Artes

Salto cuántico: la vida oculta de Paul Dirac, el místico del átomo

Por El Librero y Prodavinci | 26 de septiembre, 2009

medium_diracPor Graham Farmelo

New York Times

Esta biografía es un regalo. Está bien escrita (una característica no muy común en las biografías de físicos matemáticos) e induce a la reflexión sobre el alcance de los logros humanos, sus limitaciones y la relación entre ambas cosas. Aquí se nos presenta a un hombre dotado de una apreciación casi milagrosa de la estructura del mundo de la física, unida a la gentil incomprensión de ese mundo menos lógico, más desordenado, el mundo del resto de la gente.

En 1939, en la Universidad de Cambridge, Subrahmanyan Chandrasekhar tomó una clase de mecánica cuántica de Paul Dirac, que tenía entonces 28 años. Tres años más tarde, Dirac se convertiría en el teórico mas joven, hasta ese momento, en recibir el Premio Nobel de Física (50 años más tarde, Chandrasekhar se convertiría en el más viejo). Chandrasekhar describió a Dirac como un “Profesor flaco y tímido (de la Royal Society) que se deslizaba por las calles. Caminaba cerca de las paredes (como un ladrón) y no era para nada saludable.” — Chandrasekhar tomó cuatro veces esa misma clase, a pesar de que Dirac repetía, palabra por palabra, el material de su recién publicado texto—porque era “como una pieza de música que quieres escuchar una y otra vez”.

Dirac es el personaje principal de muchos cuentos de humor entre los físicos, por sus conversaciones en monosílabas y su aplicación inocente e incansable de la lógica a todo. Escuchar un cuento sobre Dirac es como entrar en un universo paralelo. “Dirac lee “Crimen y Castigo” y reporta “bien”, pero anota que en una parte el sol sale dos veces en un mismo día; Dirac cena en silencio hasta que su interlocutor pregunta ¿”Has ido al cine o al teatro esta semana?” y Dirac responde ¿”Porque quieres saberlo?”

“Su trabajo es tan sui generis como su roce social. “Los grandes escritos de los pioneros cuánticos eran mas desordenados, menos perfectamente formados que los de Dirac” explica Freeman Dyson, quien tomó el curso de Dirac a la edad precoz de 19 años. Los descubrimientos de Dirac eran como estatuas de mármol exquisitamente talladas que caen desde el cielo, una tras otra. Parecía tener la capacidad de conjurar las leyes de la naturaleza desde su pensamiento. (Lo mas notorio, Dirac predijo la existencia de la antimateria en 1928 porque su recién descubierta ecuación relativista del electrón la requería). “Su pureza lo hacia único”.

En 1990, Helge Kragh escribió “Dirac: Una biografía científica.” una referencia útil sobre la física, un poco de historia y de postre un capítulo con historias sobre Dirac, titulado “El alma mas pura.” Y en realidad, además de mecánica cuántica y anécdotas divertidas, ¿que otra cosa tuvo la vida de este gran físico monotemático?

Graham Farmelo toma el título “El alma mas pura” de una cita de Niels Bohr. (“Dirac es el hombre mas raro que haya visitado mi instituto”, dijo Bohr) pero la pureza y la rareza no completaban el cuadro. El libro de Kragh ofrece un collage del hombre brillante y peculiar visto desde afuera; el de Farmelo es un tejido, y le ofrece una mirada interior.

Farmelo, profesor e investigador del Museo de Ciencias en Londres, nos da la textura de la vida de Dirac, transcurrida en su mayor parte al aire libre– de joven, entre largas caminatas dominicales, con la apariencia de un personaje de fotografía de novio de un matrimonio italiano, “vestido en el traje que usaba toda la semana, sus manos tras la espalda, ambos pies hacia afuera mientras paseaba por el campo en su paso metronómico”; hasta los paseos en canoa hacia el final de su vida, con Leopold Halpern, un físico aún mas extraño que el, “por los bosques de árboles norteamericanos, llenos de musgo español. Los caimanes casi no hacían ruido, el silencio solo lo interrumpía el ritmo de los remos contra el agua, el llamado de un ave circundante, algún viento ocasional que pasara entre los árboles del bosque”. (Después del almuerzo, nadaban y remaban de vuelta” intercambiando muy pocas palabras.)

Conocemos a Dirac desde su infancia pobre y fría en Bristol (a pocas cuadras de Archie Leach, conocido como el actor Cary Grant); hasta descubrir, tras una visita a los Bohr en Copenhagen, lo que era una familia feliz; su amistad ferozmente leal con Werner Heisenberg; su luna de miel feliz, aún en su traje de tres piezas; su cuidadosa paternidad (construyéndole al gato de sus hijas una puertita más ancha que sus bigotes) hasta su muerte en Florida en 1984–“un lugar donde los caminantes recreacionales son vistos como unos pervertidos”.

Las partes científicas en “The strangest man” no son ligeras, pero tampoco requieren de la resolución de problemas por parte del lector. En la mayor parte, Farmelo presenta los asuntos técnicos con claridad y eficiencia y en todos los casos–uno de los logros del libro–los descubrimientos de Dirac están colocados dentro de las circunstancias bajo las cuales nacieron, el “mes de julio caliente”de 1926 cuando Dirac, sentado en su escritorio de la universidad, produjo su disertación, que luego se convirtieron en las estadísticas Fermi-Dirac.

En el prólogo, Farmelo describe una visita que le hiciera su colega biólogo Kurt Hofer, a un Dirac envejecido. A través de los ojos de Hofer, vemos como Dirac lentamente sale de su hablar en monosílabas para conversar durante dos horas, con creciente vehemencia, sobre su monstruoso padre. Esto representa la cuidadosa decisión del autor de mantener la historia que Dirac contó sobre su padre separada del resto del libro, y termina con los pensamientos de Hofer, y no de Dirac. “Simplemente, no pude concebir una infancia más terrible que la de Dirac…..¿podría ser que Dirac–generalmente tan literal como una computadora–estaba exagerando? Hofer no pudo dejar de preguntarse una y otra vez, ¿Por qué Paul sentía tanta rabia, tanta obsesión por su padre?

El conflicto entre este prólogo (que nos da bastantes razones para que Dirac sienta amargura contra su padre) y la familia aparentemente cálida que emerge en el primer capítulo, le pone una tensión al resto del libro muy parecida a la que se siente cuando uno lee un misterio. Y tal como en un misterio, el penúltimo capitulo muestra nuevas luces. Allí Farmelo se lanza a una exploración sensible de la posibilidad de que Dirac era autista, y como su dificultad para interpretar las emociones de los demás afectó sus percepciones sobre sí mismo y las de los demás sobre él. El énfasis de poner la infancia de Dirac como una historia —una que Farmelo (y yo con él) cree que es cierta–refuerza la importancia de tener un punto de vista.

En un episodio memorable, Dirac y su esposa visitan a sus amigos más cercanos, Peter y Anna Kapitza, en Rusia. En 1934, el largo brazo del estado Soviético había arrancado a Kapitza del laboratorio que compartía en Cambridge con Ernest Rutherford y lo había devuelto a la Unión Soviética. En 1937, los amigos se reunieron en la casa de verano de los Kapitza, en los bosques de Bolshevo, “donde las fresas salvajes esperaban por ser recogidas y el río fluía muy cerca.” Llegaron pocos días antes de que Stalin autorizara las torturas de los sospechosos de ser enemigos del pueblo “, escribe Farmelo. “En los caminos alrededor de Bolshevo, algunos camiones marcados ‘carne’ y ‘vegetales’, escondían prisioneros camino a ser ejecutados y entierrados en los bosques al norte de la ciudad, los mismos que Dirac admiraba a través de sus binóculos.”

Farmelo maneja estas escenas con una comprensión clara y refrescante de lo complicado que es realmente el mundo. Dirac no sabía, y tal vez no podría entender, lo que realmente era la Unión Soviética; tampoco podía saber quien era su padre, y su padre tampoco sabía quien era él. Estas complejidades y perspectivas cubistas sin resolver, paradójicamente, hacen de esta la biografía más memorable y satisfactoria que he leído en años.

Louisa Gilder es la escritora de “The Age of Entanglement: When Quantum Physics Was Reborn,” que saldrá en noviembre.

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THE STRANGEST MAN

The Hidden Life of Paul Dirac, Mystic of the Atom

Graham Farmelo

Illustrated. 539 pp. Basic Books. $29.95

El Librero y Prodavinci 

Comentarios (1)

ger44
25 de noviembre, 2014

Sabes dónde encontrarlo en español? gracias

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