Actualidad

David Letterman, voz del pueblo; por Umberto Eco

Por Prodavinci | 26 de enero, 2012

De vez en cuando leo en los diarios acerca del buen trabajo que desempeña David Letterman como anfitrión de programas de debate o charla en Estados Unidos —tan bueno, de hecho, que el Late Show With David Letterman ahora puede ser visto en todo el mundo, Italia incluso—. Es evidente que estos periodistas tan fascinados con Letterman nunca vieron la personalidad fantástica que era Johnny Carson, en su programa ya entrada la noche (un presentador que, creo, fue la inspiración para Maurizio Constanzo, anfitrión del primer programa italiano de debates). Carson fue anfitrión de The Tonight Show en NBC de 1962 a 1992: era un gran programa, rebosante de ironía y sofisticación: comparado con Carson, Letterman parece rutinario y acartonado en su actuación.

La última vez que vi su programa, Letterman estaba hablando con un invitado acerca de la crisis en Oriente Medio y pidió al hombre que le explicara por qué, salvo las insurrecciones recientes de la Primavera Árabe —los pueblos árabes aceptan la vida bajo dictadores o jeques que se enriquecen con las reservas locales de crudo mientras oprimen económica y políticamente a sus pueblos—.

¿A qué se debe, preguntó Letterman, que esos pueblos acepten tal destino? Después de todo, allá en 1620, los Padres Peregrinos sintieron que sus derechos de puritanos estaban siendo oprimidos en Inglaterra, de forma que equiparon el Mayflower y emigraron a América, estableciendo en Nueva Inglaterra el primer núcleo de un país democrático.

El entrevistado pareció tan aturdido por la pregunta, que tuvo problemas hasta para dar la más obvia de las respuestas: que había relativamente pocos peregrinos (creo que eran 102) y que tenían a su disposición un continente que estaba casi vacío —en tanto que hay mil millones de musulmanes en el mundo actualmente, y los que están oprimidos pueden, en el mejor de los casos, emigrar sólo a países y ciudades densamente poblados que no están en condiciones de recibir tales cantidades de refugiados—.

Yo hubiera añadido que los Padres Peregrinos eran un grupo bastante sofisticado de personas que provenían de Inglaterra, donde, desde hacía algún tiempo, ya había existido una noción de los derechos políticos de los ciudadanos. ¿Cómo puede ser realista pensar que el mismo destino espera a las enormes poblaciones de árabes emigrantes hoy en día? No tienen idea de a dónde pueden ir —y, lejos de contar con un Mayflower, lo más que pueden esperar es ponerse en manos de inescrupulosos marineros traficantes—. Lo que es más, no están en conflicto con sus creencias religiosas ni tienen la menor idea de lo que es una democracia al estilo occidental.

Al escuchar la entrevista de Letterman, mi quijada se desplomó. ¿Puede acaso este personaje tan famoso, cuyas entrevistas tienen el potencial de ayudar a la gente a obtener alguna comprensión del mundo en el que vivimos, realmente tener idas tan infantiles acerca de lo que ocurre más allá de las fronteras de Estados Unidos?

No obstante, Letterman estaba expresando una actitud mental común entre los estadounidenses —no entre sus intelectuales sino entre esas masas inmensas que habitan en el centro del país—, donde los diarios locales informan extensamente acerca de un becerro nacido con dos cabezas, mientras presentan una cobertura vaga acerca del resto del planeta. Lugares donde The New York Times no puede ser entregado o sólo puede ser encontrado en unos cuantos lugares de alto nivel y al doble de su precio normal. Lugares donde, hace años, las llamadas de larga distancia e internacionales sólo podían hacerse a través de una operadora; lugares donde, cuando alguien pidió una vez a una joven operadora que lo comunicara con un número de teléfono en Roma, se le preguntó a cuál Roma deseaba hablar —porque hay una en Georgia, una en Nueva York, una en Indiana y una en Tennessee, para no mencionar otras que no puedo recordar—. Al descubrir que había también una Roma en Italia, la operadora sólo pudo expresar su total asombro.

Hace unos años, en una conferencia en Florencia, una persona que trabajaba en el Pentágono o en la Casa Blanca (no recuerdo), después de haber disfrutado de una excelente cena de pescado, fue informado que el pescado venía del Mediterráneo, y procedió a preguntar si el Mediterráneo era un mar salado.

A veces me pregunto cómo los políticos estadounidenses promedio (quienes ocasionalmente llegan tan alto en sus carreras como George W. Bush) pueden cometer tantos errores con respecto a Europa, África y Asia. Quizá simplemente debamos preguntarle a Letterman.

 

Prodavinci 

Comentarios (7)

Alfredo Zuloaga
26 de enero, 2012

La vaguedad e ‘imbecilidad’ del artículo de Eco desnuda un profundo complejo antinorteamericano muy arraigado en los ‘intelectuales’ de izquierda italianos y europeos en general. El asumir que David Letterman (Talk Show host) en un programa de variedad (jodedor por naturaleza)sea: “este personaje tan famoso, cuyas entrevistas tienen el potencial de ayudar a la gente a obtener alguna comprensión del mundo en el que vivimos…” es por lo menos risible. Igualmente, en la profundidad de su reflexión cita un caso de “una persona que trabajaba en el Pentágono o en la Casa Blanca (no recuerdo), después de haber disfrutado de una excelente cena de pescado, fue informado que el pescado venía del Mediterráneo, y procedió a preguntar si el Mediterráneo era un mar salado”. Será que se lo contó un mesonero o que la persona (que no sabemos si trabajaba en el Pentagono o en la Casa Blanca) lo interrumpió para ‘preguntarle’ si el “Mediterraneo era un mar salado”?. Será que se dio cuenta en medio de la conferencia que esta ‘persona’ era del “centro de los Estados Unidos”, donde viven según el gran Eco los ‘ignorantes’ que no pueden hacer llamadas de larga distancia y no saben que existe Roma, Italia, además de Rome, Georgia? Habría que preguntar si esos “políticos estadounidenses promedio (debe ser porque los europeos tipo Zapatero no son promedio)que pueden cometer tantos errores con respecto a Europa, África y Asia?, no son los mismos que, entre otros, liberaron a Europa de la dominación nazi y permitieron que esos países -antes ocupados y destruidos- fueran lo que son hoy en dia? Artículos tan vagos y acomplejados que se despacha tan alegremente al país mas avanzado e importante de la tierra no dejan muy bien parado a Prodavinci en cuanto a la selección de los mismos. Saludos,

Alfredo

Alexandre Daniel Buvat
26 de enero, 2012

Amigo Zuluaga. es posible que un gran escritor, investigador , ducho en historia, filosofía, y en general reconocido por su cultura, tenga, como Ud dice ese complejo profundo norteamericano aunque es de suponer que para llegar a tenerlo debe haber lepido, conocido, oído mucho de Estados Unidos y con sus personajes políticos e intelectuales. También me atrevería a decir que Letterman profese ese profundo complejo anti Islamista y seguro otros muchos anti, lo que marca su estilo para tratar de generar ironías sobre ese tema que seguro tendrá audiencia grande. ya que USA y casi todo occidente se siente y practica ser democratico y triunfador individualista gracias a Dios ( Aqi hay un principio clave de las religiones dominantes en occidente, distinto a las demás) Pero de lo que si estoy seguro luego de leer el(debo reconocerlo) relativamente poco diplomático artículo de Eco es que su manejo de ironía y hasta vulgar mordacidad es distinta, mejor y para otro tipo de audiencia ¿No le parece?

JULIO ALFONZO
26 de enero, 2012

Eco no denigra de los Estados Unidos como país desarrollado. Más bien muestra que el nivel de desarrollo no se corresponde con la expectativa que correspondería al nivel de conocimiento en asuntos más allá de sus fronteras.

En cualquier sociedad el conocimiento está en manos de las minorías, jamás en las mayorías.

El punto de Eco es, repito, ¿Los personajes influyentes de los Estados Unidos, país líder del mundo, tienen conocimiento de lo que sucede fuera de sus fronteras? ¿Y estos personajes están conscientes de la responsabilidad que tienen para ayudar a la gente a obtener alguna comprensión del mundo en que vivimos?

En el caso que menciona parece que no, y aún así, decide adentrarse en campos que están fuera de su competencia.

La exposición de Eco recuerda el tema de la revolución de las masas en que hombres y mujeres -que saben que no tienen competencia en áreas que requieren dominio de técnicas específicas- deciden que sus ideas limitadas son el parámetro adecuado para adentrarse en estos campos.

Anama
26 de enero, 2012

Les invito a revisar una encuesta realizada por National Geographic durante el gobierno de G. Bush hijo: en una altisima proporción los norteamericanos entre los 14 y los 25 años no tenían idea donde quedaba Irak. Eso que comenta Eco, independientemente de su antinorteamericanismo, no nos debería sorprender

Luis
27 de enero, 2012

Alfredo y Alexandre, parte y parte. Es verdad que existe un antinorteamericanismo muy difundido en muchos intelectuales europeos (Hey, y de hecho, ¡¡¡entre intelectuales norteamericanos!!!, que por ejemplo atacan la política “imperialista” de su país. No me refiero a Chomsky precisamente, sino a otros muchos).

Pero también es verdad que parece existir un gran nivel de INCULTURA GENERAL en el público de EUA. Los casos que conozco son solo de profesores universitarios de EUA que conocí en reuniones científicas (junto a otros profesores de Italia, Francia, España, Irak, Israel, Suiza, Marruecos, etc.). Es verdad que se trata de un grupo selecto, pero era posible encontrar entre los yanquis gente que hablaba francés perfectamente, que conocía los clásicos latinos y los citaba y que sabía distinguir vinos con cosecha de tal o cual año y viñedo. Al lado de eso también había los que se sentían hasta deprimidos por no poder comer hamburgers a diario, y que cargaban su botellita de agua sempiterna, y hablaban a todo el mundo en inglés sorprendiéndose con desagrado de encontrar que existen seres humanos que no conocen la lengua de Shakespeare. Había de todo, y nos sorprendía encontrar doctores en filosofía que miraban el mundo con una actitud cerrada digna de un pastor del Mayflower del siglo XVII. No lo veo como un rasgo del todo malo: es una actitud antiintelectual, y es sorprendente encontrarla allí donde pensaríamos que menos debe hallarse. Pero es también como una confirmación de que hay núcleos de la persona que se resisten a toda invasión cultural de nuevas ideas o formas de ver el mundo más “abiertas”. En Europa es difícil encontrar mucha gente que se resista a las “poses” académicas, ultrosas y exageradas. En EUA aún queda mucha gente así, inclusive siendo PHDs.

Luis Oliveros
27 de enero, 2012

Excelente artículo.

angel gonzalez
30 de enero, 2012

Eco hace hincapie en un tema ya tratado en otras ocasiones ,que el norteamericano promedio tiene escaso conocimiento del resto del mundo,el mundo para ellos es norteamerica,se acaba en las fronteras mas alla no hay nada que valga la pena y existen estudios que lo demuestran,Eco critica con exito esta vision del mundo que tiene una gran parte de la sociedad y la dirigencia politica norteamericana,esa derecha troglodita que no cree si no en el American lifestyle.

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