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Kenzaburo Oé sobre la catástrofe en Japón

El Premio Nobel de Literatura 1994 respondió desde Tokio a Phillipe Pons (Le Monde) preguntas sobre el terremoto, el tsunami y en especial sobre la energía nuclear.

Por Prodavinci | 27 de marzo, 2011

Pregunta. En su opinión, ¿qué significado tiene la catástrofe que está viviendo Japón dentro de la historia moderna?

Respuesta. Desde hace unos días, los periódicos japoneses solo hablan de la catástrofe que estamos viviendo y la casualidad ha querido que uno de mis artículos, escrito la víspera del seísmo, se publicara en la edición vespertina del diario Asahi el 15 de marzo. En él evocaba la vida de un pescador de mi generación que había sido expuesto a radiación en el transcurso de una prueba de la bomba de hidrógeno en el atolón de Bikini. Yo lo conocí con 18 años. A partir de ese momento dedicó su vida a denunciar el engaño del mito de la fuerza de disuasión nuclear y la arrogancia de los que defienden su uso. ¿Sería un oscuro presagio el que me impulsó a evocar a aquel pescador justamente el día antes de la catástrofe? Lo cierto es que él había luchado también contra las centrales nucleares y había denunciado los riesgos que presentan.

Llevo mucho tiempo dándole vueltas al proyecto de revisar la historia contemporánea de Japón tomando como referencia tres grupos de personas: los fallecidos en los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, las víctimas de la radiación de Bikini (uno de cuyos supervivientes fue ese pescador) y las víctimas de las explosiones en las centrales nucleares. Si analizamos la historia de Japón desde el punto de vista de estos fallecidos, víctimas de la energía nuclear, su tragedia queda de manifiesto.

Hoy comprobamos que el riesgo de las centrales nucleares se ha hecho realidad. Sea cual sea el aspecto de la catástrofe que estemos descubriendo (y con todo el respeto que siento por los esfuerzos humanos desplegados para ponerle freno), su significado no da lugar a ninguna ambigüedad: la historia de Japón ha entrado en una nueva fase y, una vez más, estamos sometidos a la mirada de las víctimas de la energía nuclear, de esos hombres y mujeres que han dado prueba de un gran valor en su sufrimiento. La lección que podremos extraer del desastre actual dependerá de la firme resolución de no repetir los mismos errores por parte de aquellos a los que se les ha concedido el derecho de vivir.

Esta catástrofe aúna de manera dramática dos fenómenos: la vulnerabilidad de Japón a los seísmos y el riesgo que presenta la energía nuclear. El primero es una realidad a la que este país lleva enfrentándose desde la noche de los tiempos. El segundo, que amenaza con ser todavía más catastrófico que el seísmo y el tsunami, es obra del hombre. ¿Qué sacó en claro Japón de la trágica experiencia de Hiroshima?

La importante lección que debemos extraer del drama de Hiroshima es la dignidad del hombre, tanto de aquellos y aquellas que murieron al instante como de los supervivientes, afectados en carne propia, y que durante años tuvieron que soportar un sufrimiento extremo que espero haber podido plasmar en algunos de mis escritos.

Los japoneses, que conocieron el fuego atómico, no deben plantearse la energía nuclear en función de la productividad industrial, es decir, no deben tratar de extraer de la trágica experiencia de Hiroshima una receta para el crecimiento. Al igual que en el caso de los seísmos, los tsunamis y otras calamidades naturales, hay que grabar la experiencia de Hiroshima en la memoria de la humanidad: es una catástrofe aún más dramática que las naturales porque la provocó el hombre. Reincidir, dando muestras con las centrales nucleares de la misma incoherencia respecto a la vida humana, es la peor de las traiciones al recuerdo de las víctimas de Hiroshima.

El pescador de Bikini al que he mencionado anteriormente no dejó de exigir la abolición de las centrales nucleares. Una de las grandes figuras del pensamiento japonés contemporáneo, Shuichi Kato (1919-2008), hablando de las bombas atómicas y de las centrales nucleares sobre las que el hombre pierde el control, recordaba la célebre expresión de una obra clásica, Almohada de hierbas, escrita hace 1.000 años por una mujer, Sei Shonagon. La autora evoca algo que al mismo tiempo parece muy lejano, pero que en realidad nos queda muy cercano. Una catástrofe nuclear parece una hipótesis lejana, improbable, pero siempre nos acompaña.

Más de 60 años después de su derrota, parece que Japón ha olvidado los compromisos que adquirió entonces: el pacifismo constitucional, la renuncia a la fuerza y tres principios antinucleares. ¿Piensa que el desastre actual despertará una conciencia contestataria?

Cuando se produjo la derrota de Japón, yo tenía 10 años. Un año después se promulgó la nueva Constitución y al mismo tiempo se aprobó la ley marco sobre la educación nacional, una especie de reformulación en términos más sencillos de la Ley Fundamental destinada a que los niños la entendieran más fácilmente.

Durante los 10 años que siguieron a la derrota, siempre me pregunté si el pacifismo constitucional, un elemento del cual es la renuncia al recurso a la fuerza, y luego los tres principios antinucleares (no poseer, no fabricar y no utilizar armas atómicas), reflejaban bien los ideales fundamentales del Japón de posguerra. (…)

Japón reconstituyó progresivamente una fuerza armada mientras que los acuerdos secretos con Estados Unidos permitieron la introducción de armas atómicas en el archipiélago, vaciando de sentido los tres principios antinucleares oficialmente anunciados. Esto no quiere decir, sin embargo, que no se tuvieran en cuenta los ideales de los hombres de la posguerra. Los japoneses habían conservado el recuerdo de los sufrimientos del conflicto y de los bombardeos nucleares. Los muertos que nos miraban nos obligaban a respetar esos ideales. El recuerdo de las víctimas de Hiroshima y de Nagasaki nos ha impedido relativizar el carácter pernicioso de las armas nucleares en nombre del realismo político. Nos oponemos a ellas. Y al mismo tiempo, aceptamos el rearme de facto y la alianza militar con Estados Unidos. Ahí es donde reside toda la ambigüedad del Japón contemporáneo.

Con el correr de los años, esta ambigüedad, fruto de la coexistencia del pacifismo constitucional, del rearme y de la alianza militar con Estados Unidos, no ha hecho más que reforzarse ya que no dimos ningún contenido conciso a nuestros compromisos pacifistas. La confianza total de los japoneses en la eficacia de la fuerza de disuasión estadounidense permitió que la ambigüedad de la posición de Japón (país pacifista bajo el paraguas nuclear estadounidense) se convirtiera en el eje de su diplomacia. Una confianza en la fuerza disuasoria estadounidense que iba más allá de las divisiones políticas y que fue reafirmada por el primer ministro demócrata, Yukio Hatoyama, con ocasión del aniversario, en agosto de 2010, del bombardeo atómico sobre Hiroshima, mientras que el representante estadounidense subrayó más bien en su alocución los peligros de este arma.

Podemos esperar que el accidente de Fukushima permitirá a los japoneses reencontrarse con los sentimientos de las víctimas de Hiroshima y de Nagasaki y reconocer el peligro de todo lo nuclear, del que tenemos nuevamente ante nuestros ojos un trágico ejemplo, y poner fin a la ilusión de la eficacia de la disuasión preconizada por las potencias que disponen del arma atómica.

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Pueden leer la entrevista completa en El País aquí.

Prodavinci 

Comentarios (4)

Sydney Perdomo Salas
29 de marzo, 2011

Interesante entrevista y su reflexión, es una pena que después de tantas crisis nucleares, no exista el mínimo intento por suprimir artefactos tan reincidentes como lo son estás plantas atómicas, es una tristeza la perdida de almas inocente siendo un país tan claro en su sentido pacifista con la naturaleza, y sin embargo posean un arma detractora con el más fútil de los acontecimientos que pueda crear el propio “ser humano y su fatuo sentido de grandeza” Japón es un país hermoso, merece mucho más de lo que pueda ser, por todo lo que ha tenido que pasar como país.

Precisamente, estoy leyendo un texto de Kenzaburo Oé-“Salto Mortal”, –muy interesante si se me permite decirlo- me ha sorprendido que justamente Prodavinci le entrevistase, justo ahora…, como siempre mil gracias. 🙂

Saludos y mis respetos sinceros. 😀

Gustavo Gil
29 de marzo, 2011

El drama que vive Japón es un aviso para todo el resto del mundo desarrollado; no hay una forma pacífica de utilizar el poder nuclear, porque siempre terminará fuera de control. Hay que verse en el espejo de los nipones y proyectarlo a futuro para comenzar el desmantelamiento de todas las centrales nucleares habidas y por haber

Beto Mirabal Zapata
30 de marzo, 2011

Me solidarizo con el drama que vive el noble pueblo japonès, ese que se levantò de las cenizas nucleares de Hiroshima y Nagasaky. Es lamentable todo lo que estàn viviendo y màs lamentable que estas tragedias tienen que servir de alerta a quienes se empeñan en luchar e ir contra la naturaleza, en un desmedido afàn de grandeza y progreso malentendido. El dìa que el hombre vuelva sus ojos, su mirada hacia atràs y revalorice todo lo que ha perdido por su terquedad, empezarà un nuevo vivir. Gracias por permitirnos leer las reflexiones de Kenzaburo Òe, como siempre llenas de una infinita sabidurìa.

Eduardo Briceno
31 de marzo, 2011

La ambiguedad preesente en la historia contemporanea del Japon . Como lo refiere Kenzaburo Oe, a partir de la crisis nuclear actual, pienso debera servir para reflexionar nuevamente sobre la realizacion de un balance definitivo entre la vida y la muerte ,entre la productividad industrial y el tipo de eneergia necesaria para lograr sustentablemente la misma y no bajo el chantaje actual. Donde lamentablemente como siempre son muy pocos los beneficios a obtener incluso bajo el contexto de una relacion econometrista clasica como lo es el beneficio costo sobre todo donde en las evaluaciones por hacer estan planteadas los dramas y situaciones inponderables por ser el hombre Japones el mas invaddido por esta incertidumbre dicotomica . EDBRIC.

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