Desarrollo

Midiendo el uso de los préstamos

Por Prodavinci | 27 de abril, 2009

Del blog de Innovations for Poverty Action

Por Annie Duflo

Una entrada publicada recientemente por Alex, desde las Filipinas, habla sobre los usos más comunes de los microcréditos y, por lógica, genera dos preguntas de seguimiento. Efectivamente, ¿cómo sabemos con seguridad qué hacen los clientes de microfinanzas con el préstamo, dado que el dinero puede usarse para distintos fines? Y luego, ¿mientras el préstamo se pague, qué importa?

Muchas instituciones microfinancieras insisten en que sus préstamos se usen con fines productivos, especialmente porque desean ayudar a generar ingresos en hogares de bajos recursos y también porque desean asegurar que la gente pueda pagarlo. De hecho, muchas veces recaban información sobre el uso de los préstamos, a través de sus clientes, y la publican en sus páginas Web. Sin embargo, medir este uso no es nada sencillo. Si los préstamos se limitan oficialmente a las inversiones de negocios, es posible que los clientes no informen sobre el uso de los fondos que hayan destinado al consumo. Incluso si se informa absolutamente todo correctamente, existe otro problema. Imagínese que a una cliente de microfinanzas se le otorga un préstamo de Rs. 5000 y con eso compra una máquina de coser que cuesta Rs. 5000. Para ella, el préstamo se usó para lo que estaba destinado; pero, como el dinero es intercambiable, ¿cómo sabemos que compró la máquina de coser con el préstamo y no con sus ahorros? En otras palabras, quizás hubiese comprado la máquina de coser independientemente de que el préstamo se le otorgara o no, usando sus propios ahorros o pidiéndolo a un prestamista, por ejemplo. Entonces, el uso (o impacto) real del préstamo no es la máquina de coser, sino el dinero que se ahorró con el préstamo a una tasa de interés más baja y cómo usa ese ahorro.

Lo que nos lleva a la pregunta de si a las instituciones microfinancieras les debe interesar la forma en que se usan los fondos, o no. Por una parte, es posible que las instituciones microfinancieras sean demasiado conservadoras al insistir que los clientes pidan préstamos únicamente para fines productivos. Por otra parte, comprender el uso específico que se da a los fondos del préstamo puede ayudar a diseñar mejores productos y maximizar el impacto del microcrédito. En una conferencia organizada por la Escuela de Banca Agrícola del Centro de Micro-Finanzas en 2008, Jonathan Morduch indicó que el asunto no radica en si los préstamos se deben usar para el consumo, o no; sino en comprender mejor la realidad y solucionar las necesidades de los clientes, sin arriesgar su capacidad de pago. Por ejemplo, las instituciones microfinancieras podrían otorgar préstamos de emergencia a los clientes que hayan demostrado su capacidad de pago. Si los microcréditos ayudan a los clientes a pagar los estudios, porqué no diseñar un préstamo para educación cuyo plazo coincida con el año escolar, o quizás sería más apropiado ofrecer un producto de ahorro para educación. Quizás, el diseño de productos innovadores que luego se prueben a través de ensayos aleatorios puede ser mucho más efectivo para canalizar el micro-crédito hacia los usos más productivos, que establecer prerrequisitos para el uso de los fondos.

Prodavinci 

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