Artes

El lector representado (o en torno a “Las rayas” de Rodrigo Blanco), por Fedosy Santaella

Por Fedosy Santaella | 29 de marzo, 2012

Quizás debamos empezar diciendo que el personaje narrador de «Las rayas» (Las rayas, Ediciones Punto Cero, 2011) de Rodrigo Blanco Calderón, no tiene nombre. Se trata de un narrador en primera persona que cuenta su historia, un narrador protagonista que empieza sumido en la duda. «No sé de quién fue la culpa.» Así comienza el relato, en la duda. La duda es la esencia la modernidad tardía, incluso de la llamada posmodernidad. Con la caída de los grandes relatos contemporáneos, con el constante cuestionamiento a la realidad, la primera persona se ha convertido en la propiedad de nuestros tiempos literarios. El narrador omnisciente ha muerto, aquel que todo lo sabe, que todo lo ve, que tiene todas las respuestas. El hombre ya no es el narrador Dios de su vida, de su futuro, de su destino. Ahora yo narro a solas en este universo de la duda, yo cuestiono la realidad de la realidad, como diría Octavio Paz; yo narro, sí, pero también leo, y mi razón, la razón que se alzó como estandarte del mundo en la modernidad, la razón ahora extraviada en nuestros tiempos, la razón ya sin respuestas en la muerte de la historia, comienza a buscar hacia atrás, a buscar conexiones, a buscar respuestas en discursos o textos del pasado, en la interconexión, en la metalectura. El yo que narra es también un yo lector. Este personaje sin nombre de «Las rayas» es un yo que nos refiere la historia de una lectura obsesiva. Un personaje —a quien podríamos llamar «el lector»— relata el camino de su desgracia, dado por la lectura obcecada del cuento «Las rayas» de Horacio Quiroga. En la historia de Quiroga, dos empleados de una empresa —uno lleva un libro de cuenta y el otro el diario de ventas—, tienen la manía de rayar, simplemente de rayar sus cuadernos de trabajo, la barraca donde trabajan y finalmente la casona que habitan. Toda esa infinidad de rayas los persigue hasta la muerte. El lector del relato de Blanco Calderón anhela descifrar este cuento misterioso de Quiroga, y su delirio llega a tal punto que no intenta más que eso. El insomnio lo acosa, la cocaína entra en su vida. Esa imagen, esa perspectiva del lector, nos lleva —en esta mi lectura— hacia Ricardo Piglia. En «¿Qué es un lector?», ensayo contenido en El último lector (Anagrama, 2005), encontramos los caminos de una lectura (no sé si la correcta, no sé si la única) del cuento de Blanco Calderón.

«Hay una foto donde se ve a Borges que intenta descifrar las letras de un libro que tiene pegado a la cara», comienza diciendo Piglia en su ensayo, y más adelante:

«Uno de los lectores más persuasivos que conocemos, del que podemos imaginar que ha perdido la vista leyendo, intenta, a pesar de todo, continuar. Ésta podría ser la primera imagen del último lector, el que ha pasado la vida leyendo, el que ha quemado sus ojos en la luz de la lámpara.»

Quemar los ojos, la luz de la lámpara, el insomnio, son signos fundamentales en este ensayo de Piglia; imágenes de la buena lectura y de la mala lectura. El narrador protagonista del relato de Blanco Calderón, ese a quien hemos llamado «el lector», pareciera ser aquel último hombre que lee. Pero en su caso, este último hombre ha tomado un mal camino. Dice Piglia: «Un lector es también el que lee mal, distorsiona, percibe confusamente. En la clínica del arte de leer, no siempre el que tiene mejor vista lee mejor.» Luego leemos:

«El lector adicto, el que no puede dejar de leer, y el lector insomne, el que está siempre despierto, son representaciones extremas de lo que significa leer un texto, personificaciones narrativas de la compleja presencia del lector en la literatura. Los llamaría lectores puros; para ellos la lectura no es sólo una práctica, sino una forma de vida.»

¿No es éste el lector de «Las rayas»?, ¿un lector obsesionado con leer un cuento donde la escritura no es más que rayas y más rayas?, ¿un lector que, como todo ese montón de rayas, desvió su camino, cayó en el insomnio e hizo de la lectura su forma de vida, y su forma, también, de muerte? El cuento de Rodrigo Blanco Calderón podría ser un texto sobre la representación del lector en la literatura. En este caso, tal como dice Piglia, sobre el lector como héroe trágico. Porque la tragedia, seguimos con Piglia, tiene que ver con leer mal. El lector del cuento de Blanco Calderón es «un empecinado que pierde la razón porque no quiere capitular en su intento de encontrar el sentido». Piglia y Blanco Calderón ven al lector, la lectura, la literatura como un peligro, como un riesgo. Nada de figura normalizada y pacífica; quien lee se muestra, dirá Piglia, «como un lector extremo, apasionado, compulsivo». «Las rayas» pareciera sumarse al registro que invoca el escritor sureño, al registro imaginario de la práctica de la lectura y de sus efectos. Quiero decir: Blanco Calderón le ha tomado la palabra a Piglia en este diálogo sobre lectores, y ha contribuido con su texto a la «historia invisible de los modos de leer, con sus ruinas y sus huellas, su economía y sus condiciones materiales». El narrador de «Las rayas» no tiene nombre, porque, precisamente, es una representación de ese ser «anónimo e invisible», tal como dice Piglia, cuyo nombre se pierde en la maraña de otros nombres asociados con otras lecturas, citas, copias, traducciones, que son los distintos modos de escribir la lectura. Acótese, fíjese, recuérdese el final de lo que acabamos de dejar atrás: Blanco Calderón ha escrito uno de esos «distintos modos de escribir la lectura». El obsesivo, el peligroso, el mortal, es el suyo. Pero a su vez, Blanco Calderón está escribiendo también sobre sus lecturas. «Las rayas» es todo un compendio de lecturas y metalecturas. Melville, Butler, Ramos Sucre, Virgilio Piñera, Macedonio Fernández (a quien Piglia también nombra), Cioran, Borges (Piglia lo nombra, obviamente), Santo Tomás de Aquino y, por supuesto, Quiroga. La literatura es una red de lecturas, los escritores son lectores. Cerremos con Piglia: «La pregunta “qué es un lector” es, en definitiva, la pregunta de la literatura.» ¿Qué es la literatura para este lector que es Rodrigo Blanco Calderón? Un ciclo de lecturas, el ritmo, el fluir de las lecturas dentro de las lecturas, representación de la lectura, representación del último lector.

Fedosy Santaella 

Comentarios (1)

Ramón Vggiani
26 de junio, 2012

Un juego de muñecas rusas.

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