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‘Labrador’, de Kenneth White; por Ígor Barreto // #PoetasEnProdavinci

Labrador, de Kenneth White; por Ígor Barreto PoetasEnProdavinci 640

Prefiero a los poetas que tejen un proyecto y un mundo. Es el caso del escocés Kenneth White, nacido en Glasgow en 1936. Además de sus libros de poemas fue ensayista, traductor, académico, y especialmente un ser humano nómada, un caminante. No sólo porque amó los desplazamientos a otras latitudes, como Blaise Cendrars o Henri Michaux, sino también por su nomadismo espiritual a la manera de los monjes taoístas que viajaban entre cuatro paredes sin atravesar con el cuerpo el umbral de ninguna puerta.

Mi aproximación a este poeta se la debo a Francisco Rivera, traductor y ensayista venezolano, quien en 1982 publicó una breve selección de poemas de Kenneth White bajo el título de, Tierra de Diamantes, título que corresponde a un libro publicado por el autor en 1977.

Los poemas de Kenneth White parecen asociar la palabra a la pureza;  y el viaje a la descripción y a la imagen, mucho más que a la narrativa de un recorrido. Claro que hablamos de las constantes de un discurso poético, y no de recursos esporádicos.

Kenneth White opuso a la utopía (un lugar ideal), una atopía (un lugar desubicado). Este punto de vista le permitió construir un discurso que platea la importancia de redefinir la relación del hombre con la tierra, con el planeta, y no con un sitio preciso, geográficamente hablando. De ahí su aspiración a lo global que lo conduce a evitar la mención exagerada, o pormenorizada de tantos y cambiantes nombres que utilizamos para señalar cada recodo de la tierra. El poeta escocés habló entonces de la posibilidad de una Geopoética, término que suscitó una serie de ensayos y hasta la creación de institutos dedicados a investigar alternativas para modificar  comportamientos humanos destructivos o indiferentes  hacia la naturaleza y el planeta. De ahí podemos vincular su exaltación de la Atlántida, fábula  que Kenneth White retoma (releé) en dos de los diálogos platónicos: el Timeo y Critias.

También cabe mencionar otras referencias que se agregan a su tradición propia, me refiero a Thoreau, a Whitman y a Melville. El pensamiento de Kenneth Whithe desarrolla una relación entre poesía y política desde una perspectiva muy audaz, aunque por momentos un tanto cansona cuando incurre en simplezas y reduce su discurso ensayístico a evidentes reclamos contra los abusos del poder. Pero no así su poesía, que es dueña de un brillo muy particular, una palabra contenida y despojada de artilugios y patetismos.  Abunda la brevedad aunque sin desmedro del poema extenso, donde se enlazan los fragmentos en construcciones que no adolecen de un notable  sentido de lo sonoro y lo armónico.

Este poema, titulado “Labrador” resume las claves de su pensamiento: su atención al eros, al logos y al cosmos. La península de El Labrador, el cabo de San Lorenzo y la vecina Groenlandia conforman un espacio geográfico embrionario  donde Kenneth Whithe inició su viaje a través del vacío de lo indefinido y de lo blanco. Me gustan sus textos porque en ellos encuentro una gran amplitud que hace de la respiración una experiencia fundamental. Este poema nos relaciona con esas enormes escalas geográficas donde la poesía se transforma en un vehículo que al moverse es capaz de comunicar una extraña seguridad. Labrador es un mundo de grandes túmulos nevosos, de glaciares y acantilados azules, de bosques donde la liebre blanca y el caribú se cruzan con la aventura espiritual de un gran viajero de este tiempo.

Labrador

I.

Otro amanecer
fuera de Groenlandia
ballenas bramando en el mar helado
y el vasto cielo
resonando con el viento

una vez más sentí esta amplitud
como una ebriedad
pero era más fría y más clara
que la que pudiera salir de un jarro
es por lo que siempre he vivido
por lo que siempre viviré
hasta que me arrojen
al seno de las olas
sobre las cuales bailaba

existen aquellos que se deleitan
en la tormenta de espadas
y aquellos que hacen
discursos públicos con palabras
son los guerreros y los gobernantes
yo preferí otros caminos
los senderos solitarios del cielo de arenas
el camino de gaviotas

en todos mis recorridos solitarios
pensé en muchas cosas
pensé en la tierra
en sus orígenes
cuando el tiempo era una secuencia de frías auroras
y el espacio estaba lleno
de alas de pájaros alucinados

soñé con un lugar primordial
un lugar de piedras, corrientes rápidas y vacío
cada mañana
el sol elevándose sobre el fresco mar del Este
y durante el día batiendo
sobre las rocas, sobre las aguas

la tierra era entonces un lugar sin nombre
he amado lugares sin nombre
ahora hay una plétora de nombres
a Noruega la de los ríos azules
la llenaron de nombres
las Hébridas y aun Groenlandia
nombres, nombres, nombres
y un tumulto de amargos clamores-
era tiempo de ir más al Oeste

y entonces otro amanecer
fuera de Groenlandia
y sin ninguna tierra a la vista
sólo las verdes olas y el viento
y una fuerte visión interior

2.

Yo también llamé un lugar
un lugar de grandes rocas
y el sol brillando sobre ellas
un lugar lleno
de remolinos y corrientes de agua
lo llamé Playa Maravillosa
viví allí un invierno
fue un tiempo de blanco silencio
tallé un poema en las rocas
alabando al invierno y al blanco silencio
las mejores runas trazadas por mí

hombres de ojos alargados y pómulos salientes
me visitaron
les di ropas
ellos me dieron cueros
hubo paz entre nosotros

cuando llegó la primavera
todos los riachuelos corrían iluminados
y el gran río reflejaba el cielo
viajé más al Sur
hacia regiones boscosas
encontré hombres rojos
vestidos como pájaros

sentí una tierra nueva
un mundo nuevo
pero evité nombrarlo tan pronto
satisfecho de usar mis sentidos
sintiendo mi camino
paso a paso hacia la realidad

ya no era cristiano
ni había vuelto a Thor
había otra cosa
llamándome afuera
y esperando, quizás, ser llamada

algo sensual
y sin embargo abstracto
algo pavoroso y sin embargo hermoso
estaba fuera de mi alcance
y sin embargo
más yo que yo mismo

recordé conversaciones en Noruega
el hablar de pensadores y poetas
pensé en las aladas palabras de las Hébridas

aquí no había lugar para Cristo ni Thor
aquí la tierra labró su destino
destino de rocas y árboles
de luz y sombras
labró su destino en silencio
traté de aprender
el lenguaje de ese silencio
más difícil que el latín
que aprendí en Bergen
o que el irlandés de Dublín

3.

Todo un nuevo campo
donde trabajar y pensar
y en cada uno de mis pasos
conocí en mí un singular vigor
la mente cada día más alerta, más clara

ensayé algunos otros nombres
(revisando cuidadosamente cada uno
probándolos mentalmente
y en mi lengua):
Río de la Ballena Grande, Punta de los Esquimales
Lago de la Cañada India, Paso del Caribú
pero sin nombre para el todo
deseaba nombrar las partes
pero no el todo

un hombre necesita fijar su conocimiento
pero necesita también un vacío
donde moverse

vivía y caminaba
como nunca antes
me hice un poco más que humano
conocí una identidad mayor

las huellas del caribú sobre la nieve
el volar de los gansos salvajes
el otoño rojo del arce
mordido por la escarcha
todos éstos tornándose más reales para mí
más realmente yo
que mi propio nombre

me sorprendí diciendo cosas como
“uno con el espíritu de la tierra”
pero no existía “espíritu alguno”
era un lenguaje en desuso
y éste era un nuevo mundo
y mi mente era, casi, nueva
no existía nada como “espíritu”
sólo las huellas azules en la nieve
el volar de los gansos
la hoja  mordida por la escarcha

religión y filosofía
lo que había aprendido en iglesias y escuelas
era demasiado pesado
para esta vida viajera
lo único que me quedó fue la poesía
pero una poesía
ten evidente como respirar
una poesía como el viento
y la hoja de arce
que yo me recitaba
recorriendo la tierra

hoy soy un hombre viejo
un viejo muy viejo
he arañado estas runas en una roca
serán mi testamento
quizás nadie las lea
y no tiene importancia
permanecerán en la roca
al lado de los arañazos del hielo
abiertas al viento y la intemperie