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Albi Rodríguez, Presidente de Comunanza, analiza la situación de las microfinanzas en Venezuela

Albi Rodríguez es el Presidente de la Fundación Comunanza, una organización que se dedica a la prestación de servicios microfinancieros en el área metropolitana de Caracas. Comunanza tiene su área de operación más fuerte en Petare, Municipio Sucre. Albi respondió a Prodavinci las siguientes preguntas sobre la situación de las microfinanzas en Venezuela.

Prodavinci: ¿Cuál es la situación de las microfinanzas en Venezuela?

AR: Para entender la actual situación de las microfinanzas en Venezuela debemos señalar las condiciones macroeconómicas y regulatorias que acompañan a esta naciente industria. Existe, por una parte, una regulación bancaria que pretende solventar mediante obligaciones de cartera, problemas de acceso al crédito, que devienen de orígenes mucho más complejos, como son una economía en la que el Estado ha jugado un papel fundamental en la intermediación financiera tradicional, al tiempo que existe una dependencia de los ingresos petroleros en el marco de una alta volatilidad cambiaria. Con este entorno, la toma de adecuadas decisiones en materia de política pública económica se hace esencial, ya que de lo contrario difícilmente se pueden lograr instaurar sanas culturas de ahorro y crédito, como consecuencia del incontrolable fenómeno de la inflación.

La inflación que vivimos en la actualidad y a la que ha estado sometida nuestra economía en los últimos 30 años, constituye un flagelo que no solamente hace incrementar los índices de pobreza, afectando en forma directa y no previsible a los sectores de las clases media y baja, sino que adicionalmente constituye el peor componente de entorno para el sano florecimiento de las microfinanzas reales, dado que la clientela de servicios de crédito inclusivos presentes en los sectores de bajos ingreso, se ve significativamente afectada como consecuencia de la inflación, lo cual atenta directamente a sus capacidades de pago de sus créditos.
Según cifras del Banco Central de Venezuela, la inflación registrada en el sector alimentos durante los meses de septiembre y octubre de 2008 rondaba los cincuenta puntos porcentuales. Si a lo anterior le agregamos que los clientes naturales de las microfinancieras y de bancos de desarrollo lo constituyen personas pertenecientes a los estratos económicos D y E de la población que destinan más del 50% de sus ingresos a la compra de alimentos y medicinas, el espiral inflacionario le impedirá acudir responsablemente al repago de sus obligaciones crediticias, cuando el pago de sus cuotas esté en conflicto con la compra de productos esenciales.

Si no existe un efectivo control de la inflación y se mantiene la actual regulación, no será posible el mantenimiento a largo plazo de importantes iniciativas microfinancieras que han sido autorizadas por el Ejecutivo Nacional, que adicionalmente deberán ajustar sus costos, niveles de inversión y características de sus productos a las reales necesidades de los más eficientes, dentro de la población vulnerable de los sectores D y E de la pirámide poblacional.

Por su parte, las microfinancieras y bancos de desarrollo se ven afectadas, al igual que la banca convencional, con un importante incremento en sus tasas de morosidad, lo que acarrea la necesaria revisión de las tasas de interés cobradas, pero en la actualidad esto no es posible, dadas las políticas de tasas de interés que ha venido desarrollando, caracterizadas por la congelación de las mismas, como mecanismo pretendido para darle acceso al crédito a la población desatendida.
De la misma manera, las operaciones presentes en el mercado que hecho downscaling aplicando adaptaciones de sus credit-scoring de crédito al consumo para el otorgamiento de microcrédito, han recogido los mismos resultados desfavorables que esta práctica trajo en otras latitudes de América Latina, en virtud de que las asimetrías de información presentes entre los prestadores de servicios microfinancieros y su clientela solo pueden atenuarse mediante un Modelo Relacional de levantamiento de información crediticia personal y metodologías de crédito particulares.

“Las Microfinanzas son Complejas y Difíciles” no solamente porque en sectores económicos urbanos poco homogéneos como podríamos caracterizar a gran parte de la informalidad presente en las capitales de nuestra región centro occidental, no es posible extrapolar y generalizar resultados de comportamiento de una localidad a otra, sino adicionalmente por la necesaria aplicación de particulares tecnologías microfinancieras que requieren de un Recurso Humano calificado no presente en el mercado laboral venezolano.
Como punto complementario, la inexistencia de Burós de Crédito para el sector, no solo incrementa los costos de las microfinancieras y bancos de desarrollo, que se ven obligados a incurrir en mayores costos de corroboración de información, sino adicionalmente impiden que personas con historial claro de incumplimiento de sus obligaciones sean advertidas para otros operadores. Desafortunadamente, el regulador lejos de comprender la importancia de estos mecanismos en la reducción de costos de transacción y disminución de asimetrías de información en beneficio de los usuarios, ha asumido la posición de prohibir en los procesos de selección crediticias la utilización de estos sistemas por considerarlos discriminatorios.
Solo se puede vaticinar éxito a aquellas operaciones microfinancieras que consientes del necesario período de maduración que demanda la formación de una industria en esta materia, están focalizadas en el control y sano crecimiento de sus carteras, las cuales no necesariamente podrá satisfacer en el más corto plazo la desmanda exponencial obligatoria que una obligación del 3% le impuso a los bancos y que se espera sea incrementada.

Podemos por tanto concluir que las microfinanzas en Venezuela en el último decenio nacen y sobreviven en el medio de severas dificultades macroeconómicas y regulatorias, que han sido calificadas por los estudiosos como indicadores de condiciones negativas para el florecimiento de esta industria.

Prodavinci: ¿Existe algún impacto de la crisis financiera internacional para las microfinanzas en Venezuela?

AR: Sí. Indudablemente que si derivado de la reducción del ingreso público como consecuencia de la estrepitosa caída de los precios del petróleo, el Ejecutivo se ve en la obligado a devaluar o a reactivar tributos al patrimonio como el débito bancario o el ITF, la inflación continuará su carrera con potenciado impulso, lo cual reducirá los márgenes de sostenibilidad de las operaciones de microfinanzas, llevando en muchos casos a su extinción.

Esta suerte desfavorable no solo afectaría a las experiencias privadas en materia de microfinanzas, sino adicionalmente a los programas públicos, que en la mayoría de los casos cuentan con una población objetivo perteneciente a los sectores D y E de la población. No es extraño ni inexplicable que en países como México, Brasil y Argentina, junto con Venezuela, aun existiendo altísimos niveles de pobreza, no existiera florecimiento de la industria de las microfinanzas en el medio de sus períodos de crisis inflacionaria durante los años 90.