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¿Quién es el acaparador?, por José Ignacio Hernández G.

Por José Ignacio Hernández G. | 28 de febrero, 2013

acaparar texto

Dentro de las historias que Gilbert Keith Chesterton escribió sobre el Padre Brown hay una particularmente aguda. Un crimen se ha cometido y todos los testigos coinciden en que no vieron a nadie en la escena del crimen. El asesino debía ser, entonces, el hombre invisible o, como el astuto Padre Brown observó, alguien mentalmente invisible.

Algo similar pasa en nuestros días, pero afortunadamente no con algún crimen sino con algo más cotidiano: un día de compras en el supermercado. Al llegar, podemos percibir la carestía de ciertos rubros: azúcar, aceite, harina de maíz precocida, pollo… La lista en el mercado puede ser larga. Y no me refiero a la lista de compras, sino a la de los productos que no encontramos.

En esta situación, cada vez más frecuente en nuestros tiempos, suele señalarse a un culpable. Se trata de un ser misterioso y muy hábil pues, por lo visto, es responsable de toda la carestía. Se trata de un ser que comparte atributos con el célebre personaje del cuento del Padre Brown, pues lo cierto es que, a pesar de ser señalado una y otra vez como el responsable del desabastecimiento, no le hemos logrado ver el rostro, algo que además lo convierte también en un hombre invisible. Me refiero a El Acaparador.

Planes nacionales, fiscales especiales, patrullas enteras de funcionarios y representantes del Poder Popular, todos se dejan ver dispuestos a atrapar, como si fueran el Padre Brown, a El Acaparador, ese hombre invisible que con gran agilidad desaparece alimentos de los anaqueles.

¿Pero existe realmente El Acaparador? Para ayudar a esclarecer este asunto, quisiera hacer unas breves reflexiones sobre qué es acaparamiento y precisar cómo ese ilícito puede afectar la distribución y comercialización de alimentos en Venezuela.

Precisando el acaparamiento

Un elemento que ha ayudado a incentivar el misterio que rodea a El Acaparador es la ligereza con la cual es empleada la palabra “acaparamiento”. Un ejemplo: yo puedo atraer la atención de muchos lectores de Prodavinci con mis artículos, y —como se dice— acaparar todas las miradas. No por ello, sin embargo, debo ser considerado responsable del ilícito de acaparamiento.

El acaparamiento es un ilícito muy bien precisado en la Ley para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios, como antes lo hicieron las varias leyes de protección al consumidor y al usuario que hemos tenido. Repasemos qué dicen, sobre este ilícito, los artículos 67 y 139 de esta Ley:

En primer lugar, el acaparamiento requiere una acción en concreto: restringir la oferta, circulación o distribución de bienes. Esta acción puede ser realizada en cualquier nivel de la cadena de importación, producción, distribución o comercialización. Por ejemplo, el zapatero que decide no vender zapatos a las tiendas o las tiendas que deciden no vender zapatos a los consumidores.

Esta acción puede hacerse con o sin ocultamiento, como acotan los artículos mencionados. Esto quiere decir que no es necesario que el zapatero tenga escondidos los zapatos en algún lugar poco usual. Basta, sencillamente, con restringir la oferta del bien.

En segundo lugar, esa acción concreta de restricción de la oferta debe hacerse con un propósito específico. Al explicar este ilícito a mis alumnos, siempre me encuentro con la misma pregunta: ¿Cuál es el incentivo del zapatero para no vender zapatos si, ciertamente, un zapatero debe vender zapatos? ¿Qué extraño motivo lo llevaría a dejar de hacer aquello que consiste la razón de ser de su propia existencia? La Ley se encarga de aclarar este aspecto: el problema está cuando la restricción de la oferta debe hacerse “para provocar escasez o aumento de los precios”.

El primer propósito poco aclara: el zapatero que decida no vender zapatos, ciertamente, quiere disminuir la oferta de ese bien, o sea, producir escasez de zapatos. ¿Pero para qué un zapatero quiere crear escasez de zapatos? Para producir el aumento de los precios, responde la Ley. Por ello, la conjunción “o” debe leerse “y”, como sucedía con la Ley de 2004. El zapatero deja de vender zapatos para provocar escasez y aumento de los precios.

En tercer lugar, el ilícito de acaparamiento requiere ser realizado con un propósito específico que sea probable, lo que obliga a que el acaparamiento restrinja la oferta en una magnitud tan grande como para incidir en el mercado provocando el alza de precios.

Supongamos que una zapatería vende dos pares de zapatos al año en un mercado de un millón de pares anuales. Supongamos además que todos los zapatos son similares.  El dueño de la zapatería decide dejar de vender zapatos para provocar escasez y así producir el incremento de zapatos. ¿Qué impacto tendría en el  mercado restringir la oferta de dos pares de zapatos al año? Ninguna: el mercado seguirá funcionando como siempre y el zapatero simplemente habrá dejado de vender zapatos sin ningún beneficio.

Por eso es que el ilícito de acaparamiento responde a la conocida ley de la oferta y la demanda. La restricción de la oferta de un bien puede incidir en el alza del precio de ese bien sólo si se de dan ciertas condiciones. Una de ellas es que la restricción de la oferta pueda impactar en el mercado lo suficiente para producir el alza del precio, con la idea de que el proveedor de un bien restrinja la oferta para incrementar el precio de los bienes: ganar más con los consumidores que comprarán menos bienes.

Finalmente, la pérdida derivada del incremento del precio por parte del acaparador debe verse justificada por la ganancia obtenida por el incremento. Ése es, como en las novelas policiales, el móvil del crimen.

Misión imposible: acaparamiento de precios en productos sujetos a control de precio

Como profesor suelo hacer exámenes en los cuales abundan, como se dice, “conchas de mango”. Un caso típico que diseño es aquel en el cual un comerciante decide restringir la oferta de un bien sujeto a control de precio. ¿Puede haber acaparamiento? El alumno que no piense bien responderá que sí puede haber acaparamiento, siempre y cuando la restricción de la oferta impacte en el mercado.

Pero repasemos lo antes dicho: el acaparamiento persigue promover el alza de los precios. ¿Y qué se requiere para que suban los precios de un bien? Al menos una condición: que el precio del bien no esté regulado.

Si el precio de un bien está regulado, entonces el acaparamiento no podrá incidir en el precio. Así de simple.

Ya con esto podemos descartar que el acaparador actúe con bienes sujetos a un control de precio, como precisamente es el caso de muchos de los alimentos que hoy no están en los anaqueles. En los alimentos sujetos a control de precio no puede haber acaparamiento, pues es imposible que la intención del acaparador se cumpla: no puede incrementarse el precio de un bien cuyo precio lo decide el Gobierno y no el mercado.

El Gran Hermano: acaparamiento y alimentos sujetos a guías de movilización y otros controles

El Estado se ha convertido en una especie de Gran Hermano de 1984, la novela de George Orwell, por la intensidad de los controles administrativos existentes, contando entre ellos las guías de movilización.

Desde que el alimento es producido o importado hasta que llega a nuestra mesa, se requiere solicitar y obtener unas “guías de movilización” que le permiten al gobierno saber la cantidad de alimentos que se están movilizando, quién los despachó y a quiénes fueron entregados. En pocas palabras, con las guías de movilización, el Gobierno puede saber exactamente el inventario de alimentos en cada almacén, bodega o centro de distribución las 24 horas del día, los siete días de la semana, los 365 días del año.

Es cierto: el acaparamiento puede hacerse con o sin ocultamiento. Pero difícilmente el acaparamiento podrá materializarse si el acaparador le avisa al Gobierno que está acaparando.

Bajo el sistema de guías de movilización, el Gobierno puede conocer quién está restringiendo la oferta de un bien. Si el transportista de pollo decide desviar su camino y esconder la valiosa encomienda en algún recóndito lugar, el Gobierno podrá conocer, al instante, que la carga no fue entregada en su destino. Y, cual película de ciencia ficción, podrá recuperar la encomienda antes de que el mercado pueda sufrir los efectos del intento de acaparamiento. Resumiendo, el Gobierno puede actuar antes de que el acaparamiento produzca su temido fin: el incremento de precios.

Además, los alimentos importados están sujetos a controles adicionales. Para importar alimentos se requiere pasar por ciertos controles como, por ejemplo, los derivados del régimen cambiario y los certificados de no producción o producción nacional insuficiente. En ciertos casos se exigen otras licencias, pero todos estos controles permiten que el Estado tenga información suficiente para atrapar in fraganti a todo aquel que pretenda afectar la oferta del alimento importado apenas la mercancía toca puerto venezolano.

Resolviendo el misterio de El Acaparador

Llegados a este punto, amigo lector, está usted en capacidad de aplicar los métodos del Padre Brown para descubrir a El Acaparador. La próxima vez que al ir al mercado no encuentre algún alimento, encuentre apenas una pequeña cantidad o no encuentre la variedad deseada, haga las siguientes preguntas:

– ¿El alimento está sujeto a control de precio? Es muy probable que ése sea el caso, así que es imposible jurídicamente realizar el ilícito de acaparamiento, pues el precio del alimento no puede subir. Y, si no puede subir, entonces no puede haber acaparamiento.

– ¿Puede el presunto acaparador incidir en el mercado? Es necesario considerar la relevancia que puede tener el comercio en el cual usted no encuentra el alimento para el mercado del producto que usted no encuentra. Incluso si el precio no estuviese regulado por el Gobierno, la restricción de la oferta por el acaparador debe ser suficiente como para incidir en el mercado. Eso siempre será un factor que podrá determinarse con un estudio económico, pero difícilmente la oferta podrá verse comprometida por un pequeño comercio o un camión que trasporta mercancía, que son los sospechosos habituales del ilícito de acaparamiento.

– ¿Está sujeto a controles administrativos? Muy probablemente será ése el caso, con elementos como la guía de movilización. Así que ya el Gobierno debe saber que el alimento en cuestión no se está vendiendo, pues con la intensidad de esos controles difícilmente el acaparador puede actuar.

De esa manera, amigo lector, si mañana no encuentra en el mercado el alimento de su preferencia, si responde estas sencillas preguntas podrá darse cuenta de que no hay ningún acaparador que, como el hombre invisible, se apodere de los alimentos para esconderlos en algún misterioso lugar. No. El desabastecimiento de alimentos sujetos a control de precio no es causado por El Acaparador.

¿Cuál es, entonces, la verdadera causa de la ausencia de estos alimentos? Quizás sólo el Padre Brown pueda ayudarnos a responder esa pregunta.

José Ignacio Hernández G.  José Ignacio Hernández es abogado venezolano, Doctor en Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y Profesor de la UCV y UCAB. Puedes seguirlo en Twitter en @ignandez

Comentarios (19)

Luis Fraga Lo Curto
28 de febrero, 2013

Profesor Hernández, lanza usted un argumento bastante novedoso sobre el acaparamiento, sin embargo, cualquier socialista más o menos astuto se lo rebatirá de inmediato de la siguiente forma:

El ilícito que establece la ley, tiene dos motivaciones bien definidas e independientes. La primera sería el alza de los precios, lo cual genera ganancias (o por lo menos así lo ve el socialista que no entiende las consecuencias reales del aumento de precios). La segunda sería la escasez, que para el empresario es un fin en sí mismo, puesto que genera caos, conmoción, es decir, es un acto reaccionario.

Mi opinión, es muy distante de la que pueda tener un socialista. Yo creo que el acaparador genera una información valiosísima al mercado. Si existen actores económicos que dejan de comerciar sus bienes y servicios, significa que los precios no satisfacen los costos de producción, los riesgos, las ganancias esperadas o (y creo que este es el caso de Venezuela) aunque los satisfacen, la regulación administrativa es tan engorrosa que el actor no cree que valga la pena producir.

Sabemos que en Venezuela las ganancias exorbitantes no son suficientes para enfrentar el clima de inestabilidad económica, agresión administrativa, extorsión sindical e inseguridad jurídica que viven los empresarios.

Estamos en una situación en la que al actor económico le resulta más satisfactorio no producir, para evitar caer en la maraña regulatoria y de corrupción, que producir que recibir ganancias.

Lo que pasa es que los abogados y los políticos queremos castigar siempre las consecuencias del problema y nunca enfrentar y resolver las causas.

Saludos.

Diógenes Infante
28 de febrero, 2013

Yo en el año 2005 me compré una camioneta en un concesionario en Maracay. Me ofrecieron dos: una beige y una azul. Finalmente me otorgaron la azul después de hacerme correr con los trámites ya que “iban a subir los precios pronto”. Finalmente me entregaron la camioneta y sorpresa sorpresa, a pesar de que estábamos en mayo del 2005 era modelo 2004, según el certificado de origen, 5 meses habían pasado del 2005 y era 2004, en un país donde NUNCA hay carros. A las 2 semanas apareció en la prensa que el Indepabis le había encontrado escondidos en un estacionamiento a dicho concesionario 2.000 vehículos (¡DOS MIL!). En la vía a la Unión hay un solar donde hay guardados cientos de carros de un conocido concesionario caraqueño. Al subir en el distribuidos hacia El Valle en la autopista se observa a la izquierda un gran estacionamiento de varios pisos y en la azotea hay cientos de carros nuevos guardados. Creo que no hay que tener un doctorado entonces para saber lo que es acaparamiento y cómo se usa para subir los precios de los bienes, automóviles en este caso, que por cierto suben de precio todos los meses sin causa alguna, pura especulación. Insisto entonces que no hay que tener un doctorado para saber lo que es acaparamiento y para qué funciona, por si acaso yo ya tengo uno.

Luis Fraga Lo Curto
28 de febrero, 2013

Señor, Diógenes, tampoco hay que tener un doctorado para darse cuenta que es en los países que se regulan los precios, se controla la moneda y se gravan las importaciones con altos impuestos donde se “desaparecen” los productos.

Si no cree lo que digo, busque una sola noticia en la que se denuncie escasez o acaparamiento en Chile. No la va a conseguir, ni una sola.

La regulación económica es la causa del problema, no la solución.

Diógenes Infante
28 de febrero, 2013

Señor Fraga, hace años había un graffitti por Campo Alegre en Caracas que decía: “Cuando el dedo señala la luna, el imbécil mira el dedo”. Saludos.

mXd
28 de febrero, 2013

En este particular caso venezolano el hombre invisible creo busque una motivación económica mas allá de vender su producto a precios inflados, y es mas bien una motivación política la que esta en juego. El corotooooo diria el “astuto” coterraneo.

RICHARD
1 de marzo, 2013

MAS QUE UN COMENTARIO ES UNA INTERROGANTE, QUE PAPEL JUEGA EL BUHONERO O “TRABAJADOR INFORMAL” QUE DE MANERA evidente Y DESCARADA VENDEN ARINA PAN, AZUCAR, ACEITE ENTRE OTROS CON PRECIOS DE HASTA 4 X 100,00 ESTOS MENCIONADOS PRODUCTOS PRODUCEN EN ESTOS MOMENTOS NERVIOSISMO COLECTIVO YA QUE APENAS NOS ENTERAMOS QUE HAY EN ALGUN AUTOMERCADO CORREMOS Y HACEMOS LARGAS COLAS PARA QUE ADEMAS TE OTORGUEN UNO POR PERSONA O DOS POR MERCADO. NO INCIDE EN EL JUEGO ECONOMICO ESTAS ACCIONES . CUAL ES SU PUNTO DE VISTA PROFESOR HERNANDEZ

Hugo Mendoza
2 de marzo, 2013

Interesante articulo, al igual que muchos que opinan en este site, estoy lejos de ser socialista pero una empresa que fabrique alimentos regulados (por ejemplo) buscara la manera de producir items que no esten regulados para mejorar la rentabilidad del negocio, por ejemplo, leche con formulas algo variadas a la regulada por ley, farmacos, etc. Con esta medida el producto regulado se fabricara en menor cuantia y la oferta no sera capz de cubrir la demanda. Acaparamiento? No lo creo, es supervivencia!

gilaroca
2 de marzo, 2013

Estimado Dr. Hernández, esta vez no vamos a hablar de masonería. Toca usted, con su pericia jurídica habitual, un tema candente. Y como tal, sujeto a las pasiones pro o contra de los lectores: Observo que, con frecuencia, los comentarios transparentan el color el color político del comentarista y no la investigación objetiva de los hechos que se están analizando. 1-En líneas generales coincido con usted. El acaparamiento real, – no el creado por el gobierno para disimular su impericia y fracaso industrial y económico-, exige la presencia de un beneficio para el acaparador. De lo contrario estaría trabajando contra sí mismo, como usted muy bien indica. 2-Sin embargo, hemos de insistir sobre el “desvío”. Es decir, se sacan o desvían de su mercado natural, productos que pueden ser negociados en mercados paralelos: buhoneros, bodegas de barrio…a unos precios muy superiores a la media del mercado. Se trata, en general, de productos regulados, como usted igualmente precisa. Porque introducir en este intercambio de ideas el problema, por ejemplo, de los carros, es sacar la discusión de su verdadero contexto actual, que son los productos alimenticios. Los carros se prestan -siempre se han prestado – a manejos dolosos de contrabando, nacional e internacional, muy rentables para los involucrados en el negocio. Creo que forma parte de la tradición de este país. 3- Aparte el desvío, que puede tener su origen en el punto de partida del negocio -productor o distribuidor-, hay un desvío “provinciano”, difícil de ver en Caracas, pero muy frecuente en miles de pueblos del interior del país. Nos encontramos con comerciantes que reciben, por ejemplo, 100 bultos de un producto regulado (harina de maíz p.e.). Es más fácil, y lo hacen frecuentemente, vender por “bultos” que al detal. Para evitar problemas, venden p.e. 60 bultos como tales y 40 en unidades al detal. Los 60 bultos desaparecen en minutos. Se los pueden llevar clientes de una misma familia o de un mismo negocio. Al día siguiente, se verán esos paquetes en venta al detal por buhoneros, pequeños comercios, abastos, etc. y a precios multiplicados. Gana el distribuidor que vendió los bultos por encima del precio regulado -aunque no aparezca oficialmente en ningún sitio, pero es lo tomas o lo dejas o haces la cola y compras los 4 paquetes que te corresponden-; gana el buhonero, pequeño comerciante, etc. que vende a precios no regulados. Pierde el cliente que se ve obligado a comprar a precios superiores para poder hacerse con el producto necesario para la dieta familiar. 3- Hay un desvío nacional e internacional de grandes proporciones, en el que intervienen todos los elementos de la cadena alimenticia, desde el productor hasta el buhonero, pasando por distribuidores, transportistas, contrabandistas, alcabaleros, etc. Sería un estudio muy interesante, pero fuera de contexto. Usted está tratando la carencia de insumos básicos, generalmente regulados, -de acuerdo con que la regulación nunca ha incentivado la producción-, aunque la desregulación, sin conciencia social, la incentiva, pero negativamente, en perjuicio del ciudadano. 4-En cuanto al productor, no siempre es posible cambiar de producto o presentación para poder lanzar al mercado otro producto no-regulado. La maquinaria de que dispone no es siempre adaptable. A veces se recurren a subterfugios: el producto no se presenta “puro”, sino acompañado de “aderezos” (salsa boloñesa, mexicana,etc)que permiten sacarlo de la línea de productos regulados e introducirlos en los no-regulados. Esto sí es una consecuencia negativa del control y regulación de precios. Y negativa para el bolsillo del consumidor. Gracias por su atención. Aprovecho para rogar a algunos comentaristas que no intentemos ni denigrar y aplanar al otro. Desafortunadamente sucede. Se trata de un mutuo enriquecimiento que nace del contraste de pareceres. Es la riqueza de la diversidad.

Horacio Idarraga Gil
5 de marzo, 2013

. Hola J I. Si nos atenemos a las razones que tú expones, muy valederas por lo demás, resulta casi imposible identificar al susodicho acaparador. Pero si nos atenemos a la realidad, vemos unos casos de acaparamiento que bien pudieran causarnos risa o llanto. Uno de los últimos casos, muy publicitado por cierto, fue el decomiso de una cantidad de azúcar que estaba destinado a una empresa de refrescos. Además de decomisar el produc-to, el funcionario encargado de ejecutar la acción procedió a detener a dos vigilantes. En otro caso, igualmente publicitado, le incautaron 50 kilos de azúcar a un bodeguero de un barrio apartado de la ciu-dad. Ante estas situaciones surgen una cantidad de preguntas entre ellas: 1 ¿Quien determina la cantidad de producto que puede tener una persona natural o jurídica para no ser calificado de acaparador? 2. ¿Cuando un producto es decomisado y puesto a la venta, a donde va a parar el dinero de la venta? 3 ¿ Cabra la posibilidad de que algunos decomisos se hagan por venganza o retaliación?

Horacio Idarraga Gil
5 de marzo, 2013

Diogenes. Me estoy buscando una linterna para descubrir si lo que tienes es el vehiculo o el doctorado.

Diogenes Infante
5 de marzo, 2013

No te hace falta ninguna linterna Horacio, yo te lo explico. Tengo un doctorado de la Université de París Sud (París XI) en Francia y 2 postdoctorados en USA, el primero en el Roche Institute of Molecular Biology, en New Jersey, la 5ta Instituciòn científica en su área en USA en su tiempo, y el 2do. en Memorial Sloan-Kettering Cancer Center en Manhattan, donde de paso queda Memorial Hospital, donde fallecieron Richard Nixon y Gerald Ford y más recientemente operaron a Bill Clinton. Si tienes alguna duda existe un buscador académico “Google scholar”, pones mi nombre y ya. Sin embargo, con linterno sin linterna, con o sin buscador, no hay más ciego que el que no quiere ver. Saludos.

gilaroca
6 de marzo, 2013

El Dr. Diógenes Infante cayó, desafortunadamente, en la trampa. La que le tendió, como cazador bien adiestrado, Horacio Idarraga Gil. Al final de mis comentarios (ver arriba), aludía precisamente a este gravísimo problema socio-cultural de la actualidad venezolana: denigrar, rebajar, insultar, ironizar sarcásticamente…cuando no se tiene una argumentación sólida para intercambiar con el otro. Yo caí anteriormente en esa trampa caza-incautos. Como ha devenido algo así como el pan nuestro de cada día, pedía el respeto para todos los comentaristas -que comienza por el respeto hacia sí mismo, el cual se pierde cuando voluntariamente el caza-incautos baja peldaños en la escala del respeto y la valoración, puesto que al irrespetar al otro se irrespeta y se devalúa a sí mismo-. Considero que Prodavinci ha tenido, y mantenido, un nivel alto de intercambio. Todo intercambio es una riqueza puesto que nos permite estudiar y analizar los mapas mentales, éticos, morales… del otro. Sartre decía que “el infierno son los otros”. Frase muy intensa ética y filosóficamente, pero no es ésta la ocasión de diseccionarla. Al contrario, diría que los “otros” y su “otredad”, rica en todo tipo de matices, interpretaciones, posiciones, oposiciones… nos enriquece y nos hace más hombres y más humanos. Es un principio que se va perdiendo y nos hace caer en la pobreza ética y filosófica. Hagamos un esfuerzo para superarla y creciéndonos ayudar al crecimientos de los otros.

Diogenes Infante
6 de marzo, 2013

Estimado Gilaroca, la verdad es que leo sus comentarios y si no fuera porque me la dedica Ud. personalmente nunca me hubiera sentido aludido, creame; pero en vista de eso le respondo. Lo primero es pedirle que haga como yo y use su nombre y no se esconda detrás de un seudónimo. Lo segundo es que si se toma Ud. la molestia de releer el artículo y la discusión verá que nadie refuta argumentos, por lo menos los que escribí sobre los automóviles, sino proceden a descalificarme a mí, tal como ud. lo hace. Esa descalificación, amigo, proviene del hecho de que buena parte de la población de este país tiene una extraña dualidad mental, una especie de patuque en buen criollo, en la cual el “Gobierno”, así entre comillas, ente que no se sabe que es pero que muchos identifican con el hoy fallecido Presidente, el “Gobierno” es responsable de todo y además hace todo mal, extraña dualidad repito. Cuando uno se sale de ese esquemita, bien simplón por cierto pero que nos ha traído muchas pero muchas desgracias y señala otra causa y/o otros responsables, entonces viene no la discusión, sino la descalificación. Para terminar lo copio: “Hagamos un esfuerzo para superarla y creciéndonos ayudar el crecimiento de otros”. Saludos.

gilaroca
6 de marzo, 2013

Estimado Diógenes Infante. En primer mis comentarios no están dirigidos a usted sino a Horacio Idarraga Gil. Considero, y así lo expresé, que “él le tendió una trampa”, descalificándolo. Pero usted, desafortunadamente, cayó en la misma y se defendió, autocalificándose -le felicito por sus títulos, nadie se los regaló-, que era lo que él probablemente quería. Molestar para hacer reaccionar. Como ahora intenta descalificarme a mí, adoptando la posición de cazador de Horacio Idarraga Gil. Yo no voy a autocalificarme. Solamente una precisión: No me escondo tras seudónimo alguno. Aunque eso nada tiene de malo. Mi nombre aparece en mi correo: Manuel Gil. Mi nombre de trabajo literario y filosófico es, desde hace treinta años: Gilaroca. Mi primer apellido seguido del primer apellido de mi esposa. Estoy a su orden, sin descalificación alguna. Comento los trabajos particulares, comento la actuación, buena o mala, del gobierno, en ese intercambio que siempre propugno e incito. Saludos muy cordiales.

Diogenes Infante
7 de marzo, 2013

Saludos amigo Gilaroca, valoro su actitud créame y créame también que aunque me quede mal decirlo, el que puso la trampa fui yo para sacar mis títulos a relucir, que como Ud. bien dice nadie me regaló, porque hasta en lo financiero fueron producto de mi esfuerzo. Espero que nos sigamos encontrando en estos foros y ojalá que nuestro país encuentre su rumbo, el verdadero.

gilaroca
7 de marzo, 2013

Amigo Diógenes Infante, un gran saludo. Participo en estos foros e intercambios porque, como repito siempre, la visión del otro, por muy opuesta que sea a la mía, enriquece mi visión personal. Ya caí una vez en esa trampa y, como usted, reaccioné sacando mi bagaje de licenciaturas y doctorados. El cazador gozó lo indecible y hasta me “recriminó” por tener doctorados en filosofía ya que, según él, solamente un millonario podría perder sus reales en tales tonterías. Como usted, mis estudios fueron en paralelo con esfuerzos laborales para poder obtenerlos. Comprendí la lección. Por eso insisto en el crecimiento personal a través del intercambio, ayudando al mismo tiempo a que el otro crezca igualmente. Saludos muy cordiales y continuemos en esta labor sana y progresista. Hasta la próxima.

Horacio Idarraga Gil.
11 de marzo, 2013

Mon 11, Mar 2013. Hola Diógenes. No fue mi intención molestarte con mi comentario y si acaso lo hice, te ruego aceptes mis disculpas. También espero que me permitas felicitarte por tus dos doctorados. En un país donde tanta gente usurpa ese título, es reconfortante saber que hubo alguien que se metió de cabeza, no en una sino en dos universidades a conquistar dos títulos de doctor. Ojala que esos conocimientos que tienes almacenados en tu cerebro te sean útiles para ayudar al prójimo y no solamente para ganar dinero como lo hacen la mayoría de los DOCTORES. En cuanto a tus comentarios acerca de la especulación, perdóname, pero me parecen un poco idealistas. (Todos los científicos lo son) El propósito de todo negocio es ganar dinero y no importa las alcabalas que ponga el gobierno, los comerciantes siempre encontraran la manera de burlarlas. (Muchas veces con la ayuda de los propios alcabaleros) Ya lo dice el dicho popular: El que hace la ley hace la trampa. Un abrazo, Horacio.

Horacio Idarraga Gil.
11 de marzo, 2013

Hola Gilaroca: muchas gracias por ese calificativo. La verdad es que si fuera gato ya los ratones estarian durmiendo en mi cama. Te pareces un poco a Diogenes en eso del amor al estudio. Biologia y filosofia. Si esas materias las impartieran en primaria yo nunca habria tenido la dicha de exhibir mi carton de sexto grado. Recuerdo una vez viajando por una de esas maravillosas autopistas guariqueñas – envidia de los alemanes – tuvimos un pequeño accidente de transito. El fiscal le pregunto al conductor por su grado de educacion y este le respondio: primaria completa. Un abrazo para los dos extensivo a los demas escribidores. Horacio.

johh
12 de abril, 2013

Si bien la mayaroria de los productos que escazean en los supermarcados hoy en dia estan bajo control, por ende y acorde a tus interesantes teorias no pueden ser “acaparados”; no te has puesto a pensar que a traves del acaparamiento, mas alla de una solucion economica, pudiese ser una fuente de caos y de desestabilizacion?. Simplemente con la finalidad de generar una opinion en la poblacion y de ahi buscar una via eficaz de actuar en contra de un gobierno opositor a tus ideales?.

Saludos! johh

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