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Bolívar, dos películas, ¿una epopeya?; por Tomás Straka

Por Tomás Straka | 28 de julio, 2014

Bolívar, dos películas, ¿una epopeya; por Tomás Straka 640

[ALERTA DE SPOILER]

En 2002 causó conmoción en Colombia y Venezuela el filme de Jorge Alí Triana Bolívar soy yo.  Basado en hechos reales cuenta la historia de un actor que trabaja en una exitosa telenovela sobre El Libertador que se vuelve loco y, cual Alonso Quijano con sus héroes de caballería, termina creyéndose el personaje que caracteriza. La película sirvió para representar las complejas relaciones de los colombianos (y también de los venezolanos), con su memoria histórica.

Pero no sólo es el actor el que se vuelve loco: lo sociedad entera termina retroalimentando su locura —la del actor y acaso la suya— tratándolo como si en efecto fuera Simón Bolívar.  Para cuando se estrenó en Caracas, acabábamos de salir de los intensísimos días del 2002-2003, y la presencia de un “nuevo Bolívar” detonaba en el país esperanzas muy parecidas a las que el Robinson Díaz de la película ponía al descubierto.

La trama, por lo tanto, resultaba cuando menos una metáfora de nuestra realidad. También el hecho de que en ella los directores de la telenovela hubiesen decidido cambiar la historia sólo por razones de rating, disponiendo para el Padre de la Patria una muerte por fusilamiento en vez de la enfermedad que respaldan los documentos y los testimonios de la época. Acá también, y desde mucho antes, los directores del culto a Bolívar habían hecho ajustes y reajustes continuos a los discursos históricos para amoldarlos al rating político de sus conveniencias.

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Las dos recientes biopics estrenadas en Venezuela sobre El Libertador hacen recordar muchos de los problemas que la película de Triana, hace una década, se encargó de señalar: la relaciones de la memoria con el poder, las diferencias que hay entre la memoria, en cuanto fenómeno social y la conciencia histórica, en cuanto construcción más bien académica, junto a los roles que los medios de comunicación pueden desempeñar en esto. La recepción política que la sociedad ha hecho de Bolívar, el hombre de las dificultades, de Luis Alberto Lamata (2013) y Libertador de Alberto Arvelo (2013) son una prueba de ello.

La primera fue vista como la “película chavista” y, con base en este criterio, ponderada por muchos de sus espectadores; la segunda era esperada —y así fue recibida por muchos otros— como una producción más equilibrada, casi como el mentis de la película de Lamata.  Y lo fue, en buena medida, pero no tanto por las razones aducidas sino, en realidad, por lo contrario. Pero vamos por partes: el hecho de que el gobierno, incluso por boca del presidente Nicolás Maduro, haya promovido la película de Lamata, llegando al extremo de sugerir transmitirla por cadena nacional, pasará a la historia como uno de los más completos ejemplos de mala publicidad de los que se tenga memoria.

En un país polarizado esto significó, de entrada, que la mitad de la población podría sentir animosidad ante el film. El día de hoy, si la mayor parte de las encuestas no mienten, casi siete de cada diez venezolanos se declaran opuestos a Maduro, y de ellos unos cinco o seis no quisieran que no terminara su mandato. En este contexto, ¿algún empresario o productor sensato lo escogería precisamente a él para promover su producto? Además el actor principal, Roque Valero, había hecho una sensacional “salida del clóset político” al declararse chavista, lo que fue todo un desastre para el grueso de sus admiradoras, que al parecer eran fundamentalmente opositoras.

La película de Arvelo, estrenada casi un año después, no tiene aparente relación con el gobierno, cuenta con la bendición de Edgar Ramírez, admirado de forma casi unánime (y, la verdad, justa) por casi todos los venezolanos, tiene el respaldo de compañías y actores europeos como Iwan Rheon o María Valverde y es, además una superproducción. Sin embargo, en términos de lo que hace (o puede hacer) con la memoria histórica, resulta que es precisamente esta película y no la de Lamata, la que mejor se ajusta a muchos de los aspectos más polémicos de la visión de Bolívar que ha promovido el chavismo desde 1999.

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Véanse sólo algunos ejemplos. Libertador se hace eco de la tesis de que murió asesinado y no enfermo, en contra de casi todas las evidencias (y para ello tuerce las cosas poniendo a su sobrino Fernando como parte de la conspiración: no podía ser de otro modo, comoquiera que  estuvo a su lado cuando murió y dejó de eso un testimonio, ¡había que descalificarlo!); inventa a un líder guerrillero en el Bajo Magdalena que organiza una revolución de indígenas y cimarrones de forma espontánea (en realidad fue enviado allá por las Provincias Unidas y justo para acabar con las guerrillas en medio de una guerra civil); elude que fueron precisamente esos cimarrones, indígenas y otras personas de la base de la pirámide social los que lo derrotan en 1814, y para ello, por ejemplo, simplemente borra de la historia a José Tomás Boves, como después borra a Manuel Carlos Piar.

Crea a un líder democrático-radical, desechando sus ideas de instituciones hereditarias y, por sólo poner un dato más, lo presenta muy ofendido cuando los ingleses le proponen crear un banco, cuando lo que demuestran los documentos es que hizo grandísimos esfuerzos por atraer inversiones (especialmente inglesas) al tiempo de que sus diplomáticos, y generalmente por sus órdenes, pidieron millares de libras esterlinas prestadas en Londres para financiar sus campañas.  Aquel Bolívar, en efecto, es un “noble savage”, como inventan que Simón Rodríguez lo llamaba,  probablemente muy al gusto de los financistas y del público europeo que quieren captar con el film, una especie de Ché Guevara (y no cualquiera, sino el del musical “Evita”).  Es decir, un estereotipo que habla tanto de nuestra historia, como los sombreros llenos de frutas de Carmen Miranda hablan de nuestra identidad latinoamericana; un estereotipo, insistimos, como el del “Waltz for Eva and Che”.

Por supuesto, una biopic no es un documental ni un libro de historia, pero puede tener ese efecto e incluso otros mucho mayores. Los hechos demuestran que el cine ha jugado un papel fundamental en la construcción de los imaginarios.  En ocasiones lo hace de forma no deliberada, y en otras apelando a todo un aparato ideológico, escenifica personajes y episodios que las mayorías terminan aceptando por verídicas, cumpliendo para la historia oficial –o para la contrahistoria de una parcialidad- el rol que tuvieron los autos sacramentales para la historia sagrada.

Así, desde los filmes épicos sobre Federico el Grande realizados por los estudios UFA de Berlín durante el régimen nazi, tan llenos de batallas y llamados al nacionalismo alemán; hasta Lo que el viento se llevó, con su idílico Old South, sus confederados buena-gente (y no racistas del Ku Klux Klan) y sus encantadoras southern belles,  que en alguna medida terminó de unir al país que en El nacimiento de una nación aún se mostraba bastante dividido; el cine ha sido generoso en imágenes, narraciones y explicaciones de la historia con gran impacto en la memoria de sus sociedades. Historiadores de la talla de Marc Ferro y Mark C. Carnes han hecho aportes sustantivos al respecto.

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Por eso mucha gente puede tomar por ciertas las invenciones  de Libertador.  Invenciones que, de paso, respaldan las que ciertas –que no todas- versiones de la izquierda y del gobierno han hecho de la historia.  Es notable, y eso queda para el análisis de los especialistas en publicidad y en persuasión, cómo el hecho de que Maduro ni Roque Valero aparezcan en la escena, haya bajado las defensas de muchas personas que, de otro modo, acaso se hubieran sentido –y a veces efectivamente se sienten- ofendidas con las mismas ideas, dichas por otros, bajo otro modo.

Lo mismo puede decirse por la producción: Libertador demuestra que tienen razón los productores de vino cuando meten en botellas muy llamativas caldos más bien mediocres, cumpliendo pero al revés, el aserto del Evangelio de los “vinos nuevos en odres viejos”. Acá se trata de vinos viejos, casi vinagres, en odres nuevos y llamativos.

Y eso es solo en lo referente a las interpretaciones de la historia, en cuanto a los datos falsos o tergiversados, y que a veces la consulta de cualquier manual de Cátedra Bolivariana de tercer año de bachillerato hubiera evitado, son tantos que un artículo no basta para enumerarlos.  Baste nada más el de Simón Rodríguez hablando con María Teresa del Toro -¡y perseguido nada menos que por Monteverde!- en San Mateo.  Un autor de ficción tiene derecho a poner lo que quiera (por ejemplo, que Rodríguez tuviera el don de volar, de ver a través de las paredes o de pelear kung fu), pero el riesgo en una biopic es, de nuevo, que la gente se lo tome en serio.

Así las cosas Libertador nos evidencia que el modo de contar la historia, puede ser tan importante, como lo que se cuenta a la hora de influir en la memoria de los pueblos.  Señoras muy antichavistas pueden aplaudir lo que Chávez dijo durante quince años, si quien lo dice es Edgar Ramírez y el decorado es el de una superproducción.  Mientras, por otra parte, el muy humano –y ajustado a lo que arrojan los testimonios- Bolívar de Lamata es acusado de “chavista” porque Maduro dijo que le gustó, cuando en realidad, es una versión que le debe más a lo escrito por Germán Carrera Damas, John Lynch y al “Bolívar de carne y hueso” de Francisco Herrera Luque, que a la propaganda que lo pinta como un “buen salvaje”, como una especie de Ché Guevara de Andrew Lloyd Webber.

A esta guisa, al menos para quien escribe, es una lástima que en la película  de Lamata tenga tanto de Pimpinela Escarlata, de espadachín justiciero, incluso perseguido por su propio Citoyen Armand Chauvelin, encarnado en Polonio (aunque acá se invierten los roles: el espadachín es el republicano y el policía es el monárquico).  El abordaje de “El Intrépido”, que debe ser de las secuencias más costosas y elaboradas de la historia del cine venezolano, no hace sino abonar esta imagen, ahora un poco al estilo de las viejas películas de piratas (nos viene Errol Flynn a la memoria) y otros swashbuckler films en blanco y negro.  Pero descontando esto, es difícil encontrar mayores falsificaciones.  Al cabo, Lamata es licenciado en historia y director de obras como “Jericó”.

Es mucho más lo que se puede decir de estas dos películas.  Los especialistas en cine tendrán bastante que argumentar en lo referente a la realización.  A nosotros sólo nos queda advertir que en cuestiones de historia (y de memoria histórica) dos más dos no siempre es cuatro, que es cierta la conseja de que no todo lo que brilla es oro y de que hay que estar muy pendiente para saber en que bando, al final, se está jugando.  También que es bueno volver a ver Bolívar soy yo: uno nunca sabe al final quién es el loco o quién es el que engaña a quién.

Tomás Straka 

Comentarios (30)

América Ratto-Ciarlo
28 de julio, 2014

Excelente reseña..! Recuerdo que la película de Triana, la vi hace tiempo y con todas sus irreverencias me gustó. Los otros títulos los obvié; ahora, después de leer esta reseña, me armaré de valor e iré a ver a nuestro ascendente actor E. Ramírez que, hasta los momentos, se ha desempeñado muy bien. Gracias.

Freddy Siso
28 de julio, 2014

Felicitaciones…

Lourdes Molinos
28 de julio, 2014

Con razón se sintió ayer al final de la película Libertador que la confusión era colectiva, a pesar de lo impactante de la producción, fotografía y actuaciones. Súper agradecida por esta estupenda reseña y por las referencias fílmicas q permitirán tan interesantes comparaciones y aclaraciones

José Luis
28 de julio, 2014

Nuestros críticos de cine siempre han dicho que Bolívar ha tenido mala suerte en el cine. Al referirse a viejas y malas películas sobre el Libertador lo han hecho de una manera severa pero con cierto grado de conmiseración pero esto que escribe Straka, sobre el filme de Alberto Arvelo es una soberana tunda de palos. No tiene otro nombre. Aquí no hay piedad. Si acaso deja un respiradero para que los críticos se encarguen de asuntos como la producción, la dirección y las actuaciones y otros aspectos formales que les permita concluir que la película nos presenta un buen espectáculo, confeccionado a gusto de los europeos y en donde el héroe es el buen salvaje tan admirado por esos públicos. Por lo visto, y según lo dicho por el historiador, el guión apostó, sin importarle los desaciertos y manipulaciones históricas, al éxito en la taquilla en los países del Alba.

A mi manera de ver la médula de la critica está en esta cita: “Aquel Bolívar, en efecto, es un “noble savage”, como inventan que Simón Rodríguez lo llamaba, probablemente muy al gusto de los financistas y del público europeo que quieren captar con el film, una especie de Ché Guevara (y no cualquiera, sino el del musical “Evita”). Es decir, un estereotipo que habla tanto de nuestra historia, como los sombreros llenos de frutas de Carmen Miranda hablan de nuestra identidad latinoamericana; un estereotipo, insistimos, como el del “Waltz for Eva and Che”.

El resto, es palo parejo y sin misericordia alguna.

Valentina De Sola
28 de julio, 2014

La pelicula de Roque Valero no la vi, de entrada no me gusta este seños. La pelicula de E. Ramirez si la vi- En esta encontre varias cosas que me llamaron mucho la atención, no rexuerdo ne al historia que Monteverde haya comido con Bolivar en una de sus haciendas recien lagado casado de España- NO recuerdo haber leido en ninguno d elso libros sobre S Bolivar que lei que María teresa haya estado embarazada cuando murió. Bolivar tenia un gra aññor por sus “nanas” o madres d eleche, pero esa escena dond ela presneta aMa Teresa como su madre y padre es bastante fuera de contexto.

La escena final cuando Bolivar va al barco que lo intentar asacar de Colombia, esa escena de la traición de Paez?? es bastante extraña. pues creo que este no estaba en Colombia en 1830 Dic. Lo d ela traición de su sobrino Fernando yo no lo vi como tal sino que estando alli quedaba como entre dos aguas al momento que llega Paez.y el fina de la película- Aunque ya antes Manuela le había dicho que se corria el rumor de su tuberculosis, cosa que corrobora el Dr. frances que lo atiende en San Pedro Alejandrino donde muere Bolivar en Santa Marta.

Pareciera que hay mezcla d edatos históricos con cosas inventadas en medio de esos datos. Pero hay que reconocer que se trata de un buen montaje, buena escenografia, vestuario, escenas de guerra, la vida en Europa cuando Bolivar va y alli conoce a su esposa, el personaje de la prima Fanny, creo a Simón Rodríguez lo colocan en varios tiempos que no son, pero da un cierto enfasis en el caracter de Bolivar a traves de los años y la influencia que de este recibio. Y aunque Ramirez no da el fisico de Bolvar hace una buen arepresentación del mismo, bastante humano. En definitiva me gusot la pelicula y la musica d eDudamel esta bastante acertada para la trama. Es mi sencilla opinión- No comparo opcn la otra pues no la vi. Valentina De Sola 28-7-2014

pablo antillano
29 de julio, 2014

Aplausos!!!!

Igor Ramones
29 de julio, 2014

Suscribo totalmente lo dicho en esta excelente reseña. La película tiene un empaque de lujo pero falsea alevosamente la historia para sustentar la tesis de Chavez sobre la muerte de Bolivar. Un caramelito envenenado esta pelicula!!!

Alfonzo Villapol
29 de julio, 2014

Muy bueno el articulo… Aunque faltó mencionar que la actuación de Roque Valero fué pesima, en ningún momento su personaje, caracterización, maquillaje ect lo hacian identificarse con Simón Bolívar, sobretodo el gesto que hacia para ocultar sus dientes hacia afuera. La ví 2 veces.

Rup
29 de julio, 2014

Excelente reseña. Me tocará ver ambas películas y sacar mis propias conclusiones…

Harold Mota
29 de julio, 2014

Una reseña bastante elaborada, quizá demasiado injusta, pues pone todo el peso de su crítica en divergencias históricas con partes del guión. Cuando leí que un historiador casi se sale de la sala de cine por no estar de acuerdo con lo mencionado, y horas después publica en Twitter, etiquetando a dicho film y luego aseverando un proselitismo, es alguien que sin duda sabrá mucho de historia, pero sabe muy poco de tolerancia y desconoce mucho de como se maneja la industria del cine; cuan fanático del Opus Dei que escupe el suelo luego de leer el Código Da Vinci. Las aciertos de ésta película a nivel cinematográfico son tantos, que incluso en el portal IMDb lo pondera por encima de mucho otros éxitos que mucho de nosotros (probablemente hasta usted mismo)recuerda como grandes éxitos de la historia del cine.

Andrés
29 de julio, 2014

Libertador, respuesta a Tomás Straka

Cuando vi el filme Libertador (Arvelo, 2014) no pude dejar de percibir la dualidad que vivo a diario con el cine y la historia. Al igual que Straka soy formado como historiador y logré identificar lo que él señala en la crítica de Prodavinci, de hecho la persona que me acompañó a ver el tan esperado filme tuvo que aguantar todos y cada uno de mis comentarios en la medida que iba transcurriendo la trama. Sin embargo, difiero en algo fundamental de lo que escribe mi respetado y admirado Straka: el cine es cine y el discurso histórico es el discurso histórico. Como cinéfilo que soy trato de distinguir cuándo me están contando una historia que procura cuidar detalles para aproximarse a lo ocurrido o, en su defecto, cuándo se aleja de la veracidad (que no es igual a la verdad) e inventa una serie de imprecisiones en torno a una época o personaje. Esto último es lo que sucede con la mentada película de Arvelo. Entiendo el celo profesional de Straka, sin embargo el rigor histórico no es lo que caracteriza precisamente a la cinematografía, a riesgo de convertirse en un bloque muy pesado de referentes y pies de páginas. Cambiaré el tono, empiezo por tutear al autor de la semblanza de Prodavinci, Tomás. A ver, Tomás, ya nos conocemos y hemos compartido en varias oportunidades, hasta te invité a una de las clases de historia en la UCV, ¿recuerdas? Así como disfruté de tu artículo y lo celebro, ahora deseo responderte. Los protocolos del cine están supeditados y restringidos a un formato de presentación muy rígido, en él operan innumerables aspectos, el mayor de ellos es el económico. En este sentido, el tiempo es importante para un filme; dos horas es lo estipulado para un largometraje y el director debe hacer esfuerzos descomunales en el proceso de edición para que su trabajo no quede interrumpido de forma abrupta y permita una armonía, un cuadro en movimiento que se aproxime a lo que ideó en un principio. Arvelo es un director de grandes dimensiones, su trabajo en el cine venezolano constituye un referente importante desde las aulas de clase en la Universidad de Los Andes, no es un historiador. El discurso histórico forma parte de una labor distinta a la de producir cine, aunque ambos se complementan. No obstante, la meticulosidad de la investigación histórica requiere de una metodología que no sólo fomente la escritura sobre los hechos a la luz del soporte documental sino también debe ser capaz de articular la dureza del dato a la sutileza de un lenguaje flexible y no por ello en detrimento de la disciplina. Tomás, suscribo tus críticas en torno al tratamiento de algunos hechos tratados en el filme de Arvelo pero percibo mucha arrogancia en la manera como sentencias algunas cosas. Algo que he detallado en este proceso de polarización por el cual estamos atravesando es el registro del lenguaje cuando se habla desde la academia, o desde la intelectualidad. Lo que más resiento en todo tu artículo es la subestimación que haces del espectador venezolano. En efecto, no te culpo porque quizás estés subscrito a la teoría de McLuhan (cito de memoria: “El medio es el mensaje”), pero no puedo pasar por alto la importancia que tiene la sensibilidad del público cuando se trata de cualquier medio informativo porque corremos el riesgo de seguir usando parámetros excluyentes que nos separan como sociedad y nación. Pienso que al criticar el filme de Arvelo y ponerlo en diálogo con el de Luis Alberto Lamata, Bolívar, el hombre de las dificultades (2013), más que hacer un balance que dé cuenta de la “verdad histórica” inscrita o no en ambos, circunscribes esa polarización que tanta mella ha hecho en nuestro proceso democrático. Tomás, el público (tú y yo incluidos) no es tonto, y no podemos desprendernos de la piel contemporánea porque eso sí sería una negación del tiempo. Como profesores y académicos sabemos la importancia del conocimiento y sus implicaciones en el espectro social, sobre todo para la ampliación de los valores democráticos que tanto requieren de nuestro fortalecimiento. De vez en cuando vale la pena sentarse a disfrutar de una historia que por lo menos intenta reconstruir el tejido del país, con el objetivo de explorar el beneficioso placer de formar parte de una comunidad. Vamos a darle una oportunidad a la ficción, el público sabrá agradecerlo y estoy seguro que no va a salir de la sala de cine echando el cuento de un Bolívar guerrillero. Es más, ¿recuerdas el texto de Miguel Acosta Saignes que coloca a Bolívar a tono con las teorías marxistas del momento? La misma historiografía da muestras claras de una producción supeditada al fervor del momento, así que la “verdad histórica” seguirá en el plano de la dialéctica hegeliana, menudo favor que se la hace a la humanidad si no sería imposible el cambio. Como apunta Gerhard Masur: “…El historiador elige los acontecimientos que le parecen más importantes y los ordena hasta formar un cuadro completo. Su criterio no es y no debe ser puramente científico; debe ser también sugestivo y artístico. De otro modo, queda sumergido en los hechos y es, cuando mucho, un cronista.” (XXVIII: 1987). Precisamente, lo que hay que rescatar del filme de Arvelo es el intento y trabajo en equipo llevado a cabo para contarnos una historia que emociona, aunque conozca las imprecisiones. Al emocionarnos con una película sobre Bolivar, Tomás, estamos correspondiendo a un imperativo que es más importante que ser de oposición o chavista: ser ciudadano, formar parte de una nación que ayudaron a crear otros hombres. Estar conscientes del pasado ya es un triunfo que se le suma al espectador, aunque no haya leído las biografías más rigurosas y confiables de la acción histórica de Bolívar.

Eliana
29 de julio, 2014

Completamente previsible esta crítica. Sucede que Bolívar apenas está en nuestro imaginario. Y está como dibujo de libro de primaria o, en muchos, como un tema aburrido de los últimos años. Esta es una realidad. Más y más películas se debieran hacer sobre Bolívar, precisamente como acota Usted en su artículo, por la gran influencia, en la inmensa mayoría de los casos premeditada, de las películas en la construcción del propio imaginario. En realidad no sabemos nada de Bolívar, ni de su pensamiento ni de su acción porque no nos hemos encargado de estudiarlo con seriedad como sociedad venezolana que somos. Por eso surgen este tipo de críticas ante tales aciertos como Libertador. Si más del 50% de la sala sabe quien es Monteverde, es un milagro. Y si ese porcentaje de gente sale de la sala a investigar quién era Monteverde, es un logro. Era de esperarse críticas como ésta, supérfluas. Ciertamente una película de semejante presupuesto y magnitud de convocatoria venezolana, y sobre un personaje tan sensible hoy en día como lo es Simón Bolívar debía necesariamente generar todo tipo de reacciones, y por supuesto, despertar incomodidades. Pues es muy arriesgado hacer y presentar una película de Bolívar en la Venezuela de hoy día. Por ello más mérito tiene Arvelo por lo que hizo y cómo lo hizo. Haciendo uso de las licencias que permite una película de ficción histórica. Bravo. Y mil veces bravo.

william carrillo
30 de julio, 2014

La historia es unica y esta escrita,se ha intentado tergiversar siempre para favorecer el pensamiento politico del grupo de turno,la pelicula es una gran produccion y logra emocionar en agunas escenas,sin hilacion en otras,se que es muy dificil en 2 horas contar la vida del libertador,sin embargo como amante de la historia de venezuela sali del cine insatisfecho de lo que se invento y de lo que no se conto,me acorde del famoso rostro nuevo de Bolivar parido en revolucion,el que muchisima gente llama y con sobrada razon.. “el Bolivar falso”

Victor Ramos
30 de julio, 2014

Confieso que me dejó un gran sinsabor esta película, como bien describe Straka, bien empacada, con vinagre adentro…

Lorena
30 de julio, 2014

“Bolívar de Lamata es acusado de “chavista” porque Maduro dijo que le gustó, cuando en realidad, es una versión que le debe más a lo escrito por Germán Carrera Damas, John Lynch y al “Bolívar de carne y hueso” de Francisco Herrera Luque, que a la propaganda que lo pinta como un “buen salvaje”, como una especie de Ché Guevara de Andrew Lloyd Webber.” Entonces quiero ver esta pelìcula de Lamata, tenìa el prejuicio por ser de la “oposiciòn”, pero leo que es Lic. en historia. Gracias por esta crònica. PD: el actor que interpreta a Miranda es cubano?,o Miranda hablaba con ese tono? o fuè una licencia del director de la peli?

erika
30 de julio, 2014

Antes de ver el vaso medio vacío, observar las criticas históricas que como profesor debe saber muy bien, debe entender como esta el país no solo decirlo en frases bonitas si no, asimilarlo, sin subestimar al venezolano, con una critica con tanto tono de academicista.

El venezolano desde hace mucho tiempo, ve la historia venezolana como el librito de los héroes que daban en el colegio, un paseo por los próceres y un desfile de aviones y ya! y… específicamente desde 15 años atrás, ve a los próceres como parte de de un gobierno, donde Bolívar paso a ser, parte de un grupo político y no de una nación.

Si bien es padre de la patria, militar y las guerras no son de santos y hay muchos chilches, etc en torno a todos nuestros próceres, esta película con buenos efectos, vestuario, actores dan ganas de verla y eso ya es ganancia, en una población donde la historia de Europa se hace mas atractiva que la propia. Para mi que los venezolanos llenen las salas para ver una película de Bolívar ya es positivo y más que “chamitos” salgan diciendo quiero leerme de “tal batalla o tal personaje”.

El que quiera saber de historia, que se vaya a los libros no a una película en el cine, eso está claro….si bien es primera vez que veo una película sobre algo histórico de mi país, que me guste y que recomiende, aunque tenga errores cronológicos y deje algo a la ciencia ficción y romanticismos sin fundamentos, me parece grato que se hagan más, no solo de Bolívar si no de todos los demás, tomando en cuenta que muchos latinoamericanos saben más de la vida de Abraham Lincoln, “cazador de vampiros” por la masonería etc y por películas norteamericanas … que de sus propios próceres…

que una persona de la sala salga, a leer sobre algo de historia así sea en wikipediay que despúes lo comente ya es productivo. Con lo olvidado que la sociedad venezolana tiene a su cultura, musica, historia, que se hagan películas que atrapen a la gente, lo seguiré aplaudiendo….

Patricia Guimarães-Fabbiani
30 de julio, 2014

A mi me gusto el didáctico análisis sobre el articulo que dá el comentarista: Andrés

Libertador, respuesta a Tomás Straka

Eddy Leon
31 de julio, 2014

Es ficción histórica, y tanto en prosa como en medios audiovisuales, los autores de las obras se toman ciertas licencias. Tengo una novela, Baraka, y el protagonista sostiene una amplia entrevista con el cardenal Pacelli, en la Alemania nazi, cuando no había sido elegido Papa ( Pío XII), sobre las relaciones de los jerarcas de la iglesia y el nazismo. Por supuesto que esa entrevista nunca ocurrió, pero las opiniones de este Nuncio sobre el tema si existieron. En el cine, así como en las novelas, se debe dominar la pantalla y que no ocurra la contrario, ser dominado por la pantalla o por lo que se lee…

Rosana Faría
31 de julio, 2014

Muy interesante, tanto el artículo como el foro, en el que el debate se abre de manera libre. Conocí a Alberto Arvelo cuando hizo su primera película a los 18 años, La Canción de la Montaña, trabajé como fotógrafa, y doy fe de la pasión que le imprime a su trabajo. Era increíble ver a este niño dirigir actores y cámara con la vehemencia de un director profesional. La vida da unas vueltas muy curiosas y mi hijo Eloy Toro trabajó en esta película como asistente de producción. Veamos esta gran producción venezolana y aplaudamos que existe, incluso para desmentirla.

Sergio Guerra
2 de agosto, 2014

“un león paseaba por las afueras de un pueblo y vio un cartel de un circo donde un hombre estaba de pie en postura victoriosa sobre el cuerpo tumbado de un león moribundo y dijo para si… como se ve que este cartel no lo hizo un león” El problema de esta película para un publico como el venezolano y para una época como la actual, es que el ciudadano promedio va al cine a instruirse, si así mismo, en Venezuela nadie lee y gracias a los teléfonos casi nadie escribe, nos hemos convertido prácticamente en “ojos sin cerebro” los jóvenes y no tan jóvenes se resisten con toda su alma a abrir un libro y si es de historia peor, preferimos ir al cine a ver filmes pseudo históricos, y aceptar a pies juntillas lo que allí nos cuentan, porque lamentablemente no tenemos información para confrontarlas, el régimen que hoy “reina” en Venezuela, se a dedicado durante 16 años con todos los medios a su alcance, lavarnos el cerebro y borrar nuestro pequeño acerbo histórico, a politizado absolutamente todos los campos de nuestra cotidianidad, a creado instituciones donde en vez de promulgar el conocimiento se brutaliza a los jovenes y eso lo han hecho con plena conciencia de lo que buscan. Parafraseando a bolívar ” una mente torpe y sin conocimiento es instrumento fácil de manipular”, estoy total y completamente de acuerdo con Straka en lo expuesto en su articulo, pero voy mas lejos y les digo a los que ven en este film algo inofensivo, no lo es, quizá en otra sociedad lo seria pero en la nuestra no, este film y sus tergiversaciones de la historia unido a el constante bombardeo comunicacional, a la cantidad de historiadores asalariados por el gobierno, a la deficiente calidad de nuestra educación y a la total falta de escrúpulos de los que hoy son dueños del destino del país, hacen que para mucha gente, muchísima, la historia contada en esta película sea algo así como algo escrito en la biblia y los lleve a creer que la identidad creada a gusto y voluntad del régimen, sea nuestra verdadera identidad… y eso no hay licencia creativa ni dinero que lo disculpe o lo haga menos reprochable. El gobierno ya a copado demasiados espacios para que el cine también le tienda la mano.

Mileydi
2 de agosto, 2014

Mi humilde opinión: no soy pomposamente académica, ni cinefila empedernida, soy simplemente público, a veces calificado de “masa” que asiste a ver una película para entretenerse.

Voy al cine frecuentemente y me gusta, asombra, enamora o disgusta lo que veo y escucho en esa pantalla. Hay films buenos y malos, y entre otros: de ficción, de acción, de ficción-histórica y de acción-histórica, hasta romántico-histórico. ¿Será que, cuando vieron Shakespeare in Love, los ingleses hicieron estos largos análisis sobre si Shakespeare tuvo una amante noble o más bien era gay como lo afirman otros? Sinceramente, no lo se; pienso que el Director no estaba dándose a la tarea de recrear un Shakespeare estrictamente histórico debido a que eso ya se encuentra en libros de historia que es ese el recurso, al que, en mi caso, recurro para aprender y elaborar opiniones sobre la historia.

Por tanto, Libertador, a pesar de estar basada en una figura icónica y casi venerable para el venezolano o el sudamericano como lo es Bolívar, por su carácter de película (como dices biopic) y no documental, no espero esté obligada a tener una rigurosidad histórica, por que no voy al cine a aprender de Bolívar, como venezolana si quiero saber de Bolívar, mi deber y casi obligación moral es recurrir a otro tipo de fuentes más fidedignas y fieles a la historia.

La polarización de los ciudadanos se encuentra a tal punto que, percibe todo hecho cultural teñido de algún color que crea una predisposición a juzgar de manera vehemente sin identificar el espectro humano que implica la atención a ciertos hechos culturales, para ver Libertador debemos recordar que el cine aunque pueda tener efectos sobre la opinión de las masas no deja de ser un medio para entretenernos y no para educarnos, es nuestro deber como la masa y más allá de eso como individuo discernir si lo que vemos es realidad o ficción y no como planteas, que esto sea responsabilidad de quien cuenta la historia.

Si, alguien es capaz de cambiar su posición ideológica o política solo por que la escucha por Edgar Ramirez (como lo expones) no me hablas de un problema de cine, sino de falta de identidad y madurez. No he visto el Bolivar de Lamata, no porque la promocionó Maduro, sino porque considero a Roque Valero, excelente canta-autor, más allá de su posición política, la cual no me interesa para escuchar su música. Si la simple opinión de una figura ícono del momento, crees es capaz de modificar las ideas del ciudadano, entonces más allá de que nuestro problema sea cuestión de bandos políticos, es una ciudadanía falta de identidad, manipulable y maleable por los grupos (sean la tendencia que sean) que no contribuye al desarrollo de una nación, para ser específicos, la nuestra. Entonces deprime saber que estamos peor de lo que pensamos con este afán de seguir etiquetando a todo aquel que nos muestre la otra mitad del vaso.

Recuerda el Cine es un negocio, al invertir 50 millones de verdes en una película la prioridad es recuperar y generar ganancias para esto se usaran todos los recursos necesarios así sea tergiversar la historia que decimos conocer (porque nosotros solo sabemos la historia que los historiadores decidieron contarnos), sabiendo esto, si alguien salió del cine interesado en conocer si el Bolívar que mostraba la película es real o ficción, entonces, para mí, la película trasciende en el público y no solo es ganancia económica para sus realizadores. Ya, queda de parte del individuo generar su propia opinión acerca de esta figura que tantos han “usado” y seguirán usando en beneficio propio o simplemente irnos a casa y esperar el siguiente estreno.

Bernardo Lugo
10 de agosto, 2014

El cine no es una cátedra de Historia, considero que el autor de la reseña evade dos cosas la primera es el hecho evidente de que con mayores o menores detalles, la audiencia del film en lo que Venezolanos, Colombianos, Ecuatorianos y demás involucrados del evento en cuestión es que todos tenemos un imperfecto bagaje cultural sobre el tema, basta con ir a cualquiera de las cinco naciones liberadas en el siglo 19 para darse cuenta de que cada quien tiene su versión de los hechos y que estas versiones parecen partir de un mismo tronco, pero no son identicas.

Nuestro crítico obvia o evade que tomando en cuenta lo primero, el cineasta logra algo muy importante, convencer al público de asistir a una sala de cine a ver una cinta cuyo personaje principal al parecer es Simón Bolívar, quien resulta al menos en el caso venezolano el centro de un asfixiante culto a la personalidad que mantiene a los venezolanos temerosos de su identidad, incapaces de equipararse a ese gigante olímpico semi Dios, y que deja un halo traumatico que convierte el mero hecho de ser venezolano en la titanica tarea de emular al procér algo que podrá tener una intención muy noble, pero que ha sido desvirtuado y exagerado hasta el absurdo.

Entoncés el realizador nos coloca frente al personaje, en medio de lo mas humano de su comportamiento, lo baja de ese pedestal y lo acerca a las personas comunes, ejemplo de esto la poderosa escena en la que se quita las botas y baila con los Esclavos, esta escena la hemos protagonizado muchos venezolanos en las playas de nuestras costas y dejan esa conexión abierta que lo acerca como nunca en mi opinión a la gente que ya esta hastiada de que hasta los gallineros verticales lleven el nombre del Libertador.

Por otra parte el director ejecuta esta esta mezcla maravillosa de escenarios naturales de donde se borra suavemente la huella del personaje y del evento historico para dar paso a la gran protagonista de esta historia nuestra América que va robando espacios al personaje a la historia en si misma y nos abre los ojos a tantas cosas que sencillamente ignoramos y que en unos pocos cuadros nos explica de donde venimos a donde pertenecemos,algo que aunque muchos no lo consideren así es una de la falencias mas importantes de nuestra identidad no solo como venezolanos sino de todos los latinoamericanos.

Libertador no fue creada como una clase magistral de historia, obviamente siempre tendremos acuerdos y desacuerdos con el o los escritores del guión pero de esto a lo que logra el director finalmente hay una distancia importante, considero que el director lo logro esta cinta no solo nos reconecta con Bolívar,sino que lo hace con nosotros mismos, indios blancos negros mulatos y mestizos con estas cuatro esquinas de tierra que llamamos PATRIA.

Pedro Parra
19 de agosto, 2014

Una anotación al respecto de la crítica que he leído de la película Libertador

Se critica por ser una película que interpreta libremente los hechos históricos, asunto que crea distorsiones entre el público veedor. Pero hay suficiente documentación en los libros, que aclarará a los curiosos todos los detalles acerca de la vida, pensamiento y obra del Libertador Simón Bolívar. Hay también crónicas de prensa de la época, epistolarios y diarios que lo descubren día a día en aspectos cotidianos. De manera que la desinformación puede ser remediada por este y otros medios; la Internet, entre ellos.

En cuanto a la película, que he visto un par de veces para aclararme ciertas dudas, pienso que lo que le permite crear a Alberto Arvelo una obra con valores cinematográficos es, justamente, una interpretación libre del tema “Libertador”, sacado de la Historia y de la Literatura. (Esta opinión, que hago mía, la copio de un viejo artículo de 1953, escrito a propósito de una versión del Otelo hecha para el cine por Orson Welles). De otra forma sería un documental o una cátedra, y eso es otra cosa.

Gonzalo Vazquez-Casals
23 de agosto, 2014

Muy buen artículo. Solo una corrección. El personaje de Che en Evita en principio no es Che Guevara, de acuerdo al libreto original de 1976, y esto está bien reflejado en la versión fílmica de 1996 con Madonna y Banderas. Para el montaje en el West End y Broadway fué que por motivos publicitarios se le dió a Che la imagen de Che Guevara, lamentablemente. El personaje original es un estudiante bonaerense de química quien narra la vida de Eva Perón.

luis villafane
27 de agosto, 2014

sorprendente y grato el nivel académico de los opinadores sobre el articulo de straka y la película de Arvelo que bien se lo merecen, sobre todo por bolívar que tanto lo han manoseado en Miraflores. tratare de ver la película ayudado por esta interesante cambio de opiniones

maria c
4 de septiembre, 2014

No he visto la película, simplemente pienso que es una lastima que teniendo grandes actores y muy buena producción, no se haya aprovechado el momento histórico del país para hacer algo mas ajustado a la realidad. Si bien el cine es para entretener y el rigor histórico no es lo que caracteriza a la cinematografía, estemos claros que los venezolanos sabemos muy poco de nuestra historia y quien no sabe de historia, se cree lo que le cuentan. En fin que habiendo tantos historiadores, la próxima vez harían bien en consultarlos antes de editar. Pueden hacer algo igualmente espectacular un poco mas ajustados a la realidad.

Pedro Parra
5 de septiembre, 2014

Hay una película más ajustada a la verdad histórica del Libertador. Es la que interpreta Roque Valero. Trata de nuestro héroe en el año del señor de 1816, cuando se refugió en Jamaica , y después, en Haití. Véala y juzgue por usted. En mi caso, me aburrió. Es, para decir lo menos, un documento menor, que intenta ser una película. Preferiría ver un buen documental que me presentara, por ejemplo, la Campaña de los Andes. Pero eso es otra historia.

Diego Fernando
10 de septiembre, 2014

¡Lástima por Bolívar! Quizás no sepamos nunca los verdaderos detalles de su vida y de su pensamiento político. Todos aquellos que tienen algún espacio de poder, políticos, militares, historiadores, empresarios, cineastas, críticos de cine, etc., dicen de Simón Bolívar lo que han querido. Finalmente, Bolívar es un comodín para todos ellos poder justificar e incrementar su influencia… Y a nosotros nos dejan las confusiones y las dudas.

Estelio Mario Pedreáñez
15 de febrero, 2015

Aún no se ha filmado la gran pélicula de Simón de Bolívar, la que cuente como se convirtió en el primer caudillo de las Guerras de Independencia en Surámerica contra el agonizante Imperio Español, iniciadas esas guerras con España invadida por tropas francesas bajo el mando de Napoleón Bonaparte (el gran traidor de la Revolución Francesa que restableció la monarquía y la esclavitud, un general mediocre abajo los parametros de Sun Tzu, autor de “El Arte de la Guerra”), que cuente como Bolívar mandó a pasar por las armas a más de 900 prisioneros en La Guaira, incluídos los enfermos, y no dió el paso revolucionario de abolir la esclavitud en un país lleno de “libertadores” y esclavos, y como fracasó en su intento de convertirse en rey sin corona como el título de “Presidente Vitalicio”, lo que lo llevó al ostracismo político. Fue un líder para la guerra, pero un político inhábil en tiempos de paz.

Javier Solorzano
13 de septiembre, 2016

Vivir un momento como lo está viviendo Venezuela actualmente, de miseria pública, de hambre, de ignorancia institucionalizada, de marginalidad reactiva, y por otro lado alabar una película dónde Bolívar sale remando una canoa con unos indigenas para empezar una “revolución”. Lamentable.

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