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Babel tropical; conozca la historia de El Helicoide por Celeste Olalquiaga

Por Celeste Olalquiaga | 13 de enero, 2015

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La historiadora especializada en cultura Celeste Olalquiaga ha reconstruido la historia de El Helicoide, edificio representativo de las grandes obras de infraestructura que caracterizaron a la Caracas de los años cincuenta. El texto original fue publicado en la revista Cabinet, de Nueva York. A pesar de que este trabajo ha logrado estar incluido en listas de los artículos más leidos de varias publicaciones especializadas, en Venezuela ha sido poco difundido. La autora ha cedido gentilmente a Prodavinci la presente traducción hecha por Juan Pizzani y revisada por ella misma. Esta publicación  coincide con la exposición Helicoides fallidos: proyectos, ocupaciones y usos de El Helicoide de la Roca Tarpeya (1955-2014) que se puede visitar en el Museo Nacional de Arquitectura.

Babel tropical; por Celeste Olalquiaga 640

La Torre de Babel existe, no allá en Babilonia sino aquí en Sur América, en un país de infinitas plataformas petrolíferas y un record mundial de siete ganadoras del Miss Universo, felices clientas de la cirugía plástica. Venezuela, o la Pequeña Venecia, como llamaron los conquistadores a esta tierra donde los palafitos de los aborígenes, alzados sobre estacas de madera, les recordara a la famosa ciudad italiana rodeada por una laguna. La etimología arquitectónica de Venezuela pareciera haber anticipado su exuberante urbanidad, cuyo dinamismo es notable incluso en un continente donde la arquitectura excepcional no escasea.

Crucero encallado, platillo volador caído o ruina futurista, El Helicoide de Roca Tarpeya yace entre las barriadas de San Agustín, en la zona centro-sur de Caracas, produciendo una visión distinta según el ángulo desde donde se le vea. Asimismo, esta construcción cambia de acuerdo al sinfín de historias que la rodean, todas tan retorcidas como su magnífica estructura en doble espiral. Ambicioso proyecto prematuramente suspendido, El Helicoide fue fiel a su inspiración babilónica, si bien en su caso la construcción no se detuvo por interferencia divina, sino por mundanas cuestiones de la política. Al igual que su famoso antecesor, la construcción de este edificio — erigido en 1960 como centro comercial automovilístico único en su modalidad, pues las personas hubiesen podido conducir sus carros a lo largo de sus curvas, estacionándose frente al comercio de su elección— fue detenida poco antes de concluir. El edificio fue entonces abandonado a su suerte, la cual incluyó deterioro y olvido, múltiples proyectos gubernamentales fallidos, ocupaciones por invasores y actividades de inteligencia policial. Escenario de episodios de drogas, prostitución y tortura, El Helicoide es una fuente de incontables leyendas, cada una más fascinante —o aterradora— que la anterior.

En la década de los años 50, la combinación de treinta años de ingresos petroleros y de un dictador — el General Marcos Pérez Jimenez, quien se dedicó a modernizar Caracas — hizo de Venezuela un paraíso para arquitectos provenientes del extranjero. Algunos, como Graziano Gasparini o Federico Beckhoff, adoptaron la ciudad capital como residencia permanente. Otros, incluyendo a Gio Ponti y Oscar Niemeyer, visitaron brevemente la ciudad atraídos por su orientación modernista. El primero contribuyó la famosa “Villa Planchart”, la cual se mantiene intacta como ícono de los años 50 hasta el presente; el segundo propuso un enorme triangulo invertido como Museo de Arte Moderno para la ciudad, proyecto que nunca se ejecutó. Unos pocos colaboraron con colegas locales en el diseño de edificios únicos. Tal fue el caso de Marcel Breuer y Herbert Berckhard, quienes se asociaron con Ernesto Fuenmayor y Manuel Sayago en “El Recreo”, un complejo comercial que nunca se llevó a cabo; fue el caso también de Dirk Bornhorst y Pedro Neuberger, dos jóvenes arquitectos venezolanos nacidos en Alemania, quienes fueron contratados para ayudar a construir la Caracas moderna por Jorge “Yoyo” Romero Gutierrez. “Hay tanto por hacer”, decía Romero Gutiérrez, “todo es posible”.

Así, se pusieron a la tarea junto a arquitectos de la talla de Carlos Villanueva, cuya Universidad Central de Venezuela – la cual ostenta un campus modernista de fluidas líneas y obras de arte de Léger, Arp, Vasarely y Calder, entre otros — fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000; o del osado Fruto Vivas, cuya espléndida concha acústica, la cual recubre el Club Táchira, es una importante muestra de arquitectura orgánica; o de Tomás José Sanabria, quien diseñara un hotel cilíndrico sobre el Avila, El Humboldt, cuyo nombre conmemora al explorador alemán que presenció una lluvia de meteoritos en Venezuela durante su visita de 1799.

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La colina llamada Roca Tarpeya fue esculpida para albergar a El Helicoide. En la ladera norte se instalaron cuatro ascensores con tecnología de punta para la época. Foto de Estudio Jacky. Cortesía de: Archivo Bornhorst.

En 1955 Arquitectura y Urbanismo, la firma de Romero Gutiérrez, consiguió un importante contrato. El dueño de La Roca Tarpeya, un cerro de 30.472 metros cuadrados, quería construir una serie de pequeños edificios residenciales accesibles a través de una calle empinada. Romero Gutiérrez y sus socios concibieron un plan alternativo, cambiando la idea original de un proyecto residencial por otra, mucho más lucrativa, de uno comercial. Este constaría de una calle ascendiendo en espiral sobre la superficie abovedada del terreno, la cual serviría así como plataforma para los carriles superiores, forma económica y eficiente de aprovechar el espacio disponible. La vía se convertiría eventualmente en una ruta de aproximadamente 4 kilómetros, con niveles ascendentes y descendientes constituidos por dos espirales enroscadas, algo semejante a la doble hélice del código genético. Habría mil puestos de estacionamiento, dos por cada comercio de este complejo, alineados por el camino.

“El Helicoide: Centro Comercial y Exposición de Industrias” fue diseñado como un moderno centro comercial que albergararía enormes galerías para exhibir los adelantos de las florecientes industrias nacionales (petróleo, gas, hierro, aluminio y agricultura). Hubiera incluido asimismo una sala de exposiciones automovilísticas; un gimnasio y una piscina; restaurantes; guarderías; discotecas; un cine gigante; un hotel de primera con oficinas para todas las principales líneas aéreas; un helipuerto para transportar pasajeros desde y hasta el aeropuerto; y un sistema completo de acceso interno con ascensores diagonales y escaleras mecánicas. En su cima, bajo un domo diseñado por Buckminster Fuller, los visitantes podrían comprar souvenirs. El paisajismo iba a estar a cargo de Roberto Burle Marx. El Helicoide era arquitectura de punta, aún para los estándares de los Estados Unidos.

“La construcción…”, al decir de Bornhorst, el único de sus arquitectos que aún hoy vive, en su libro El Helicoide, “…fue concebida como una escultura urbana, una pièce de résistance arquitectónica, suavemente adaptada al ritmo de los cerros adyacentes, formando en sí misma otro relieve dentro de la topografía urbana…” en el valle de Caracas, cuyos cerros hacían soñar a los arquitectos con una Acrópolis tropical. El presupuesto para este desarrollo de 40.506 metros cuadrados de concreto armado fue calculado en diez millones de dólares. Al momento de ser abandonado, el monto había ascendido a veinticuatro millones.

La maqueta fue inaugurada en la oficina central de los arquitectos, el Centro Profesional del Este, en septiembre de 1955, con la presencia de Pérez Jímenez, alianza cuestionable cuyo alcance aún está por determinarse, pero la cual eventualmente le costaría la vida al proyecto. Poco después comenzó el colosal esfuerzo para alzar la torre enroscada, con un plan tan extremo como su forma: La Roca Tarpeya fue esculpida, centímetro a centímetro, para ajustarle El Helicoide como un guante. Esta estrategia limitó dramáticamente al edificio, pues quedó literalmente emparedado entre el cerro y su vialidad en espiral, contando con una profundidad máxima de 7 a 15 metros.

El Helicoide fue un hit instantáneo: su forma y escala atrajo la atención de los arquitectos de todo el mundo. Fotos de su maqueta aparecieron en la portada de periódicos del extranjero y ocuparon un lugar prominente en la exposición Roads del MoMA en 1961. (Se prevé la aparición de El Helicoide en la retrospectiva sobre arquitectura Latinoamericana de dicho museo para el 2015). En Venezuela una campaña publicitaria de preventa de los diferentes locales comerciales que el edificio albergaría (forma innovadora de recaudación de fondos para la época) produjo vasos, calcomanías y llaveros. Con la esperanza de que El Helicoide sería un catalizador del desarrollo urbano al sur de Caracas, se planificó un boulevard que conectaría al edificio con el Jardín Botánico, adjunto a la recién inaugurada Universidad Central de Venezuela. El poeta chileno Pablo Neruda escribió que El Helicoide era “uno de las creaciones más exquisitas que jamás nacieran de la mente de un arquitecto”. Salvador Dalí se ofreció a decorarlo.

Entonces ocurrió lo impensable: el proyecto comenzó a paralizarse en un lento y gradual congelamiento que tomó a todo el mundo por sorpresa y del cual El Helicoide nunca se recuperó. En enero de 1958 Pérez Jiménez fue destituido. Al contrario de lo que se cree, El Helicoide aún no estaba en construcción, pues sólo se había tallado la Roca Tarpeya entre 1955 y 1957. La construcción como tal comenzó a fines de octubre de 1958, durante el gobierno militar provisional de Wolfgang Larrazábal, el cual efectuaría una transición a la democracia y permitió al edificio seguir adelante con tal de que sus empresarios contrataran a una serie de trabajadores desempleados como parte de un plan nacional de emergencia. Esto se hizo y El Helicoide avanzó a pasos agigantados, con 1.500 trabajadores alternándose en tres turnos consecutivos las veinticuatro horas del día durante el siguiente año y medio.

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En 1975, Dirk Bornhorst, uno de los tres arquitectos del proyecto, celebró su boda con una torta con la forma de El Helicoide. Cortesía: Archivo Bornhorst

Fue la democracia la que propinó a El Helicoide el golpe de gracia. Aún no está claro cómo esto ocurrió. Algunos culpan al recién instaurado gobierno de Rómulo Betancourt, quien, poco dispuesto a continuar y legitimar la masiva renovación de Caracas llevada a cabo durante la dictadura, puso condiciones a una línea de crédito que le había sido otorgada previamente a El Helicoide. La compañía, Helicoide C.A., se detuvo, involucrándose en una larga disputa legal que terminaría en 1976 cuando el edificio vacío fue declarado propiedad del Estado. Otros, incluyendo a Pedro Neuberger, el tercero de sus arquitectos, afirmaron que luego de la destitución de Pérez Jiménez los principales accionistas de El Helicoide (incluyendo a la compañía IVECA, propiedad de Roberto Capriles) se fueron del país, dejando al edificio en una deriva financiera. En cualquier caso, los contratistas no recibieron su pago, y los comerciantes que habían comprado locales demandaron a la constructora, la cual cayó en bancarrota. Fin de la historia del Centro Comercial El Helicoide.

Durante los veinte años siguientes, esta construcción venezolana que logró obtener titulares a nivel mundial quedó sumida en un silencio casi absoluto. Sus arquitectos, desesperados por el fracaso de esta fantástica aventura, se dedicaron a otros proyectos. Caracas, fiel a su temperamento moderno que mira siempre hacia adelante y nunca hacia atrás, continuó su camino, olvidando a esa magnífica espiral que había buscado llegar al cielo del consumo. A decir verdad, los distintos gobiernos nacionales y locales posteriores intentaron salvar al gigante congelado. Una tras otra, cada administración propuso diferentes planes comerciales, culturales o combinaciones de ambos, llegando a proponer veintisiete proyectos en total: centro automovilístico, centro de artes escénicas, museo de arte, centro de turismo, cementerio moderno, estación de radio y televisión, multi-cine, biblioteca nacional, museo de antropología y centro ambiental son algunos de los más resaltantes.

De entre estas propuestas sólo dos llegaron a ser comenzadas, otorgando algo de vida a los pasillos vacíos del edificio. Eso es, si no contamos las invasiones masivas que tuvieron lugar entre 1979 y 1982. En 1979, tras la reubicación oficial en El Helicoide de quinientos damnificados por los deslizamientos de tierras, pequeños grupos comenzaron a instalarse gradualmente en el edificio. Para 1982 la estructura inacabada albergaba doce mil invasores, todos viviendo sin servicios básicos en un área deprimida de la ciudad. El edificio se volvió una zona roja de tráfico de drogas y prostitución, con altos índices de criminalidad entre sus residentes.

Esta situación fue literalmente limpiada con fuerza hidráulica en 1982 para abrirle paso al Museo de Antropología. Con este proyecto se logró finalmente colocar sobre el edificio el domo de Buckminster Fuller, el cual había estado almacenado en un depósito por más de treinta años. Aun así, este plan no prosperó, a pesar de haber contado con la colaboración de Romero Gutiérrez, el arquitecto principal de El Helicoide, quien se negó a poner pie en el edificio pero brindó su asesoría a distancia. Por su parte, los ascensores austríacos Wertheim de alta tecnología, que habían sido construidos especialmente para este edificio, no corrieron con la misma suerte del domo. Con capacidad de carga para noventa y seis personas y diseñados para deslizarse diagonalmente sobre una inclinación de treinta grados a una velocidad de 2 metros por segundo, languidecieron en La Guaira, adonde habían llegado con gran fanfarria dos décadas antes. Para 1982, muy poca gente sabía siquiera qué eran aquellas enormes máquinas cuyas piezas eran dignas de ser exhibidas en un museo.

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Mirando al oeste de El Helicoide de la Roca Tarpeya en Caracas, Venezuela. Foto de Nelson Garrido.

Poco después que los planes del Museo de Antropología fueron abandonados apareció otro tipo de ocupante. En 1984 los servicios de inteligencia de la policía venezolana (antes DISIP, ahora SEBIN) comenzaron poco a poco a ubicar sus oficinas en El Helicoide, un panopticon perfecto con vista panorámica de Caracas en 360 grados. Una nueva oscuridad se cernió sobre el edificio, esta vez al ser transformado en un centro de reclusión. Se instaló equipo de vigilancia de alta tecnología y los oficiales se deleitaban con la posibilidad de conducir sus vehículos hasta la puerta de sus oficinas al estilo James Bond. Desde entonces El Helicoide alberga presos políticos, tortura, y equipos SWAT que interceptan a cualquiera que ose fotografiar el edificio desde las autopistas circundantes.

Algunos creen que el lugar está maldito. El cerro, después de todo, recibe su nombre de la Roca Tarpeya de Roma, desde donde la hija de Tarpeyo, general de esa ciudad, fuera lanzada hacia su muerte por haber traicionado a Roma con los sabinos. En 1992, Julio Coll y Jorge Castillo, arquitectos de uno de los proyectos más progresistas elaborados para El Helicoide — El Centro Ambiental de Venezuela, diseñado para el Ministerio del Ambiente, respuesta admirablemente temprana en la región a un problema global — intentaron dispersar la energía negativa que parecía bloquear el desarrollo del edificio. Convencido de que parte del problema era el supuesto yacimiento de un cementerio aborigen en La Roca Tarpeya, el equipo tomó varias medidas para alinear las energías del lugar e incluso llevó a cabo una meditación silenciosa bajo el domo de Fuller. El proyecto logró ser completado en 1993: una magnífica sede que contaba con una biblioteca con nichos de mármol en el nivel superior del edificio. En vano, ya que el Centro Ambiental nunca se inauguró y a los pocos meses un nuevo gobierno se apropió de la despampanante sede para los altos mandos de la DISIP. La Roca Tarpeya había asestado otro golpe mortal.

Una década después, la DISIP comenzó a ser acompañada por escuelas de entrenamiento policial y militar, a saber, por la Universidad Nacional Experimental de la Seguridad (UNES) y la Universidad Nacional Experimental de las Fuerzas Armadas (UNEFA). Orgullosa de El Helicoide, la DISIP incluyó imágenes del edificio en la edición filatélica que conmemoraba su aniversario en el 2007. La institución policial fue reprendida pocos años más tarde, en junio de 2012, por la Corte Inter-americana de Derechos Humanos, la cual determinó que como centro de detención El Helicoide violaba convenciones internacionales de higiene para las prisiones. Un serio brote bacteriológico condujo finalmente a la transferencia de los presos a otras instalaciones, pero todavía hoy se realizan detenciones a cortos plazos en su sede. La ironía es asombrosa: un lugar que iba a ser el autopista al paraíso de los consumidores se convirtió en un tobogán al infierno, como si la espiral, en lugar de ascender, hubiera descendido. Giro particular del referente sacro de El Helicoide, el zigurat, pues el zigurat no sólo nos conecta con el cielo, sino también con la tierra bajo nuestros pies. El Helicoide, un zigurat tropical a la deriva.

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La cúpula geodésica del edificio de Buckminster Fuller fue instalado finalmente en 1982 luego de estar veinte años almacenado. Foto cortesía del archivo de Carsten Todtmann

Hay rumores de que El Helicoide tiene túneles subterráneos que llegan a diferentes partes de la ciudad. Cual una hélice risomática cuyas volutas esparcen desperdicio y desilusión, las barriadas alrededor del edificio se han multiplicado, así como el cuerpo de seguridad instalado en sus entrañas. Los barrios envuelven tan de cerca al edificio que se fusionan topográficamente con sus curvas, mientras que éste sirve de plataforma para operaciones policiales. El Helicoide, una extraña y surreal plataforma, tan inusitada, impredecible y singular como la fisionomía siempre cambiante de Caracas.

Para la mayoría de los caraqueños, El Helicoide es simplemente parte del paisaje, uno de muchos edificios inacabados o abandonados de los años 50 y 60, cuando Caracas atravesó su boom moderno y se expandió en todos los sentidos. Fue un tiempo utópico que algunos recuerdan con profunda nostalgia, ya sea por el régimen dictatorial que dio a la ciudad su infraestructura moderna, ya por la democracia floreciente que advino inmediatamente después de décadas de dictaduras casi consecutivas, cada una estampando su carácter distintivo al fértil valle que otrora albergara haciendas de café y tabaco.

En las cuatro décadas que siguieron al descubrimiento del petróleo en 1918, Caracas pasó de un pueblo tranquilo y semi-rural de 140.000 habitantes, a una capital efervescente de América con una población de más de 1.2 millones de personas, repleta de autopistas, rascacielos y escuelas para las familias de las compañías petroleras extranjeras (Shell, Mobil, Exxon) que se afanaban en bombear petróleo venezolano. Al igual que ese petróleo, la recién nacida democracia surgió llena de proyectos, ávida de asir una modernidad para la que Venezuela parecía finalmente madura, lista para ponerse al día con un mundo que por mucho tiempo había admirado. Sin embargo, al igual que muchas otras naciones, esta democracia se construyó a costa de una vasta mayoría a la que rara vez se visibilizaba y mucho menos reconocía. La “fiesta fabulosa”, como los venezolanos llamaron al período de las décadas de los 40 a los 70, llegó a su fin en 1999 con el auge de la Revolución Bolivariana liderizada por Hugo Chávez. Pero la fiesta había terminado mucho antes. El Helicoide es testimonio de esos extremos que han llevado a Venezuela del entusiasmo a la desesperación una y otra vez.

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Una vista del futurístico El Helicoide desde abajo. Foto: Paolo Gasparini.

La modernidad es una condición truculenta, especialmente en un país como Venezuela, con un boom petrolero que irrumpió en medio de una economía semi-feudal. Ponerse al corriente de las tendencias mundiales no es igual a progresar o independizarse como nación y sin embargo, en Venezuela, ponerse al día significó convertirse, si no en igual, al menos en un jugador comparable a su complicado vecino del norte, los Estados Unidos. Se trató entonces de emular el modelo de América del Norte, entendido como modelo del futuro, de un progreso basado en los paradigmas de la inversión capital y la eficiencia mecánica. Ponerse al día significó, en forma típicamente venezolana, ganarle a los “gringos” en su propio juego: por ejemplo, construyendo un centro comercial que los dejara boquiabiertos.

Y así sucedió. En el catálogo para la exposición Roads de 1961 en el MoMA, Bernard Rudofsky y Arthur Drexler comentaban admirados que El Helicoide era “un emprendimiento osado realizado en Latinoamerica y no en los Estados Unidos, donde tanto las autopistas como los centros comerciales han contado entre nuestros esfuerzos más ambiciosos”. Esto era tan cierto que Nelson Rockefeller intentó comprar El Helicoide, pero no pudo superar el complejo litigio legal que paralizó a la construcción. El Helicoide fue una hazaña de la imaginación y la tecnología en un contexto donde estas cosas son secundarias, donde la continuidad no existe y el mantenimiento es considerado una pérdida de tiempo. Un contexto en el cual las motivaciones son presa de políticas de apropiación que subordinan al país a sus líderes en una perversa filiación.

El Helicoide representa lo contrario de aquello para lo cual fue construido. En lugar de un dinámico centro de intercambio comercial que pudo haber revitalizado la zona y sus alrededores, el edificio creció melancólicamente hacia adentro, condenado, como un pensamiento obsesivo, a repetirse una y otra vez. En lugar de resultar expansivo, se convirtió en una fortaleza amenazadora de “la ley y el orden” en un país que los ignora sistemáticamente. La torre que pudo haberse vuelto un símbolo del empuje progresista de la modernidad se convirtió en un emblema de sus fracasos, del precio que se paga por desear cambiar todo a cualquier costo, por imponer una visión unilateral, por soñar por los demás lo que quizá ellos no deseen soñar para nada. Muchos piensan que, en su condición de ruina, El Helicoide ofrece el retrato distópico más apropiado de Caracas.

Durante los últimos treinta años, El Helicoide ha actuado como un sol negro, irradiando control estatal, detenciones y violencia. Para algunos, este destino es mejor que el abandono total, pero está muy lejos de sus grandiosas aspiraciones iniciales. Y más lejos aún de la sagrada geometría que subyace las pirámides y los templos, la danza espiral al origen de toda vida presente en estas estructuras. Tallado literalmente en la piedra, El Helicoide durará cientos de años, al igual que aquellas construcciones ancestrales, sobreviviendo incluso explosiones nucleares. Permanecerá como ícono de un futuro que nunca llegó al presente.

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Celeste Olalquiaga Celeste Olalquiaga es una historiadora de la cultura interesada en las contradicciones de la modernidad y los aspectos residuales de la cultura moderna. Ha publicado los libros El reino artificial: sobre la experiencia kitsch (2007) y Megalópolis (1993).

Comentarios (94)

Oswaldo Aiffil
13 de enero, 2015

Este artículo merece un fuerte aplauso.

teresa arquiadez
13 de enero, 2015

Excelente articulo, y sobre todo, aclara muchas dudas que teni en relacion a este ito de la arquitectura, que para mi ha sido muy mal utilzado………..

Jose Luis Furio
14 de enero, 2015

Extraordinario articulo, no solo refleja la historia anexa de una edificacion adelantada a su epoca, sino que expone como esa historia esta ligada a la historia de la ciudad y del pais, felicitaciones.

Ròmulo Lòpez Navarro
14 de enero, 2015

En 1970-71, Dirk Bornhorst,fue tutor de un Estudio Especial de Grado denominado Desarrollos Urbanos no Controlados (Parte Priera) y Desarrollo Integrales en Nuevas Ciudades. Arq. Ròmulo Lòpez Navarro

orlando urdaneta
14 de enero, 2015

Excelente la historia del proyecto del cerro la roca tarpeya en la ciudad de Caracas, llamado el Helicoide, proyecto que se debe rescatar y darle continuidad a la obra.

orlando urdaneta
14 de enero, 2015

Excelente historia del proyecto de la roca tarpeya en la ciudad de Caracas,llamado el helicoide, obra grandiosa adelantada al tiempo que nunca se termino por decisiones politicas.

arqº Víctor Hugo Rodríguez C
14 de enero, 2015

Excelente contenido, pero pienso que donde estaban los que de una manera son los que deben preocuparse porque el Estado haga las obras de interés nacional, los gremios profesionales afines a esta obra no aparecen por ningún lado de esta historia pavosa del lugar que al parecer también les cayó.

Jose Luis Prieto
14 de enero, 2015

Estupendo articulo de un estupendo proyecto de arquitectura de la Caracas que quiso ser y lamentablemente no la dejaron ser.

Saludos al amigo Oswaldo Aiffil…..años sin saber de usted….

Astrid Hernandez
14 de enero, 2015

Maravillada de leer este gran articulo, impresionante como se puede mesclar la historia con una visión tan futurista. Me hizo soñar he imaginarme como seria esa Venezuela progresista y futurista con la que soñaban en los años 50. Y como culmina el articulo “Un futuro que nunca llego al presente” lamentablemente.

oscar dugarte
14 de enero, 2015

como tesista de arquitectura admiro este edificio, inconcluso o no es un gran icono.

Alvaro Zuloaga
15 de enero, 2015

El penúltimo párrafo es muy fuerte. La frase “el precio que se paga por desear cambiar todo a cualquier costo” me mató. Refleja un ángulo del asunto que nunca había visto y que permite entender en toda su extensión el tipo de mentalidad que hizo de Caracas una ciudad con mucha arquitectura pero con poco urbanismo, o más bien, con un urbanismo tan complicado.

Cabe resaltar que Celeste Olalquiaga es chilena criada en Caracas; una hija más de la inmigración masiva de aquellos años. De colección.

Alexander Nikolic
15 de enero, 2015

Este articulo es un fuera de serie, describe las interfases de arquitectura, tecnica y cronologia de esta obra (inconclusa) con nuestra cultura, historia y politica. Gracias Celeste.

Cecilia Contreras
15 de enero, 2015

Excelente articulo, bien documentado. Aclara muchas dudas o aspectos desconocidos de esta obra la cual aun pasando tantos años es un icono dentro de la ciudad. Sin importar si se dio el proyecto original o lo que realmente ocurrio con las distintas ocupaciones hasta llegar a la actual…

Hector
15 de enero, 2015

Que excelente artículo, muy buen trabajo.

Oradis
16 de enero, 2015

Articulo de muy alta talla. Venezuala es un pais el cual aun en dictaduras como la de Perez Jimenez, ha contado con mentes brillantes que han querido hacer de ella el paraiso en la tierra. Triste el final del proyecto Helicoide. Pero venezuela seguira pariendo hijos con grandes suenos y corazones amables… que la amen. Asi sera!.

Celeste Olalquiaga
17 de enero, 2015

Gracias por sus comentarios! El Helicoide significa muchas cosas, el estudiarlo está siendo todo un aprendizaje. Les invito a que sigan la página en FB de Proyecto Helicoide 2014 y que se animen a visitar la exposición que armé con mi equipo en el Museo de Arquitectura: “Helicoides Fallidos: proyectos, usos y ocupaciones de El Helicoide de la Roca Tarpeya”. Allí tenemos una línea de tiempo, videos y objetos de época que ilustran lo que expongo en el artículo, y más!

Aurolina Moya
19 de enero, 2015

Excelente articulo, una lastima que no se terminara la obra tal y como habia sido proyectada.

ivan allgarin
19 de enero, 2015

de verda q me da de todo saber como tienen a este pais un pais tan bello y que la política lo aya destrozado miren el helicoide como era en los años 60 q belleza y ahora queda hasta miedo de pasar por hay que bueno seria si lo recuperaran

Miguel Julio
19 de enero, 2015

La triste historia de El Helicoide evidencia el caótico proceder del estado y sus incoherentes políticas públicas. El problema de Caracas es mas que todo por la pésima conducción de las autoridades urbanísticas, situación que se agravó superlativamente en los últimos 16 años.

Libia Vargas
19 de enero, 2015

Es inevitable sentir una especie de mezcla de sentimientos al pasar por El Helicoide. Nostalgia por lo que pudo haber sido un icono arquitectónico en el contienente suramericano e impotencia de sólo pensar en todas las atrocidades y violaciones de los derechos humanos que allí se cometen.

Alexander
19 de enero, 2015

*** Sin palabras una verdadera joya es impelable este articulo y felicitaciones Sr. Celeste Olalquiaga***

Fernando González Fuentes
19 de enero, 2015

Fué en el “gobierno” de Jaime Lusinchi, cuando más dinero se invirtió en acondicionarlo para la DISIP. Trabajé para ‘MINDUR’ cuando se estructuró un equipo, para su renovación. Particularmente me encargué, de la oficina y refugio de Henry López Sisco,la supervisión e instalación de la cúpula y el diseño de la primera “garita” en concreto armado, comenzándo a subir.

Nélida Medina de Zárraga
19 de enero, 2015

Muy interesante este artículo sobre El Helicoide, muy propicio para documentarnos. Esta obra debería rescatarse y dale el uso para lo cual fue creado el proyecto; es una lástima que la gran inversión realizada se pierda amparada por la desidia de todos los gobiernos que han pasado por Miraflores. Hagamos votos por una Venezuela progresista y futurista.

Isi Pernía
19 de enero, 2015

Excelente, gracias por tan clara explicación y exposición de todo los hechos de tan fabuloso proyecto lamentablemente fallido. El cual debería ser rescatado para llegar a ser el proyecto original, sería genial para dar un gran comienzo a una apertura hacia el desarrollo de muchas obras de importante envergadura que requiere de verdad nuestro país. Con la esperanza que retornen todos nuestros grandes profesionales y los nuevos que van surgiendo para construir la Venezuela que todos nos merecemos.

miriam
20 de enero, 2015

A mis 51 no había tenido la oportunidad de leer algún tema de esta gran obra como lo es el helicoide, siempee comentarios como el que lo mando a hacer fue el general Pérez Jiménez, yo tuve la oportunidad de ir cuando estaba la disip hace como 23 años atrás y recién volvi a ir y me di cuenta que todavia sigue siendo tema politico al mejor postor que necesita las instalaciones, lo unico que se conserva en buenas condiciones es la cúpula, algunos pasillos huele mal huele a cloaca.

José barrios
20 de enero, 2015

Nací y me crié en san Agustín del sur , todos los días mirando esta gran obra .Dios permita que puedan retomar el proyecto sería el renacimiento . Muy bello este reportaje los felicito

carlos cordero
20 de enero, 2015

Este proyecto es una obra de arte no concluida; pero su articulo sr. celeste olalquiaga es genial de verdad bravo maravilloso conocer la veredadera historia donde pase gran parte de mi vida genial

Carmen Vargas fernàndez
20 de enero, 2015

Un aplauso a la amiga de tan digno relato e historia del Helicoide, siempre supe por extranjeros de las islas Nerlandesas que desde su patio se observa tan majestuosa obra, inspirada por un Dictador con visiones futuristas muy buenas, de lo que es un paìs a la par de Dubais. Pero Sabemos Venezuela con el empuje de muchos, talento joven y con ganas de llevar al Paìs al Sitial que le correponde saldrà adelante, y tendremos no un Helicoide, sino muchos. Gracias Sra. por el excelente relato. Bendiciones Celeste Olalquiga por la informaciòn.

julio hernandez
20 de enero, 2015

felicitaciones a la historiadora. una estructura que se pudo utilizar a lo que es dubai. pienso que el que quiere puede . lo fuesen dado en consecion y en impuestos percibieramos unos reales. estariamos orgullosos de esta maravilla venezolana.

Jose Benavides
20 de enero, 2015

Yo Trabaje en Caracas, por culpa de los Gobiernos de AD y Copie, esta Obra no la terminaron porque ellos estaban en contra de Pérez Jiménez quien la promovió. Asi como otras obras, todo por el vendito egoismo Al menos gracias a Dios el 27 de Febrero de 1992, cuando yo estaba frente a la Comandancia de la Guardia Nacional en una Tanqueta del DM-51, vi cuando uno de los Aviones F-16 lanzo un explosivo no daño este Helicoide. Me gustaría que lo modernizaran para se cumpla los Deseos de los Fallecidos de quienes lo Promovieron, Diseñaron, Estructuraron y Construyeron, para que fuera y siga siendo el Único de Sur América.

Antonio Izsak H.
20 de enero, 2015

¡que buen artículo! Muy bien documentado y sobre todo riguroso en cuanto a la mención de personajes y hechos que han rodeado esta edificación tan vinculada a la historia de la arquitectura moderna que distinguió a Caracas hasta entrada la década de los 70. Lo mas impresionante de la historia es como lo único que se le ocurrió a los gobernantes de turno fue convertir al Helicoide en un cuartel policial.Felicitaciones a Ma. Celeste por este excelente artículo.

miguel andresen
20 de enero, 2015

tengo 26 años, muchas veces fui a caracas, muchas veces vi desde sus autopistas esta majestuosa obra, siempre ignorando su historia, historia que hoy puedo apreciar gracias a este reportaje sin igual, que llena de tristeza mi corazon al solo pensar lo grande que pudo llegar a ser esta obra, y sin duda llena de esperanzas a la vez, al pensar que llegara el tiempo en que caracas y Venezuela vuelvan a renacer al poder concluir esta obra con sus aspiraciones iniciales

Manuel Galdo
20 de enero, 2015

Me pregunto como hubiera sido si el proyecto se hubiera realizado para fines comerciales. Con solo dos estacionamientos por comercio hubiera sido dificil para los comerciantes y los usuarios para hacer sus compras. Me parece un gran problema de capacidad. Lastima que este edificio no sea accesible al publico en general hoy en dia.

Gustavo Graffe
20 de enero, 2015

Tiene razón Oswaldo Aiffil, este artículo merece un aplauso!…Tuve el privilegio de trabajar con Jorge Castillo y conocer algunos aspectos de este fascinante edificio. Quisiera agregar un comentario que va a contrastar con las deliciosas líneas que nos ha brindado Celeste Olalquiaga pero que me parece importante destacar. Al ganar las elecciones Rafael Caldera, en el 93, una de sus primeras decisiones fue convertir El Helicoide nuevamente en la sede de la DISIP, una decisión tan desacertada como otras que se han tomado desde el poder. Sin lugar a dudas, el principal drama de Venezuela proviene de la escasa formación de sus gobernantes, Betancourt, Caldera, Chávez por citar algunos, todos ellos de una ignorancia preocupante y con una escasa sensibilidad por la arquitectura y el espacio público. Más recientemente el patrón se vuelve a repetir. Catalán (Alfredo) inaugura la destrucción masiva de la falda periférica de El Hatillo, Enrique Capriles hizo entrega de Las Mercedes al Fondo de Valores y Leopoldo López modificó las ordenanzas en detrimento de Chacao y fue uno de los primeros en proponer viviendas dentro del aeropuerto de la Carlota. Con todo el respeto que ambos de merecen por enfrentar la tiranía que vive Venezuela, quiero hacer hincapié, que los síntomas que descarrillaron la visión futurista de Caracas siguen presentes en esa Venezuela devorada por el despotismo y el resentimiento. Para mí, el Helicoide, más que un majestuoso monumento a la modernidad, es la herida que nos recuerda que nos enfrentamos a la tiranía de la ignorancia.

Luis Aular Leal
20 de enero, 2015

Magnífico,felicito y agradezco a la autora por el esperado trabajo de investigación y a los administradores de la página por la acertada selección de este documento de la historia contemporánea venezolana.

Daniel Bruguera
20 de enero, 2015

Excelente articulo estoy realmente impresionado de esta historia la cual no conocia y siempre me preguntaba cuando paso por esos lados de caracas cosas como que paso con esa obra? quien la comenzo? cual es su historia? muchas dudas aclaradas. Es lamentable todo lo que ha pasado con esas grandes estruccturas que a lo mejor si se hubieran ejecutado hoy seriamos un pais en desarrollado o por lo menos en vias de desarrollo pero cuando lees lo que hizo cada gobierno sumandole el de los ultimos 15 años hace que ese sueño sea una utopia. Sera que estamos condenados a no evolucionar? Saquen sus propias conclusiones.

Adriana Osorio R
20 de enero, 2015

Muy interesante y excelente articulo tuve la oportunidad de vivir cerca y ver como una estructura tan gigantesca nunca se termino como dejamos de progresar Algún día deben retomar estas maquetas y ejecutarlas al final

alfonso pernia
20 de enero, 2015

que tristeza me da al leer este articulo, tan buenas construcciones que estan perdidas en venezuela y solo por falta d gerencia y algo de dolares no se culminaron, es alarmante que despues de 60 años muchos venezolanos conozcan la verdadera historia que para quer era el helicoide, hoy en dia seria uno de los centros comerciales mas bellos y admiradops por los extranjeros, tiene alguna semejanza con el centro comercial PASEO DEL AMOR en Peru, tiene una miraqda espectacular, y pensar que aun seguimos con lo mismo pensamiento politico para muestra esta el centro comercial sanbil de la candelaria y la torre de babel hoy en dia estan hechos basureros y el gobierno no hace nada y pensar que esto traeria grandes ganancias a venezuela y muchas plazas de trabajo

Hermes J,Figuera
20 de enero, 2015

siempre escuche hablar de la roca tarpeya pero no sabia de su historia como lo lei ahora , es una obra espectacular, lastima que se dejo al olvido y los distintos gobiernos no han tomado cartas en el asunto para darle utilidad

juanita
20 de enero, 2015

excelente reportaje, si esta obra monumenta lno ha tenidola suerte parala cual fue construido, vemos como es utilizada para algo que no fue construida, tal vez alguien en tiempos futuros lo haga . el sr. bethancourt quizá considero que había problemas mucho mas importante y mas aun cuando el erario publico había sido saqueado en forma desorbitante por el dictador saliente y había dejado al país en ruinas dificultando cualquier buena intención de continuar la obra que era tan costosa.

rommel hernandez
20 de enero, 2015

Muy interesante..extraordinaria obra…buen trabajo…. buena recopilacion…

Benito Vargas
20 de enero, 2015

Definitivamente este articulo merece un premio, la forma impecable como fue redactado, refleja la historia política vivida en los últimos 50 años a través del nacimiento vida y muerte de esta edificación, que se ha convertido en un gran monumento a la desidia y a la improvisación que hemos tenido en Venezuela

Manuel Pernía
20 de enero, 2015

excelente reportaje solo faltó que no solo fue invadido si no que fue utilizado por varios gobiernos como refugio para los dagnificados de las lluvias tropicales que siempre han azotado al país y a la ciudad, mi padre fue jefe de vivienda del antiguo INAVI y fue el encargado por el INAVI de sacar todos los dagnificados e invasores del Helicoide para Cartanal una nueva urbanización cercano a Sta. Teresa del Tuy, mis hermanos y yo lo ayudamos a veces a transcribir las ordenes de desalojo y adquisición de vivienda en Cartanal. Antonio María Pernía se llamaba mi papá encargado de desalojar el Helicoide

jesus quijada
20 de enero, 2015

soy asiduo lector de este tipo de artículos, descubrir, indagar, sobre construcciones, biografías, cuentos, anécdotas, etc. me place muchísimo darme un banquete cultural con este articulo, crecí en la Venezuela petrolera, embelezado por las construcciones (para mi modernas) de aquel muchacho campesino venido de provincia. siempre quise saber mas del helicoide y de verdad Sr (a) (ita) Celeste, toda información se agrando después de deleitarme con su articulo. simplemente Gracias. Ojala el Helicoide fuese terminado.. ojala….

Luis May
20 de enero, 2015

Claro ejemplo de como se cambia el progreso por el hambre de poder y control

Addala ledezma
20 de enero, 2015

Es admirable que en aquella época se de dicara de darle a la ciudad un aspecto cosmopolita y futurista, esta obra arquitectónica inconclusa es un emblema de ese esfuerzo y que la lamentablemente ocurrieron tales eventos que impidieron su acabado para la cual fue proyectada originalmente.

Ernesto Dominguez
20 de enero, 2015

Excelente repotaje, esa es una prueba mas de la desidia, la corrupcion y la apatia que nos carateriza, no solo a los politico sino al pais en conjunto.

Álan Delgado
20 de enero, 2015

Loable su trabajo de reseña histórica de tan emblemática estructura de la ciudad. Éste trabajo merece un premio.

MARY
20 de enero, 2015

EXCELENTE,,,MUY BUENO E INTERESANTE

ernesto
20 de enero, 2015

Excelente articulo, sobre todo porque no conocía su historia pero si he visto año tras año su decadencia. en mi opinión se debería hacer el intento de rescatarlo.

Henry Peraza
20 de enero, 2015

“Aplaudo de pie” por tan histórico y educativo articulo…!!!

Deivis Rodriguez
20 de enero, 2015

Muy bueno el reportaje, completo y lleno de información pero deja esa tristeza de que en nuestro país no se aprovechan los recursos de que no hubo ni hay progreso y solo se le dio la utilidad que esta muy lejos de lo que debía ser.

maximiliano ramos
21 de enero, 2015

De niño vivía en la pastora y desde allí recuerdo ver a la distancia el helicoide, tuve la suerte de visitarlo en los años 90 y me dejó impresionado que inmenso es: cuatro kilómetros hasta la cima, lástima que no pudo ser completado y puesto en servicio.

julio
21 de enero, 2015

siempre lo mismo pareciera que el unico que quiso desarrollar este pais venezuala fue perez jimenez , a qui los politicos hablaron de democracia y crearon fue un nido de corrupcion y libertinaje vicios de todo tipo, ahora hablan de patria y lo que hay es corrupcion y miseria es triste. gracias por su reportaje excelente

Eduardo Betancourt
21 de enero, 2015

La verdad es que quede complacido con este articulo. Seria genial retomar esta obra en su formato original. De mi parte difundiré este contenido por las redes para crear conciencia, a ver si llega el tema a alguien que pueda hacer algo.

tecciel moré
21 de enero, 2015

Excelente articulo sobre unandenlas obras arquitectonicas mas emblematicas de nuestro pais, tanto por su diseño, vision futuristica y la polemica de su inacabada construccion, es un ejemplo de lo que ha pasado con nuestra sociedad, el ascenso a la gloria y la caida a la mediocridad, aprendamos para mejorar el futuro, no para autodestruirnos y dejarnos en el abandono, venezuela aun puede surgir y ser grande como la patria que algun dia bolivar soñó.

Edgar Tallet
21 de enero, 2015

.-..-.Es Una Obra como para actualizarla con Toda la Electrotecnia Moderna para Su Uso, actualizarla ‘para’ Tomarle el Provecho posible……. _____________________________________

williams Beltran
21 de enero, 2015

Nostalgia de una Ciudad llamada una vez la sucursal del Cielo,excelente documental ….!!

Arq. Elba Rincón Nava
21 de enero, 2015

Excelente articulo con recopilación de un poco de la historia de esas edificaciones (elefantes blancos) que han quedado cubiertas por el polvo del olviso.Personalmente realice mi pasantia de la Escuela de Arquitectura en sus espacios, trabajando en el equipo del maestro Arq. Celis Cepero, en un intento de recuperalo de las invasiones existente en ese momento (1979).Trabje en el desarrollo de la plafoneria para los espacios intrincados e interesantes.En ese esntecs lidiabamos con los habitantes que se encontraban alojados en condiciones de miseria.Expriancia dantesca para mi juventud que me llevo a la sensibilización en los planteamientos espacioles con sus contradicciones sociales.Grata experiencia de un momento en donde se queria seguir adelante en el rescate de esta edificación.

Mary Aranguren
21 de enero, 2015

Excelente y extenso este artículo, que nos permite saber mas de la historia arquitectónica (y política) de nuestra capital, desde niña he sentido curiosidad por esta obra, no es hasta ahora que conozco su origen mas allá de lo poco que me comentaban mi abuela y mi madre. Felicitaciones a la autora por su investigación y redacción tan maravillosa.

Rafael Valera
21 de enero, 2015

Poético, acertado y crudo artículo sobre uno de los íconos de una Caracas que jamás será. Dar las gracias es poco, al leer éste ensayo se me hace mezcla de dolor, nostalgia, rabia y tristeza. Desde muy niño siempre he visto esta construcción y siempre he soñado con caminar sus calles … ¿se podrá algún día?

Pierre
21 de enero, 2015

¡Soberbio! Excelente artículo. Uno de los más interesantes que he leído últimamente.

OMAR RUMBO
21 de enero, 2015

realmente me he quedado perplejo con tanttos comentarios que se han omitido en relacion a esta tan conocida por referencia para todo caraqueño estupendo articulo…

Álvaro Díaz
21 de enero, 2015

El nombre correcto del dueño de IVECA, principal accionista de la compañía propietaria del Helicoide es Roberto Salas Capriles. Salas C. no se fué del país. En los años ’70 fue presidente del Consejo Venezolano de la Industria (Conindustria).

Vladimir Vazquez
21 de enero, 2015

La verdad es que mas alla de todas las insolentes decisiones que no permitieron elevar este proyecto a la realidad y desprenderlo de un realismo magico, no deja de sorprender todas las increibles historias que rodearon su lanzamiento e incluso grandes nombres de la cultura mundial que pusieron sus ojos sobre el pais, denotan lo increible que pudimos ser en una epoca llena de imnumerables acciones que nos catapultaban al nivel mas alto de vision futurista…un ejemplo a copiar por los actuales gobernantes.

Felix Rivas
21 de enero, 2015

Ciertamente un excelente articulo, una historia muy completa del devenir de esta ciudad y tambien de este pais, no conformes con el Helicoide, mas tarde,en otro boom petrolero, nos aventuramos.con la Torre de David, en la av. Andres Bello de Ccs, repetimos la historia, nos falta por aprender…

Julio Armando Briceño
21 de enero, 2015

Impecable. Excelente artículo que nos lleva a reflexionar, como venezolanos, todas la posibilidades de nuestra maravillosa tierra. Estoy seguro que en algún momento, El Helicoide saldrá de esa oscuridad que le cierne desde hace ya décadas, para renacer en una infraestructura que aporte beneficios reales a nuestra sociedad. Felicitaciones a la autora.

manuel González
21 de enero, 2015

Excelente proyecto que fue abandonado simplemente porque comenzó en la dictadura, los politicos mediocres de este país prefieren malgastar o robar el dinero de la nación a tener que terminar obras vanguardistas y de gran envergadura como el helicoide porque recuerdan al gobernante pasado y no ven más allá de sus narices. Lamentablemente, por idiotas como esos es que estamos como estamos.

Manuel González
21 de enero, 2015

Que hubiese sido de Venezuela, en especial Caracas si Pérez Jimenez hubiese gobernado 5 años más.

angel cardenas
21 de enero, 2015

que buen articulo todo venezolano deberia leerlo y reflaxionar

Marlene Gil
21 de enero, 2015

Excelente reportaje, ilustra a quienes no han tenido la suerte de conocerlo. Lectura recomendada.

fernando josé ostos
21 de enero, 2015

la salida del estadista, general, MPJ. nos hundió en una cuantas ruinas, gracias a los que hoy pretenden hacer la misma gracia. de moneda de plata a níquel, caída de la formación, mal llamada educación, crecimiento del cordón de miseria en los cerros de la ciudades del país espesando por caracas, corrupción al galope, aunque ya teníamos una fundada por el general LC. que bueno para los que tienen como hacer artículos como este, se dieran a la tarea de informar más sobre nuestra historia desde la muerte del libertador. hay puntos muy importantes, que los jóvenes deben saber, y los que no recuerdan.

Joyce Chaviedo
21 de enero, 2015

Excelente reportaje, excepcionalmente descrito y narrado. Gracias a su autora por contribuir al enriquecimiento cultural de los avidos de conocer nuestro patimonio cultural.

JORGE HURTADO
22 de enero, 2015

Muy lamentable que los políticos sean la peor casta en nuestra América Latina, el diálogo de sordos se sigue repitiendo en Caracas cuando vemos la Torre David o el Sambil que fueron invadidos y siguen cambiando de propietarios, son ejemplos que deben hacernos reflexionar principalmente para exigir mas y encarcelar a quienes nos han hecho tanto daño y se vanaglorian de la maldad en todos los aspectos en contra de nuestras mayorías, este es un artículo aleccionador.

Jesus Castillo
22 de enero, 2015

Excelente articulo, una lectura Interesante , amena y enriquecedora.

Manuel Sojo
22 de enero, 2015

excelente y muy fascinante articulo, de verdad que bueno saber y conocer mucho mas de nuestra ciudad, siempre veía el helicoide como un edificio abandonado mas de la arquitectura moderna del siglo pasado… Y ahora, entiendo lo magnifico e impresionante visiones de ingeniería que se tenia para la época. De echo tuve la gran oportunidad de conocer y recorrer casi que cada uno de sus rincones ya que trabaje en la (UNES) y es tan impresionante la cantidad de pasillos y corredores que posee esta obra arquitectónica que jamas en mi vida había visto algo así tan impresionante.. de echo llegue a ver escaleras clausuradas que iban como hacia lo mas profundo de la edificación parecía como si bajaras al infierno, algo tan tenebroso que no quise volver allí…. y desde lo mas alto donde se encuentra el domo o cúpula, se puede disfrutar de una de las vistas mas espectaculares de la ciudad capital, CARACAS IMPRESIONANTE.

Virgilio Jimenez H.
17 de febrero, 2015

Soberbio artículo, le agradezco haya usted expandido el poco conocimiento que tengo de mi propio país. Venezuela estaría llamada a ser la Dubai de América (de toda América). De no ser por los enfermos mentales que nos han gobernado y que con la excusa de repartir lo que no es suyo, todos se han declarado gobiernos dizque de izquierda y ninguno ha permitido el libre desarrollo de iniciativa privada. Con cada control que se crea, también se crea una nueva forma de corrupción. Una verdadera lástima que el genio de Salvador Dalí no haya sido expuesto en esta magnifica obra, impidiendo aun mas la culturización de este pueblo.

Alvaro Gonzalez
20 de febrero, 2015

Deseamos que las generaciones futuras puedan ver finalizada esta obra digna de los venezolanos. Eso incluye el complicado mejoramiento y reacondicionamiento de las zonas aledañas.

Raul Sanz Machado
25 de febrero, 2015

Tuve el privilegio de conocer y tratar al arquitecto Jorge Romero, inspirador y hacedor del Helicoide. A su muerte, nadie pudo trazar el merecido destino de semejante joya de la arquitectura contemporanea. Solo quedó como un fétido deposito de presos.

Alicia Romero Matos
15 de marzo, 2015

Me siento muy orgullosa de ser la hija del Arquitecto de esta obra, El Helicoide. Gracias Sra Celeste, de todas las versiones, de esta obra esta es la mas acertada, no sabe lo agradecida que estara toda mi familia, cuando lea su articulo. Me gustaria aclararle que no fue una obra politica en sus comienzos, Los dueños de la Roca Tarpeya fueron Roberto Salas Capriles y Sergio Casado, que se asociaron con la Cia Helicoide C.A , mi padre como presidente de dicha Cia y arquitecto de la obra. El General M.P.J. nunca piso las oficinas de mi padre, en el PH del Centro Profesional del Este, entendi que se habia inagurado en ese espacio. El que puso la primera piedra fue el Almirante Wolfand Larrazabal, en el gobierno de transicion. El Presidente Betancourt, trato de ayudar a mi padre, pero la circustancias no permitieron terminar la obra. Realmente mis mas sinceras felicitaciones, nunca habia leido una informacion tan completa de esta maravilla de obra, de la cual estamos muy orgullosos, lastima el estado en que se encuentra. Muchos arquitectos intervinieron en ella, puedo nombrarle a Carlos Raul Villanueba. Gracias,pero muchas gracias, por tan valiosa informacion. Eternamente agradecida. Alicia Alejandrina Romero Matos

omar rojas
19 de abril, 2015

Feliz de leer a Celeste Olalquiola,habia leido Megalópolis,y este artículo reafirma la calidad de análisis de esta mujer. Me encantaría,si Celeste Olaiquiola lee estos comentarios,que escribiera acerca del proyecto original del Puente sobre el Lago de Maracaibo,según ,lo poco que he leido ,era otro proyecto FABULOSO y tambien un comentario,estudio (aunque sea breve) de Villa Planchart.

Irma Sànchez de Dìaz
19 de abril, 2015

Que bueno todo ese relato sobre EL HELICOIDE,que obra tan magistral, hubiesemos tenido, no para lo que ha quedado ahora, y para todo lo. que se viviò anteriormente.Pero muy bueno saber todo esto, porque a veces nos cuentan la historia de otra forma, y que buena la aclaratoria de la Sra. Alicia Romero Matos, porque hay que darle a las personas su valor. Siento no tener nuestra Tropical Babel, pero en estos tiempos estuviera invadida, tan malo como para la que la tienen en estos momentos,presos y sufrimiento. Es todo

Celeste Olalquiaga
20 de abril, 2015

Gracias a todos y todas por sus comentarios. No tengo la experticia para escribir sobre el puente sobre el lago o la villa Planchart, pero hay muchos otros que sí la tienen. Parte del propósito de PROYECTO HELICOIDE es generar más entusiasmo y difusión informativa sobre estos tesoros arquitectónicos.

José Manuel Vasquez Gonzalez
27 de mayo, 2015

Articulo extraordinario, de gran riquesa informativa, con lineas que una tras otra te van dejando sorprendiendo. El Helicoide de Caracas icono de la arquitectura maravillosa, fue una desdicha que ser el mejor del mundo fue su gran pecado. Mis congratulaciones para contigo Celeste Olalquiaga.

CAROLINA MARINE
13 de junio, 2015

Magnifico articulo¡ Pero por culpa de los Gobiernos de AD y Copie, esta Obra no la terminaron porque ellos estaban en contra de Pérez Jiménez quien la promovió. Asi como otras obras. Tristemente la 5ta republica tampoco la pudo rescatar. Nadie le quitara los meritos a los autores de tan magestuosa obra arquitectonica.

Anita Miller
10 de octubre, 2015

La Concha Acústica de Bello Monte no es de fruto vivas , es del arquitecto argentino Julio Volante.

Dr. Wilbert D. Gonzalez – Ph.D. Art Historian
3 de diciembre, 2015

El artículo de la Sra. Olalquiaga es digno de encomio en un pais como Venezuela, cuya corta memoria y orfandad gestionaria en cuanto a planificacion urbana a largo plazo ha producido no pocos “elefantes blancos”. Lamento, sin embargo, existan importantes lagunas que la autora esquiva quizás por falta de mayores datos para el período de 1984-1989 (gobierno de Jaime Lusinchi). En efecto, en el párrafo 17 de su artículo, la autora menciona: “Una nueva oscuridad se cernió sobre el edificio, esta vez al ser transformado en un centro de reclusión…”. Debo precisarle que el Helicoide durante ese trayecto pasó a ser gerenciado por el Ministerio de Desarrollo Urbano -MINDUR y el CSB. La Dirección de Proyectos Especiales del MINDUR lideraba la recuperación de las Areas destinadas a la DISIP (entendida no como prisión sino como centro de formación e inteliencia) y la Zona Norte para proyectos socio-culturales como la Sede para BANDESIR (Banco Sillas de Ruedas) e inclusive una Sede para Danzas Venezuela (Yolanda Moreno). Esos proyectos mermaron al ocaso del gobierno adeco y solo sobrevivio el proyecto DISIP. La situación política fué determinante. Jovenes y talentosos arquitectos egresados de UCV participamos en dichos proyectos (yo liderize proyecto Edificio Norte). Nuestra frustración fué grande al ver tanto esfuerzo perdido una y otra vez y nuevas caras políticas recomenzar “nuevos usos” al univoco proyecto comercial del Arq. Jorge Romero Gutierrez. Espero le sea util mi comentario.

Dr. Wilbert D. Gonzalez
3 de diciembre, 2015

La autora menciona: “Una nueva oscuridad se cernió sobre el edificio, esta vez al ser transformado en un centro de reclusión…”. Debo precisar que el Helicoide durante ese periodo pasó a ser gerenciado por el Min. Desarrollo Urbano-MINDUR y el CSB. La Dirección de Proyectos Especiales del MINDUR lideraba las Areas destinadas a la DISIP (entendida como centro de formación e inteligencia) y la Zona Norte del edificio para proyectos socio-culturales (BANDESIR-Banco Sillas de Ruedas) e inclusive la Sede para Danzas Venezuela (Yolanda Moreno). Esos proyectos mermaron y al final la situación política fué determinante. Jovenes y talentosos arquitectos egresados de UCV participamos en dichos proyectos (yo liderize proyecto Edificio Norte). La frustración fué inmensa al ver tanto esfuerzo perdido y al tiempo nuevas caras políticas ofrecer “nuevos usos” al edificio del Arq. Romero Gutierrez. Espero sean utiles mis informaciones. Dr. Wilbert D. Gonzalez Llovera-Ph.D. Art Historian

Celeste Olalquiaga
10 de diciembre, 2015

Gracias a todos por sus comentarios. Aquéllas personas que tengan informaciones o materiales que puedan ser interesantes para la investigación que estoy llevando a cabo sobre El Helicoide, favor contactarme a direccion.helicoide@gmail.com. Asismismo, pueden chequear la página FB de PROYECTO HELIICOIDE (Proyecto Helicoide 2014) o nuestro website: http://www.proyectohelicoide.com.

Quetzal Pinzón
17 de enero, 2016

Increíble historia que nos recuerda lo que como nación pudimos ser, pero que la democracia con su demagogia y corrupción se encargó en desvanecer. De continuar unos años más el tirano modernizador en el poder se habría terminado. Pero a nuestra desgracia llegó la democracia cogollera, parásita y retrograda.

douglas hernandez
2 de abril, 2016

bueno,que podria decir …buenisima esta catedra de historia urbana caraqueña,pero la realidad es que esas instalaciones seguiran siendo usadas por el gobierno pero de todas maneras estan muy buenas sus propuestas ,tal vez algun dia podamos ver un mejor panorama de esta balla estructura arquitectonica caraqueña.dios los bendiga..

Marisa-Maria Keh
30 de mayo, 2016

Es una descripcion exelente. Felicitaciones!

ALBERTO PEREZ
5 de agosto, 2016

Enriquecedor articulo¡ Obra unica en el mundo pero en nada valorada (asi como tampoco bien usada) Felicitaciones a laautora por tan buen trabajo y a las acotaciones del señor Gustavo Graffe¡ Slds¡¡

Andrés Navarro Landaeta
25 de septiembre, 2017

Acostumbrado desde pequeño a escuchar incontables historias de la ciudad que me vio nacer, unas veces a través de Don Guillermo José Schael, a quien tuve el honor de conocer, y de otros cronistas que mi memoria se salta, reconozco, con muchísima admiración, la objetividad, recopilación de datos , entorno histórico y enriquecedor artículo escrito por la historiadora Sra. Celeste Olalquiaga, a quien agradezco profundamente su investigación e interés por este tipo de temas. Felicitaciones! ANL

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