Artes

Lipovetsky vs. Vargas Llosa

Por Prodavinci | 29 de abril, 2012

Artículo escrito por ALberto Ojeda, publicado en El Cultural. A continuación un extracto:

Lleva unas semanas Vargas Llosa emitiendo un lamento en cada medio de comunicación que le entrevista a propósito del lanzamiento de su último libro, La civilización del espectáculo (Alfaguara). Se queja el Nobel peruano (y español) de que la cultura, todo aquello que se viste con sus ropajes, ha bajado a profundidades abisales en los últimos años. Pues bien, ese lamento ha encontrado esta tarde una réplica de peso: la que le ha opuesto el filósofo y sociólogo francés Giles Lipovetsky en el Instituto Cervantes de Madrid, durante la presentación en público del ensayo de Vargas Llosa.

Los asistentes al acto han podido disfrutar de una esgrima intelectual entre ambos. Eso sí, siempre con buen tono y reconociendo el uno al otro sus méritos en el terreno del pensamiento teórico. Lipovetsky no encuentra tantos motivos de alarma: “La cultura de masas ha liberado al individuo de los megadiscursos. Los ciudadanos no siguen los dictados de las autoridades como antes, buscan el placer y el hedonismo cultural, que los hace más felices porque tienen capacidad de elegir y construir sus propias vidas”.

Vargas Llosa miraba con recelo a su interlocutor mientras pronunciaba tales argumentos: “Yo no veo esa felicidad. Creo que los niveles de violencia y de infelicidad crecen en la sociedad contemporánea”. El problema para él es que “se han perdido todas las jerarquías estéticas y que ya no tenemos criterios objetivos para determinar el valor de una obra de arte”. Es algo que, a su juicio, se produce con especial gravedad en el terreno de las artes plásticas: “Hemos llegado a un punto en que todo puede ser arte y nada lo es”.

En ese río revuelto no faltan los pescadores que se aprovechan de la confusión denunciada por el autor de Conversación en La Catedral: “Cuando falta la posibilidad de fijar una prelación, entran en juego los embacaudores, los pícaros y los poseedores de un gran talento pueden intercambiarse. Si la cultura fuera un mero entretenimiento, no pasaría nada. Pero para mí la cultura es mucho más”. Y ha puesto un ejemplo: “Leer el Ulises de Joyce me ha enriquecido enormemente: después de leerlo entendí mejor la política, las relaciones humanas, distinguí mejor lo que es justo de lo que no lo es… Y me devolvió una espiritualidad que yo había dejado atrás con la religión”.

“Pues se puede vivir una vida perfectamente digna sin leer el Ulises”, ha rebatido un atrevido Lipovetsky. “Es muy difícil hacerle leer un libro así a alguien que vive en la periferia de una gran ciudad y viene de fuera”. Estaba pensando, a buen seguro, en los conflictivos jóvenes de los banlieu franceses, procedentes del África subsahariana o del Magreb, a quienes bien poco les importan las andanzas de un dublinés Leopold Bloom. El pensador galo ha puesto así el acento en la educación para poder salvar a un pueblo de la ignorancia, más que en los grandes nombres de la alta cultura.

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Prodavinci 

Comentarios (4)

juan
3 de mayo, 2012

Claro que se puede llevar una vida digna sin leer el Ulises, aunque el ejemplo de los jóvenes magrebíes y subsaharianos franceses es justamente de lo contrario. Espero que nadie crea que la lectura confiere dignidad o que, si lo hiciera, esa sería una razón para leer.

También, al proclamar: “El pensador galo ha puesto así el acento en la educación para poder salvar a un pueblo de la ignorancia, más que en los grandes nombres de la alta cultura”, el autor de este texto parece proponer una inexistente oposición entre educación y cultura, o educación y lectura, quizá con el secreto objetivo de ironizar sobre la estatura de Vargas Llosa, o de algún modo desprestigiarlo, quitándole lustre a su carrera y su obra, y minimizando su razón de ser.

r vivas
4 de mayo, 2012

Tengo tiempo observando lo de Don Mario . La vida moderna todo lo trivializa , todo lo banaliza , todo lo transforma en diversion, en espectaculo, en entretenimiento , aun las cosas mas sustantivas y serias, hay un creciente adocenamiento de todos los valores que antes poblaban la vida , antaño se entronizaba al anciano u hombre maduro, segun los meritos de su obrar , ahora la figura mas admirada es el adolescente, que vive embebido en juegos y juguetes , en novelerias y fatuidades , incluso cuando se transforma en un pseudo adulto . Este topico no es simplemente uno que afecta la Cultura con C mayuscula , sino la civilzacion que sirve de piso a la vida comun de las gentes.

juan
4 de mayo, 2012

@r vivas: Casi toda la cultura comercial moderna está dirigida a las personas en construcción, los jóvenes, ya que están ensayando lo que algún día serán, y experimentando con su “imagen”. Esta es una etapa donde lo simbólico tiene un valor altísimo y los jóvenes están muy preocupados por lo que aparentan y muy poco por lo que son. Es el momento de bombardearlos con desodorantes, champús, ropa y “estilo de vida”. Si los bombarderos tienen suerte, alguno que otro sigue fiel a los productos bombardeados, pero de todos modos surgirán cada año nuevos blancos.

Es así desde hace mucho, pero ahora estamos viendo que la generación formada bajo estos parámetros se convertido en la que define no solo con qué se viste o se perfuma uno, sino lo que se ha de leer y ver en cine; por lo tanto los cocineros ahora son artistas, John Galliano habita las alturas de un Olimpo que Julian Freud jamás alcanzará, la decoración y la ropa son objetos de exposiciones museísticas, la literatura de éxito consiste en tonterías de vampiros pasados por agua, y aquellos a quienes les gusta comer son llamados gastrónomos y tratados con más reverencia que el duque de Rocanegras.

De la verdadera cultura van quedando telarañas y noticias sobre venerables cuadros vendidos cada día a un patán forrado diferente por un precio más obsceno que el del cuadro del día anterior.

Javier Bernal
8 de mayo, 2012

VArgas Llosa tiene razón. Una cosa es q haya una pluralidad de manifestaciones culturales y uno pueda elegir. Claro, quizá desde Europa Lipovetsky no encuentre motivos de alarma, pero en buena parte del mundo, latinoamérica, sí. Un ejemplo, En Lima los cines, empresas trasnacionales, ocupan toda su cartelera en el CINE CHATARRA AMERICANO. Entonces, dónde está esa libre cultura de masas q nos libera de los megadiscursos, como dice Lipovetsky. No hya tal libertad sino se puede elegir: solo hay Harry Potto y nada más para ver. Claro, en París, uno puede disfrutar igual de una película libanesa y de una brasilera; ´pero en buena parte del mundo el especáculo ha ocupado el ciclo del debate y el argumento. El circo ufana su poder en nuestras narices mientras las nuevas generaciones solo comprenderán el misterio de AMERICAN PIE

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