Hombre, sino el Hombre existe en función del Estado (Totalitarismo), lo que resultó más maligno que los males que combatían. El Socialismo Marxista resultó en la abolición de todo Derecho Humano e impuso un sistema de esclavitud, hambre y represión, imponiendo el Totalitarismo bajo Monarquías encubiertas, con nuevos “Reyes”, los Jefes de los Partidos Comunistas, con cualquier título (“Gran Timonel”, “Padrecito”, “Líder Supremo”, “Comandante Eterno”, etc), quienes viven como “Reyes” y nunca sufren las hambrunas.

Belkis De la Rosa
17 de junio, 2016

Una variante en la propuesta de Revolución Chavista es la desprofesionalización de la aplicación de las ciencias. No se requiere conocimientos ni experiencia previa para ser ministro de un área: si es leal y fanático a la causa o ha comandado algún componente de las fuerzas armadas, es suficiente para poner en práctica las fantasías del líder. Gracias por tan excelente artículo. Se suma a una serie de otros autores, que merecen ser publicados en papel.

Belkis De la Rosa
17 de junio, 2016

Sobre el comentario de Henrique Meier, Ciudad Caribia es el proyecto de urbanismo (o delirio) más costoso por habitante que se haya financiado con recursos públicos, con pocas posibilidades de expansión y con el agravante del riesgo de daños que comentó el Sr. Meier.

Estelio Mario Pedreáñez
17 de junio, 2016

El Socialismo Democrático no se basa en abolir la propiedad privada ni busca esclavizar al pueblo con una “Dictadura del Proletariado”, en realidad una Dictadura del Partido Comunista, que siempre termina en Monarquía Totalitaria disfrazada de “Revolución”. El Socialismo Democrático (tan odiado por los “comunistas” y falsos revolucionarios) no renuncia a la Democracia y busca que el Estado actúe como garante de la Libertad y promotor del Bienestar Social, mediante 3 grandes herramientas: 1) Una Democracia verdadera. 2) Una Administración Nacionalista de la Riqueza Pública. 3) Un Sistema Tributario Justo. En Venezuela, nuestro país tan atrasado política, social y económicamente, lo más revolucionario que podría pasarnos es contar con un Estado dirigido democráticamente a industrializar la economía, que use la riqueza pública y los recursos fiscales de un sistema tributario justo en desarrollar el país y garantizar todos los Derechos Humanos a su población. ¡Todo es Utopía en Venezuela!

Esteban Marcano
17 de junio, 2016

excelente articulos, con el descubrí quien es el verdadero majunche lechero

Augusto Jimenez
18 de junio, 2016

Cómo se refleja la supuesta fraternidad del socialismo..? Cuántos venezolanos se están muriendo de hambre justo en este momento.? Prefiero mil veces la acción de una “mano invisible” en la dirección de la economía que la acción de un “dedo reumático” que destruye todo lo que señala y solo ve por los intereses de su grupo.

Simón Castrillo B.
19 de junio, 2016

Muy buen esbozo sobre el cacareado y tragicómico “realismo comunista”, particularmente el del entorno tropical latinoamericano. Lástima que tal análisis fue proyectado tardíamente en el presente, cuando tanto y tanto daño han ocasionado ya entelequias como la Revolución Cubana y el Socialismo del siglo XXI en Venezuela. Por lo de tardío, basta recordar al insigne Friedrich Hayek, quien en su obra “Camino de servidumbre”, publicada originalmente en 1944, advirtió con suficiente anticipación el descalabro del mentado “realismo comunista”… Menos mal, con el debido respeto, que éste y otros comentarios no forman parte de las notas de pie de página del mismo artículo porque terminarían como los palitos de los gallineros verticales.

Ruben Hurtado
20 de junio, 2016

Excelente trabajo de Llorens, la narrativa nos permite seguir sus razonamientos y compartir sus conclusiones. Es parte de lo bueno de seguir a Prodavinci, la calidad de sus colaboradores. Pero sobre todo, P Ll nos lleva a descubrir buena parte de la falacia que ha sostenido a los caudillos de los regímenes totalitarios del marxismo-comunismo, inclusive los que pretenden disfrazarlo ahora de socialismo siglo 21. Y quisieran los adoradores de dictador del caribe, que sus vacas rojas (tendran algo de lo trasgenico que tanto atacan) se denominaran F1, F2 o F3 en su honor, pero solo le alcanzan las ganas. Estas denominaciones tienen que ver con los trabajos del padre de la Genética, Gregor Mendel, sacerdote agustiniano que a mediados del siglo XIX formulo sus leyes de la herencia y llamo al primer cruce de semillas de guisante que uso en su investigación como filial 1, F1, y asi sucesivamente F2, etc.

hescalonasimon@hotmail.com
20 de junio, 2016

excelente, una empieza a reir hasta llorar, y luego llora llora y llora…

Víctor Ochoa
22 de junio, 2016

El cuento de Mao referido a la eliminación de gorriones comenzó a finales de la década de los 50, no de los 60. Los años de hambruna fueron 1960, 1961 y 1962. Mao había iniciado el “Gran Salto Adelante” (1958-61) con los resultados de hambruna reconocidos posteriormente.

Manuel Llorens
25 de junio, 2016

Interesantes los comentarios que surgieron del artículo. Gracias a Rubén Hurtado por la corrección. La referencia la saqué de varios artículos pero suena que efectivamente el nombre proviene de Mendel como aclara Hurtado. Igualmente Víctor Ochoa tiene razón, fue a finales de los 50 no los 60. Disculpen.

Freddy Siso
6 de julio, 2016

Los venezolanos si no salimos de Maduro éste año, comenzaremos a morir de hambre en masa el próximo año. Y por supuesto, los chavistas le echaran la culpa a los opositores y al imperio mismo. NUESTRA RAZÓN Y FUNDAMENTO HOY, ES QUE SE HAGA EL REVOCATORIO EN CONTRA DE LA DICTADURA COMUNISTA.

Eduardo
6 de julio, 2016

De no ser por la trágico una pudiera pensar que estos datos históricos forman parte del guión de una película satírica como la del Dictados de Sasha Baron Cohen pero es cierto. Lo de los gorriones fue algo en verdad absurdo el gran conductor o timonel suerte de comandante eterno de China hizo más de un experimento con su pueblo mientras los chicos del Mayo del 68 y Sartre se babeaban por él.

Antonio Corredor
7 de julio, 2016

Uno de los mejores y mejor hilvanados artículos que he leído sobre el tema de la Utopía comunista. Los del Siglo XXI, no suelen ni siquiera nombrar la palabreja “comunismo”. Es una carta debajo de la manga, que todo el mundo ve. Totalitarismo, persecusión, hambre, muerte, corrupción, destrucción, disvalores y, pare de contar. Felicitaciones a Llorens por el escrito y a Pedreañez por sus acertados comentarios.

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