Ciencia y tecnología

Entrevista a Ignacio Morgado, psicobiólogo y autor del libro Cómo percibimos el mundo

Por Prodavinci | 28 de abril, 2012

Entrevista realizada por Sílvia Colomé, publicada en La Vanguardia. Un extracto a continuación:

¿Dónde residen la inteligencia y las emociones? Esta pregunta ha intrigado a los hombres desde tiempos inmemorables. Muchas civilizaciones otorgaron al corazón tales privilegios. Lo que ahora parece una obviedad, que el cerebro está detrás de los procesos mentales, es un conocimiento relativamente nuevo aunque muy asumido. Con el libro Cómo percibimos el mundo, Ignacio Morgado, una de las grandes referencias en el campo de la neuropsicología y catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la UAB, nos desvela aspectos de la mente humana y los procesos sensoriales y perceptivos que no tenemos tan asumidos y que, incluso, llegan a sorprendernos.

-¿Cómo percibimos el mundo?

-Como nuestro cerebro está preparado para percibirlo. Las percepciones son una creación del cerebro y de la mente humana.

¿Entonces?

-Eso significa que lo que percibimos no necesariamente coincide con lo que pueda haber fuera de nosotros, que no es más que materia y energía. Las percepciones no existen fuera de nuestra mente. Dicho de otro modo: el cerebro es el que ve, oye, siente… Fuera de nosotros no hay luz, gusto, tacto…

-¿Los colores no existen?

-Fuera de nosotros, no. En la mente humana, sí.

-¿El azúcar no es dulce?

-Lo percibimos como dulce. Pero su dulzor no es una propiedad del azúcar, sino de las neuronas del cerebro cuando reciben el impacto de las moléculas de azúcar.

¿Y qué ocurre con el tiempo?

-Tal y como lo percibe el cerebro, es subjetivo. El cerebro humano no tiene ningún reloj que mida el tiempo como lo hacen los relojes artificiales. La percepción del tiempo depende mucho de las circunstancias. Si te duele una muela, es infinito. Si lo estás pasando bien, se acaba enseguida.

-¿Y qué ocurre con esta mesa donde estamos sentados? ¿Existe?

-Sí, en forma de materia y energía, pero no en forma de tacto, ni de olor, ni de color, ni de nada. Todo eso son sensaciones que crea nuestro cerebro a partir de la materia y la energía de esta mesa.

-Parece que vivamos engañados…

-Absolutamente. Si tomas una taza de café caliente por la mañana al desayunar, parece que el olor esté saliendo de esa taza. Y es mentira. Es la forma que tiene nuestro cerebro de leer e interpretar. Las partículas volátiles que salen de la taza de café llegan a nuestra nariz, que recoge esta información. El cerebro la transforma y la convierte en percepciones concientes.

-Lo curioso es que tanto usted como yo interpretemos igual esas partículas volátiles del café…

-Nunca podemos estar seguros de que tengamos la misma percepción. De lo que sí podemos estar seguros es de que siempre o casi siempre que olemos eso, cada uno de nosotros olemos la misma cosa, y esa cosa que olemos la llamamos café. Por eso nos entendemos.

Es decir, que mi olor de café puede ser diferente al suyo.

-Exactamente, pero no importa. ¿Cómo puedo llegar a saber que tú hueles lo mismo que yo? No sabemos si algún día la ciencia podrá llegar a dar la seguridad de que es así. Muy probablemente lo que percibimos es muy parecido porque estamos hechos de la misma materia biológica y tenemos el mismo tronco evolutivo común, aunque haya diferencias individuales entre mi cerebro y el tuyo, pero las suficientes coincidencias para que nos entendamos y tengamos percepciones muy similares.

-¿Existen diferencias entre hombres y mujeres?

-Las diferencias perceptivas se basan en las distintas constituciones de los cerebros, en las distintas culturas y educación… El cerebro es muy selectivo, no se queda con todo lo que ve, toca, oye, siente… sino con lo que le resulta más nuevo, cambiante, importante… Tu cerebro como mujer le prestará más atención a unas determinadas cosas y el mío como hombre quizás a otras si como hombre son más interesantes o relevantes que para ti como mujer. Pero las diferencias individuales pueden ser más importantes que las que pueda haber entre diferentes sexos.

-¿Y entre personas de diferentes épocas? ¿Habría diferencias perceptivas entre un romano y nosotros?

-Él repararía en cosas diferentes. Pero su cerebro trabajaría de una forma muy similar al nuestro para percibir. En el tiempo que ha transcurrido desde los romanos y nosotros, el cerebro ha cambiado muy poco. Los grandes cambios se producen en una escala de tiempo mucho mayor, de millones de años.

¿Y qué pequeños cambios sí se han producido?

-Los atenienses tenían un cerebro para pensar, razonar y tomar decisiones muy parecido al que tenemos ahora. Sin embargo, los elementos sociales y ambientales en que se basaban para hacerlo son muy diferentes a los nuestros, sobre todo la tecnología. Nosotros vivimos en una sociedad tecnológicamente muy desarrollada y ellos no.

-Pero vivían mucho más en contacto y comunión con la naturaleza que nosotros. Eso lo hemos perdido.

-Por supuesto. Cuando evolucionamos tecnológicamente, en cierto modo estamos domesticando nuestro cerebro. Y esta domesticación puede implicar pérdida de capacidades porque transferimos a las máquinas cosas que tendríamos que hacer nosotros. Nos volvemos más inútiles y dependientes de esas máquinas.

-Vaya.

-Los lobos amaestrados por el hombre fueron reduciendo el tamaño de su cerebro. Esto ocurrió en una escala de tiempo de muchos miles de años, y creemos que esto también ha ocurrido con el hombre. Hace unos 30.000 años, los datos de la paleoantropología indican que el cerebro humano era unos 100 gramos más grande que el cerebro actual. Ha ido perdiendo peso.

-¿A qué es debido?

-Una teoría dice que con la agricultura y la tecnología nos hemos domesticado a nosotros mismos, igual que hemos domesticado a los lobos y los hemos convertido en perros de compañía con un cerebro menor. Ya no tenemos que espabilarnos.

-¿La tecnología nos ha atontado un poco?

-Bastante. Y nos seguirá atontado a medida que vayamos substituyendo las funciones de nuestro cerebro por las de la tecnología.

-¿Así que nuestro cerebro más que evolucionar, involuciona?

-En cierto modo, sí. Por evolución entendemos cambios críticos, relevantes, en un sentido u otro. Si las máquinas nos substituyen en ciertas funciones, llegará un momento en que ya prácticamente no nos molestaremos en esas funciones. Los niños de la era de la informática están perdiendo capacidad para escribir con lápiz y papel. La tecnología nos autodomestica. Eso, sin duda, hará cambiar el sentido de evolución de nuestro cerebro.

-Hace poco que situamos la mente en el cerebro. Antes salía todo del corazón.

-Exacto. No hay nada que intuitivamente te diga que la mente es una función del cerebro. Ahora nos parece elemental que el cerebro es el que piensa…

-Pero no nos parece elemental que el corazón no sienta…

-Seguimos utilizando esas frases. El corazón lo que hace es dominar el sistema circulatorio, enviar sangre y elementos energéticos y de otros tipos a los tejidos del organismo para que puedan funcionar bien. Entre estos, el cerebro, que es la clave de todo.

-¿Todo depende del cerebro?

-Todo pasa por el cerebro. Si no tuviéramos un cerebro, todo lo que pudiera existir sería irrelevante para cualquiera de nosotros. Tenemos el conocimiento que nuestro cerebro nos permite tener y nada más.

-¿El cerebro nos limita?

-Absolutamente. Pero no me preocuparía por esto. El mundo que llegamos a conocer, percibir y sentir es el que nuestro cerebro nos permite. Lo que haya más allá, si es que hay algo, no está a nuestro alcance.

¿Y qué ocurre con el alma?

-Esa cosa no está al alcance de la ciencia. Si quiere hablar del alma, llame a un teólogo. Todavía no sabemos cómo lo material, las neuronas… produce el pensamiento, la subjetividad. Como no sabemos cómo se produce este cambio tan fuerte, y tengo mis dudas de que el cerebro humano pudiese entenderlo, la magia que hay en ese no entender el cambio lleva al ser humano a creer en cosas sobrenaturales, creer en algo que además permite dar un sentido a la vida.

-Lo que queda claro es que necesitamos conocer esta respuesta…

-Si algún día el cerebro humano evoluciona lo suficiente para entender esto, entonces aparecerán nuevas preguntas que quizás serán más difíciles de responder. Será el precio que los seres de ese tiempo tendrán que pagar por haber evolucionado hasta entender lo que ahora somos incapaces de entender.

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Lea aquí el artículo completo.

Prodavinci 

Comentarios (2)

José
29 de abril, 2012

Sorprendente! Espectacular! Pero me generan una serie de preguntas. Supongo que por lo impactante del tema ya no se pregunta sobre las emociones, pues se queda en las percepciones sensoriales, aunque de ahí salta al otro plano más umbroso del alma. ¿Si fuera de nosotros no hay luz, los descubrimientos físicos en torno a la luz –ondas y corpúsculos y hasta el E= mC2) son sólo construcciones mentales ocurridos en los personajes científicos?… ¿Fuera de nosotros solo hay energía y materia?, ¿no serían también construcciones mentales? (¡siento que ya me fui en espiral hacia el infinito!) ¿Cómo es la conexión entre lo que construye nuestra mente y el mundo fuera de nuestra mente? ¿Cómo andamos por el mundo? Si me tropiezo con una piedra me rompo el alma!

José
1 de mayo, 2012

Me parece interesante, sin embargo esta frase es sumamente reveladora “Si no tuviéramos un cerebro, todo lo que pudiera existir sería irrelevante para cualquiera de nosotros” cuando dice todo lo que pudiera existir es porque obviamente el cerebro interpreta realidades, el aroma del café es una realidad, no nos huele a excremento, nos huele a café porque es precisamente una interpretación pero de una realidad, no tan relativo como lo plantea el autor. Decir que el azúcar no es dulce, sino que es como nuestro cerebro la interpreta me parece una hiperbolización del relativismo; en condiciones normales, nadie interpreta el azúcar como algo amargo sino precisamente dulce, porque hace una interpretación de algo real.

Sin embargo tiene propuestas sumamente interesantes, aunque como todo, no sean absolutas.

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