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El tortuoso concubinato de PDVSA y Ecopetrol, por Marianna Párraga

Por Marianna Párraga | 31 de octubre, 2013

Después de una larga temporada de peleas y desencuentros, seguida por un gélido distanciamiento, las petroleras estatales de Colombia y Venezuela, PDVSA y Ecopetrol, han anunciado una reconciliación, esta vez para negociar el importe al que los departamentos fronterizos de Colombia le comprarán la gasolina al gobierno de Nicolás Maduro. Embates de compartir una frontera de más de 2.000 kilómetros con un diferencial de precios que hace germinar todas las variaciones posibles del contrabando.

Pero no sólo sobre eso conversaron los directivos de ambas petroleras, sino que además plantearon dos asuntos de largo plazo sobre la mesa: la esperada reversión del flujo del gasoducto Antonio Ricaurte, que comunica los campos de gas de La Goajira colombiana con varias plantas eléctricas en el estado Zulia, y la posible participación de Ecopetrol en uno de los bloques de la Faja del Orinoco.

Venezuela había prometido que a partir de 2012 comenzaría a exportar gas a Colombia por el mismo ducto que hoy usa para importar el hidrocarburo. Eso no ocurrió y, en cambio, PDVSA renovó a un precio mayor el contrato de suministro con la estadounidense Chevron, que opera los campos de La Goajira, para continuar importando gas hasta 2014.

El 2014 se acerca y no hay progresos en la producción de gas venezolano, que sigue estancada y siendo dedicada en un porcentaje creciente a la reinyección para mantener a flote la producción de crudo. Los proyectos de gas costa afuera tampoco terminan de arrancar, mientras su fecha de inicio continúa postergándose, incluyendo el proyecto Perla de PDVSA, Eni y Repsol en el Golfo de Venezuela, que por su ubicación se había perfilado como la fuente más probable del gas con destino a Colombia, pero que no iniciará producción temprana hasta finales del año próximo.

El as bajo la manga de PDVSA es dedicar una parte del gas de Monagas a Colombia, para lo cual debe transportarlo por todo el territorio nacional a través de un gasoducto cuya infraestructura sigue estando incompleta: el ICO (proyecto de Interconexión Centro-Occidente). Se requieren estaciones de compresión adicionales para completarlo y un plan B para solucionar el déficit de gas del Zulia, que en este punto es dependiente del hidrocarburo colombiano para generar electricidad. Estos detalles del plan, que son lo que lo harían variable, no han sido revelados.

La Ecopetrol que ahora vuelve a acercarse a PDVSA fue echada de la Faja del Orinoco en medio de la ruptura de relaciones de Venezuela con Colombia en 2010 (parece que ocurrió hace mucho tiempo y después ha corrido mucha agua debajo del puente, pero ¿recuerda? Hugo Chávez, con Maradona de invitado en Miraflores mirándolo con perplejidad, anunció la ruptura total de relaciones como cualquier cosa debido a acusaciones hechas por Colombia sobre la supuesta presencia de campamentos guerrilleros en Venezuela).

Las negociaciones entre ambas petroleras acumulaban cierto nivel de avance para entonces gracias al interés de la colombiana, que ha repetido que el Orinoco en una de sus mayores áreas de interés fuera del país. Pero eso no impidió que, siguiendo la línea política, el ministro Rafael Ramírez cerrera las puertas del Orinoco para Ecopetrol y pusiera las relaciones en el “congelador”.

Los descubrimientos de reservas de crudo en Colombia alcanzaron un pico y en los años recientes se han mantenido en declinación, desinflando las expectativas de decenas de petroleras extranjeras que participan en ese país. Sin embargo, las licitaciones de áreas organizadas por la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH), el organismo regulador del sector petrolero en ese país, han sido exitosas y se sigue dedicando una porción significativa de las ganancias netas de las compañías a labores de exploración, lo que podría arrojar otros descubrimientos posteriores. Nadie se rinde aún.

La producción petrolera está más o menos en la misma situación. Tras alcanzar un rápido crecimiento para superar la meta del millón de barriles diarios, la extracción está creciendo -como se esperaba- a un ritmo sensiblemente inferior que tiende más al mantenimiento que a la expansión de la actividad. Colombia superará el millón de barriles diarios de producción promedio anual de crudo sin grandes deslumbramientos.

En medio del mantenimiento del status quo, es predecible que petroleras como Ecopetrol, con margen de maniobra financiero para desarrollar un portafolio interesante de negocios, miren a otros destinos.

Venezuela es el más cercano y promisorio, así que ¿por qué no? Cansadas del particular estilo de la petrolera socialista, algunas socias de PDVSA se han ido del país, dejando espacio para otras que quieran entrar. ¿Será Ecopetrol una de ellas?

Probablemente la decisión no dependerá solo de que PDVSA le abra nuevamente a regañadientes las puertas de la Faja del Orinoco (los bloques que quedan por desarrollar son los más aislados y difíciles de desarrollar desde el punto de vista geológico), sino de que Ecopetrol pueda visualizar algo más para su estancia en el futuro y de que las hasta ahora tortuosas relaciones de ambas petroleras puedan apartarse aunque sea tras bastidores del inestable ámbito político.

 

Marianna Párraga 

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