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Francisco Monaldi: “Los populistas latinoamericanos lo fueron porque pudieron”

Llegué tarde. Me fui por inercia al cafetín del IESA, en donde resulta siempre agradable conversar con los profesores con el trinar de los pájaros de fondo. Pero Francisco Monaldi no estaba cerca de su oficina –es director del Centro de Energía y Ambiente del instituto-, sino que me esperaba en La Castellana, como habíamos acordado previamente. Allí, con la paciencia que lo caracteriza y sin perder la sonrisa, aguardó mi llegada.

Entre varios cafés conversamos distendidamente sobre las entrañas fiscales y políticas del petróleo, que han pasado a ser su especialidad tras años de minucioso estudio. Tiene entre manos un robusto documento firmado junto a Osmel Manzano que resultó de su paso por la Universidad de Stanford y que recoge tres grandes momentos de la política fiscal petrolera en Venezuela. Incluye además una comparación con otros productores de América Latina que señala entre líneas, pero con bastante tino, hacia dónde vamos.

Comienza con algo que para muchos será una revelación: el famoso “fifty-fifty”, introducido en los años 40 y enarbolado desde entonces como el modelo fiscal justo al repartir igualitariamente los réditos petroleros, se calculó sobre la base de los ingresos netos, de manera que la segunda aplicación de este concepto en la era bajo el Presidente Chávez ha implicado una erogación mucho mayor al Fisco, al calcularse sobre los ingresos brutos.

– Planteas que a partir de los años 90 América Latina se bifurcó a hacia dos maneras diferentes de concebir la participación privada en la industria, una en colaboración y otra prescindiendo de ella. ¿Qué condicionantes políticos hubo para que esto sucediera?

– La visión tradicional apunta hacia un tema ideológico, pero el argumento de esta investigación es que los presidentes populistas lo fueron porque pudieron. Bolivia es un buen ejemplo: en los años 90 el Gobierno de (Gonzalo) Sánchez de Losada hace una apertura fuerte y se logran incrementar las reservas 516% entre 1997 y 2007. Fue inmediato: una vez descubiertas las reservas, un país que venía de una hiperinflación llegó al consenso de que debía ser ortodoxo en la política fiscal, fue el período de la democracia pactada. Fueron, sin embargo, víctimas de su propio éxito porque los descubrimientos crearon la sensación de que el país tenía plata, en Brasil está pasando lo mismo ahora. El sistema fiscal tenía regalías relativamente bajas, aunque la participación del Estado en las ganancias iba a ser alta porque tenían un sistema progresivo.

– ¿Fue bien concebido entonces ese régimen?

– Fue bien concebido desde el punto de vista económico, pero no político. Explicarle a la población las ganancias de un sistema progresivo, que dará beneficios a futuro, es difícil. Esto ha pasado hasta en países desarrollados. Hay que entender dos cosas: el petróleo es un sector que suele tener ganancias extraordinarias, muy por encima del costo de oportunidad del capital y del trabajo, lo que hace que el Estado pueda cobrar tasas de impuesto muy elevadas; y más de 80% de su inversión son costos hundidos, una vez hechas no tienen valor en otro uso, lo cual le imprime vulnerabilidad e incrementa las barreras de salida. Hay muy pocos incentivos para parar la producción, una vez que se han hecho enormes inversiones iniciales.

– Más allá de los condicionantes políticos, ¿las empresas petroleras que han permanecido en estos países turbulentos lo han hecho por el costo tan elevado de salida?

– Si, pero además hay en algunos países, como Venezuela, un atractivo geológico muy grande. Desde el punto de vista totalmente financiero, ni a Conoco Phillips ni a Exxon Mobil les convenía irse del país, a menos que hubieran logrado recuperar su dinero de una forma muy rápida, lo cual no iba a ocurrir. A Exxon le dieron una señal internacional de racionalizar sus operaciones, pero el caso de Conoco es diferente porque tenía en Venezuela un porcentaje bastante alto de sus reservas mundiales. Entonces, volviendo al principio, tú eres nacionalista porque puedes serlo. Carlos Andrés Pérez I y II fueron diferentes porque la situación económica fue totalmente distinta, no fue un cambio en el alma del líder.

– ¿Cabría esperar que esta política fiscal tan férrea del chavismo tendría una vuelta de tuerca si así lo exigieran las condiciones?

– Yo creo que sí. La historia de Latinoamérica lo indica así. Si se tiene un período relativamente largo de precios bajos o caídas de producción que lleven a una necesidad de inversión muy alta se recurre a eso.

– ¿La ideología es secundaria?

– La ideología tiene un rol importante. Si en Venezuela hubiera habido un presidente diferente a Chávez, yo creo que hubiera sido nacionalista en el petróleo, hubiera cambiado los contratos pero tal vez en una forma diferente.

-¿Ves posible un escenario en que el Presidente Chávez tenga que rogar para que el sector privado invierta en la industria petrolera?

– Depende del entorno, de los precios. Cuba es un buen ejemplo: nadie la puede acusar de tener una ideología económica liberal, pero está haciendo la apertura más liberal de América Latina para exploración petrolera. Cuba está al lado del Golfo de México, todo el mundo piensa que allí hay petróleo, pero las restricciones norteamericanas y la propia política cubana han creado reticencia para invertir. Tuvieron que ofrecer contratos tan atractivos y al mismo tiempo tan poco progresivos, que si ahí se descubre un gigante ni los cubanos, que son relativamente serios en el respeto de las condiciones con las compañías internacionales, van a cumplirlos.

– ¿Entonces los detonantes de las renegociaciones de contratos son cambios de precios o descubrimientos de reservas importantes?

– De los cambios fiscales al alza así. Los cambios a la baja suelen ser promovidos por bajas sostenidas de precios o caída en las reservas. En Colombia no sólo estaban cayendo las reservas, sino que estaba a tiro de predicción que se convirtiera en un importador de petróleo.

– La historia demuestra, sin embargo, que hay países que se resisten, como el caso México ¿Predominará allí el sentimiento nacionalista de la gente?

– Los países en la onda liberalizadora tenían que conseguir a toda costa la autosuficiencia por ser importadores netos, como Brasil que, sin embargo, es uno de los principales productores de la región. Colombia estaba ante una importante caída en la producción y Perú, que también es importador, necesitaba atraer inversiones. Nos queda México, que tiene una importante caída en las reservas y en la producción, ante un mercado interno muy grande y con el horizonte por delante de convertirse en diez años en un importador.

– ¿No crees que la insistencia de México en el nacionalismo del petróleo es contradictoria con la política de apertura que ejecuta en el resto de sus actividades económicas?

– Por supuesto. Fíjate por qué: yo nunca elimino el rol de la ideología, si hay un tema constante en la revolución mexicana es la nacionalización del petróleo; pero hay que recordar que México dejó de ser un exportador de petróleo después de la nacionalización y no volvió a serlo hasta que en los años 70 descubrió petróleo en el Golfo. (José) López Portillo inició una expansión del gasto público por esos descubrimientos, que se dieron mientras aumentaban los precios. La economía mexicana sufrió los problemas de inflación típicos de las economías rentistas. Llegaron los 90 de precios bajos, cuando ha debido iniciar como Venezuela, Bolivia, Argentina y Ecuador, una apertura; pero no fue así y a PEMEX la hicieron funcionar como una caja chica y la convirtieron en la petrolera más endeudada de América Latina. En cualquier otra circunstancia, eso hubiera llevado a una liberación, pero los mexicanos vivieron un milagro: Cantarell, un solo yacimiento que llegó a producir más de dos tercios de toda la producción. Además, un yacimiento de costos bajísimos. Lógicamente, Cantarell les dio una segunda vida. ¿Qué es lo que pasa ahora? Que llegó al llegadero.

-Partiendo de los ciclos que mencionas en tu trabajo ¿México estaría a las puertas, ahora sí, de una apertura?

– Las presiones del Gobierno han sido grandes, en un esfuerzo político por la apertura. Creo que las fuerzas son tan poderosas que van a llevar a México a abrirse.

-¿Conduciría eso a una desestabilización política?

-Una opción es esperar el llegadero. Cuando se tenga que importar petróleo, el país cambiará la percepción, sobre todo si esto se da en un escenario de precios altos en que importar sea muy costoso. Eso haría necesario cambiar las condiciones fiscales para PEMEX. Lo que pasa es que México es un país en que el Presidente parecía poderosísimo en la época del PRI (Partido Revolucionario Institucional) porque el PRI era poderosísimo. Cuando el gobierno pasa a dividirse, el Presidente pierde parte de su poder. Eso lo obliga a tener que convencer a la gente y la gente tiene una natural sospecha en estos temas, que por cierto no es descabellada y es lo que ocurrió en Rusia, de que las privatizaciones de los recursos naturales ponen demasiado dinero en juego.

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Próximamente publicaremos la segunda parte de ésta entrevista