Actualidad

La buena televisión chavista, por Juan Gabriel Vásquez

Texto publicado en El Espectador

Por Juan Gabriel Vásquez | 1 de marzo, 2014

El canciller venezolano, Elías Jaua, dice, rodeado de micrófonos, que Álvaro Uribe Vélez —y repite el nombre varias veces, para que quede claro— es el “jefe de la agresión contra Venezuela”. Cuando ya se comienza a ir, un periodista le hace una pregunta que es de rutina en el periodismo: “¿Tiene las pruebas, canciller?”. Y el espectáculo, aunque breve, es fascinante: Elías Jaua se da la vuelta y se le va encima al periodista como un vulgar matón de escuela, como los matones de todo el mundo se han ido siempre encima de los matoneados de todo el mundo, y le pregunta: “¿Tú eres venezolano o colombiano?”.

Admitamos que el canciller ha superado incluso a Uribe Vélez, que también solía tratar a los periodistas con desdén, cuando no con altanería y mal camuflado desprecio. Pero, aunque uno puede comentar esa escena grotesca de varias formas, la que me interesa ahora tiene que ver con el ataque rutinario (y desgastado y aburrido, además de inexacto) que el chavismo ha lanzado siempre y sigue lanzando a los opositores, ya se trate de los estudiantes, de Capriles, López y Machado, o de cualquiera, dentro o fuera de Venezuela, que no guste de lo que el socialismo del siglo XXI le ha hecho a Latinoamérica. A todos ellos, el chavismo los señala con el dedo y los llama fascistas. Y para mí es un misterio que los fascistas de todo el mundo no se hayan unido ya para corregirlo.

Pues la Venezuela de la Revolución bolivariana es ya, y ha sido desde hace mucho tiempo, un Estado fascista. Pero no en el sentido falseado en que Maduro y los suyos han abusado del vocablo, sino en el sentido original y todavía válido: un régimen ultranacionalista, autoritario cuando no totalitario, que une el militarismo con el culto a la personalidad. Hace unos días, Héctor Abad señaló algunas características que el gobierno de Maduro comparte con el fascismo tradicional; habló del sistema electoral y de la división de la sociedad (que tanto gustaba también a Uribe) entre amigos y enemigos. Pero el ejercicio da mucho más de sí.

Hace un tiempo, el politólogo norteamericano Lawrence Britt se entretuvo comparando los fascismos del mundo entero, y llegó a definir 14 puntos que todos tienen en común. Además de los que ya he señalado, todo fascismo está obsesionado con la seguridad nacional, vive escogiendo enemigos o chivos expiatorios para unir a la ciudadanía alrededor de un sentimiento patriótico e invierte sus energías en el control de los medios de comunicación o, en todo caso, de la propaganda política, que nunca debe tolerar versiones de la realidad distintas de la que autoriza el gobierno. Son apenas tres características que comparten los fascismos, desde Mussolini en Italia hasta Videla en Argentina. Pero las tres, acaso en su forma más pura, están en esos 26 segundos de televisión que el canciller Elías Jaua nos ha regalado. Ah, sí: hay otra seña de identidad del fascismo, quizás una de las más notorias, que el canciller Jaua comparte y asimila y representa: el uso de la violencia.

El nacionalismo, la identificación del enemigo, la intimidación violenta, el control obsesivo del mensaje y la obsesión con la seguridad nacional. Todo eso en 26 segundos de buena televisión educativa: ¿no es eso maravilloso?

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Texto publicado en El Espectador

Juan Gabriel Vásquez nació en Bogotá, Colombia, en el año 1973. Es escritor, abogado y periodista. En el año 2011 ganó el Premio Alfaguara de Novela por "El ruido de las cosas al caer".

Comentarios (5)

Robert Rodriguez Ibarra
1 de marzo, 2014

De manera diáfana y directa Juan G. Vásquez desnuda al prepotente Jaua y sus camaradas chavistas al demostrar el talante FASCISTA del régimen, y la forma intencional de atribuir a los opositores tal calificativo. Siguiendo las lecciones del ministro nazi de propaganda Goebbel, los “hijos” del fallecido usan el lenguaje para imponer sus mentiras y ocultar sus fracasos. La TV, la Radio, la Prensa y la propaganda resulta “útiles” para ver caer sus caretas y destacar su intolerancia.

lars
1 de marzo, 2014

Pero es que la pregunta que lanza Jaua como respuesta ni siquiera tiene sentido. ¿Qué quiso decir, que quien sea venezolano debe cuadrarse acríticamente y sin hacer preguntas a favor de la versión estúpida de la conspiración orquestada por Uribe? Esa pregunta la hubiera hecho cualquier periodista normal de cualquier país, sea chino, uruguayo, canadiense, escosés, esloveno, ruso o trinitario.

jason criollo
2 de marzo, 2014

señor/ciudadano/camarada/compañero/tovarich J.G. Vásquez, estoy/estamos tan acostumbrados(?)a un periodismo(?)de “verduleras”( contra mi costumbre utilizo una frase hecha pero sin ofensa para quienes cultivan y/o venden esos alimentos)y proxenetas (ahora sí, confiando que el flamante minpodpoprelext no se sienta aludido, pues no tiene por qué !!!???), que cuando leo un artículo bien escrito me asombro, sorprendo y maravillo. Bien hecho!

Rafael Guillén
4 de marzo, 2014

¿Y qué nivel de fascismo tuvo EEUU al invadir Irak?

lucia alvarez-corvaia
4 de marzo, 2014

primerop, desacuerdo con el título de este bien escrito artículo. creo que debería llamarse: Fascismo y poder mediático

añado, si el autor siguiera a diario la programación de TVes al menos, se daría cuenta, aunque fuera para su fuera interno (admitirlo en público sería un inusual acto de honestidad intelectual, ultra escaso entre nosotros venezolanos del actual régimen) de que ciertamente, esta televisora es humanista, promueve el pluralismo cultural y respeta los derechos de los televidentes de no ser asediados por vendedores de cualquier mercancía para que compremos sus productos. ademas, no ofende la inteligencia de los niños, niñas ni adolescentes.

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