Desarrollo

Reformando la moral de Tony Soprano

Las zanahorias y los palos actúan sobre el comportamiento corrupto menos de lo que pudiéramos desear

Por Prodavinci | 27 de abril, 2009

Por Ray Fisman

the_sopranos1A los economistas les gusta pensar que el comportamiento corrupto puede corregirse a través premios y castigos. Desde esta perspectiva, no existe una cultura de la corrupción. Según este razonamiento, al alterar los incentivos legales se dará un comportamiento ajustado a la ley. Idealmente, para poner a prueba esta idea, reuniríamos a gente de todas partes del mundo en un lugar donde no enfrentaran restricciones legales. Luego observaríamos su disposición a comportarse corruptamente. En realidad, hasta hace poco existió este mundo de la fantasía anarquista: las Naciones Unidas en Nueva York.

Hasta 2002, los diplomáticos de las NU disfrutaban de inmunidad diplomática a la hora de cometer violaciones de tránsito. Esto nos dio la oportunidad de estudiar cuales diplomáticos acumularon más multas por estacionar ilegalmente y cuales observaron la ley a pesar de carecer de castigos.

Los diplomáticos acumularon un total de 156.775 multas por estacionar ilegalmente entre 1998 y 2005. Con ayuda de Edward Miguel, un economista de Berkeley, y del departamento de impuestos de la ciudad, comparamos la data con el tamaño de cada misión de las Naciones Unidas. Luego sacamos data del Índice de Percepción de la Corrupción desarrollada por la organización sin fines de lucro Transparency International -Transparencia Internacional- que trabaja contra la corrupción desde Berlín usando encuestas de opinión para catalogar a 158 países.

Una conclusión: hay cierta cantidad de corrupción establecida culturalmente e inmune a las zanahorias y los palos.

Los países escandinavos, que perennemente clasifican entre los menos corruptos en el índice de corrupción, tenían la menor cantidad de multas de tránsito sin pagar. Solo había 12 multas de los 66 diplomáticos que comprendían a Finlandia, Noruega, Dinamarca y Suecia. Casi todas las multas provenían de un finlandés malo.

Chad y Bangladesh, en el fondo del índice de corrupción, estaban entre los peores desacatos. Acumularon 1.243 y 1.319 multas respectivamente, a pesar de que sus misiones ante las NU eran mucho más pequeñas que las escandinavas.

Es más, hay una notable concordancia entre el número de multas sin pagar y el rango de corrupción de cada país. Esto sugiere, fuertemente, que la educación y la experiencia, lo que podemos llamar cultura, si contribuye al mal comportamiento.

Nos preguntábamos si los diplomáticos de lugares como Chad violaron la ley apenas llegaron a Nueva York y luego absorbieron las normas locales de obediencia. ¿Quizá gradualmente convergieron con la cultura local? Para nada. Era ampliamente cierto que los diplomáticos cometieron más violaciones mientras más tiempo se quedaban en las NU, y este incremento era aún más veloz para los diplomáticos de países corruptos.
Esto no quiere decir que aplicar el peso de la ley sea irrelevante. En 2002, la enmienda Clinton-Schumer le dio a la ciudad de Nueva York el derecho de remolcar vehículos de diplomáticos delincuentes y recuperar las multas no pagadas (y una penalidad) del dinero que los Estados Unidos le daba como ayuda a esos gobiernos extranjeros ofensivos. Cuando entró en vigencia esta ley, la cantidad de multas sin pagar bajó inmediatamente en 90%. Sin embargo, las violaciones tras la puesta en funcionamiento de la ley seguían en correlación directa con los niveles de corrupción de cada nación. Así que los incentivos si importan, pero la cultura también.

Encontramos otra cosa que importa. Los diplomáticos de países cuya proporción de personas que odian a los Estados Unidos es alta (según el reciente Proyecto de Pew Global sobre Actitudes) eran más propensos a acumular multas sin pagar. Egipto y Pakistán lideraban esta lista. Estas no eran personas desagradables que odian a todo el mundo. La encuesta de Pew preguntó sobre su actitud hacia otros países y por su actitud hacia los Estados Unidos podían predecir las multas en Manhattan.

Moraleja: Los reformistas de las instituciones económicas y sociales deben estar conscientes que los valores locales pueden minar sus esfuerzos. Cambiar la ley ayuda pero no es en sí suficiente para inducir un cambio en un mundo corrupto. Este mensaje sombrío resuena con algo que dicen las personas comunes en países menos desarrollados sobre la reforma: erradicar la corrupción será sin duda una tarea difícil.

Ray Fisman es doctor de la Universidad de Harvard y Profesor de la Universidad de Columbia. Es coautor de Economic Gansters: Corruption, Violence and the Poverty of Nations (con Edward Miguel).

Traducción Gabriela Gamboa

Prodavinci 

Comentarios (3)

T. Alberto
27 de abril, 2009

Me parece interesante que un economista reconozca que los aspectos culturales importan. Ya había leído algo sobre este trabajo y realmente las implicaciones son importantes y la metodología es impecable.

Franck
27 de abril, 2009

¿Cómo quedó Venezuela en la investigación?

Marcy
26 de abril, 2011

Y situación similar ocurre en otros países, puedo dar fe de ello. La cultura lo es, si no todo, mucho en lo que cada individuo y cada grupo social es y actúa.

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