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Me cenas, me almuerzas, me desayunas

Empiezo a escribir este artículo motivado por el desconocimiento que he observado del ciudadano común sobre el financiamiento del mundo cultural. Para liberar un poco el stress que le produce la supervivencia económica a los artistas, han surgido a lo largo de la historia los llamados “mecenas”. La palabra mecenas viene desde los tiempos de la Roma imperial cuando el noble romano Cayo Cilnio Mecenas, consejero de César Augusto, velaba por el bienestar de los artistas. El término se entiende en la actualidad como aquella persona o institución que financia a un artista, un escritor, un deportista o científico, para que desarrolle su arte u oficio, sin otra satisfacción que se produzca el trabajo del “meceneado”. Es como una suerte de padrino en términos criollos .

Existe el mecenazgo individual, el corporativo, y el de las instituciones del Estado para generar cultura y financiar la actividad artística. Los canales regulares del arte están secuestrados por la mediocridad, por eso vemos como se vende el vacío disfrazado de cultura. Por eso es que los artistas de calidad, que no dependemos del marketing sino del trabajo constante de ser creadores día a día, estamos fritos. Es muy difícil en este mundo contemporáneo surgir como artista sin tener una plataforma que te soporte. Porque, o uno se promociona para vivir o uno vive para promocionarse. Entonces, de repente, así como de la nada, como de sorpresa, surge un tipo que cree en lo que tu haces, y que no quiere ponerte a “matar tigres” sino que seas artistas y que desarrolles tu arte lo mejor posible, muchas veces hasta de forma anónima. Ese es un mecenas, me desayunas, etc.

Vivimos, como lo plantea Marc Augé, en “la superabundancia”. Augé plantea que nuestro mundo contemporáneo está basado en un exceso de todo. Los valores han cambiado, el sentido comunicacional se ha transformado en mecanismos de mercadeo mas que de comunicación entre los seres humanos. Ese pensamiento disociado es la superabundancia. En lo artístico, esto estaría plasmado en que se espera más el reconocimiento que el conocimiento. Con esta “superabundacia” se le da más importancia a la oferta y no todo es de calidad; y es el marketing, dada la falta de educación de las masas, lo que termina imponiendo lo que se vende. Los artistas de verdad pasan trabajo para desarrollar el arte que plantean. La gente se emociona cuando ve cosas como: la gran feria del arte, los cuadros de 500 a 350, etc., como si el arte fuera la acción de un remate, como si tuviera una valor monetario, como si fuera una mercancía o producto burdo y no se entendiera al arte como una consecuencia del conocimiento intelectual, lo cual hace su valor incalculable.

Quizás en nuestro país nunca ha estado muy claro el rol del mecenazgo y tampoco se ha planteado una verdadera autogestión cultural. Estimulando y apoyando a la cultura aportamos algo importante a la educación de nuestro entorno, que es el de nuestros propios hijos. Estaríamos generando una fuente de desarrollo cultural. No puedo creer que ningún padre piense en embrutecer a sus hijos, más bien creo que su deber es apostar por una mejor educación. La desidia nos lleva de cabeza y nos hace cómplices del ese vacío engendrado por la inmediatez mediática y por la ignorancia.

En países con más “desarrollo”, el capital que llega a la cultura proviene de recursos privados o de instituciones del estado que funcionan como entidades privadas. Este es el caso de Estados Unidos. Para hacer un ejemplo de esta analogía, El Carnegie Hall, El Metropolitan Opera House en Nueva York, El Walt Disney concert hall en los Angeles, etc. son instituciones privadas que dependen del financiamiento privado. Para esto se hacen eventos y se establecen mecanismos como el patrocinio de sillas, además de patrocinios individuales y corporativos. Según cifras suministradas por “National Endowment of Arts”, en los Estados Unidos la mayoría de los ingresos de las organizaciones artísticas provienen de la filantropía de personas naturales, empresas o fundaciones privadas y solo 13%, proviene del presupuesto público, teniendo un alto porcentaje, mas del 50% que viene de los mismos consumidores.

Por otro lado está la visión de un Estado todopoderoso como ocurrió en países como Rusia con el Teatro Bolshoi, en donde el costo de la cultura era tradicionalmente soportado por entidades gubernamentales. Es interesante ver que ha pasado después de la caída del muro de Berlín, en donde instituciones como “El Bolshoi” entre otras, pasaron a ser una suerte de estructura hibrida entre una entidad pública y privada. Para sobrevivir han adaptado un sistema de donaciones, como sucede en cualquier teatro del mundo “capitalista”. Recuerdo haber conversado con amigos de la Alemania del este, que me explicaban las diferencias de los dos sistemas, las ventajas y las desventajas de uno u otro. Lo cierto es que el acceso a la cultura después de la caída del muro se ha hecho cada vez más elitesco y la gente siente que hay que cambiar el sistema por algo intermedio. Creo que hay que crear plataformas para darle un sentido democrático a la cultura, y ésta es un derecho de todos. Por otro lado y para preservarse en el tiempo y no ser un trabajador al servicio del estado que cambie sus oficios cada vez que hay un cambio de gobierno, el cultor no debe depender de un carnet político sino de sus propias habilidades.

Veamos las realidades de países con estructuras y problemas similares a nosotros. Brasil ofrece el sistema más interesante que conozco, una suerte de sistema mixto. Los Brasileños tienen una ley de mecenazgo artístico que funciona desde 1993. A partir de los beneficios fiscales se genera una inversión cultural, que es de proporciones inimaginables, se creó una plataforma cultural que es envidiada por naciones hasta del mundo del llamado desarrollo. En Venezuela teníamos una ley similar derogada en el gobierno de Caldera. En Chile, existen leyes que promueven el mecenazgo artístico a través de beneficios fiscales para la las empresas que aporten dinero a la cultura. Argentina es un país de cual podemos aprender, en donde el artista ha entendido que tiene que fajarse y generar su propia forma de subsistencia, con todo un circuito fabuloso de teatro y actividades artísticas. En Colombia hay toda una interesante red de festivales. A partir de la autogestión cultural se ha creado un mercado interno muy interesante, hecho realmente con las uñas, que le da una oportunidad al espectador de ver una escena de calidad.

Hay mucha tela que cortar. En Venezuela la mayoría del presupuesto cultural proviene del Estado. No tengo las cifras exactas, no son fáciles de conseguir. Tampoco es que el estado no sea un ente generador de cultura, es importantísimo que lo siga haciendo, sino que es importante la autogestión. Para mi la función del Estado tiene que seguir siendo de un ente generador de ideas y patrocinador de cultura. Por otro lado en nuestro país es muy poca la inversión privada en la cultura .

Veamos la otra cara de la moneda. Cuando hacemos un evento cultural en Venezuela, y nos arriesgamos a irnos por la boletería, a penas se cubren los gastos, además que los patrocinantes cada vez son menos, y los costos son cada vez más elevados. Acá a todo el mundo le encanta la palabra: “Gratis”. Por eso no existen las figuras de promotores que se arriesguen a hacer eventos, dadas las pérdidas. Lo que hace que el circuito rotatorio sea muy pequeño y prácticamente todo se gesta en Caracas .

Mi posición es que la cultura tiene que satisfacer las necesidades de crecimiento intelectual de toda la población, no puede quedarse tampoco para satisfacer el ego de unas minorías con capital económico, ni puede ser destinado solamente a las grandes ciudades, ni tampoco puede ser una consecuencia populista . Ahora, para la subsistencia, nosotros los artistas necesitamos de una plataforma economica de la que podamos vivir, medios de subsistencia para así poder generar un aporte al desarrollo cultural que todos deseamos, porque sucede con mucha frecuencia que muchos artistas dejan el medio por necesidades economicas. Una forma de conseguir este financiamiento es si realmente la boletería funcionara para el artista.

Por eso es importante ver otras realidades y establecer parámetros de cómo podemos cambiar una realidad a partir de la acción de cada uno de nosotros. Podríamos empezar por entender que los conciertos, otras de teatro, piezas de danza, etc. tienen un costo y hay que pagar por ellos, como sucede en cualquier parte del mundo. En lo personal sólo se cuantos “amigos” tengo cada vez que hago un concierto, porque los verdaderos panas pagan sus entradas o hacen un esfuerzo por hacerlo, en cambio uno como artista recibe cualquier cantidad de llamadas de los supuestos “amigos”, diciéndote cosas como:

— Epale Aquiles , que de tiempo……

— Si, ¿como esta todo? ( respondiendo sin tener la certeza de quien me esta llamando, ni como consiguieron mi teléfono o email)

—Sabes que me entere que tienes un conciertito, y quería saber si no tienes un par de entraditas por ahí para mi….

Es duro cuando sabes que la misma persona que te llama para pedirte esas entradas, paga lo que no tiene cuando vienen artistas extranjeros. Casi todo el mundo piensa que los artistas somos una élite bañada en dinero y privilegios, cuando nada puede estar más distante de eso es la realidad. Por eso cuando pagamos una entrada se está apoyando no sólo a un evento, sino a la continuidad de la cultura en el país. Vivimos en una constante contradicción. Pero cada uno de nosotros puede marcar la diferencia, entendiendo que hay que fomentar las artes para el “de esa rollo” de nosotros, no tener el “—rollo de esa”, desidia que nos carcome. Una alternativa es generar patrocinios pequeños, como hay en otros lados, que la colaboración de muchos patrocinantes individuales se geste un mejor panorama cultural. Luego están los patrocinios de marcas y las fundaciones. Sería ideal que tuviéramos planes de becas o bolsas de trabajo, para que los creadores puedan cubrir sus gastos mínimos. Imagínense un bufete de abogados o una clínica privada con una bolsa de trabajo para un artista. Piénselo, medite un segundo al respecto, y plantee ideas de lo que se puede hacer para incentivar a la actividad artística en su entorno, quizás usted no lo sabe pero puede marcar la diferencia. Reitero: es vital para que la cultura no muera que alguien se interese y financie a los artistas. Por eso cada vez que voy a buscar patrocinio le pregunto a los posibles patrocinantes: ¿me cenas, me desayunas o me almuerzas?

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Bibliografia

— Artefactos del Olvido, Adriana Gonzalez Lozada http://www.artefactos-del-olvido.blogspot.com/

— Los “No Lugares” Espacios del Anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Marc Augé, Gedisa Editorial 1992

— “Artist in the workforce”. National Endowment for the Arts. www.nea.gov