Actualidad

La vida en las ventanas, por Alberto Salcedo Ramos

El cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos sobre la adicción a la tecnología y la (in)comunicación humana.

Por Alberto Salcedo Ramos | 23 de febrero, 2011

Recientemente viajé de Bogotá a Cartagena al lado de uno de esos seres híper conectados que abundan hoy. El tipo, de aproximadamente 30 años, usaba al mismo tiempo su computador portátil y su teléfono BlackBerry. Íbamos sentados en la fila de dos puestos. Al otro lado del pasillo se encontraban tres subalternas suyas. El ejecutivo les impartía órdenes, les solicitaba documentos. Mientras revisaba cada diagrama que le pasaban, seguía enchufado a sus aparatos tecnológicos como el moribundo a su tanque de oxígeno: regañaba a un interlocutor por el teléfono celular, continuaba tecleando en su laptop.

Todos conocemos a esos adictos a la tecnología que pululan en la fauna humana contemporánea. Indiferentes al entorno, andan siempre conectados a algún cachivache, y convierten cada espacio por el que transitan en una simple prolongación de sus oficinas o de sus cuartos de ocio. Para estos individuos dispersos no es ningún problema realizar simultáneamente las más disímiles actividades: oyen música en su walkman, chatean por Messenger, montan fotos en Facebook, trinan en Twitter, ven videos en Youtube, preparan un informe en formato Word y escriben un mensaje de texto en el teléfono celular. Además de ser difusos, son temerarios: cierran los ojos dentro de los buses – con lo peligroso que es hacer eso en Colombia – para disfrutar mejor las canciones de su Mp4; suben las escaleras eléctricas con la vista enterrada en su Ipad, o en su Nintendo DF. La adicción y la sensatez, ya lo sabemos, no suelen ir de la mano.

El fotógrafo Camilo Rozo me contó que hace poco vio a una pareja en un restaurante elegante de Bogotá. En la mesa había velas, flores rojas, viandas exquisitas. Sin embargo, ninguno de los novios parecía interesado en la atmósfera romántica que los envolvía: ambos tecleaban de manera compulsiva en sus respectivos BlackBerrys. Abochornado por la escena, Rozo consideró su deber elevar una plegaria urgente por los dos enamorados:

— Ay, Dios mío – suspiró –: ¡ojalá que por lo menos estén chateando entre ellos!

El nombre del software que nos comanda no es gratuito: Windows. Prender el computador, en efecto, es abrir las ventanas para que entre aire fresco, es iluminar lo que parece oscuro. Puede que este aparato sea útil para escribir una novela o para elaborar un informe financiero, pero no nos engañemos: el computador nos sirve, sobre todo, para fugarnos de las tareas pendientes, de los problemas cotidianos. A estas alturas Windows ya no es un simple programa informático sino un plan de vida. Consiste en suponer que para zafarnos de la rutina basta con dar clic y abrir una ventana. Todos los artefactos que hemos ido acumulando en nuestra fiebre tecnológica, desde el teléfono iPhone hasta el disco duro externo, responden a ese afán escapista. Nos abruma el universo real con sus criaturas trilladas, nos desespera este presente tan previsible. Entonces fisgoneamos la mansión de Michael Jackson para desertar de nuestra propia casa. O le subimos el volumen al walkman para que se oiga más aquel viejo bolero y menos la voz carrasposa de nuestro vecino, que insiste en hablarnos de sus deudas.

Alberto Salcedo Ramos 

Comentarios (12)

JMCarpintero
23 de febrero, 2011

Salcedo, simplemente es exquisito este texto. Una absurda realidad: los novisimos medios de comunicación y las redes sociales nos incomunican y nos vuelven antisociales….

Alfredo Ascanio
23 de febrero, 2011

¿Nos vuelven antisociales? Al ser redes sociales se supone que nos permite escribirle a los amigos y a los familiares usando Facebook y con el Twitter podemos incluso poner en jaque a un gobierno. Creo que la computadora es un artefacto muy útil con una buena impresora.Estoy de acuerdo que cuando la gente está aburrida o cuando se quiere desprender de los problemas cotidianos, el ordenador (como lo llaman los españoles) les viene ” de perla”

Luis
23 de febrero, 2011

Arma de doble filo ésto de los ordenadores. Hoy, durante mi recorrido en bus de Chacaíto a Baruta, a mi lado un jóven no levantó un segúndo la vista del Blackberry. A mi izquierda, una niña, lo tenía en la mano, pero, no leía nada; parecía obnubilada con algún pensamiento paralizante. En cuanto a los Ipod, éstos sí que impiden una comunicación fluída con ninguno (si escucharán buena música , al menos). Pienso que la esperanza oculta de todo internauta adicto, es que alguien , alguna vez, lo ame o lo acepte , gracias a la red, en lugar de utilizar el medio para comunicarse eficazmente. Si no se tienen claros los objetivos y, se maneja la información personal con prudencia, la compu y sus hemanos , será un riesgo potencial que no ayudará a resolver.

Simon Gonzalez
23 de febrero, 2011

Agradable radiografía de la actualidad, aunque con términos de los noventa. En todo caso, no juzga el bien y el mal, sino que presenta la realidad. Abstenerse los que asumen una postura, o quieren aprovechar este texto para proyectar sus propias ideas(JMCarpintero dixit o el avispado que escribió el sumario del texto).

Pedro Mancera
23 de febrero, 2011

Alberto me parecen muy buenos tus articulos, este me recordo a un amigo que habla escribe por blackberry que hace que el mundo real sea remplazado por la virtualidad de su telefono.

María Eugenia
23 de febrero, 2011

Primera clase hoy y les tuve que decir a los muchachos desde el primer minuto: “apague el celular, nada de texting o de twiter”; ‘toy jaaaarta; y eso que es un college. Lo que le pasó a Alberto me pasó hoy: al salir de clase, vi a dos ex alumnos, un muchacho y una muchacha sentados en el suelo, y les dije: “pero bueno, ¿ya no se hablan?”_Sí profe, nos estamos texteando. jajaja me reí, síganse texteando pues. Estaban contentos, ¿para qué amargar? Pero pensé… Vamos a sacar una generación de bestias triunfantes (winning beasts) como decía alguno, una gente que sabe mucho de tecnología pero no sabe escribir en cursiva, que no puede hacer una operación aritmética simple, que confunde Australia con Austria y no sabe quién escribió “Donkey Hote” (es un chiste entre maestros). Se gesta en USA un engendro entre “el hombre masa y el especialista”, como decía Ortega. Es poco esperanzador para la verdadera democracia, que empieza por un nivel educativo y económico decente para el grueso de la población, y las necesidades básicas cubiertas para todo el mundo prácticamente (Escandinavia, Qatar, Alemania). Abre paso a la Democracia Autoritaria

En las universidades privadas, como USC donde estuve, o en los Claremont, claro que está mejor la cosa, pero también van en declive, en lo que se refiere al nivel de los estudiantes del país, no el de los extranjeros que, claro, contribuyen mucho a subir el nivel de la institución. Aunque me encanta enseñar al lado de casa en un campus precioso y ayudar a muchos a que pasen a UCLA o a otra universidad un 30%), lo cierto es que cada semestre sudo para que estudien en clase, lean, discutan, memoricen al menos un poquito de lo que hemos aprendido y se desconecten de la red de chirindajos electrónicos, porque de no hacerlo su cerebro se irá deteriorando.

En casa los padres no suelen hablar en familia tanto como ver TV o andar cada uno por su lado con el internet, los muchachos con las orejas llenas de alambres, todo el mundo agotado y embrutecido. En mi casa no hay ruido; somos cuatro gatos y nos dedicamos a escuchar a los pajaritos del jardín; no vemos TV sino en plenilunio; la música poquito y bajito y sin enchufarse nada cerca del cerebro. Computador lo mínimo, lo menos posible, no pasar de dos horas al día.

Recuerdo con deleite mi niñez en Mérida, sin tv, jugando con piedras y palos junto a la quebrada del Chama, corriendo tranquilos por el parque Tibisay, contando cuentos de miedo, hablando por horas.

Me consuelo pensando que cuando llegué a L.A. me preguntaban que dónde quedaba “Valenzuela” (el apellido de un pitcher de los Dodgers); hoy en día nadie desconoce el nombre de mi tierra natal.

katiusca battistini
24 de febrero, 2011

es muy cierto la tecnologia nos incomunica con el entorno me ha ocurrido en reuniones familiares y de amigos todos conectados ya no hay tertulia familiar mejor es no reunirse todos en casa y comunicarnos via tecnologica

Pedro Mayado Carbajo
24 de febrero, 2011

Hay ventajas y desventajas en la tecnología para la comunicación Esta ha cambiado Pero decir que la tecnología incomunica es demasiado

JMCarpintero
25 de febrero, 2011

Los novisimos medios de comunicación y las redes sociales nos incomunican y nos vuelven antisociales… Una de las preocupaciones más intensas que tengo es la forma como el hombre moderno, usante cotidiano de los instrumentos tecnológicos y de redes sociales, se ha incomunicado, se ha aislado, de manera literal de su entorno social real, inmediato; se vuelca con una desmedida pasión al uso de los teléfonos, los ordenadores, los BB, y otros tantos artilugios en un mundo de comunicación virtual. Tal vez parezca extremo, tal vez parezca inverosimil, pero creo fehacientemente en la comunicación cara a cara, donde las emociones fluyen incontenibles entre los interlocutores in situ. Andar sumido, abstraido, en una ventanita por horas, dejando de lado a los que nos rodean, sin percibir los acontecimientos reales, me parece un profundo gesto de incomunicación.Si comunicación es solo estar al día (o al minuto)con lo que hay en las redes sociales, y dejar de lado el mundo real que nos acosa segundo a segundo, cónfiro, entonces… qué hago con los que me rodean, qué hago con lo que siento, qué hago con lo que se me antoja decir a viva voz, qué hago cuando simplemente quiero vivir diciendo y haciendo con las palabras “en vivo”…

pedro
25 de febrero, 2011

Qué es lo malo o qué es lo bueno en las nuevas, crecientes y cambiantes tecnologías del siglo XXI? Pienso que la adaptación es una palabra clave en todo este proceso, algunos hablan de transición… pero cuándo el hombre ha dejado de estar en transición?. Todo fluye, como dijo Heráclito en el siglo III AC, y es más ahora se sabe que nadie se baña ni siquiera una sola vez, porque el hombre y el río no son los mismos nunca,estamos cambiando continuamente, y cambiando cambiamos nuestro ambiente. Hay dos extremos importantes en este proceso de adaptación: convertirse en una viuda del pasado y precindir de las nuevas tecnologías, rindiéndole culto al televisor en blanco y negro y al disco de acetato ( por decirlo de alguna manera) ó la novísima adicción a las tecnologías del siglo XXI:la ciberadicción con todas sus variantes y subdivisiones fisiológicas y patológicas. El problema no es el cuchillo sino el uso que se le da a ese instrumento.Tampoco es plausible entrar al mundo de los Supersónicos con la mentalidad de los Picapiedras.Nosotros hijos de la cultura libresca estaremos viendo la aurora de la era de Gutenberg y con ello una nueva forma de aprender, desarrollarnos,relacionarnos y comunicarnos ? Toda evolución tiene sus riesgos uno de los cuales es la ciberadicción, sin embargo ese riesgo podría conjurarse con la educación, así como nos educamos, como especie, para aceptar la electricidad, el espejo , el libro y el avión.

Carmen Elena Cortés Viveros
21 de mayo, 2011

Verdaderamente es fascinante… nos lleva a reflexionar hasta donde nos hemos dejado inundar por la tecnologia….

Delfina
1 de febrero, 2013

Texto muy cuidado. Lamentablemente, no creo que ninguno de los que hayamos permanecido con esta ventana abierta podamos decir que no nos identificamos con los últimos párrafos. No tengo BlackBerry, no quiero tenerlo. Y odio cuando estoy con amigos que, para celar a otro grupo de amigos, “postean” en Facebook: “Con X, en la playa y divirtiéndonos a full”. Si te estás divirtiendo realmente, ¿tenés tiempo de contarle al mundo que lo estás haciendo?

Envíenos su comentario

Política de comentarios

Usted es el único responsable del comentario que realice en esta página. No se permitirán comentarios que contengan ofensas, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o con contenido discriminatorio. Tampoco se permitirán comentarios que no estén relacionados con el tema del artículo. La intención de Prodavinci es promover el diálogo constructivo.