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Escritores que son y escritores que se lo creen, por Luis Barrera Linares

Por Luis Barrera Linares | 12 de septiembre, 2013

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Así como soy reacio a bautizar o «presentar en sociedad» mis propios textos, no soy de esos escritores a quienes les encanta una feria del libro para pavonearse. Acudo apenas cuando el editor lo exige, pero como mis editores son tan escasos y pobretones casi nunca me lo solicitan. A veces asisto porque hay amigos y colegas a quienes sí les parece esto una actividad loable y me invitan. O a presentar un libro de otro u otra. Pero, en honor a la verdad, dejando de lado que en las ferias los libros suelen ser más costosos, algunas veces  son confundidas con eventos para egoletrados exhibicionistas. Pantalleros se les decía en alguna época. Y, literalmente, mucho más pantalleros son cuando vienen de la tele o de algún otro medio. Vivimos en este tiempo la época de los escritores que llaman «mediáticos». Porque están saliendo de las cavernas televisivas, periodísticas y radiales para ofrecerse al mundo de otra manera. Eso que llaman el marketing (la mercadología) mueve montañas, volcanes y océanos.

Dentro de ese contexto, ocurre que ahora cualquiera se convierte en “novelista” de la noche a la mañana y se hace agregar el rótulo de escritor-a. Hace poco viví la experiencia de una madurita y poco sociable comunicadora venezolana a la que por motivos estrictamente profesionales (no relativos a la literatura) hube de telefonear. La secretaria de la emisora a la que llamé me indicó que la susodicha no podía atenderme por encontrarse «ocupada», en trance, supuse después de escuchar la excusa:

— La novelista está escribiendo un capítulo de su próxima obra y no quiere ser molestada.

— “Vaya, vaya, muchas gracias. Y yo que deseaba ofrecerle un tubazo”.

Lo primero es lo que me dijo la chica que me atendió; lo segundo lo pensé yo una vez que colgué el auricular. En efecto, el nombre de la susodicha firma la carátula de una única historia catalogada por el editor como “novela”, aunque más bien tiene la trama y las truculencias propias de una mala telenovela. Ese mismo día recordé el follón armado en la edición de junio de este año 2013 de la Feria del Libro de Madrid.

El chisme, que escuché por la tele, y no porque yo haya estado allí, aludía a unas declaraciones de la escritora española Almudena Grandes. Todos tenemos derecho a escribir —argumentaba esa autora— pero no todos somos necesariamente escritores. Se refería al pantallerismo elevado a la máxima potencia por la cantidad de «artistas»  de los medios españoles que presentaron libros en el mencionado evento. Cuando un escritor de oficio bautiza un libro, si tiene suerte lo reseña alguna prensa. Cuando se trata  de luminarias «nobélicas» como García Márquez o Vargas Llosa, pues en algo cambia la difusión del hecho. Pero si el presentador o autor proviene de la farándula, pues allí se aparecen todas las cámaras de diversos canales con la finalidad de reseñar el asunto en los noticieros. Los editores saben que la tele vende. Nadie ha ofrecido estadísticas precisas a este respecto, pero es conocido en los medios publicitarios que un par de cuñas de televisión jala más que una yunta de bueyes.

Los escritores auténticos —decía la señora Almudena— son los «guardianes del tesoro». Del tesoro de la lengua, supongo que quiso decir. «Y encima —continuaba la novelista y cuentista— tienen que aguantar que tantos famosos de medio pelo, periodistas, estrellas de la televisión, seudoaristócratas y demás aparezcan en los telediarios exhibiendo esos libros que, dicen ellos, son sus novelas».

Para consuelo de la declarante, no es España el único país donde eso está ocurriendo. Se trata de un fenómeno casi universal motivado por las bajas de las ventas en los libros de literatura. Hoy día, la escritura de creación parece estar demodé. Los plumistas hemos pasado a ser piezas de museo, apenas leídos (y a veces)  por gente misma de la literatura o por estudiantes de letras. Y, claro, por algunos integrantes piadosos de nuestra familia. Hay sus excepciones, naturalmente, pero por mucha autoestima que tengamos, son muy pocos los elegidos que, dedicados en cuerpo y alma a la literatura, todavía logran vivir de eso.

Eso ha hecho que las grandes editoriales comiencen a mirar hacia otros espacios en los cuales encontrar «fuentes de ingresos» que les permitan sobrevivir a expensas del libro. Y, fundamentalmente, del libro impreso en papel. Obviamente, aparte de mantener activos y consentidos a sus autores de «superventas», muchos editores andan virolos con eso de los libros electrónicos, los dispositivos ídem para alojar bibliotecas enteras y la avasallante competencia de la Internet.

Venezuela no ha sido extraña al fenómeno. Aquello que algunos optimistas consideramos hace pocos años un pequeño boom editorial para la narrativa y el ensayo ha comenzado a desvanecerse. Casi podría jurar que hay actualmente originales de sobra y editores de falta. Ha sido así que las editoriales han puesto su mirada en el mismo target autoral al que se refería Almudena Grandes. Basta acercarse a las vitrinas de las pocas librerías venezolanas sobrevivientes para darse cuenta de que el virus de los «libros mediáticos» ha inoculado fuertemente las venas abiertas de nuestra industria editorial. Los títulos hablan por sí solos.

Aparte de la arrolladora cantidad de ejemplares escritos para la oportunidad histórica del momento —algunos de ellos oportunistas ensayos sociopolíticos o económicos—, pululan en los anaqueles cientos de páginas que reproducen entrevistas de programas de la radio y de la tele, o tienen que ver con otros asuntos a veces bastante insustanciales: cómo ser madre amantísima y seguir viviendo como soltera; no me llamen doña ni doñita, díganme mamacita aunque soy gordita; aprender a superar obstáculos siendo cojo, sordo, ciego y mudo (casi como en la canción Shakira); consejos para novias adolescentes y glamorosas; madres con glamour y mucho dinero para vestirse de más real; vivir para vencer y conquistar; lo cuento como lo viví… y un largo etcétera. Y en la mayoría de los casos se trata de volúmenes cuyos autores y autoras son figuras públicas notorias (por lo general comunicadores sociales de cierto éxito) o «artistas» enchufados en los medios. A veces, de esos que ganan fama radial o televisiva echándonos los cuentos sobre sus hijos y señoras de servicio. Pero, ojo, que quede claro, también tenemos periodistas que, paralelamente a su ejercicio profesional, han devenido en magníficos autores literarios. Cómo dudarlo si conocemos a varios y varias. Solo que esos sí saben distinguir muy bien entre ambos tipos de escritura. Y además escriben como se debe.

Y no es que esté mal que las figuras mediáticas se inmiscuyan en el universo editorial. En efecto, por muy ilustrado letrado que alguien se crea, no es privilegio de nadie la potestad de escribir y publicar. Y mucho menos si por ello se nos adelanta una buena cantidad de dinero. Lo que no parece sensato es engolosinarse con la salida de un primer librito; creer irreflexivamente que la publicación de una historia a veces insustancial te hace escritor. Los he escuchado por la radio y por la tele; los he leído en la prensa. Algunas-os columnistas y moderadores-as de programas tontos no tienen empacho en autoaludirse como «nosotras las escritoras» o «nosotros los novelistas».

No saben esos presuntuosos faranduleros que quienes algo tenemos que ver con la literatura y el mundo editorial conocemos cómo se bate el cobre con esos éxitos de ventas. A veces incluso se trata de libros que ni siquiera han sido realmente escritos por quienes los firman. O de unos «manuscritos» muy mal redactados que han requerido de un trabajo tal de latonería y pintura que terminan no pareciéndose en nada a los originales. Mosca con esto. Buena parte de tales «novelas» o inventarios de consejos han sido mucho más que maquillados por esos otros profesionales a los que en los medios editoriales se conoce como «negros escritores o escritores fantasmas» —desconozco por qué razón se les cataloga así, pero tales lexías no son peyorativas—, aquellos que tienen a su cargo o bien la escritura definitiva de libros dictados como guiones (pautas), o bien encargados para ser firmados por otros o, en otros casos, la refacción de algunas ideas que supuestamente ha pergeñado de su puño y letra algún autor mediático.  En ese terreno hay muchas historias que contar y, precisamente, algunas son como de novela.

Luis Barrera Linares 

Comentarios (11)

Golcar Rojas
12 de septiembre, 2013

Me ha encantado este artículo. Luis Barrera Linares no deja títere con cabeza y con toda razón. Son demasiado los autodenominados “escritores” sin haber hecho méritos para ello. Una cosa es que a uno le guste escribir (y lo haga) y otra que uno sea ESCRITOR. Lo peor es que lo medios de comunicación hacen tal despliegue promocional de esos “escritore” y sus “obras” que el despitados, el incauto, el que no es muy ducho en distinguir un “Libro”, de un librito termina creyendo y aceptando como literatura meros ejercicios comerciales de escritura. Se han dado casos en los que inclusos esos libros mal escritos terminan siendo libros de cátedra en materias como Literatura, Redacción, Peridodismo o cualquier otra que tenga que ver con el tema. Los ponen como paradigmas de lo “bueno” cuando deberían servir de ejemplo sobre lo que NO se debe hacer al escribir.

Alejo Urdaneta
12 de septiembre, 2013

Un artículo de Luis Barrera Linares que demuestra la banalidad con que se toma el ejercicio de la escritura, sea científica o literaria, y ni hablar de la poesía, por algunos que dicen que la poesía es la rima más o menos consonante en frases puestas en sentido vertical que nada dicen, salvo que la rosa muere cada día. Muchas gracias, amigo mío (Orlando Araujo me observa), por la claridad y franqueza de tus palabras. Un Saludo cordial. Alejo

Ligia Istúriz (@Seleccionada )
12 de septiembre, 2013

Dice bien Barrera Linares -autor que sí sabe de escribir, porque “es su especialidad” – que con su artículo deja una crónica , obligado testimonio de esa realidad que describe para años que vendrán. Con el saludo al que narra el cuento, va el deseo para que sea leído y asimilado por los “contados” que ya forman creciente montón.Adocenados y creídos.

Oswaldo Aiffil
12 de septiembre, 2013

Verdaderamente sin desperdicio. Que a muchos les servirá de lección para saber que nadie engaña a otros sino a sí mismo.

Don Anónimo
12 de septiembre, 2013

Quieres vender libros por miles.

No solamente las editoriales y librerías están desnudos, sino también los escritores y “escritores”. Eso de andar con un manuscrito y recibir no de todo el mundo, como se acabó por lo que está a la vuelta de la esquina. Mucha gente encuentra literatura -con facilidad de prelectura- a gusto (que no necesariamente es calificada de calidad por los expertos) en las librería digitales, con la ventaja adicional que si no me gusta puedo devolverlo y recuperar mi dinero o entrar en el club para préstamos de libros. Comprar un libro de determinada temática es muy fácil, comprarlo mucho más y leeerlo y disfrutarlo ni se diga. En el mundo hay diamamntes de quienes no se habla. Y Venezuela tiene escritores consagrados que han sobresalido por ejemplo en Amazon.com y otros, que han visto la oportunidad para inclusive vender libros impresos (servicio especial de Amazon.com, aun para un ejemplar que se imprime en el momento, ¡bárbaro!). Lo de escribir libros como que se democratizó y los escritores digitales ni siquieran ven en su horizonte ferias ni saraos agradables o no. En el futuro lo que vienen son escenarios virtuales.

Luis
12 de septiembre, 2013

Es muy probable que ante la tan reiterada proliferación y aparición de esta suerte de vedettes y divos de la literatura nuestra, alguien distinto a un genuino hombres de letras, de la talla y la estatura intelectual del señor Luis Barrera Linares, no hubiera podido reseñar de forma tan diáfana y precisa uno de los múltiples síntomas del quehacer literario hoy. ¡Al parecer no ando tan pelado! Por lo expuesto líneas abajo, y por otras tantas y personales razones es que me niego rotundamente a participar de eventos y convites en los cuales “dizque” se celebra la palabra…Y es mucho más simple ¡Me asfixian los seudointelectuales y los “expertos políticos”, los aprendices de sociólogos, y los habladores de gorra! ¡Me niego a leer o a promover a todos aquellos que sólo tienen una pose y alguna prebenda de un menesteroso Mecenas! Bienvenidas las piedras sobre el tejado. Quien guste le pone día, lugar, café, hora y fecha. Y ojo, no es una defensa a ultranza del canon, mucho menos una postura pro-editorial, tampoco sangro por la herida. Sólo que he agotado mis más nobles recursos de paciencia y tolerancia para con ellos y sus proyectos, los cuales un reducido grupúsculo de colegas intenta imponer en aulas y en proyectos de investigación; y en los cuales, por cierto, en ocasiones, se niega la Literatura del país, así con mayúscula y demás. Saludos. Os sigo dejando en compañía de alguien que –a diferencia de este servidor–tiene la estatura y la talla intelectual, como señalé arriba, para darles hasta con el tobo, como diríamos en criollo.

dudo
13 de septiembre, 2013

¿qué es “lexías”?

Gabriel Jimenez Eman
15 de septiembre, 2013

Barrera Linares desnudó el estatus farandulero de escribidores y periodistas opinadores de oficio que se mueven en el ambiente televisivo y radial, en las paginas de sociales y de opinion en los diarios capitalios de Caracas, Maracaibo, Valencia o Barquisimeto y van por alli firmando libros en ferias, lobbys de hoteles, paneles de gastronomia y se hacen llamar escritores. Por fin alguien se atrevió a desenmascararlos. Ellos saben quienes son. Les dieron en la torre,al fin.

Gabriel Jimenez Eman Gabriel Jimenez Eman

Luis
15 de septiembre, 2013

El autor de este texto tiene razón, aunque me parece hasta un tanto rencorosa la forma de plasmar su teoría. Se me parece a la de Vargas Llosa en la “Civilización del espectáculo”. Cuando la industria toca con sus garras, una obra artística de cualquier índole, ésta se banaliza. Ahora, me dirijo nuevamente al director luego de citar lo siguiente: “Algunas-os columnistas y moderadores-as de programas tontos no tienen empacho en autoaludirse como «nosotras las escritoras» o «nosotros los novelista” perdóneme, pero a usted no lo había leído hasta hoy, me gustaría toparme con alguna obra suya.

Le dejo mi blog para que me responda: http://infelipe.wordpress.com/ o mejor, mi correo: Kenyon6nj@hotmail.com visite mi blog, yo también me la tiro de escritor.

Alvaro Navarro
17 de septiembre, 2013

Estimado profesor… en el mundo editorial venezolano no sólo existen “negros escritores”, una de las últimas novelas de Murakami Haruki 1Q84, el protagonista es un “negro escritor” que se debate en “arreglar” el libro de una adolescente ganadora de un premio de literatura en la que el a veces participa, lo curioso o interesante es que la psicología del personaje debate constantemente entre hacer o no el trabajo… a veces me pregunto si la mera psicología mercantil o de necesidad mueve a los “negros escritores”…. Saludos desde Japón Álvaro

R Vivas
18 de septiembre, 2013

Excelente articulo !!que nos resalta como todo lo que se publica no es literatura sino un genero de escritura que no tiene etiqueta pero que no puede confundirse con la genuina literatura . Ya hace decadas Graham Green dividio sus obras en dos clasess, las novelas (literatura de verdad) y ‘entertainments’ cuyo proposito era simplemente proveer de recreacion a un publico de lectores de gusto menos exigente . Ademas hay la distincion entre buena literatura y literatura mediocre y la literatura narrativa o de ficcion y la cronica de un suceso y la tambien pululante literatura de ideas, cada una con sus propios standards de excelencia y calidad!!

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