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Vendo Volkswagen; por Héctor Abad Faciolince

Por Héctor Abad Faciolince | 26 de octubre, 2015
Vendo Volkswagen; por Héctor Abad Faciolince a

Fotografía de Nico Cavallotto. Haga click en la imagen para ver su perfil en Flickr.

El comienzo de la fábrica de carros Volkswagen (literalmente: auto del pueblo) fue más bien tenebroso.

El más repugnante dictador de la historia tuvo una idea interesante, como suelen tenerlas los populistas todopoderosos de todos los países: inspirándose en un modelo del ingeniero Porsche, debía producirse en Alemania un carro barato que pudiera llevar a dos adultos adelante (los padres) y a tres niños atrás, a una velocidad de 100 km por hora. Además, no debería haber agua para refrigerarlo (nada que se congelara en invierno), y debía producirse en grandes cantidades.

Muchas empresas obedecieron al tirano y empezaron a hacer pruebas, y aunque en los cálculos todas daban pérdidas, hubo una que se obstinó en fabricar el carro, la VW, que en el quincuagésimo cumpleaños de Hitler, el 20 de abril de 1939, le presentó su primer prototipo del escarabajo, el Tipo 1, ese aerodinámico cabriolet que, en cientos de modelos mejorados, todos llegamos a conocer.

Después vino la guerra y todos los planes cambiaron. Las fábricas de autos se dedicaron a producir máquinas para la guerra y el sueño populista del carro del pueblo cayó en el olvido. Los padres estaban en el frente, disparando, y los niños en los sótanos, cubriéndose de los bombardeos. Cuando los británicos, tras la derrota de los nazis, se apoderaron de la fábrica de VW, se enamoraron del escarabajo y enviaron a su patria los primeros coches en serie fabricados después del armisticio. Ahí empezaría la popularidad de la marca, la solidez técnica del carro, y poco a poco su difusión epidémica por todo el mundo.

Recuerdo que cuando yo era niño asociaba al VW con los curas. Los sacerdotes más pudientes de la diócesis, me parece verlos todavía, iban siempre conduciendo su cucarachita, y daban mucha envidia. Los niños jugábamos a contar Volkswagens y curas desde la ventanilla del bus del colegio. Algún gobierno clerical, en los años 60, había decidido hacer importaciones de carritos VW sin impuestos, solo para la curia. Cada dos años los padres podían cambiar su aparato importado, y tener un “sobrado de cura” (su escarabajo de segunda mano), era un privilegio que solo se podían permitir las familias más rezanderas de la parroquia. Después de los curas vino la furgoneta de los hippies (Kombi o arrierita, le decíamos), que le dio a la marca un prestigio todavía más alegre y sensual. Hasta Cortázar tenía una.

Tal vez por estos recuerdos infantiles o juveniles, y por el prestigio que tenían los carros alemanes, siempre quise tener un VW. Y me lo compré cuando pude, hace pocos años. El caso es que hoy, después del truco en el software para esconder las emisiones en algunos de sus modelos diesel, y en millones de carros vendidos en todas partes, la confianza que siento por esa marca se ha desmoronado. Viví en Alemania durante un par de años y si algo me parecieron los nuevos alemanes era esto: confiables. Las dimensiones de un engaño así produce estupor y rechazo. Por la ambición de convertirse en el mayor vendedor de carros del mundo, VW creyó poder engañarnos a todos en el tema más delicado: las emisiones tóxicas para la salud humana y para la naturaleza.

Es posible que VW se recupere sin quebrarse, pero el engaño que han cometido es imperdonable. Ya se habla de que tal vez el motor de combustión, con este escándalo, esté llegando a su fin, por la imposibilidad de construir un carro diesel (y quizá también de gasolina) que sea eficiente, limpio y económico al mismo tiempo. Tal vez ya era hora de abrir los ojos, y de no ilusionarnos más con ese aparato envejecido que es el automóvil tradicional, incluso el supuesto “carro del pueblo”. Alemania, el país de las energías verdes, tiene que dar una respuesta ecológica de impacto planetario a esta vergüenza que golpea el corazón de su economía: la industria automovilística.

Yo, por lo pronto, pondré en venta el que creía que era el mejor carro que había tenido en mi vida. Ahora me da vergüenza conducir un VW.

Héctor Abad Faciolince 

Comentarios (7)

Esteban Agudo
26 de octubre, 2015

Hector, te aclaro que el escarabajo es una cosa, y otra los carros con radiador o diesel. Yo sigo enseñando con orgullo mi scarabajo mostaza del 1969, comprado recien graduado de medico. Lamento el robo de mis wv rojo 85 y el gris 98, ( ultimo producido en Mexico) asi como el incendio de mi super escarabajo azul del 78. Por ello, insistire siempre, con sobrada conocimien de causa, que el wv escarabajo ha sidio el mejor carro producido en la histori. No vendas el tuyo por favor, los beetle no tienen la culpa de la trampa.

Diógenes Decambrí.-
26 de octubre, 2015

Es muy grave lo ocurrido, por el enorme daño al ambiente y el ardid computarizado con el que fue cometido, violando normativas en muchos países, pero no es justo culpar a toda la empresa (cientos de miles de empleados y obreros), por algo que seguramente propusieron y elaboraron unas pocas decenas en altos cargos (a quienes debe caer todo el peso de la Ley). Yo siempre he considerado al Volks VVagen uno de los mayores portentos de la tecnología automotriz. Tengo uno viejito que se portó muy bien conmigo y mi familia, y -aunque lo tengo arrumado hace años- no lo vendo ni le levanto falsos testimonios. Sigo admirándolo como el hermoso y eficiente escarabajo que es. Además, las culpas no son extensivas ni retroactivas, mi viejito nada tuvo que ver con esta vagabundería en el 2015. “Las dimensiones de un engaño así produce estupor y rechazo”: le faltó la N al verbo.

Fernando
27 de octubre, 2015

¿Cuántas personas han verificado los porcentajes de emisiones tóxicas antes de comprar un WV, un Rolls o un Ford? ¿Compra la gente los carros en base a las emisiones tóxicas?? Esto parece un complot de la Toyota. ¿Alguien, por cierto, ha revisado la fiabilidad de los datos sobre emisiones tóxicas de los Toyota?

Augusto Jiménez
28 de octubre, 2015

Si el amigo Abad va a vender su escarabajo por favor que me lo venda a mi, pero no a los precios exhorbitantes que piden por un escarabajo aquí en Venezuela. Saludos

José E. Espinoza Dávila
29 de octubre, 2015

Una cosa es la fidelidad del consumidor a su escarabajo y otra cosa es el salvaje capitalismo de la alta gerencia de VW para alcanzar a como de lugar, el primer puesto en ventas de automotores. La gracia se le ha convertido en morisqueta; el “cerebro” de la jugada ya está fuera del negocio automotor y la empresa anda contemplando pérdidas estimadas tempranamente en 29000 millones de dollares, como bien dice el gerente o como se llame, de VW en USA–metimos la pata–. Bien que la pusieron. Como Héctor Abad tengo un Bora a gasolina del cual estaba orgulloso, en cuanto creía era la suprema expresión de la tecnología automovilística, hoy conozco lo errado que estaba, pero no siento verguenza por conducirlo en tanto solo soy un estafado más. Tampoco lo vendo. ¿Qué compro ? Chery, Lada, Tucán…paso. Gracias por su tiempo

Karl Krispin
30 de octubre, 2015

Excelente la reflexión de Héctor, como todas las cosas que bien escribe. Sin embargo, no todo se ha perdido porque uno de los valores que sigue subsistiendo en el auténtico y ético capitalismo es la no renuncia a la verdad y la competencia leal. VW mintió pero lo reconoció y lo ha admitido. Toda la historia que precede a la marca, con sus miserias y grandezas, no puede patearse por el engaño de unos cuantos sino reivindicarse por el encaramiento de la verdad que ha hecho que hasta su presidente haya hecho las maletas. No existe tal cosa peregrina y rocambolesca como el tal capitalismo salvaje, otra invención de los despeinados del socialismo. Héctor, te compro tu VW cuando podamos nuevamente cruzar la frontera, cerrada por estos furibundos destructores, no sólo para apoyar la nueva VW y su capitalismo renovado, sino para andar diciendo por ahí que conduzco el carro de Héctor Abad Faciolince. Saludos cordiales. KK

José E. Espinoza Dávila
4 de noviembre, 2015

KK para ser una cosa peregrina y rocambolesca que no existe, el capitalismo renovado que Ud. piensa apoyar lo define de perlas, sobre todo si su conclusión parte de la premisa de un un auténtico capitalismo ético como el demostrado por VW, me huele a oximoron.

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