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El padre, ¿maldición o bendición?; por Freddy Javier Guevara

Por Freddy Javier Guevara | 12 de junio, 2013

maduro chavez texto

Los venezolanos hemos visto cómo el actual presidente de la república llama padre a su antecesor. Con el respeto que merece un hombre ya fallecido, y en honra de su alto cargo, hay que decir la verdad: fueron casi contemporáneos. Cuando Nicolás Maduro nació, Hugo Chávez tenía ocho años. No obstante, el primer magistrado actual se identifica como su hijo. Lo presenta en toda la iconografía que lo acompaña en sus alocuciones; incluso carga consigo el crucifijo, amuleto sagrado del fallecido, o si se quiere, con su cruz .

La recurrencia del arquetipo del padre en nuestro acontecer nacional —con la importancia que tiene su principio ancestral—, sugiere el ámbito de lo simbólico, pues cuando una persona identifica a otra que no es su padre biológico como su progenitor, es porque de él ha obtenido enseñanzas fundamentales para su vida psíquica, las cuales han de ser determinantes en su destino.

La escogencia de alguien tan cercano en edad como padre, sugiere la imagen de orfandad temprana, así como el no haber digerido nunca dentro de sí el principio mismo del padre. Del mismo modo, si se elige al padre a los cincuenta años, no quedan dudas de que se está fuera de consonancia con el tránsito cronológico de las iniciaciones psíquicas en la vida del hombre. A esa edad, ya debería haberse sido padre y debería estarse cumpliendo con las determinaciones que el principio psíquico exige.

La función psicológica del padre, entre otras, es poner orden dentro del caos y regir con normas el funcionamiento de la comunidad familiar, sin ser tan estricto que sofoque al hijo hasta el punto de castrarlo. Por otro lado, esta función debe permitirle al hijo un desarrollo psíquico que lo integre a la labor paterna. Tal objetivo se ejerce  sin perder las formas tradicionales y culturales que se han adquirido de los ancestros y que se atesoran en la comunidad familiar.

Desde el punto de vista también simbólico, un presidente o cualquier jefe de estado es, por ejercicio, el padre de la nación, mientras ejerza ese rol; y está obligado a traer nuevas formas culturales y civiles si las viejas se han agotado y han sumido en el desastre a una población, para que no se empobrezca el funcionamiento de la sociedad.

Cuando el padre muere o enferma de manera irreversible y se deteriora su capacidad para tener un juicio crítico sobre la realidad, sume en un caos profundo al grupo familiar. Del mismo modo, la ausencia del presidente deja en orfandad a todo un país. En los países industrializados o con instituciones cohesionadas, esto no sucede, pues dichas instituciones mantienen las formas y los límites, y procuran la solución más expedita para elegir a la persona idónea a fin de dirigir los destinos de la nación.

Lo que vemos en Venezuela tiene otro tenor: muere el presidente y el país entra en un desconcierto que parece que va sin vuelta atrás a situaciones peores. Pero la confusión no es reciente: viene sucediendo desde el año 1992 y se ha magnificado a partir de 1999, año en que el presidente Chávez tomó el cargo. El pueblo creyó que traía formas nuevas, y el tiempo reveló que se buscó unas viejas y gastadas que presentó como novedosas. Esto le permitió arrasar con todas las tradiciones acumuladas por las democracias anteriores, malas o buenas, con la promesa ficticia de un “mundo nuevo y mejor”. De lo anterior se deduce que él tampoco pudo ejercer la función de padre. Sí consiguió contener a la población, pero no dio forma a una nación que, teniendo inmensos recursos, hoy está dividida y luce en bancarrota.

Si el presidente Chávez no fue padre, ¿qué fue? Uno se pregunta, y la respuesta se debe hallar en la figura del héroe. Venezuela tiene una larga tradición de veneración por el héroe, desde Bolívar hasta el mismo presidente Chávez. Pero la función del héroe no es construir sociedades; todo lo contrario, es devastarlas. Aquiles, el héroe occidental por excelencia, nos da las pautas del comportamiento de quien actúa como tal: arrasó con Troya, mató a sus hombres y permitió la violación de sus mujeres. La ciudad de Troya era la enemiga a vencer de los aqueos. En Venezuela se forjó una división de la población atizándose las diferencias con el látigo del resentimiento y la envidia, y de pronto nos encontramos entre bandos “irreconciliables”. Un héroe no puede ser padre ni gestor de una sociedad, porque en él no está concebida esa doble función.

La mitología nos habla de que cuando un padre es, como Cronos, un vengador terrible que devora a sus hijos y no les deja espacio para desarrollarse, debe ser derrocado; y la muerte del padre, en forma simbólica, significa que nuevas maneras están por venir, y éstas deben sustituir las anteriores.

Todavía quedan de la elección pasada algunas pintas sobre paredes de la ciudad, en las que se destaca el cabello y los bigotes del presidente actual. Pero no tiene ojos, a diferencia de la propaganda del presidente anterior, en la que se enfatizaban unos ojos vigilantes, casi paranoides, esparcidos por las ciudades del país. Ahora bien, eran ojos de vigilancia, no de una nueva perspectiva. La perspectiva es una manera de percibir la realidad del mundo de manera diferente, novedosa; es decir, una forma de consciencia que difiere de la que la precedía y es producto de advertir la diferencia, valorizarla y promover los cambios que corrijan los errores. Las estampas del presidente actual no tienen ojos: ni vigilan ni ofrecen perspectiva. De allí que esta última se busque fuera del país, lo cual es aun más peligroso porque las maneras que se han de importar no nos corresponden. Por lo tanto, en este momento, la nación se encuentra ciega para atender sus conflictos; y más vale que eche mano de los instintos para conducirse en la oscuridad. Todo apunta a momentos muy difíciles, pues transformar las viejas formas supone sacrificio. De tal sacrificio ya puede dar cuenta la ciudadanía.

Por otra parte, se escucha a algunas voces referirse al presidente anterior como al “gigante”, un ser de estatura política visionaria desconocida en todos los tiempos, que se sostiene en pie más allá de la eternidad. Una persona, familia o nación se enferma cuando considera a su padre un ser sobrenatural y no puede bajarlo a un plano humano para discernir sobre sus virtudes y defectos, tratar de aceptarlos y, de ser posible, reflexionar sobre ellos para aprender de su patología y permitir así la evolución de sus propias complejidades, sean sociales, familiares o individuales. Es así como el padre se transforma en un fantasma, en una sobra inquietante y amenazadora, que se cierne sobre el futuro de cada uno de los integrantes de una familia o de una comunidad.

Freddy Javier Guevara  es psiquiatra y psicoanalista junguiano, miembro de la Sociedad de Analistas Junguianos

Comentarios (13)

Cristina Raffalli
13 de junio, 2013

Qué texto tan lúcido y cuánta profundidad. Ha sido emocionante leerlo y espero que su autor nos regale muchos más. Cristina Rffalli

Maria Montes
13 de junio, 2013

FELICITACIONES!!!! Excelente artículo y por demás nos muestra una realidad que se percibe en la calle y que hasta en algunos momentos nos quedamos sin aliento, porque aunque se reflexione la situación actual, el futuro inmediato de nuestro País es bastante complicado e incierto. teníamos esperanza en una oposición inteligente, joven preparada, sin embargo esta situación que nos dejó el gran padre del presidente Maduro va más allá porque por detrás están los Castro y su inmenso poder y mente maléfica, donde nuestros líderes jóvenes e inteligentes no pueden con ellos. Y ante esta situación me pregunto Perdimos nuestro País?? Será que debemos buscar otro?? O dividimos a Venezuela, los que quieren a los ojos vigilantes o los que queremos una Patria de Progreso y de Paz??

Gerson FERNANDEZ
13 de junio, 2013

El artículo de Freddy es muy interesante. Sólo quisiera aportar algo aunque no soy amante de esta política sucia en el actual Venezuela donde un Presidente es puesto contra la voluntad popular. En el caso de Nicolas Maduro quien llama al difunto su padre, hay que verlo en un sentido espiritual. Es su adhesión al difunto y su compromiso para seguirlo sin espíritu crítico. Es verdaderamente su padre espiritual. Todo ser humano tiene dos vidas: LA VIDA RECIBIDA que llamamos, vida natural. Es la vida que recibimos de nuestros padres biológicos: las células y los órganos para formar el cuerpo. Cuando esta vida sale de este cuerpo que recibimos de los padres, el cuerpo se convierte en una materia inerte y termina nuestra historia. La otra vida es la VIDA AÑADIDA para formar la personalidad de cada cuál. Por eso, decimos que cada uno es responsable de su historia. Por medio de la Inteligencia et la Voluntad, el ser humano decide que tipo de persona quiere ser en esta vida. Si quiere ser un malvado, llena su inteligencia de conocimientos destructivos, vive en la mentira y es enemigo de la verdad. Pues la Inteligencia ha sido dada al hombre para descubrir la verdad,la Inteligencia es el espíritu crítico. El que tapa la verdad libremente para engendrar la mentira, vive en la falsedad intelectual. Es la “muerte de su inteligencia”, pues la impide alcanzar su fin que es descubrir la verdad. También para ser malvado,la persona puede llenar su Voluntad de vicios en vez de llenarla de Virtudes. Se entiende aquí por vicios, malas costumbres y virtudes, buenas costumbres. La corrupción, el adulterio,la homosexualidad, los robos,la droga y otros, son vicios. El que llena su voluntad de vicios no puede ser un hombre de bien. Pues la voluntad ha sido dada al hombre para alcanzar el bien. Cuando se impide a la voluntad alcanzar su fin, se está en un estado que se llama la falsedad volitiva. Es la “muerte de la voluntad”. Cuando la Inteligencia está “muerta” por no alcanzar su fin; cuando la voluntad está “muerta” por no alcanzar su fin, se habla de la muerte del Alma, que es la muerte espiritual. Así, muchos hombres están ya muertos aunque sigan viviendo con sus semejantes. Sin embargo, se puede alcanzar la resurrección del alma si tomamos consciencia y dejamos a la Inteligencia y a la voluntad cumplir sus funciones. Eso antes de que llegue la muerte física que será la condenación eterna para los malvados. En vez de llenar la inteligencia de conocimientos destructivos, la llenamos de conocimientos constructivos para que seamos agentes de la verdad y de la luz. En cuanto a la voluntad, la llenamos de virtudes para que seamos agentes del bien. Así, la resurrección del Alma. Necesitados está resurrección en Venezuela y el mundo entero para acabar con la corrupción, la violencia y otros. Como dotamos de Inteligencia y Voluntad, cada uno tiene su Opción fundamental en la vida para el bien o para el mal.

Jose Antonio De Amat
13 de junio, 2013

Muy interesante el comentario sobre “el padre” quise compartirlo en mi Facebook pero no pude, solo me dio la opción de recomendar, sería bueno incorporar la opción “COMPARTIR” Para luego publicarla y hacer extensivas estas importantes publicaciones. Saludos desde Perú.

Janet marshall
16 de junio, 2013

Interesantisimo. No hay que ser psiquiatra para entender y todas sus letras mueven porque es cierto . Ojalá y esto llegue a muchos.

Bernardo Guzmán
16 de junio, 2013

Javier, interesante y profunda reflexión. Como dicen los españoles “menuda ilustración de la paternidad institucional de Venezuela”.

Me permito algunos comentarios en consonancia con tu artículo.

En la mayoría de las sociedades hispanoamericanas, que comparten raíces históricas traumáticas ligadas al ideario del nuevo mundo, las relaciones de poder basadas en la imposición y la coacción generaron entre otras, una cultura cuyos elementos principales se esconden detrás de algunas situaciones que fomentan la minusvalía ante el caos: la transitoriedad y la improvisación con el consecuente desapego a los hitos de la memoria familiar y colectiva, el descrédito hacia el esfuerzo con perspectiva de futuro con el azar en todas sus expresiones como medio de sustento, y la coacción o ejercicio del poder con una muy pobre capacidad para el diálogo y la negociación.

Dentro de este marco referencial, la figura del padre sortea los retos de intentar poner orden dentro del caos, sobre todo en una Venezuela donde al padre institucional en realidad poco le interesa el futuro de sus hijos, y esto quizás no tanto por negligencia sino por ignorancia absoluta de su verdadero rol socio-político, y por su evidente orfandad histórica.

A las nuevas generaciones la realidad les exige la comprensión y el ejercicio del rol de padre con vistas a generar el desarrollo proactivo de los hijos, motivándolos a transitar los caminos de la responsabilidad individual y colectiva, base fundamental para el ejercicio de la ciudadanía.

En estos momentos de tormenta histórica y de fractura de la confianza en las instituciones y en las personas, es imperativo el fortalecimiento del legado de nuestros ancestros y la renovación de un verdadero pacto social con solidez filosófica para evitar el desmoronamiento de las democracias. A ver si los poderosos nos dejan.

Raúl
17 de junio, 2013

Es un excelente análisis, y es bueno recordar que las consecuencias sicológicas de la falta de padre no se limitan a golpear a Maduro ni a Chávez ni a los chavistas. La falta de padre en el hogar es una falla cultural venezolana que ha existido siempre, y quien la sufre directamente buscará a su padre en Chávez o en la figura del extranjero próspero, supuestamente más culto, más inteligente, más ordenado, más honrado, más responsable, etc. a quien deberíamos imitar a ciegas para salir del subdesarrollo. Esta imitación es siempre plana, superficial y carente de un análisis que permita filtrar lo malo y lo inconveniente para nuestra cultura nacional. Lamentablemente, calcar al extranjero es tan común que son bastante escasos los artículos de opinión que no incluyen el consabido “como dice Mr. XYZ en su libro…”. Sr. Guevara, lo felicito por tener ideas propias y claras.

Gloria M. Naharro
17 de junio, 2013

Excelente!! gracias Javier por esa reflexión! !. Un abrazo!

Luis Felipe Graterol
19 de junio, 2013

Excelente y ajustada reflexion(es). Encontre su lectura estimulante y ciertamente necesaria para los momentos que se viven, por lo que me siento agradecido. Ojala el Dr Guevara nos brinde la oportunidad de volver a leerle en breve.

gioconda medrano
20 de junio, 2013

Excelente articulo, desde la perspectiva psicologico-politica. Nuestra psique colectiva esta tomada por esta imagen de padre dotado de poderes sobrenaturales, en un pueblo con mucho pensamiento mágico, es una combinación peligrosa. Pienso , si lo colectivo logra encontrar otra forma de poder, tendremos salida.

Luis Madrid
22 de junio, 2013

Excelente Freddy !!! Tan real como terrible lo fantasmático de un anti-padre generador del caos; pero todo es impermanente en la realidad. Tarde o temprano todos impactaremos el suelo con el rostro,todos !!!!. Allí nos reencontraremos.

Luis Henríquez
28 de junio, 2013

Freddy: ilustrativo y demoledor. Decía A Machado que “el hombre es la medida de todas las cosas, menos la de los hombres y la de los pueblos”. Entiendo que seguimos sufriendo los estigmas del caudillismo decimonónico, empapado de resentimiento que los cuartarepublicanos no supieron conjurar completamente. En una revista del año 1999, “Claves de la razón práctica”, publicada en España por Fernando Savater, leí algo acerca de la admiración de Hugo Chávez por Ezequiel Zamora. Decía de los lugartenientes de este último, “Tiburcio” y “El Tuerto” que esparcían el terror por las sabanas al grito de “Mueran los blancos y los que sepan leer y escribir!” Algo ha mitigado de este odio el paso del tiempo. Cuando estará nuetra historia dominada por las instituciones y no por los hombres?

ivan roa.
2 de septiembre, 2013

DE verdad que me alegra el conocer que comienzan a aparecer reflexiones inteligente en torno a la situación critica que vive nuestra sociedad. bien lejos de la diatriba de groseros y resentidos de todos lados. Entiendo que es un escrito que viene de la reflexión y de la seriedad que amerita nuestro tiempo. Esa imagen en relación al padre-hijo, me parece que si bien es parte de un sainete publicitario, también tiene algo de fantasia de los protagonistas, de tal forma, que siendo un libreto de la propaganda comunista, v.gr. el padrecito, jose estalin, no por ello deja de ser una rendija por la cual vemos componentes patológicos que deben ser bien estudiados, pues parece que arquetipalmente estamos condenados a repetirlos. bravo por la pluma de este gran analista. Guevara muchas gracias.

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