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Dos poemas del libro “Compañero paciente”, de Luis Enrique Belmonte

ANTIDEPRESIVOS

Había baja de suplementos y de municiones.

La vida se nos había puesto cuesta arriba
y todo nos parecía muy lejano.
Cualquiera de nosotros
hubiese podido resbalar fácilmente por una aspirina,
escuchando canciones que venían del desierto,
pensando y pensando qué es lo que es y que será será,
cargando piedras de un lado a otro, rezándole a las lámparas,
muriendo con sentimiento como una rockola concurrida,
como una cigarra achicharrándose en la frontera
y todas esas cosas más o menos tristes.

A veces se nos partía una cuerda o se soltaban las tuercas
justo antes de salir al ruedo,
y entonces sí que había baja en todos los sentidos,
incluyendo las yerbas, las bombonas, las cantimploras,
la cara que te devuelve el espejo, el índice de credibilidad
y los niveles de autorrealización.

Y no es que dejásemos de hablar ante una audiencia respetable,
como tampoco dejaba uno de hurgar en las telarañas,
interesarse por el asunto criminal
o sospechar cuándo un fantasma
te está jugando una broma macabra.

Así que el mundo estaba aproximadamente así
hasta que llegaron los antidepresivos
traídos directamente de la farmacia
por una sílfide nocturna
con zapatillas deportivas.

Producen los antidepresivos
un estado alterado de la mente
que consiste en pensar todo el tiempo
que todo está bien.

Así que ahora estoy aprendiendo a tocar la flauta dulce,
a no ser tan duro con los de la junta de condominio,
a planear como un pajarraco negro
por encima de cualquier circunstancia.

Así que ya no se sufre tanto
por el recalentamiento planetario
o las medusas en vías de extinción.

Así que ya no más nada que no sea:
una flor de floristería, la siesta del desayuno
y la siesta del almuerzo,
un repentino arrebol en la cafetería
o fumar en la ventana
mirando estrellas muertas
antes que lleguen las lechuzas.

Como quedarse dormido
viendo una película en blanco y negro
y despertarse al día siguiente
creyendo haber soñado en tecnicolor.

Como participar en un bingo de caridad
sabiendo que lo ganado o lo perdido
contribuirá de igual forma
a la remodelación de una casa de reposo
para ancianos con demencia.

Como vivir a gusto con tu propio bostezo
y olvidarte del índice de credibilidad
o los niveles de autorrealización,
pues nadie te está viendo,
los días son inocuos
y ya no hay ningún nudo que desatar.

Producen los antidepresivos
un estado alterado de la mente
que consiste en pasar
y dejar pasar.

Producen los antidepresivos
un estado alterado de la mente
que consiste en quererse en cómodas cuotas
y a plazo fijo.

*

FERIA DEL LIBRO

Unos escritores van a perseguir a otros escritores.
Otros escritores vienen para que los persigan.
Unos escritores van a comprar libros compulsivamente.
Otros escritores vienen a comprar aparatos electrodomésticos.
Y otros escritores van a vender sus libros compulsivamente.

Unos escritores vienen a estar ebrios.
Otros escritores se jactan de estar sobrios.

Unos escritores van a buscar hembras.
Otros escritores vienen a buscar hombres.
Y otros escritores se conforman con una palmadita
o una discreta nalgada de cualquier género.

Unos escritores van a la caza de editores.
Otros editores vienen de cacería.

Unos escritores van a rubricar sus libros.
Otros escritores hacen fila para que les rubriquen.

Unos escritores son profesores de escalafón que hablan sobre libros.
Otros escritores hablan sobre lo que dicen los profesores de sus libros.
Y otros libros hablan sobre escritores que no son profesores.
Y todos hablan sobre los mismos escritores.
O sobre ciertos libros que algunos escritores siempre quisieron haber escrito.
O sobre lo que se siente cuando no hay público en el bautizo de tu libro.
O sobre lo difícil que es escribir cuando ya no tienes nada que decir.

Unos escritores van en representación de la Poetocracia:
ellos escriben en hoteles con piscina
acerca de lo que les pasa cuando están en sus habitaciones
asediados por libros que les fueron obsequiados por los propios autores
y servilletas con teléfonos y direcciones
o encargos y recados para otros escritores
que no pudieron venir.

Otros escritores vienen representando al Poetariado
protestando porque no les cancelaron el boleto aéreo
y es por eso que se asomaban por la ventanilla del bus
intentando encontrar inspiración
en las tinieblas egipcias de las carreteras nocturnas:
ellos escriben en hoteles sin piscina
acerca de lo que les pasa cuando están en sus habitaciones
asediados por libros que les fueron obsequiados por los mismos autores
y servilletas con teléfonos y direcciones
o encargos y recados para otros escritores que no pudieron venir
pero que quizá ya estén en la lista de los comisionados
para la Feria del libro que viene.